
Juan Martín “El Empecinado”
Benito Pérez Galdós
Lo primero que uno se plantea al leer los Episodios Nacionales de D. Benito Pérez Galdós es su veracidad histórica y su utilidad para el estudio de la Historia. Pues bien, si bien no son un documento histórico en sí misma, son una fuente de aproximación a la realidad histórica. A través de la historia de Gabriel de Araceli, ese joven gaditano que empieza sus aventuras en la “gloriosa derrota” de Trafalgar (1805), vive las intrigas de la corte de Carlos IV, participa junto al “populacho” en el motín de Aranjuez y junto al “Pueblo” en el Dos de Mayo, se haya en la victoriosa batalla de Bailén, ve como Madrid capitula ante Napoleón, se encuentra defendiendo heroicamente Zaragoza en el Segundo Sitio, de camino a Andalucía su amigo Andresillo Marijuán le narra el terrible asedio de Gerona, asiste a las primeras sesiones de las Cortes de Cádiz, y finalmente acaba como general tras la batalla de los Arapiles (1812); el gran Galdós nos cuenta la Historia de España. En las novelas, son dos “historias” paralelas pero no aisladas, y eso es da verosimilitud a toda la narración. Además, leyendo la obra de Galdós no solo se vislumbra la Historia de España que narra, sino la del momento en la que escribe. Por ejemplo, la obra que nos ocupa fue escrita en 1874, al final del Sexenio y el autor refleja ideas de su presente en el pasado.
Una vez hecha esta breve introducción, me centraré en “Juan Martín El Empecinado”. Iré haciendo citas textuales de la novela a las cuales haré los comentarios que me sugieren.
En el mismo segundo párrafo ya, Galdós (por boca de Gabriel de Araceli) dice que “las guerrillas, que son la verdadera guerra nacional; del levantamiento del pueblo en los campos”. Es la visión clásica de la guerrilla, y en sí, de todo el conflicto conocido como Guerra de la Independencia: la nación, el pueblo en armas. Si bien es cierto en parte no lo es totalmente, es una visión mitificada. Hubo una gran movilización del pueblo, que no es lo mismo que encuadramiento militar (excepcional es el caso de Zaragoza), y hubo numerosas partidas guerrilleras, pero ¿quiénes las componían? ¿Por qué? ¿Cuál era su papel?
“El Empecinado, que en mayo de 1808 había salido de Aranda con un ejército de dos hombres, mandaba en septiembre de 1811 tres mil” “(…) salir a matar franceses; y en efecto salimos. Éramos tres (…) Fue llegando gente y se formó una partidilla… La verdad es que no sé cómo se formó. La partida se hizo ejército y aquí estamos. Me han hecho brigadier. [Habla el Empecinado]” Con esas frases, resume la evolución de los guerrilleros y guerrillas más conocidos y que se han tenido por “prototipos”: el campesino que se echa al monte en 1808 y acaba mandando una gran partida que se acaba encuadrando en el ejército regular al final de la Guerra. De estos, es verdad que hay varios casos (por ejemplo los lanceros de “El Charro”), pero teniendo en cuenta la multitud de partidas que hubo, son minoritarios. A fines de 1808 y 1809 es cuando de verdad el fenómeno guerrillero se desarrolla a raíz de las numerosas y desastrosas derrotas del ejército regular español (Gamonal, Espinosa, Tudela, Somosierra, Uclés, María, Ocaña…) y es entonces cuando la Junta central dicta los primeros reglamentos para regular las guerrillas e intentar controlarlas.
“Recuerdo muy bien el aspecto de aquellos miserables pueblos asolados por la guerra” “El pueblo fue saqueado por tercera vez en un solo día”” (…) los pueblos de aquella tierra habían dado ya a uno y otro ejército lo poco que tenían” “en las aldeas por donde pasamos tuvimos ocasión de presenciar escenas tristísimas, pero que eran inevitables en aquella cruel guerra.” Numerosas veces se habla de la devastación producida por la guerra, y en especial por esta guerra de guerrillas en las que unos y otros, españoles y franceses, exprimían hasta el límite a los pueblos, que si se resistían eran represaliados. La Guerra de la Independencia en sus 6 años de duración (como conflicto bélico) fue desastrosa a todos los niveles.
Gabriel de Araceli, oficial del ejército regular español, sale de Cádiz y se une a la gran partida del Empecinado, que opera desde la actual provincia de Valladolid hasta la de Zaragoza, con algunas tropas. En la siguiente cita queda reflejado la desconfianza entre los civiles, en este caso armados, y el ejército, y el descrédito que este tenía: “fraternizando al punto con la tropa, aunque sin dejar de mostrarnos cierto desdén, como si fuéramos unos desdichados incapaces de intentar tomar Calatayud.”
