domingo, 29 de noviembre de 2009

LA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO DURANTE LOS SITIOS V


2. LOS SITIOS DE ZARAGOZA: UNA HECATOMBE PARA EL PATRIMONIO


2.3. Los bombardeos franceses



En las estrategias militares de comienzos del siglo XIX los pasos para conquistar una plaza fuerte eran: someter a la plaza a un bombardeo, centrándose en los puntos fuertes de la defensa; acercarse mediante trincheras (paralelas) en zig-zag, y finalmente y si era preciso (no solía ser lo habitual) asaltar la plaza por las brechas originadas por la artillería. Zaragoza técnicamente no era un aplaza fuerte, a pesar de las obras de defensas dirigidas por Antonio Sangenís en el periodo entre Sitios. Pero debido a la enconada resistencia de los defensores, los generales franceses consideraron Zaragoza como plaza fuerte y por tanto aplicaron para tomarla la técnica de asedio anteriormente citada.
En ambos Sitios la ciudad fue sistemáticamente bombardeada, con al consiguiente pérdida de vidas humanas y patrimonio. Más de 30000 bombas cayeron sobre Zaragoza, como así recoge en su diario el soldado francés Jean Belmas:
La artillería disparó contra la plaza treinta dos mil setecientas balas, bombas u obuses; consumió sesenta y nueve mil trescientos veinticinco kilogramos de pólvora, sin incluir los nueve mil quinientos empleados en las minas

Bombardeo del 30 de julio al 3 de agosto de 1808
Fue uno de los más terribles bombardeos que sufrió la ciudad. Durante cuatro días enteros estuvieron cayendo disparos de artillería sobre el casco urbano. El principal objetivo enemigo fue el Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia, que había sido fundado en el siglo XV y era de estilo gótico tardío (se encontraba en el Coso). El bombardeo contra el hospital fue atroz causando grandes destrozos, hasta tal punto que el edificio debió de ser desalojado y sus más de 2000 pacientes trasladados a otros lugares (la Audiencia, las casas del Puente y la Lonja). El edificio amenazaba con derrumbarse por completo. Las fuentes de la época lo cuentan de diferentes formas pero todas ellas coinciden en que fue un terrible bombardeo que dejó en estado de ruina el Hospital de Gracia (decir que el hospital ocupaba una gran extensión: actual plaza de España y toda la manzana en al que se encuentra el Banco de España. Hace poco tiempo aparecieron bajo el Banco de España restos del edificio).
Pano y Ruata cuenta “El 1º de agosto se reanudó el bombardeo: llovían proyectiles; siete baterías y sesenta piezas vomitaban la muerte. Desde el primer momento, pareció ser el Hospital de Nuestra Señora de Gracia blanco desdichado del enemigo. Yacían allí 500 enfermos y multitud de heridos, 2111 dolientes, según los estados del día 3 de agosto”
Faustino Casamayor, cronista oficial de la ciudad nos refiere “Pero donde fue mayor el daño en el santo hospital de Nuestra señora de Gracia donde estuvieron cayendo [bombas] casi continuamente
Santiago Gadea refiere en su libro que “El bombardeo fue tan furioso que el vigía de la llamada Torre Nueva contó 700 disparos en el término de tres horas
La iglesia del hospital quedó destrozada por el fuego con todas sus alhajas de plata, vasos sagrados y las jocalias. También se perdieron los archivos de la contaduría, secretaría y tesorería, con todos los Privilegios Apostólicos y Reales conservados desde su fundación, lo mismo que las escrituras y muchos de los libros de resoluciones, cuentas, entradas de enfermos, partidas de bautismo y muertos. No se sabe si fueron los franceses en su huída o por orden de Palafox para desalojar de allí a los franceses, el caso es que el 10 de agosto el Hospital de Gracia ardía por los cuatro costados, destruyendo lo que quedaba de él por completo.
Por lo que cuenta el barón Lejeune en sus memorias se sabe que el bombardeo al hospital fue premeditado: “El día 3 de agosto todas las baterías estaban ya montadas (…) Entonces, a una señal dada, 43 bocas de fuego tronaron simultáneamente, esparciendo el terror por al ciudad. Las bombas se dirigieron al principio sobre las casas vecinas a los puntos atacados, después sobre el convento de San Francisco y por último sobre el gran Hospital de Nuestra Señora de Gracia
El bombardeo pretendía causar terror ente los defensores, de modo que no hubiera ningún lugar seguro en que refugiarse.
Respecto al estado en que quedó esa parte de la ciudad tras el primer Sitio, Agustín Alcalde Ibieca narra que “El hospital, aquel asilo de la humanidad desvalida, que antes ofrecía un aspecto consolador (…) en la mañana del día 14 aumentaba más y más el desconsuelo: paredes, techos escaleras todo asolado, todo derruido. En las iglesias, los altares por tierra, consumidos los retablos, pues las maderas sirvieron para hacer ranchos (…) Las fronteras de la casa Lloret, frente a San francisco, e inmediatas, todas cubiertas de balazos, y las puertas de los balcones hechas astillas. Por el suelo había infinitas balas; y a cada paso se conocía que aquellos sitios habían sido el teatro de la guerra”.
Las ruinas del hospital sirvieron como material de construcción, ya que cuando el Coronel de Ingenieros Sangenís se encargó de preparar las nuevas defensas en previsión de que pudiera haber otro ataque, solicitó de la Sitiada (organización encargada de la gestión de los hospitales) que las ruinas del hospital viejo pudieran ser utilizadas para la línea de defensa de la plaza.
Este era el aspecto del Hospital de Nuestra Señora de Gracia antes de los Sitios:


Y este era el aspecto que ofrecía tras el primer Sitio, reflejado en los grabados de Gálvez y Brambila:





El bombardeo del Arrabal: 8 – 18 de febrero de 1809
En barrio del Arrabal situado en la orilla izquierda del río Ebro existía desde la Edad Media, pero a comienzos del XIX no se había expandido demasiado. Estaba formado por tres conventos, el de Altabás o Santa Isabel, el de San Lázaro (junto al Ebro) y un poco más alejado, el de Jesús (dependiente del convento de san Francisco); tenía un molino (el molino del puente de tablas); y unas pocas casas. El barrio estaba unido a la ciudad por el Puente de Piedra, cuya estructura era la del siglo XV (aunque en tiempos romanos ya había un puente). Al comienzo del primer Sitio no tenía nada parecido a una muralla, pero antes de que comenzase el segundo Sitio se el rodeó de un muro y se fortificó el convento de Jesús y san Lázaro. Aún con todo, el Arrabal no era una fortaleza. El 8 de febrero de 1809 los franceses tomaron el convento de Jesús, teniendo el Arrabal a su merced. Fue entonces cuando iniciaron un terrible bombardeo, batiendo el Arrabal a corta distancia con 60 piezas de artillería. El bombardeo duró hasta el 18 de febrero, día en el que los franceses asaltaron el barrio.
Jean Belmas lo cuenta así: “JORNADA del 18 de febrero. Ataque del Arrabal. A las ocho de la mañana, la artillería comenzó a disparar contra el arrabal y contra el muelle con cincuenta y dos bocas de fuego, repartidas entre las baterías nº 23, 26, 27, 28, 29, 30, 31 y 32. Las dos baterías nº 27 y 28 lanzaron bombas sobre el Arrabal y sobre la ciudad, donde alcanzaron el palacio del arzobispo y la iglesia de Nuestra Señora del Pilar (…) La batería nº 14, situada en la orilla derecha, batió al mismo tiempo el gran puente del Ebro para interceptar la comunicación del Arrabal con la ciudad; el barón de Warsarge murió por el impacto de una bala en este puente, en el momento en que acudía a tomar el mando del Arrabal. La batería nº 29 forzó al enemigo a abandonar la que en el Arrabal tenía, en su extremo derecho, al borde del Ebro, y perforó de parte a parte las dos primeras paredes de los jardines situados enfrente, cerca del convento de San Lázaro. (…) A mediodía cuatro brechas se encontraban abiertas en las endebles murallas que formaban el recinto del Arrabal, a saber: dos en las primeras casas cerca (…) de San Lázaro; una en la iglesia de este convento, y la cuarta en el cercado del convento de Santa Isabel, situado al otro lado de la carretera de Barcelona. En este último convento, la batería nº 31 había comenzado por abatir una puerta carretera que daba al patio. Esta puerta quedó destruida, pero los paisanos la levantaron y la sostuvieron con sus brazos. Una nueva salva la derribó una segunda vez y una segunda vez fue levantada. Para poner fin a esta maniobra, se batieron en brecha los pilares de la puerta. Un montón de cadáveres se encontró detrás de esta puerta que, cada vez que caía, aplastaba en su caída a los que la sostenían (…)”
El bombardeo sobre el Arrabal fue desmesurado. Nunca antes se habían concentrado tantas piezas de artillería contra un espacio de tan pequeñas dimensiones. Hasta la Primera Guerra Mundial no hubo tal concentración de fuego de artillería como la que se hizo contra el Arrabal en 1809. El Convento de Jesús quedó en ruinas, el de Santa Isabel quedó destruido salvándose solo la iglesia, el de san Lázaro quedó muy dañado… el barrio en general quedó en un estado de ruina.
Plano del Arrabal en el que se ilustra la batalla que en el tuvo lugar el 21 de diciembre de 1808:




