En las Cortes de Cádiz estuvieron presentes 306 diputados, de los que tan solo 29 eran diputados ultramarinos. Este fue uno de los principales caballos de batalla de los diputados americanos, la desigual representación, siendo que representaban a una población superior a la de la España peninsular. En el debate del 11 de enero de 1811 el diputado por el Perú, Ramón Olaguer Feliú defendía la igualdad de representación basándose en su concepción de la soberanía:
Cada hombre es soberano de sí mismo, y de la colección de estas soberanías individuales resulta la soberanía de un pueblo. (…) y la suma de soberanías de las provincias constituye la soberanía de la nación. (..,) Luego para que haya una verdadera representación de toda soberanía nacional es preciso que haya una verdadera representación de la parte que en ella tiene la soberanía de América; y no será verdadera sino cuando sea proporcional a los elementos de que se compone .
Por su parte el diputado por Nueva España José Miguel Gudiri y Alcocer esgrimía el argumento de que la igual representación era necesaria para evitar la separación de América de la metrópoli:
Las Américas van a perderse y éste es el único medio de atajar este grave mal (…) Señor, los americanos, como hijos de los europeos, mamamos al nacer el amor a la península, (…) Pero a pesar de esto, lejos de que se nos tenga en paralelo con los españoles, estamos sumergidos en la miseria .
Para defender una mayor representación americana en las Cortes, los representantes ultramarinos argumentaban que la igualdad entre españoles americanos y peninsulares decretada el 15 de octubre de 1810 no se correspondía con una igualdad en la representación. Así lo esgrimía el diputado por Santa Fe, Mejía Lequerica el 18 de enero de 1811:
Soy representante del nuevo reino de Granada (…) ¿se podrá decir que los hombres iguales no tengan iguales derechos? (…) Que sea éste el momento en que debe igualarse América con Europa, ésta es la cuestión. Yo bien veo que hay aquí representantes de América, pero ¿cuántos señor? (…) ¿Por qué dejamos para mañana lo que se puede hacer hoy? Exige la política y la justicia de V.M. que hoy decida la igual representación de América. Señor, los males extraordinarios exigen extraordinarios sacrificios. Fije V. M. la vista en aquellas provincias más grandes de toda la península: ellas han dicho solamente que tratándolas conforme a los principios de justicia se tranquilizarán; es decir, rigiendo la unión igual se acabó toda revolución. (…) Ya que somos hermanos para los sacrificios, seámoslo para todo; sean iguales en representación los americanos y esto se declare hoy mismo .
La igualdad en la representación entre americanos y peninsulares no se consiguió, Los diputados peninsulares temían el exceso de diputados americanos. Argüelles zanjó el debate con las siguientes palabras:
América, considerada hasta aquí como colonia de España, ha sido declarada su parte integrante (…) Y así concluyo suplicando a los señores americanos que, consideradas las circunstancias actuales, no quieran empeñarnos en una resolución de la podría arrepentirse V. M. algún día.
El sistema electoral por el que se eligieron los diputados de las provincias de Ultramar fue un tanto ambiguo pues era el ayuntamiento de la capital e provincia el que elegía al representante de la circunscripción . Durante el verano de 1810, se hizo patente que la mayoría de los diputados elegidos no llegarían ni a la inauguración ni a las primeras sesiones de las Cortes extraordinarias. Por ello se creó la figura de los suplentes que debían ocupar el lugar de los diputados hasta que estos se incorporasen a los debates parlamentarios. En el caso de los suplentes de los representantes americanos, estos fueron elegidos por 177 electores americanos residentes en Cádiz.
LOS DIPUTADOS AMERICANOS: UNA POSICIÓN ENTRE AMBOS HEMISFERIOS
Los diputados que participaron en las Cortes fueron clasificados por Toreno en tres grandes grupos: serviles (absolutistas), liberales y americanos. De un total de 206 diputados, 97 eran del clero, 60 abogados, 55 funcionarios, 16 profesores universitarios, 4 escritores, 2 médicos, 37 militares, 8 aristócratas, 9 marinos, 15 “propietarios” y 5 comerciantes .
A comienzos de 1811 se incorporaron los diputados americanos electos a las sesiones de Cortes. Estos habían sido elegidos conforme al decreto de 14 de febrero de 1810, por el ayuntamiento de cada capital de provincia. El 20 de agosto de 1810, la Regencia precisó que debían ser considerados como elegibles además de los “españoles americanos”, los indígenas, los mestizos de indio y español, y los españoles avecindados en América . Los representantes de América defendieron la unión de América dentro de España pero insistieron en que esta fuese como provincias con capacidad de administración autónoma . Existía un sustrato federal en todo esto. Buena prueba de este pensamiento son las intervenciones parlamentarias del diputado Feliú y la de Guridi y Alcocer en enero de 1811:
Nadie se emancipa de un igual suyo, sino de aquél bajo cuya potestad se hala constituido.
(…) los americanos aman a la península, de la que jamás quieren separarse: detestan, sí, el despotismo, y éste es el único origen de sus alborotos.