En los primeros capítulos al hablar de los componentes de la guerrilla y de su carácter queda reflejada la “corriente historiográfica” de la segunda mitad del XIX español: la Historia de Modesto Lafuente. Habla del carácter belicoso español, de los “héroes españoles de la Antigüedad”, es decir: esencialismo de lo español. “Por tercera vez habíamos visto designar con nombres de antiguos héroes españoles a individuos de la partida (…) al señó Viriato, al señó Cid Campeador, y al señó don Pelayo (…) púseme yo mismo el nombre de Viriato, en memoria del más grande y el más célebre guerrillero que hemos tenido” “Yo traigo a la memoria la lucha con los romanos y la de siete siglos con los moros (…) Guerrillero fue Viriato (…) Pero cesaron aquellos gloriosos paseos por el mundo, y España volvió a España”
Sobre la actuación de la guerrilla, y de la del Empecinado en particular, Galdós, aún siendo su obra novela, da una de las mejores descripciones, extremadamente clara y explícita:
“Empecinado, cuyo nombre, los mismo que el de Mina, resonaba en aquellos tiempos con estruendo glorioso en toda la Península.” “Poseía en lato grado el genio de la pequeña guerra (…) Al estallar la guerra, se había echado al campo con dos hombres (…) y empezando por detener correos, acabó por destruir ejércitos. Con arte no aprendido, supo y entendió desde el primer día la geografía y la estrategia, y hacía maravillas””En las guerrillas no hay batallas (…) las guerrillas son la sorpresa (…) la base de su estrategia es el arte de reunirse y dispersarse (…) su principal arma (…) es el terreno” “Figuraos que el suelo se arma para defenderse de la invasión; que los cerros, los arroyos, las peñas, los desfiladeros, las grutas, son máquinas mortíferas que salen al encuentro de las tropas regladas, y suben, bajan, ruedan, caen, aplastan, separan y destrozan. Esas montañas que se dejaron allá y ahora aparecen aquí: esos barrancos que multiplican sus vueltas; esas cimas inaccesibles que despiden balas; esos mil riachuelos, cuya orilla derecha se ha dominado, y luego se tuerce presentando por la izquierda innumerable gente; esas alturas, en cuyo costado se destrozó a los guerrilleros, y que luego ofrecen otro costado donde los guerrilleros destrozan al ejército en marcha: eso, y nada más que eso, es la lucha de partidas; es decir, el país en armas, el territorio, la geografía mismo batiéndose” Si bien no todo el pueblo se levantó en armas, este por lo general, si colaboró con las guerrillas, ya sea por “ardor patriótico”, por ideales más “primarios” (defensa de lo propio) o por puro miedo a represalias. Queda patente la principal arma del guerrillero: el terreno, y su principal táctica: la rapidez y sorpresa.
Galdós hace una digresión, un “flashfoward” se diría en términos televisivos, una reflexión sobre lo que ocurrió con aquellos guerrilleros de la Guerra de Independencia en el futuro próximo de Gabriel de Araceli y el pasado cercano de Galdós. “Vino Napoleón (…) España entera se echó a la calle o al campo (…) Napoleón, aburrido al fin, se marchó con las manos en la cabeza, y los españoles, movidos de la pícara afición, continuaron haciendo de las suyas en diversas formas, y todavía no han vuelto a casa” Hay que recordar que en 1874 los carlistas se han vuelto a alzar en armas, por tercera vez en 40 años. “Pero la guerra de la Independencia, repito fue la gran escuela del caudillaje, porque en ella se adiestraron hasta lo sumo los españoles en el arte para otros incomprensible de improvisar ejércitos y dominar por más o menos tiempo una comarca; cursaron la ciencia de la insurrección, y las maravillas de entonces las hemos llorado después con lágrimas de sangre (…) Los guerrilleros constituyen nuestra esencia nacional (…) el genio, la historia de España; ellos son todo, grandeza y miseria (…) pequeños grandes hombres que entonces nos salvaron, y que en su breve paso por la historia dejaron la semilla de los Misas, Trapense, Bessieres, el Pastor, Merino, Ladrón, quienes a su vez criaron en sus pechos a los Rochapea, Cabrera (…), padres de los Cucala, Ollo, Santés (…)” La presencia de los militares en la vida política española del siglo XIX es indiscutible y, los pronunciamientos e insurrecciones estuvieron a la orden del día.
El Empecinado fue guerrillero en la Guerra de Independencia y después liberal, que acabó sus días, en 1825, ahorcado por defender la Constitución frente al déspota felón de Fernando VII. Galdós ya lo deja patente en su novela poniendo en boca de Juan Martín las siguientes palabras: “Como defendemos a España, defenderemos mañana la Constitución”. También deja reflejado la idea que algunos ilusos tenían de que Fernando VII aceptaría la Constitución, el mito del Fernando liberal: “Y dicen que nuestro cautivo Monarca está contentísimo con que al hayamos hecho”.