viernes, 27 de noviembre de 2009

LA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO DURANTE LOS SITIOS IV

2. LOS SITIOS DE ZARAGOZA: UNA HECATOMBE PARA EL PATRIMONIO


2.2. El patrimonio como defensa


Los Sitios de Zaragoza fueron un caso excepcional en su momento, ya que en ellos se dio un nuevo tipo de guerra que asombró a todo el mundo: una guerra total, casa por casa, en la que se implicó la población civil. Esta guerra total
Hablando en términos militares, la Zaragoza de 1808 era una ciudad abierta, esto es, sin murallas ni fortificaciones propiamente dichas. El observador británico Charles Richard Vaughan describía de la siguiente manera las murallas de Zaragoza:
"Las murallas de Zaragoza parecen haber sido construidas simplemente para obtener impuestos sobre cada articulo introducido en la ciudad para su venta; las puertas, nueve en total, son de una construcción muy sencilla, y la alineación entre ellas, está en algunos sitios conservada por la pared de adobe de un jardín, en otros por edificios o por los restos de una vieja muralla mora que tiene un pequeño parapeto, pero sin ninguna plataforma, ni siquiera para la fusilería"
Por esta razón la defensa de la ciudad se centró en grandes edificios como conventos e iglesias. El soldado francés Jean Belmas describe así las defensas zaragozanas:
Aunque débil, la muralla de la ciudad estaba protegida por varios grandes edificios que resultaban valiosos contra un ataque enérgico. En los frentes amenazados se encontraban el convento de Santa Engracia, contiguo a la puerta del mismo nombre; la torre del Pino, en el ángulo formado por la muralla entre la puerta de Santa Engracia y la del Carmen. Se veía también en esta época el convento de los capuchinos, delante del recinto y cerca del Huerva. A derecha y a izquierda de la puerta del Carmen, el muro formaba parte del convento y el colegio de la Encarnación. Más lejos se encontraba el convento de la Misericordia y el cuartel de caballería y, delante, los conventos de los Trinitarios y de los Agustinos descalzos. Desde la Puerta del Portillo, el recinto continuaba hasta el Ebro por la iglesia de este nombre y los muros de los jardines de los conventos de Santa Lucía, de Santa Inés y de las Fecetas, que se unían en la puerta Sancho, donde llegaba el camino de San Lamberto. El Castillo, situado fuera de la ciudad, era un edificio cuadrado, de sólida contracción con un gran foso y daba, por su voladizo, una gran fuerza a esta parte del recinto.”
Los edificios religiosos y civiles se convirtieron en puntos de defensa, en acuartelamientos de tropas, en objetivos militares.

jueves, 26 de noviembre de 2009

LA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO DURANTE LOS SITIOS III

2. LOS SITIOS DE ZARAGOZA: UNA HECATOMBE PARA EL PATRIMONIO

2.1. Breve resumen de Los Sitios

El 24 de mayo de 1808 por la mañana se conocía en Zaragoza la noticia de las abdicaciones de Bayona. Espontáneamente el pueblo zaragozano, dirigido por el labrador conocido como el Tío Jorge, el cura de San Pablo Sas o el comerciante Felipe Sanclemente, se subleva y pide armas. El Capitán General de Aragón Jorge Juan Guillelmi es encarcelado en la Aljafería y el pueblo se apodera de armas. El pueblo ha tomado el poder pero no es consciente de ello y buscan un líder que los guíe. El 25 de mayo van a buscar a José de Rebolledo Palafox y Melci, que se encontraba escondido en la Alfranca, y lo nombran Capitán General de Aragón. El 9 de junio, las Cortes de Aragón (hacía más de un siglo que no se reunían, y de hecho estaban abolidas desde Felipe V) proclaman oficialmente a Palafox como Capitán general de Aragón. El 15 de junio, tras las derrotas de Tudela, Mallén y Alagón, el ejército francés se presentaba ante Zaragoza, una ciudad abierta, sin fortificaciones. Daban así comienzo los Sitios de Zaragoza.
La ciudad de Zaragoza sufrió dos Sitios por parte de las tropas francesas. El primero de los dos asedios se inició el 15 de junio de 1808, cuando 6000 soldados franceses al mando del general Lefebvre atacaron en tres columnas Zaragoza. Frente a ellos unos 1000 soldados y la población civil zaragozana. A pesar de la desigualdad de fuerzas, la jornada se saldó con victoria aragonesa en la conocida como “Batalla de las Eras”. Los franceses recibieron refuerzos, llegando a ser 15000. El primer Sitio se prolongaría hasta el 14 de agosto y sus episodios más relevantes fueron, además del 15 de junio, el del 2 de julio cuando Agustina Saragossa disparó el cañón que la hizo famosa; y el 4 de agosto cuando los franceses llegaron al Coso y se creyeron dueños de la ciudad pero no fue así, ya que sobre todo la población civil se mantuvo firme dando muestras de gran heroísmo. El 14 de agosto de 1808, tras conocer el resultado de la batalla de Bailén, la imposibilidad de pasar del Coso, y la llegada de Palafox con refuerzos, obligaron a los franceses a levantar el Sitio y retirarse a Pamplona.
Bailén y Zaragoza habían humillado a Napoleón, había dañado su imagen, eran afrentas que el Emperador de Francia y dueño de Europa no podía tolerar. En noviembre de 1808 Napoleón Bonaparte en persona entraba en España al mando de la Grand Armeé (unos 250000 soldados de élite) dispuesto a vengar las humillantes derrotas sufridas en Bailén y Zaragoza. Tras derrotar fácilmente a los desunidos ejércitos españoles (en Tudela, Gamonal, Moclín, Somosierra…) Napoleón llegó a Madrid en diciembre. La capital de Reino que debería haber dado ejemplo, se rindió a los dos días de presentarse Napoleón a sus puertas. La situación parecía controlada a los ojos de Napoleón: sus tropas ocupaban la capital, las fortalezas más importantes, las comunicaciones con Francia, el ejército inglés de Moore huía hacia Galicia y el ejército regular español no existía (había sido liquidado) y había dado instrucciones precisas (sobre el plano) para conquistar Zaragoza. Así la situación y ante las noticias preocupantes que llegaban de Austria, Napoleón salió de España dejando lo que restaba de conquistar (aparentemente una empresa fácil) a sus mariscales.
El 30 de noviembre de 1808 las tropas francesas se presentan ante Zaragoza pero se retiran a Alagón a la espera de refuerzos. Será el 20 de diciembre, cuando dos mariscales franceses (Moncey y Mortier) con dos cuerpos de ejército (unos 50000 solados veteranos) y 151 piezas de artillería, se presentan ante Zaragoza formalizando un asedio en toda regla. Daba comienzo el segundo Sitio de Zaragoza. Al poco de comenzar el Sitio, el mariscal Lannes (ojito derecho de Napoleón) tomaría el mando de los sitiadores. Zaragoza en este segundo asedio estaba defendida por 31000 soldados y 15000 paisanos armados. En total entre combatientes y población civil (incluidos muchos refugiados de los alrededores), se estima que se concentraron en Zaragoza cerca de 100000 personas. Esta gran concentración de gente produjo una mortífera epidemia de tifus que llegó a llevarse a unas 500 personas diarias. Los episodios más célebres de este segundo Sitio fueron: el 21 de diciembre cuando los franceses fueron derrotados en el Arrabal pero tomaron Torrero, el 31 de diciembre cuando se saldó con éxito la salida por la puerta Sancho, el 11 de enero de 1809 que cayó el convento de san José, el día 15 de enero que cayó el reducto del Pilar, el 27 de enero con el asalto general francés por santa Engracia, el 29 de enero con la heroica defensa del convento de Santa Mónica por parte de los Voluntarios de Huesca al mando de Villacampa, el 1 de febrero con la defensa palmo a palmo de la iglesia de san Agustín, la defensa casa por casa de febrero, el 10 de febrero con al voladura del convento de San francisco, y el 18 de febrero con la caída del Arrabal.