Los diputados americanos se alinearon muchas veces con los liberales, defendiendo la soberanía nacional pero siguiendo los planteamientos de Rousseau de proporcionalidad en la representación. Aunque los diputados americanos representaban a una población mayor que la peninsular, tenían muchos menos diputados. La concepción de la Nación y de la Soberanía que tenían los diputados americanos era algo distinta de la que tenían sus compañeros peninsulares. Para empezar, para los americanos “la nación era el “ajuntamiento”, la unión de pueblos y no sólo de individuos” . Respecto al concepto de representación, sobre lo que los diputados de 1810 entendían sobre ello la clave está en si se debe ajustar el diputado a los mandatos e intereses de quienes territorialmente los han votado en su distrito, o, si una vez electo es portavoz de la voluntad nacional en su conjunto, es decir, de la nación en abstracto .Los diputados americanos defendieron la primera opción, mientras que los liberales como Argüelles, Muñoz Torrero y Toreno defendieron la segunda, que acabó por imponerse. Y es que los diputados americanos tenían una concepción organicista y territorial de la representación y por tanto “se debían” a los distritos que los habían elegido. Además esto se expresaba en su idea de soberanía, la cual concebían en tres niveles: el municipal, el provincial y el nacional. Insisto en la idea de que para los representantes de los territorios ultramarinos, la nación era más el conjunto de pueblos que el de individuos, y también por esto defendieron una mayor autonomía de las diputaciones provinciales , que entendían como organismos de representación territorial.
A pesar de la desigual representación, lo que sí se consiguió en las Cortes fue la igualdad en derechos. El 15 de octubre de 1810 se decretó la igualdad de derechos entre los “españoles europeos y americanos” porque como señaló en su discurso el diputado Dionisio Inca Yupanqui:
Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. V. M. toca con las manos esta terrible verdad. Napoleón, tirano de Europa, su esclava, apetece marcar con este sello a la generosa España. Ésta, que lo resiste valerosamente, no advierte el dedo del Altísimo, ni conoce que se le castiga con la misma pena que por espacio de tres siglos hace sufrir a sus inocentes hermanos. Como inca, indio y americano, ofrezco a la consideración de V. M. un cuadro sumamente instructivo.
Las Cortes de Cádiz desmontaron el régimen feudal en ambos hemisferios de la Monarquía española. El 5 de enero de 1811 se prohibieron las vejaciones contra los indios, en marzo de ese año se abolió el tributo de indios y castas… Con el Decreto de 9 de noviembre de 1812 las Cortes abolieron la mita y las prestaciones personales y, tras ocho meses de debate aprobaron el reparto de tierras entre indios . El objetivo de los liberales era crear una España de propietarios en ambos hemisferios en la creencia de que “la propiedad uniría a la nación” . Pero una cosa es lo que legislaron las Cortes en Cádiz y otra distinta que eso se llevara a la práctica al otro lado del Atlántico.
¿Quiénes fueron los diputados americanos en las Cortes de Cádiz?

LA PRENSA ESPAÑOLA ANTE AMÉRICA
El movimiento juntero revolucionario americano comenzó en la primavera de 1810, invocando a Fernando VII y criticando a la Regencia por no ser esta representativa de la nación. También criticaron la desigual Represenatción dada en las Cortes que iban a ser convocadas. Las noticias de las revoluciones americanas llegaron unos meses más tarde a la Península Ibérica, no causaron sorpresa. La cuestión americana tuvo importancia en la prensa de la época. Pero ¿qué prensa existía en la España de 1810 – 14? ¿Y cómo reaccionaron las diversas publicaciones ante las noticias que llegaban de Ultramar?
Por una parte estaba la prensa de la zona ocupada por las tropas napoleónicas y más o menos bajo gobierno del rey José I. En esta zona existían dos posturas, la afrancesada o josefina y la directamente bonapartista, que repetía lo dicho por Napoleón. Ambas se preocupaban por la secesión de los territorios americanos y coincidían en acusar a Gran Bretaña de estar detrás de los movimientos revolucionarios americanos. Uno de los periódicos afrancesados más importantes y que trataba el tema de América fue la Gaceta de Sevilla dirigida por Alberto Lista. El periódico “oficial” de la monarquía josefina es la Gaceta de Madrid que en su publicación de 10 de diciembre de 1812 atribuye al descontento por el monopolio comercial anterior la causa de la rebelión americana.
En el lado contrario, se encontraba la prensa española “patriota”, de la zona libre de franceses, principalmente Cádiz. Los periódicos “patrióticos” acusaban al grupo dirigente, los criollos, de las revueltas americanas de “improvisado, ambicioso y déspota” . Dentro de los periódicos “patriotas” los hay de tendencia liberal y absolutista, pero ambos coinciden en definir al movimiento americano como liberal e independentista, y que la invocación a Fernando VII solo pretende engañar a la metrópoli . En 1811, el periódico Telégrafo Americano, de tendencias absolutistas y dirigido por López Cancelada, se centra en hablar del asunto americano defendiendo las políticas llevadas a cabo con las “colonias”. Por el contrario los periódicos liberales reconocen errores del pasado de la metrópoli respecto a los americanos.