Un personaje “simbólico” a mi parecer es la señá Damiana, que encarna a la mujer guerrera, hecho “excepcional” y documentado en la Guerra de Independencia, baste para ello recordar algunos nombres casi de leyenda: Manuela Malasaña, Agustina Saragossa, Casta Álvarez, Manuela Sancho…
Otro personaje que creo refleja al guerrillero absolutista, despiadado, y anticipa la figura del futuro Cabrera, es mosén Antón, el cura de Botorrita, del que Galdós escribe: “un tigre que tomara humana forma, nos ería de otra manera que como era mosén Antón”. Creo que la comparación con “el Tigre del Maestrazgo” es evidente.
A lo largo de la novela quedan reflejadas las diversas motivaciones para que el español se “echase al monte”. Mucho se ha hablado de cuál era la extracción social de los guerrilleros, sus motivaciones etc. Yo creo que había de todo: meros bandoleros que se aprovecharon de la situación de la guerra, militares (y desertores) que utilizaron tácticas de guerrilla (por ejemplo Villacampa) y la visión romántica del guerrillero, el campesino que se “echa al monte” a “matar franceses”, que por mucho mito que haya, no deja de ser una realidad que se dio. Las guerrillas, como creo he dejado patente con alguna cita al principio, se fuer “regularizando” y algunas acabaron en el ejército. Galdós dice “Tres tipos ofrece el caudillaje en España, que son: el guerrillero, el contrabandista, el ladrón de caminos. El aspecto es el mismo: sólo el sentido moral los diferencia”. Sobre las motivaciones de los guerrilleros “tradicionales” (el campesino que toma las armas) creo que la principal fue la de los instintos primarios de defender lo propio, su casa, su familia. Y eso lo deja claro el personaje de Sardina: “en julio de 1808 (…) me anunciaron que mi buen padre había sido asesinado por los gabachos, saqueada mi casa (…) Cogí el trabuco y juntéme a él [Juan Martín]”. Si bien luego la ideología alcanzó a sectores de población y luchaba por la Patria, por la religión, por el rey y/o por la Constitución. Y algunos luchaban solo por fines lucrativos.
Un personaje totalmente secundario, el soldado Plobertín que custodia a Araceli la primera vez que este cae preso de los franceses (en este libro, pues en el Dos de Mayo, en Napoleón en Chamartín, en Zaragoza ya cae preso) nos informa implícitamente de dos cosas. La primara es el sistema de reclutamiento de loa soldados del ejército imperial y de la marcha de la guerra en Europa, Galdós pone en boca de Plobertín “Soy casado; pero en la última conscripción, el Emperador echó mano a los casados. Es un dolor, una picardía (…) ¡Separarle a uno de su mujer y de su hijo para traerle a esta maldita guerra de España, que no se acaba nunca!”. No todos los franceses acudían encantados precisamente a alistarse en el ejército, había resistencias, sobre todo en el medio rural. Si de primeras se reclutaba solo a varones solteros por medio de las quintas, conforme la guerra en España se alargaba y se recrudecía y Napoleón preparaba la campaña de Rusia (recordemos que esta novela se desarrolla entre 1811 y 1812) el ejército imperial necesitaba de mayores efectivos, llegando a reclutarse a casados. Hace referencia a “esta maldita guerra de España” expresión que utilizó el propio Napoleón que dice que fue “el principio de todas sus desdichas, su perdición”. Por otra parte el soldado francés es retratado por Galdós como una persona más, arrastrada por el devenir de los acontecimientos, con sentimientos (cuando quiere hacerse cargo del Empecinadillo), no lo denigra ni le ataca. Esto desmiente cualquier acusación de francofobia hacia Galdós, como de ello le acusaron en la década de 1870 varios periódicos franceses.
Un personaje de gran importancia en toda la I serie de Episodios Nacionales es don Luis de Santorcaz. Este encarama al afrancesado, por propia ideología y convencimiento, y por motivos personales, aunando las dos principales motivaciones de muchos afrancesados. Además, al igual que en “Bailén” este personaje permite describir al batalla de Austerlitz (1805), en esta novela hace una digresión sobre los sucesos de la Revolución francesa (capítulo XVIII).
También queda reflejada en la novela, al visión que los propios franceses tenían de los guerrilleros, a los que veían como meros bandoleros, y a los españoles el bando “patriota” en general como insurgentes.
Ya casi al final de la novela aparece un personaje histórico, que bien daría material para otra novela: don Pedro Villacampa, presente en los dos Sitios de Zaragoza, destacando en la defensa del convento de Santa Mónica y herido en el mismo, el mariscal Lannes lo intentó atraer a las filas francesas, pero se negó y huyó formando un pequeño ejército que actuó entre Teruel y Valencia durante toda la guerra. Finalmente al regreso de Fernando VII y con la restauración absolutista, tuvo que exiliarse por sus ideas liberales.
A modo de conclusión, decir, que la obra de Galdós ayuda mucho a comprender la Historia. La guerrilla fue un fenómeno muy complejo, diversos fueron los tipos de guerrilleros, varias motivaciones tenían, y su extracción variopinta. Personalmente, de la obra de Galdós, solo puedo decir que me encanta y que gracias a ella “entré a conocer” la Historia Contemporánea de España… y empecé por 1808…