El 21 de febrero, la Junta de Zaragoza firmaba la capitulación de la ciudad con el mariscal Lannes. La ciudad ya no podía resistir más: el tifus mataba 600 personas diarias, no había munición ni comida, 6000 cadáveres yacían insepultos por las calles, la ciudad estaba en un 40% destruida totalmente, no llegaban a 12000 los defensores en condiciones de luchar, no había esperanzas de recibir refuerzos y Lannes amenazaba con volar por los aires lo que quedaba de ciudad (tenía dispuestas 6 minas que atravesaban el Coso). Resistir más hubiese sido un total suicidio. El 21 de febrero de 1809, entre 8000 y 12000 defensores y defensoras salieron de Zaragoza prisioneros camino de Francia.
Así finalizaban los Sitos de Zaragoza. El balance de estos dos Sitios no puedo ser más desolador: cerca de 15000 bajas en el bando francés, casi 60000 bajas en el bando español, alrededor de un 40% de la ciudad completamente arrasada…. Los Sitios de Zaragoza fueron heroicos y cruentos, ejemplo de resistencia numantina y de una locura sin igual, muestra de la defensa de lo propio frente a lo distinto, dramáticos a la par que gloriosos, una catástrofe, un mito.
Baste para describirlos, las palabras que el mariscal Lannes escribió a Napoleón:
Jamás he visto encarnizamiento igual al que muestran nuestros enemigos en la defensa de esta plaza. Las mujeres se dejan matar delante de la brecha. Es preciso organizar un asalto por cada casa. El sitio de Zaragoza no se parece en nada a nuestras anteriores guerras. Es una guerra que horroriza. La ciudad arde en estos momentos por cuatro puntos distintos, y llueven sobre ella las bombas a centenares, pero nada basta para intimidar a sus defensores... ¡Que guerra! ¡Que hombres! Un asedio en cada calle, una mina bajo cada casa. ¡Verse obligado a matar a tantos valientes, o mejor a tantos furiosos! Esto es terrible. La victoria da pena.”

miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO DURANTE LOS SITIOS II

1. LA ANTESALA DE LA CATÁSTROFE


1.2. Contexto histórico.

1808 es un año muy significativo en la Historia de España y más concretamente en la de Zaragoza, pero ¿cuál es el contexto?, ampliemos la visión de los acontecimientos que se sucedieron en los años anteriores a 1808 para comprender mejor lo ocurrido en dicho año.
El siglo XVIII vio como las monarquías absolutas europeas se consolidaban, entre ellas la de los Borbones en España, pero paralelamente, en ese mismo siglo asistimos a la aparición de una nueva corriente de pensamiento, la Ilustración, y a partir de 1789 se produce un acontecimiento transcendental que cambiaría la Historia de Europa y el Mundo: La Revolución, la Revolución Francesa.
La Revolución Francesa, iniciada en 1789, acabó con el Antiguo Régimen y enarboló la bandera de la Libertad, la Igualdad, la Soberanía Nacional… en 1799 la Revolución dio un giro que culminaría en 1804: Napoleón Bonaparte liquidó al República y constituyó el I Imperio Francés. Napoleón se convirtió en libertador y en tirano a la vez. Sus ejércitos dominaron Europa, pero a la vez exportaron las ideas de la Revolución. En 1805, Napoleón sometía a Austria, en 1807 a Prusia y Rusia… solo una gran potencia se le oponía: Gran Bretaña. Desde ese momento ya nada volvería a ser igual en Europa
¿Y en España qué? Cuando estalló la Revolución Francesa, un atemorizado Carlos IV cerró las fronteras a las nuevas ideas que llegaban del país vecino y cuando en 1793 llegaron las noticias de la ejecución de su primo Luis XVI, en la corte española cundió el pánico. España declaró la guerra a Francia (la llamada guerra de la Convención) que acabaría 2 años más tarde con infructuosos resultados para España. A pesar de ello, un joven Godoy, primer ministro, consiguió el título de “Príncipe de la Paz”. La llegada de Napoleón al poder, y la estabilización y moderación de la Revolución, hicieron que España y Francia acercasen posturas que culminarían en una alianza contra Gran Bretaña. Debido a esa alianza en 1805 en la “gloriosa derrota” de Trafalgar España quedó sin flota, lo que le acarrearía funestas consecuencias en las próximas décadas. Tras esa batalla Napoleón desistió de invadir Inglaterra e impuso el bloqueo continental. Portugal, aliado de Gran Bretaña, no aceptó dicho bloqueo lo que llevó a que España y Francia firmasen el desastroso Tratado de Fointenebleau el 27 de octubre de 1807. Dicho tratado autorizaba el paso de un cuerpo de ejército francés (unos 25000 soldados) por territorio español que se uniría al ejército español y juntos invadirían Portugal. Entre octubre de 1807 y mayo de 1808 no pasó un cuerpo de ejército francés los Pirineos, pasaron cuatro, que se hicieron con el control de fortalezas y ciudades estratégicas: San Sebastián, Pamplona, Barcelona, Figueras y Madrid. En marzo de 1808 los partidarios del príncipe Fernando provocaron un motín en Aranjuez que derribó al primer ministro Godoy y obligó a abdicar al rey Carlos IV en su hijo Fernando, desde el 25 de marzo de 1808, Fernando VII (aquél nefasto monarca). Fernando VII quería ser reconocido rey de España por el Emperador Napoleón, y Carlos IV quería que este le devolviera el trono. Quizá fue entonces cuando Napoleón cambió sus planes respecto a España. La cuestión es, que el Emperador aceptó ser mediador en la monarquía española. Así las cosas a fines de abril de 1808, Carlos IV, Fernando VII y Napoleón se reunieron en la ciudad francesa de Bayona. Mientras tanto, en España, los recelos de la población hacia los franceses iban en aumento, y no porque defendiesen una u otras ideas, no, entonces la Iglesia y la nobleza no decían nada de eso porque temían más una revolución que a los franceses, no, el pueblo empezó a ser hostil con los soldados franceses porque se comportaban como invasores en vez de como aliados, porque ejercían abusos sobre sus propiedades, sobre ellos… lo de “por la Patria, el rey y la religión” o lo del Fernando VII como “rey mártir” o “el deseado” vendría después.
Fuese como fuese, el caso es que el 2 de mayo de 1808, tras un altercado entre madrileños y soldados franceses frente al Palacio Real de Madrid, estalló una revuelta de las clases populares madrileñas contra los franceses.