Sobre la solución al problema americano, la prensa se divide entre los que apuestan por la conciliación, y una mayoría que defiende enviar tropas y reprimir. También se percibe una evolución, de una postura inicialmente conciliadora, hubo periódicos como el Semanario Patriótico que pasaron a defender la represión. El Censor General es uno de los periódicos más liberales y polemizará con el Telégrafo Americano, ya que tenía fe en la Constitución como método de unión entre españoles peninsulares y americanos. Con el paso del tiempo y la llegada de más noticias quedará prácticamente solo. Así, el 11 de abril de 1811, Pedro Pascasio Fernández Sardino escribía en El Robespierre Español:
América y España serán dos hermanas inseparables (…) ¿Por qué no se envían a América siquiera catorce mil hombres armados para extinguir inmediatamente la rebelión?
Esta idea era apoyada también por otros periódicos como El Redactor General de Cádiz, El Conciso o el Diario de Mallorca. Y para acabar con la postura de la prensa española peninsular y patriota ante los acontecimientos de América, transcribo otra cita de El Robespierre Español, de abril de 1811, que hace una interesante reflexión:
Si se hubieran levantado en tiempo del falaz favorito, no lo extrañara yo. Si lo hubieran hecho al principio de nuestra revolución tampoco me hubiera asombrado. Pero hacerlo precisamente cuando la España se hallaba más afligida, el intentarlo solo, cuando los hijos de Extremadura, los descendientes del portentoso Hernán Cortés, del terrible Pizarro, se hallaban amenazados de cerca por las huestes enemigas, lejos de ser una grandeza de ánimo, es un crimen rastrero y sórdido. (…) ¿Qué culpa tiene el pueblo español de los ultrajes que han sufrido de los reyes y ministros, que al mismo tiempo que a ellos nos han estado desollando a nosotros? Nuestras comunes desgracias debieron haberlos hermanado más .
BALANCE: EL FRACASO DEL LIBERALISMO ESPAÑOL ANTE AMÉRICA
Art. 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Las Cortes reunidas en Cádiz no se ocuparon en tomar medidas inmediatas para reprimir el levantamiento americano. Primero enviaron ideas políticas y promesas parlamentarias, pero tras el fracaso de éstas, acordaron en sesiones secretas del 6 al 10 de abril de 1811 que si las Juntas revolucionarias americanas no atendían a razones atenderían al estrépito de las armas.
La esperanza de los efectos conciliadores de la Constitución Española de 1812, una Constitución para “ambos hemisferios”, se vieron frustradas. Existía un divorcio entre el texto teórico y la realidad práctica. La Constitución, a pesar de sus buenas intenciones no satisfacía los americanos porque no abolía la esclavitud, silenciaba el problema indio, excluía a las castas de representación, no otorgaba libertad total de comercio, mantenía una gran desigualdad de representación entre peninsulares y americanos…Además, las acciones armadas que tuvieron lugar en los territorios ultramarinos entre los revolucionarios y los lealistas no ayudaron en absoluto.
Para colmo de males, el 4 de mayo de 1814 Fernando VII daba su segundo golpe de estado con éxito. En la España peninsular se restablecía el absolutismo, la obra de Cádiz quedaba por los suelos, nula y de ningún efecto. El camino a las independencias americanas estaba definitivamente abierto y era imparable. Fracasó el proyecto de una Nación de “ambos hemisferios” por cuestiones de inviabilidad y por un rey que no aceptó el nuevo panorama. Cuando en septiembre de 1833 Fernando VII murió como rey absoluto, a la monarquía española solo le restaban como posesiones en América: Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo. Nueva España, Nueva Granada, Río de Plata, Capitanía de Chile, Perú… los perdió el rey de España, Cuba y Puerto Rico los perdió la Nación española… y a todos los intentaron integrar los diputados doceañistas.
Las palabras del diputado Mejía Lequerica en 1811 parecen ahora premonitorias:
¿Qué importará el que apele V. M. a las armas? ¿Qué ha podido Napoleón por medio de ellas contra el pueblo español? Nada, señor, hasta aquí y quizá nunca jamás; pues lo mismo y aun menos podrá V. M. con América, si América no quiere ser de V. M. Media un inmenso océano: ¿y quién saltará ese lago?
Fue un fracaso del liberalismo, una ceguera de los primeros liberales españoles que no se ajustaron a la realidad de América. Los liberales de 1812, al igual que en 1820 Rafael de Riego, tomaron ingenuamente la Constitución como panacea de los males de América y España. Se equivocaban, la realidad americana discurría por otros caminos.
BIBLIOGRAFÍA
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América en las Cortes de Cádiz, Fundación MAPFRE, Madrid, 2010.
MALDONADO POLO, Luis J., “Científicos americanos en las Cortes constituyentes. La cuestión ultramarina”,
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Web de Cádiz 1812 – 2012 http://www.cadiz2012.es/ [consultada el 18 de noviembre de 2011]