Es el conocido 2 de Mayo, que acabó de forma trágica para el pueblo llano. Murat, comandante en jefe de las tropas francesas en España reprimió la revuelta sin piedad, los altos estamentos españoles (nobleza, clero, y oficiales del ejército) respiraron tranquilos el 3 de mayo, cuando el pueblo había sido reprimido: prefería mucho antes a los franceses que a una revolución popular. La cosa cambió a partir del 6 de mayo de 1808, ese día la corona española queda en manos de Napoleón al haber abdicado Carlos IV y Fernando VII en él. Eso era inadmisible, y la nobleza, el clero y el ejército se unieron al pueblo: la Nación se levantó en armas contra Napoleón. Comenzaba la Guerra de la Independencia Española, la Guerra de España, o la Guerra Peninsular que se prolongaría hasta 1814. Tras 6 años de guerra total, 500000 muertos, numerosas pruebas de valor y heroísmo, y sobre todo una Constitución, Fernando VII regresaría a España como rey, pero lo hizo como monarca absolutista, derogando la Constitución aprobada en 1812 y reprimiendo a muchos (liberales) que habían combatido por él en los seis años anteriores. Pero por desgracia esta es la Historia y no la podemos cambiar.

martes, 24 de noviembre de 2009

LA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO DURANTE LOS SITIOS I

1. ZARAGOZA EN LA ANTESALA DE LA CATÁSTROFE: 1808


1.1. Urbanismo


Según el censo de población de 1789 la ciudad de Zaragoza tenía 42600 habitantes. Los límites del trazado medieval de la ciudad apenas variaron hasta época contemporánea, definiendo su perímetro y condicionando el crecimiento de una ciudad que, limitada además por dos ríos, tendía a ampliarse naturalmente hacia el sur. La planta del casco urbano quedó básicamente definida en el siglo XV. La antigua muralla romana, que había definido la forma elíptica de la ciudad, quedó adosada a construcciones posteriores. El casco urbano ampliado fue rodeado, en la Edad Media, por un muro de ladrillo rojo y tierra, de no más de tres metros de altura y uno de anchura, que definía la forma de Zaragoza en 1808.
Desde el punto de vista religioso la ciudad se articulaba en torno a dos importantes centros de la espiritualidad cristiana: las catedrales de San Salvador (la Seo) y la de Nuestra Señora del Pilar. Pero desde el siglo XV se produjo una notable ampliación de las construcciones religiosas, que tiene su apogeo en la época barroca. En 1808 la ciudad contaba con dieciséis conventos de monjas y veinticuatro de frailes, y se organizaba en dieciséis parroquias: Santa Angélica Apostólica y Metropolitana Capilla de Nuestra Señora del Pilar, San Pablo apóstol, san Felipe y Santiago el menor, San Gil Abad, santa Engracia, Exaltación de la Santa Cruz, san Andrés, San Pedro, San Juan el Viejo, Santiago el Mayor, San Lorenzo, San Miguel de los Navarros, Santa María Magdalena, san Nicolás de Bari y Santo templo Metropolitano del Salvador, ubicadas todas en el casco urbano, y Nuestra Señora de Altabás, situada en el Rabal.
El acceso a la ciudad, en 1808, se hacía por ocho puertas que recorrían el perímetro de la “muralla”:
- La Puerta del Ángel, con el Ángel custodio sobre ella, daba la entrada desde el puente de Piedra, y se correspondía con la antigua puerta romana.

- La de San Idelfonso, junto al torreón de la Zuda, daba acceso a la plaza del Mercado.
- La puerta de Sancho era la salida hacia las huertas de la Almozara.
- La del Portillo, abierta en el mismo tapial de la muralla conducía hacia el castillo de la Aljafería.
- La del Carmen o de Baltax llevaba al camino de Madrid. Posteriormente fue declarada Monumento nacional y actualmente es la única que se mantiene en pie.




- La de Santa Engracia abría el camino de Torrero.



- La Quemada, en la calle del mismo nombre, llevaba hacia las Fuentes.


- Y la Portaza o puerta del Sol comunicaba con la plaza de las Tenerías que quedaba extramuros de la ciudad.
- Otras tres puertas, que se correspondía con los ejes axiales de la ciudad romana, se mantenían en el interior: Cinegia, en el eje de la del Ángel, y las de Toledo y Valencia, en las plazas del mercado y la Magdalena respectivamente.


NOTA: En sucesivas entradas iré explicando la destrucción de patrimonio durante Los Sitios de Zaragzoa. Corresponde a un trabajo más amplio titulado "Zaragoza: 200 años de destrucción de Patrimonio" que realicé en el 2008 para la asignatura Patrimonio Histórico Arqueológico.


domingo, 22 de noviembre de 2009

Hace exactamente 201 años...



..."Creo recordar que era 22 de noviembre de 1808 cuando llegamos a las inmediaciones de Tudela. Caía una ligera llovizna cuando José Palafox, capitán general del Ejército de Aragón, dio la orden de acampar en lo que los lugareños llaman campo de Traslapuente, en la margen izquierda del río Ebro, enfrente de la población navarra de Tudela.
Por lo visto todo un cuerpo del ejército francés al mando del mariscal Lannes, se encontraba en Lodosa, y el general Francisco Javier Castaños, vencedor de Bailén, que mandaba el Ejército del Centro pretendía presentar batalla en campo abierto en las inmediaciones de Tudela. Para ello Castaños había requerido a las tropas de Palafox, ya que la Junta Suprema Central le había otorgado el mando único de las tropas españolas."

Un 22 de noviembre de 1808 los ejércitos españoles del Centro, mandado por Castaños, y el del reserva, dirigido por Palafox se encontraban en las inmediaciones de Tudela, sumaban 33000 hombres. Frente a ellos un ejército francés compuesto por 30000 soldados comandados por Jean Lannes, ojo derecho de Napoleón Bonaparte. Esa noche del 22 al 23, en el palacio del marqués de San Adrián, tuvo lugar un bochornoso consejo de guerra, que bien pudo ser así...:

"-¡Solo pensáis en defender Zaragoza y tenemos que defender a España!-, espetó Castaños.
-¿Solo por haber tenido suerte una vez, os creéis mejor estratega que Napoleón?-, le replicó Palafox.
-¿Suerte os atrevéis a decir? Estrategia más bien diría yo-, contestó Castaños.
-Bailén no se va a repetir aquí, allí derrotasteis a un puñado de soldados bisoños e inexpertos al mando de un mediocre general francés, aquí sin embargo nos enfrentamos a los veteranos de Eylau, Austerlitz…al mando del mariscal Lannes, el ojo derecho de Napoleón-, argumentó Palafox.
- ¡Sois un cobarde!-, le increpó Castaños a Palafox.
- ¡Y vos un incompetente!-, contestó Palafox.
-¡Ya está bien! ¡Aquí el mando supremo lo tengo yo! Y se hará lo que diga y punto-, gritó Castaños.
Se produjo un tenso silencio.
-Mañana presentaremos batalla en la línea del río Queiles, tus tropas cruzarán el Ebro y tomarán posiciones en las alturas de Santa Quiteria y algunos batallones reforzaran a la División Roca en el cerro de Santa Bárbara ¿Entendido?-, apostilló Castaños.
- Claro como el agua, pero no contéis conmigo, no quiero presenciar una humillante derrota, me desentiendo de sus erróneas tácticas, Juan O ’Neylle se queda al mando del Ejército de Aragón, al amanecer yo partiré hacia Zaragoza-, contestó un enfurecido Palafox."

El caso es que al amanecer del 23 de noviembre de 1808 el ejército español tomó posiciones en als inmediaciones de Tudela:

"Desde lo alto de Santa Bárbara se dominaba Tudela y se veía gran parte del campo de batalla. Salvo nosotros, todo el ejército español se situaba en la margen derecha del Queiles, la División Saint – Marq ocupaba el cabezo de Santa Quiteria, O‘Neill con el resto del Ejército de Aragón se dirigía a toda velocidad a tomar posiciones en el Cabezo Maya, Castaños al mando de la 5ª División del Ejército de Centro se situaba enfrente de Murchante y el General Lapeña ocupaba el pueblo de Cascante.
Nosotros teníamos situada enfrente a la División francesa de Maurice–Mathieu que sobre las nueve de la mañana comenzó a avanzar contra nuestras posiciones en Santa Bárbara."


Comenzó así una de las más importantes batallas de la Guerra de la Independencia Española.

"Cayeron muertos o heridos algunas decenas de soldados de lo que marchaban en primera fila, pero seguidamente fueron sustituidos por otros, y la columna francesa siguió avanzando impasible."

"En otros puntos de la batalla la situación se estaba tornando desfavorable para el ejército español, la División francesa de Morlot había cruzado el Queiles y tomado el desprotegido Cabezo Maya, en el centro de la línea de batalla española. O‘Neille lo consiguió reconquistar por un breve tiempo pero un nuevo ataque de la División Morlot apoyada por la División Grandjean le obligó a retirase. En el flanco izquierdo español, entre los pueblos de Murchante, Urzante y Cascante, Castaños y Lapeña al mando de las tropas andaluzas resistían a duras penas las cargas de la caballería de Dijeon."

Mientars que en el bando imperial las bajas fueron insignificantes (en torno a 500 bajas), en el español fueron altísimas: unas 4000 bajas, otros tantos prisioneros... y el Ejército del Centro en desbandada hacia el sur, y el de reserva en desbandada hacia Zaragoza.

Esta victoria permitió a Napoleón avanzar hacia en centro de la Península, llegando a Madrid el 2 de diciembre, y adentrarse en el valle del Ebro, poniendo sitio a Zaragoza por segunda vez.

Hace dos años, en el 2007, se recreó dicha batalla, fue la primera recreación histórica de una batalla que ví.


Nota: los fragmentos citados son de la novela "Héroes Anónimos en la Zaragoza de Los Sitios" que se puede descargar en la web de la Asociación Los Sitios.



http://www.asociacionlossitios.com/descarga_XXIII_premio.htm

viernes, 20 de noviembre de 2009

MATER DOLOROSA

Hace poco tiempo leí "Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX" de José Álvarez Junco. Un espléndido libro sobre el concepto de Nación y nacionalismo español. A continuación dejo una recensión que he hecho sobre la citada obra (por si a alguien le interesa):
"Mater Dolorosa es un libro dedicado al estudio de la Historia del nacionalismo español, que como todos los nacionalismos surge en el siglo XIX. Sin duda es un libro necesario para la comprensión de algo tan cercano y tan necesario para la comprensión de la Historia de España.
El autor, en el prólogo viene a decir que posiblemente lo que escribe no guste a los nacionalistas, de cualquier lugar. Pero a mí me ha parecido un libro muy interesante y muy esclarecedor. Intentaré en las siguientes líneas hacer un esbozo de las ideas principales que plantea el autor y en qué se basa
Álvarez Junco comienza aclarando conceptos un tanto complejos. Los nacionalismos definen un territorio nacional, en palabras del propio autor “(…) la reivindicación nacionalista evoluciona inevitablemente desde lo étnico hacia lo territorial. Se comienza por un “nosotros somos diferentes” (…) y se concluye con un “esta tierra es nuestra”. Las identidades nacionales se construyen, son algo artificial, algo no natural. Álvarez Junco utiliza un concepto, creo muy adecuado, para definir el proceso de la construcción de una identidad nacional, y este concepto es el de “patriotismo étnico” el cual define, y cito textualmente, como la “adhesión de un grupo humano que se cree dotado de identidad cultural propia y se va empezando a confundir con la estructura política de la monarquía”. Otro término que aclara el autor es “España”, el cual proviene de los términos Iberia e Hispania, pero que ni mucho menos significan lo mismo. Los términos usados en la Antigüedad para referirse a la Península Ibérica son términos únicamente geográficos, sin ninguna otra connotación. Cuando en la Edad Media surge el término “España”, este sigue teniendo un significado puramente geográfico y solo a lo largo de la edad Moderna irá adquiriendo connotaciones culturales y políticas para terminar teniendo el significado actual en la Edad Contemporánea. Es curioso ver que el término “español” proviene del extranjero, probablemente de la Francia medieval (si es que se puede hablar de Francia por aquél entonces). La cuestión es que le término “español” en sus orígenes servía para denominar a los habitantes al sur de los Pirineos.
El autor dedica varias páginas a ir analizando la “Historia de España” para ir mostrando como antes del siglo XIX es erróneo hablar de Nación Española, y de España (con connotaciones de unidad política) no antes del XVIII.
El mito fundacional de la Nación Española es la Guerra de la Independencia de 1808 – 1814 (por cierto, tal y como señala el autor, tardó casi 4 décadas en bautizarse así). Haré tres citas que resumen perfectamente el carácter de mito fundador de la nación: “El Dos de Mayo español equivalía pues, al Cuatro de Julio norteamericano, al Catorce de Julio francés (…)” “Fue en el Cádiz de las Cortes (…) donde los términos heredados de reino y monarquía fueron sustituidos por nación, patria y pueblo” “La sublevación del 1808 inició la historia del nacionalismo español (…)”. La Guerra de la Independencia fue un conflicto muy complejo ya que era una guerra internacional, una guerra civil, una guerra contra un invasor, tenía connotaciones de cruzada… A lo largo del siglo XIX se entendió que el levantamiento masivo contra los franceses demostraba la existencia de una nación española sólida y unida, pero no era exactamente así. Las Cortes de Cádiz uniformizaron y centralizaron administrativamente España, al menos sobre el papel. Sin duda 1808 es un momento de ruptura. En el marco confuso y convulso de 1808 – 1814 el patriotismo étnico pasó a ser nacional, y ello fue obra de los liberales, “Españoles, ya tenéis patria” dijo Arguelles el 19 de marzo de 1812, pero con la vuelta de Fernando VII todo este proceso de creación de la nación quedó paralizado. La nación era algo que sonaba a revolucionario, algo que no gustó a los sectores absolutistas y al clero de la primera mitad del XIX. Esto iría cambiando con el paso del tiempo.
La función política de la Historia es inevitable. En el siglo XIX los distintos sectores reescribieron al Historia de “España” según les conviniera. Liberales y conservadores interpretaron la Historia a su manera. Surgió entonces la historia nacional. Al finalizar el siglo, los sectores conservadores se habían apropiado de la historia nacional. El esquema que seguían ambas interpretaciones de la Historia era: fundación, edad de oro, decadencia y redención. Los liberales afirmaron que el primer habitante de España (y por tanto, el primer español) fue Túbal (nieto de Noé), idealizaron la Edad Media por las Cortes y los fueros municipales garantes de las libertades; achacaron la decadencia de España a los Austrias que impusieron el absolutismo tras Villalar, crearon el mito de la Guerra de Independencia como lucha nacional contra la tiranía, y defendían la soberanía nacional, al democracia municipal y al Unión Ibérica (algunos). Por su parte, los conservadores daban al apóstol Santiago un papel de fundador de la nacionalidad española, idealizaron los reinados de los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II, Trento y la Contrarreforma, el Imperio y Lepanto, y la mística del XVII; achacaron la decadencia a reyes débiles como los Austrias menores, al reformismo “antiespañol” (y extranjero) del XVIII y las revoluciones del XIX, se apropiaron del mito de la Guerra de la Independencia como lucha nacional por la Religión (católica, claro está); y defendían al unidad política y religiosa, y el Imperio (en Marruecos). Las dos interpretaciones coinciden sin embargo en algunos aspectos: el esencialismo de lo español, España existe desde tiempos inmemoriales, en el 711 con la invasión musulmana “se perdió España”, a asociar la decadencia de la nación a extranjeros, y afirmar que la belicosidad y la religiosidad son rasgos permanentes del carácter español.
Los sectores conservadores, representados por el nacional-catolicismo, se apropiaron de la Nación y de la Historia, reinterpretándola. ¿Cómo sucedió esto? Álvarez Junco dedica la tercera parte de su libro a investigar esto: “A medida que la revolución liberal se moderaba y la monarquía se hacía más conservadora, también el nacionalismo se iba convirtiendo en algo respetable”. Así pues, en la segunda mitad del XIX los conservadores iniciaron una “contraofensiva” ideológica, consiguiendo imponer su visión de España y de lo español. Los orígenes del nacionalcatolicismo se pueden encontrar, según Álvarez Junco, en autores como Balmes y Nocedal, y su triunfo se dio con Menéndez Pidal. Se definió España y lo español con un rasgo principal: el catolicismo. España se hizo nación con la conversión de Recadero (en el 589), pero ya desde antes el cristianismo había llegado a España con Santiago, y antes los españoles ya tenían tendencias monoteístas proclives a recibir el mensaje cristiano. Ese era el mensaje que se construyó desde el nacionalcatolicismo. Ser español era ser católico. Además, a falta de enemigo externo claro, se introdujo un enemigo interno, representado por la “anti-España”. En 1889 se celebró el XIII centenario de la conversión de Recadero, y en ese momento “la fusión entre catolicismo y nacionalismo era completa”.
La “invención de la tradición” se hizo mediante una serie de símbolos colectivos, nacionales que Álvarez Junco analiza. La bandera nacional (roja, amarilla, roja) fue instaurada por Carlos III para la marina, Carlos IV ordenó que fuera también la de las plazas costeras (como Cádiz), fue la bandera de los liberales y en 1843 Isabel II la extendió como bandera del ejército de tierra, en 1868 se convirtió en bandera nacional pero hasta 1908 no se ordenó que ondeara en todos los edificios públicos. El himno nacional (la marcha de granaderos, la marcha real) se compuso en el siglo XVIII pero no fue declarado oficialmente himno nacional hasta 1908. La fiesta nacional fue difícil de fijar, y no fue hasta los primeros años del siglo XX cuando Maura instituyó como fiesta nacional el 12 de octubre, día del descubrimiento de América y del Pilar, donde confluían las tradiciones liberal y católica. Los monumentos nacionales fueron escasos ene l XIX, pero lo que si se hizo fue poner nuevos nombres a las calles.
“El proceso nacionalizador fue escaso, pero un fue un fracaso” señala el autor porque “si el Estado, la unidad política subsistió, es que la nacionalización había logrado algún éxito”. Y es que el proceso nacionalizador en España tuvo muchos problemas: la inestabilidad política, las desastrosas guerras (la de la Independencia y las carlistas), la falta de poder económico del Estado, la pérdida del imperio en un momento en que las naciones se afirmaban por medio de las conquistas coloniales, una cierta dejadez del Estado en el proceso nacionalizador, el error estatal e dejar la educación en manos de la Iglesia (se formaban católicos, no españoles), la ineficacia integradora del ejército, el surgimiento de nacionalismos alternativos a fines del XIX… A fines del XIX la imagen que de España tenían los españoles era la de mater dolorosa: la madre enlutada que llora la muerte de sus hijos. “El ente nacional suscitaba identificación (…) pero no orgullo” señala Álvarez Junco.
Como conclusión se puede decir que el proceso nacionalizador español del XIX fue escaso pero no un fracaso, que los conservadores se apropiaron de la Nación y su Historia, que al función política es inevitable desde siempre, que la Historia es cambiante (España no existe desde siempre), y que las identidades culturales se construyen y son cambiantes y múltiples.
España no existía hace 2000 años y no existirá dentro de otros 2000. Lo mismo se puede aplicar a cualquier otra nación o territorio con aspiraciones a nación.
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Por cierto, hoy es 20 de noviembre, hace 34 que murió el Criminalísimo de todos los Ejércitos, estos es Franco. Hace 34 años que el fascismo acabó en España y se inició la construcción de la actual Democracia.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

BICENTENARIO DE LA BATALLA DE OCAÑA 1809 - 2009




Un 19 de noviembre de hace 200 años tuvo lugar en las cercanías del municipio toledano de Ocaña una de las mayores batallas de toda la conocida como Guerra de la Independencia: la batalla de Ocaña. Esta fue quizás la mayor derrota del ejército español en todo el conflicto.
Tras la batalla de Talavera (verano 1809) que quedó "en tablas" la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino (instalada en Sevilla) equipó a un gran ejército (el mayor ejército español en toda la Guerra) dispuesto para recuperar Madrid de manos francesas.
El resulatdo no pudo ser peor: el ejército español fue destrozado por las tropas imperiales y pocas semanas después, en enero de 1810 los ejércitos de Napoleón entraban en Andalucía (de nuevo, ya habían entrado en el verano de 1808 siendo derrotados en Bailén) y en apenas dos semanas toda Andalucía a excepción de la ciudad de Cádiz (excelentemente fortificada) había caído en manos de los franceses. La Junta Central huyó de Sevilla a Cádiz donde en 1810 se reunieron Cortes, cuya primera sesión sería el 24 de septiembre de 1810.


Como sinceramente, no sé demasiado sobre esta batalla, copio lo siguiente extraído de la Wikipedia (sí Wikipedia...que le vamos a hacer... XD):

"Después de la batalla de Talavera, Francisco de Eguía sucedió al general Cuesta en el mando del Ejército de Extremadura. Cumpliendo las órdenes de la Junta Central, Eguía pasó a reunirse con el Ejército de La Mancha, que derrotado en la batalla de Almonacid se había instalado en Sierra Morena, sentando a finales de septiembre su Cuartel General en el municipio ciudarrealeño de Daimiel, donde tomó el mando. Situado el ejército inglés de lord Wellington en Portugal, Eguía sólo había dejado en Extremadura unos 12.000 hombres al mando del duque de Alburquerque.

El ejército formado por la Junta Central era el mejor y más fuerte que España había conseguido reunir tras el desastre de Tudela, gracias a los uniformes, las armas y el equipamiento enviados por los aliados británicos. Los efectivos con los que contaba el 3 de octubre eran 51.896 infantes, 5.766 caballos, 35 piezas de artillería y algunas compañías de zapadores.

En cuanto al ejército francés, ya concentrado de nuevo después de su victoria de Almonacid de Toledo, efectuó un movimiento ofensivo en dirección a Daimiel, por Villarrubia de los Ojos con el I Cuerpo al mando del mariscal Víctor, y por Villaharta a Manzanares con el IV Cuerpo del mariscal Sebastiani, lo que obligó de nuevo al Ejército de La Mancha a volver a su refugio de Sierra Morena. Este hecho disgustó en extremo a la Junta Central, que acariciaba la idea de arrojar al enemigo de Madrid, y el general Eguía fue destituido debido a su irresolución y conducta en extremo prudente, sucediéndole en el cargo el general Juan Carlos de Aréizaga, quien se había dado a conocer recientemente en la batalla de Alcañiz y se encontraba en Lérida, comisionado por el general Blake para preparar la resistencia de la ciudad a los ataques de los franceses de Aragón. Fue nombrado Jefe del ejército del Centro el 22 de octubre de 1809, tomando posesión al día siguiente.

El 3 de noviembre, Aréizaga se traslada con sus tropas pasando del Cuartel general a Santa Cruz de Mudela y el 7 de noviembre a Herencia. Las tropas de Aréizaga estaban organizadas en una vanguardia, siete divisiones de infantería y otra de caballería, mandadas respectivamente por los brigadieres Zayas, Luís Lacy, Gaspar de Vigodet, Pedro Agustín Girón, Francisco González Castejón; mariscales de campo Tomás de Zeraín y Pelegrin Jácome; brigadieres Francisco Cópons y mariscal de campo Manuel Freire, muy experto el último en el manejo de la caballería.

La caballería precedía al ejército para explorar el terreno, que se apresuraban a abandonar los jinetes imperiales franceses de Milhaud y París al ver la rapidez con que avanzaban los españoles. A pesar de ello, tuvieron lugar algunos combates, como sucedió en la Cuesta del Madero y a las mismas puertas de Ocaña, junto a cuya villa se encontraba ya reunido el 11 de noviembre todo el ejército español, habiéndola abandonado la noche anterior la brigada Milhaud y la división polaca del IV Cuerpo, que se replegaron hacia Aranjuez.

Aréizaga se dispuso el 14 de noviembre a efectuar el paso del Tajo, la División Lacy por Colmenar de Oreja y el resto del ejército por Villamanrique de Tajo, donde a uno y otro vado desplegaron los ingenieros españoles dos puentes de carros. Dicha operación se vio entorpecida por un temporal que duró tres días. Este inesperado contratiempo desconcertó a Aréizaga y desistió de ella, perdiendo un tiempo precioso, pues mientras él permanecía en Santa Cruz de la Zarza en la mayor indecisión, los franceses reunían en Aranjuez todas sus fuerzas al mando del rey José Bonaparte en persona, con el mariscal Soult: 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillería que mandaba el general Sénarmont. Sin embargo, recelosos todavía los franceses y sin resolverse a tomar la ofensiva, dejaron que Aréizaga avanzase de nuevo a Ocaña el 18 de noviembre, donde hubo un choque de caballería en Ontígola, pudiendo el general español establecer allí tranquilamente sus tropas en la mañana del 19 de noviembre, al saber que los franceses habían al fin determinado atacarle.

El Ejército español formó en dos líneas a derecha e izquierda de Ocaña con la caballería en los flancos: el grupo mayor, mandado por el general Freire, a la derecha, un poco a retaguardia y el otro grupo al mando del coronel Ossorio. A las diez de la mañana rompieron el fuego las guerrillas de uno y otro ejército, dirigiéndose el mariscal Mortier con las divisiones polaca y alemana del IV Cuerpo, apoyadas por otra del V Cuerpo, contra la derecha y centro del ejército español, mientras la de Dessolles se presentaba al frente de Ocaña por la derecha de aquéllas y el general Sénarmont establecía casi toda la artillería de ambos cuerpos en una prominencia que dominaba perfectamente el campo de acción, quedando en reserva con la Guardia Real y las tropas restantes.

La caballería imperial francesa, puesta a las órdenes del general Sebastiani, dio un gran rodeo para practicar un movimiento envolvente sobre la derecha española, objetivo principal del ataque.

La primera acometida de los soldados polacos fue rechazada por los españoles, que salieron a su encuentro y sólo pudieron ser contenidos en su avance por la artillería francesa, bajo cuya protección se rehizo de nuevo el frente polaco. El frente español reiteró el ataque con más energía y pese a los esfuerzos de su artillería fue empujada la línea española a retaguardia, teniendo al fin que efectuar un cambio de frente, ante la amenaza de la caballería de Sebastiani que se divisaba ya hacia su flanco. Dicho movimiento, difícil en circunstancias tan críticas, incluso para tropas veteranas, lo efectuaron las tropas españolas, unas en desorden, otras con el mayor aplomo y serenidad, sobre todo las de la 1.ª División, cuyo jefe, el brigadier Lacy, empuñando la bandera del regimiento de Burgos para alentar a los suyos, escarmentó a los que de cerca le acosaban, siendo herido el general francés Lewal, que perdió además uno de sus ayudantes. También fue gravemente herido, por la parte española, el marqués de Villacampo, ayudante de Lacy.

Viendo el mariscal Mortier que flaqueaba su primera línea, mandó a Girard que con su división (la 1.ª del V Cuerpo) marchase por los intervalos de aquélla contra los españoles, los cuales, observando que por su izquierda las tropas de Desolles estaban próximas a penetrar en Ocaña y que por su derecha la caballería española huía ante la gran masa de jinetes franceses dispuestos a la carga, cedieron al fin buscando el apoyo de la vanguardia.

Poco más tarde del mediodía, la caballería imperial francesa, dejando cortados en su rápido movimiento envolvente regimientos enteros, obligó al ejército español a rendir las armas. En las filas españolas, todo fue confusión y pánico, siendo impotentes los jefes y oficiales para contener la dispersión.

Zayas, recibiendo a cada instantes órdenes contradictorias, se mantuvo algún tiempo en su puesto, pero ocupada la villa de Ocaña por los soldados de Girard y de Desolles, tuvo también que retirarse, aunque lo hizo en buen orden, retrocediendo paso a paso hasta llegar a Dosbarrios, donde fue al fin envuelto en la derrota general. Tan sólo la división Vigodet pudo mantenerse unida y en formación ordenada gracias al ejemplo del regimiento de la Corona, cuyo Cuerpo, rodeado de franceses, juró ante su coronel José Luis de Lioni no separarse de sus oficiales, y salvar cinco piezas de artillería con sus carros de municiones, sirviendo aquella División de núcleo para que se le reuniesen algunos Cuerpos de las restantes y unos 200 caballos. Esta columna se dirigió a Yepes, más tarde a La Guardia, y hallando este pueblo ocupado por el enemigo a Turleque, en cuyo punto volvió a ponerse a las órdenes de su general en jefe, sin haber dejado en tan largo y tortuoso camino ni un hombre ni una pieza.

Aréizaga permaneció durante toda la batalla encaramado en una de las torres de Ocaña, atalayando el campo, pero sin dar disposición alguna ni dirigir la marcha del combate y después tomó el camino de Dosbarrios, La Guardia y Daimiel, donde el 20 de noviembre informó a la Junta Central de la catástrofe. Ésta fue espantosa, pues 4.000 hombres resultaron muertos o heridos, de 15.000 a 20.000 prisioneros y se perdieron 40 cañones, equipajes, víveres, etc., casi todo el material del ejército español. El regimiento de España perdió sus dos primeros jefes, 35 oficiales y 800 soldados entre muertos, heridos y prisioneros; el de Málaga las dos terceras partes de su fuerza, y así la mayor parte de los Cuerpos. A pesar del desastre y la derrota sufrida, Aréizaga recibió el agradecimiento de la Junta Central y compensaciones por los servicios prestados."

domingo, 15 de noviembre de 2009

15 de noviembre


15 DE NOVIEMBRE DE 1808: FALLECE EL TÍO JORGE.

15 DE NOVIEMBRE DE 2009: RUTA HISTÓRICO REIVINDICACTIVA DE LOS SITIOS EN EL ARRABAL

Jorge Ibort Casamayor, más conocido como el Tío Jorge, nació en el barrio de San Pablo de Zaragoza en 1755 y cuando se casó fue a vivir al Arrabal. El 24 de mayo de 1808 fue uno de los cabecillas del levantamiento de Zaragoza contra Napoleón y al día siguiente dirigió a unos cuantos vecinos del Arrabal hasta el palacio de la Marquesa de Ayerbe en la Alfranca donde se encontraba José Palafox, al que le solicitaron se pusiera al mando de la sublevación zaragozana. Una vez Palafox fue nombrado capitán general de Aragón, el Tío Jorge se conviertió en uno de los hombres de su confianza, ya demás junto con los Escopeteros del Arrabal formaba algo así como la guardia personal de Palafox.
El Tío Jorge se destacó en los combates del Primer Sitio de Zaragoza, pero el 15 de noviembre de 1808 falleció a causa del tifus que tantos estragos causaría en el Segundo Sitio.

201 años después, la Asociación de vecinos del Arrabal ha organizado (un año más) una ruta por el Arrabal de Los Sitios, con especial recuerdo al Tío Jorge. Se ha reivindicado un monolito recordatorio en la Arboleda de Macanaz, donde a poco más de 2 palmos bajo tierra se encuentran sepultados más de 6000 españoles fallecidos hace 200 años.
En el Parque Tío Jorge se ha pedido la colocación de una estatua que recuerde a este insigne zaragozano. Hacía años había una escultura al Tío Jorge hecha por el escultor aragonés Angel Orensanz, epro resulta que, hace 3 años el Ayuntamiento la retiró para restaurarla (algunos gilipollas la habían dejado en un estado lamentable). El caso es que llevó a cabo la restauración pero, entonces apareció el impresentable de Orensanz acogiendose a no sé qué convenio, por el cual tenía que dar su visto bueno para a la restauración sino no se podía recolocar. Digo que Orensanz es un impresentable porque por lo que se ve para dar su visto bueno exigió una cifra desorbitante de dinero (varios millones) y que se le dedicara una calle principal en Zaragoza. Sin duda estamos ante un codicioso y egocéntrico sinverguenza...
La ruta ha finalizado en la que fue al casa del Tío Jorge donde Carlso Melús (Presidente de Honor de la asociación Los Sitios) ha colocado una corona de laurel.
Todo el recorrido ha sido acompñado por los Voluntarios de Aragón y el Royo del Rabal.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Un día de noviembre de...


7 DE NOVIEMBRE DE 1659

Un 7 de noviembre de 1659, hace 350 años de ello, Felipe IV y Luis XIV firmaban la Paz de los Pirineos poniendo así fin a las hostilidades entre las monarquía hispánica y la francesa.
Felipe IV perdió en favor de Luis XIV los territorios del Rosellón y la Cerdaña. La Infanta María Teresa contrajo matrimonio con Luis XIV aportando una dote de 400000 reales (que nunca se pagaron).


9 DE NOVIEMBRE DE 1605


Representantes de Su Real Católica Majestad Felipe III de Castilla (II de Aragón etc.) llegaron a Alcorisa el 9 de noviembre de 1605 para otorgarle el título de Villa, independizándose así de Alcañiz.


Este año se ha celebrado la III Fiesta de la Villa de Alcorisa, una villa muy acogedora, en la que todo el mundo participa para recrear el ambiente del siglo XVII.


19 DE NOVIEMBRE DE 1809

El mayor ejército español armado en toda la Guerra de la Independencia Española (1808 - 1814) sufrió una gravísima derrota en Ocaña ante el ejército francés de José I.
(próximamente dedicaré una entrada a esta batalla)

9 DE NOVIEMBRE DE 1989
Cómo seguro que ya sabeis, hace 20 años que cayó el muro de Berlín.
Dejo un vídeo del youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=KXK8R0tjxGY

lunes, 2 de noviembre de 2009

XIX RUTA DE LOS SITIOS


Ayer, domingo 1 de noviembre de 2009, tuvo lugar la XIX Ruta de Los Sitios de Zaragoza que cada año organiza la Asociación Histórico Cultutal Los Sitios de Zaragoza.

A eso de las 10 de la mañana comenzó la ruta en la Glorieta Sasera, antiguo reducto del Pilar, donde Paco Éscribano explicó que sucedió en ese lugar hace 200 años. A continucaión Carlos Melús contó una anécdota sobre el monumento que hoy recuerda a los defensores de aquél punto en 1809.

Cerca de 200 personas, varias de ellas vestidas de época, siguieron con atención las explicaciones. Tras esta inicial parada nos dirigimos a la plaza aragón donde Mariano habló sobre la defensa de la Torre del Pino y el 4 de agosto de 1808. Acto seguido nos dirigimos a la plaza de Santa Engracia, escenario de importancia en Los Sitios donde la secretaria de la Asociación Los Sitios y Juan carlos Cortés nos contaron lo sucedido allí en ambos Sitios.



A continuación fuimos a la plaza del Carmen donde Luis Sorando habló de cómo era esa zona en 1808 y explicó brevemente cómo es el uniforme de Voluntarios de Aragón (modelo 1805) y otros trajes de época. Para acabar esa parada, un Voluntario de Aragón nos obsequió con una demostración de carga y disparo de fusil.

La siguiente parada en la ruta fue en la iglesia de San Idelfonso de Santigo el mayor, donde hay una capilla dedicada a los defensores de Zargoza de 1808 y 1809.



Acto seguido nos dirgimos a la Real Audiencia, palacio de los condes de Luna, escenario del levantamiento de Zaragoza el 24 de mayo de 1808, que explicó Gonzalo Aguado, presidente de la Asociación Los Sitios.


Después en la plaza de España explicaron qué había allí en 1808-1809 (convento de San Francisco y Hospital de Nuestra Señora de Gracia) y qué ocurrió: evacuación del Hospital, ataque del 4 de agosto de 1808, defensa en el segundo Sitio, voladura de san Francisco...

Finalmente la ruta acabó en al cripta de la basílica dle Pilar a la 1 del mediodía. Allí se homenajeó a José de Palafox, el que fuera Capitán General de Aragón entre el 25 de mayo de de 1808 y el 21 de febrero de 1809. El presidente de la Asociación Los Sitios, Gonzalo Aguado, y el presidente de honor de la Asociación, Carlos Melús, colocaron una corona de laurel sobre la lápida de Palafox.


Tras finalizar oficialmente la ruta, algunos fuimos al puente de piedra, junto a la cruz que marca el lugar donde murieron el barón de Warsage, Basilio Boggiero y Sas. allí Los Voluntarios de Aragón hicieron salvas de honor.


NOTA: Las fotos han sido realizadas por Sandra Escribano a la que le doy las gracias.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Zaragoza 1710


El año que viene se cumplen 300 años de la batalla de Zaragoza, de vital importancia en la Guerra de Sucesión Española (1701 - 1714)

La batalla de Zaragoza o del monte de Torrero tuvo lugar un 20 de abril de 1710, cerca d las puertas de la ciudad de Zaragoza, en los alrededores de Torrero.
Se enfrentaron las tropas de "Carlos III de España" (Archiduque Carlos) contra las de Felipe V de "España" (Felipe V de España a partir de 1714). Las tropas de Felipe V estaban compuestas por castellanos y franceses fundamentalmente, mientras que las del Archiduque Carlos estaban formadas por austriacos, ingleses, holandeses, aragoneses, catalanes y valencianos.
La batalla se saldó con la victoria de las tropas del archiduque Carlos, que gracias a la victoria pudo entrar en Madrid días después.

Finalmente, el Archiduque perdió la Guerra y Felipe V con los Decretos de Nueva Planta (promulgados entre 1707 y 1715) abolió los Fueros de Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca.

El próximo 2010 es el tricentenario de dicho acontecimiento, y según tengo entendido se están moviendo hilos para recrear la batalla.

Dejo un enlace de interés: