miércoles, 30 de diciembre de 2009

Juan Martín “El Empecinado”


EPISODIOS NACIONALES
Juan Martín “El Empecinado”
Benito Pérez Galdós



Lo primero que uno se plantea al leer los Episodios Nacionales de D. Benito Pérez Galdós es su veracidad histórica y su utilidad para el estudio de la Historia. Pues bien, si bien no son un documento histórico en sí misma, son una fuente de aproximación a la realidad histórica. A través de la historia de Gabriel de Araceli, ese joven gaditano que empieza sus aventuras en la “gloriosa derrota” de Trafalgar (1805), vive las intrigas de la corte de Carlos IV, participa junto al “populacho” en el motín de Aranjuez y junto al “Pueblo” en el Dos de Mayo, se haya en la victoriosa batalla de Bailén, ve como Madrid capitula ante Napoleón, se encuentra defendiendo heroicamente Zaragoza en el Segundo Sitio, de camino a Andalucía su amigo Andresillo Marijuán le narra el terrible asedio de Gerona, asiste a las primeras sesiones de las Cortes de Cádiz, y finalmente acaba como general tras la batalla de los Arapiles (1812); el gran Galdós nos cuenta la Historia de España. En las novelas, son dos “historias” paralelas pero no aisladas, y eso es da verosimilitud a toda la narración. Además, leyendo la obra de Galdós no solo se vislumbra la Historia de España que narra, sino la del momento en la que escribe. Por ejemplo, la obra que nos ocupa fue escrita en 1874, al final del Sexenio y el autor refleja ideas de su presente en el pasado.
Una vez hecha esta breve introducción, me centraré en “Juan Martín El Empecinado”. Iré haciendo citas textuales de la novela a las cuales haré los comentarios que me sugieren.
En el mismo segundo párrafo ya, Galdós (por boca de Gabriel de Araceli) dice que “las guerrillas, que son la verdadera guerra nacional; del levantamiento del pueblo en los campos”. Es la visión clásica de la guerrilla, y en sí, de todo el conflicto conocido como Guerra de la Independencia: la nación, el pueblo en armas. Si bien es cierto en parte no lo es totalmente, es una visión mitificada. Hubo una gran movilización del pueblo, que no es lo mismo que encuadramiento militar (excepcional es el caso de Zaragoza), y hubo numerosas partidas guerrilleras, pero ¿quiénes las componían? ¿Por qué? ¿Cuál era su papel?
El Empecinado, que en mayo de 1808 había salido de Aranda con un ejército de dos hombres, mandaba en septiembre de 1811 tres mil” “(…) salir a matar franceses; y en efecto salimos. Éramos tres (…) Fue llegando gente y se formó una partidilla… La verdad es que no sé cómo se formó. La partida se hizo ejército y aquí estamos. Me han hecho brigadier. [Habla el Empecinado]” Con esas frases, resume la evolución de los guerrilleros y guerrillas más conocidos y que se han tenido por “prototipos”: el campesino que se echa al monte en 1808 y acaba mandando una gran partida que se acaba encuadrando en el ejército regular al final de la Guerra. De estos, es verdad que hay varios casos (por ejemplo los lanceros de “El Charro”), pero teniendo en cuenta la multitud de partidas que hubo, son minoritarios. A fines de 1808 y 1809 es cuando de verdad el fenómeno guerrillero se desarrolla a raíz de las numerosas y desastrosas derrotas del ejército regular español (Gamonal, Espinosa, Tudela, Somosierra, Uclés, María, Ocaña…) y es entonces cuando la Junta central dicta los primeros reglamentos para regular las guerrillas e intentar controlarlas.
Recuerdo muy bien el aspecto de aquellos miserables pueblos asolados por la guerra” “El pueblo fue saqueado por tercera vez en un solo día”” (…) los pueblos de aquella tierra habían dado ya a uno y otro ejército lo poco que tenían” “en las aldeas por donde pasamos tuvimos ocasión de presenciar escenas tristísimas, pero que eran inevitables en aquella cruel guerra.” Numerosas veces se habla de la devastación producida por la guerra, y en especial por esta guerra de guerrillas en las que unos y otros, españoles y franceses, exprimían hasta el límite a los pueblos, que si se resistían eran represaliados. La Guerra de la Independencia en sus 6 años de duración (como conflicto bélico) fue desastrosa a todos los niveles.
Gabriel de Araceli, oficial del ejército regular español, sale de Cádiz y se une a la gran partida del Empecinado, que opera desde la actual provincia de Valladolid hasta la de Zaragoza, con algunas tropas. En la siguiente cita queda reflejado la desconfianza entre los civiles, en este caso armados, y el ejército, y el descrédito que este tenía: “fraternizando al punto con la tropa, aunque sin dejar de mostrarnos cierto desdén, como si fuéramos unos desdichados incapaces de intentar tomar Calatayud.”
En los primeros capítulos al hablar de los componentes de la guerrilla y de su carácter queda reflejada la “corriente historiográfica” de la segunda mitad del XIX español: la Historia de Modesto Lafuente. Habla del carácter belicoso español, de los “héroes españoles de la Antigüedad”, es decir: esencialismo de lo español. “Por tercera vez habíamos visto designar con nombres de antiguos héroes españoles a individuos de la partida (…) al señó Viriato, al señó Cid Campeador, y al señó don Pelayo (…) púseme yo mismo el nombre de Viriato, en memoria del más grande y el más célebre guerrillero que hemos tenido” “Yo traigo a la memoria la lucha con los romanos y la de siete siglos con los moros (…) Guerrillero fue Viriato (…) Pero cesaron aquellos gloriosos paseos por el mundo, y España volvió a España”
Sobre la actuación de la guerrilla, y de la del Empecinado en particular, Galdós, aún siendo su obra novela, da una de las mejores descripciones, extremadamente clara y explícita:
Empecinado, cuyo nombre, los mismo que el de Mina, resonaba en aquellos tiempos con estruendo glorioso en toda la Península.” “Poseía en lato grado el genio de la pequeña guerra (…) Al estallar la guerra, se había echado al campo con dos hombres (…) y empezando por detener correos, acabó por destruir ejércitos. Con arte no aprendido, supo y entendió desde el primer día la geografía y la estrategia, y hacía maravillas””En las guerrillas no hay batallas (…) las guerrillas son la sorpresa (…) la base de su estrategia es el arte de reunirse y dispersarse (…) su principal arma (…) es el terreno” “Figuraos que el suelo se arma para defenderse de la invasión; que los cerros, los arroyos, las peñas, los desfiladeros, las grutas, son máquinas mortíferas que salen al encuentro de las tropas regladas, y suben, bajan, ruedan, caen, aplastan, separan y destrozan. Esas montañas que se dejaron allá y ahora aparecen aquí: esos barrancos que multiplican sus vueltas; esas cimas inaccesibles que despiden balas; esos mil riachuelos, cuya orilla derecha se ha dominado, y luego se tuerce presentando por la izquierda innumerable gente; esas alturas, en cuyo costado se destrozó a los guerrilleros, y que luego ofrecen otro costado donde los guerrilleros destrozan al ejército en marcha: eso, y nada más que eso, es la lucha de partidas; es decir, el país en armas, el territorio, la geografía mismo batiéndose” Si bien no todo el pueblo se levantó en armas, este por lo general, si colaboró con las guerrillas, ya sea por “ardor patriótico”, por ideales más “primarios” (defensa de lo propio) o por puro miedo a represalias. Queda patente la principal arma del guerrillero: el terreno, y su principal táctica: la rapidez y sorpresa.
Galdós hace una digresión, un “flashfoward” se diría en términos televisivos, una reflexión sobre lo que ocurrió con aquellos guerrilleros de la Guerra de Independencia en el futuro próximo de Gabriel de Araceli y el pasado cercano de Galdós. “Vino Napoleón (…) España entera se echó a la calle o al campo (…) Napoleón, aburrido al fin, se marchó con las manos en la cabeza, y los españoles, movidos de la pícara afición, continuaron haciendo de las suyas en diversas formas, y todavía no han vuelto a casa” Hay que recordar que en 1874 los carlistas se han vuelto a alzar en armas, por tercera vez en 40 años. “Pero la guerra de la Independencia, repito fue la gran escuela del caudillaje, porque en ella se adiestraron hasta lo sumo los españoles en el arte para otros incomprensible de improvisar ejércitos y dominar por más o menos tiempo una comarca; cursaron la ciencia de la insurrección, y las maravillas de entonces las hemos llorado después con lágrimas de sangre (…) Los guerrilleros constituyen nuestra esencia nacional (…) el genio, la historia de España; ellos son todo, grandeza y miseria (…) pequeños grandes hombres que entonces nos salvaron, y que en su breve paso por la historia dejaron la semilla de los Misas, Trapense, Bessieres, el Pastor, Merino, Ladrón, quienes a su vez criaron en sus pechos a los Rochapea, Cabrera (…), padres de los Cucala, Ollo, Santés (…)” La presencia de los militares en la vida política española del siglo XIX es indiscutible y, los pronunciamientos e insurrecciones estuvieron a la orden del día.
El Empecinado fue guerrillero en la Guerra de Independencia y después liberal, que acabó sus días, en 1825, ahorcado por defender la Constitución frente al déspota felón de Fernando VII. Galdós ya lo deja patente en su novela poniendo en boca de Juan Martín las siguientes palabras: “Como defendemos a España, defenderemos mañana la Constitución”. También deja reflejado la idea que algunos ilusos tenían de que Fernando VII aceptaría la Constitución, el mito del Fernando liberal: “Y dicen que nuestro cautivo Monarca está contentísimo con que al hayamos hecho”.
Un personaje “simbólico” a mi parecer es la señá Damiana, que encarna a la mujer guerrera, hecho “excepcional” y documentado en la Guerra de Independencia, baste para ello recordar algunos nombres casi de leyenda: Manuela Malasaña, Agustina Saragossa, Casta Álvarez, Manuela Sancho…
Otro personaje que creo refleja al guerrillero absolutista, despiadado, y anticipa la figura del futuro Cabrera, es mosén Antón, el cura de Botorrita, del que Galdós escribe: “un tigre que tomara humana forma, nos ería de otra manera que como era mosén Antón”. Creo que la comparación con “el Tigre del Maestrazgo” es evidente.
A lo largo de la novela quedan reflejadas las diversas motivaciones para que el español se “echase al monte”. Mucho se ha hablado de cuál era la extracción social de los guerrilleros, sus motivaciones etc. Yo creo que había de todo: meros bandoleros que se aprovecharon de la situación de la guerra, militares (y desertores) que utilizaron tácticas de guerrilla (por ejemplo Villacampa) y la visión romántica del guerrillero, el campesino que se “echa al monte” a “matar franceses”, que por mucho mito que haya, no deja de ser una realidad que se dio. Las guerrillas, como creo he dejado patente con alguna cita al principio, se fuer “regularizando” y algunas acabaron en el ejército. Galdós dice “Tres tipos ofrece el caudillaje en España, que son: el guerrillero, el contrabandista, el ladrón de caminos. El aspecto es el mismo: sólo el sentido moral los diferencia”. Sobre las motivaciones de los guerrilleros “tradicionales” (el campesino que toma las armas) creo que la principal fue la de los instintos primarios de defender lo propio, su casa, su familia. Y eso lo deja claro el personaje de Sardina: “en julio de 1808 (…) me anunciaron que mi buen padre había sido asesinado por los gabachos, saqueada mi casa (…) Cogí el trabuco y juntéme a él [Juan Martín]”. Si bien luego la ideología alcanzó a sectores de población y luchaba por la Patria, por la religión, por el rey y/o por la Constitución. Y algunos luchaban solo por fines lucrativos.
Un personaje totalmente secundario, el soldado Plobertín que custodia a Araceli la primera vez que este cae preso de los franceses (en este libro, pues en el Dos de Mayo, en Napoleón en Chamartín, en Zaragoza ya cae preso) nos informa implícitamente de dos cosas. La primara es el sistema de reclutamiento de loa soldados del ejército imperial y de la marcha de la guerra en Europa, Galdós pone en boca de Plobertín “Soy casado; pero en la última conscripción, el Emperador echó mano a los casados. Es un dolor, una picardía (…) ¡Separarle a uno de su mujer y de su hijo para traerle a esta maldita guerra de España, que no se acaba nunca!”. No todos los franceses acudían encantados precisamente a alistarse en el ejército, había resistencias, sobre todo en el medio rural. Si de primeras se reclutaba solo a varones solteros por medio de las quintas, conforme la guerra en España se alargaba y se recrudecía y Napoleón preparaba la campaña de Rusia (recordemos que esta novela se desarrolla entre 1811 y 1812) el ejército imperial necesitaba de mayores efectivos, llegando a reclutarse a casados. Hace referencia a “esta maldita guerra de España” expresión que utilizó el propio Napoleón que dice que fue “el principio de todas sus desdichas, su perdición”. Por otra parte el soldado francés es retratado por Galdós como una persona más, arrastrada por el devenir de los acontecimientos, con sentimientos (cuando quiere hacerse cargo del Empecinadillo), no lo denigra ni le ataca. Esto desmiente cualquier acusación de francofobia hacia Galdós, como de ello le acusaron en la década de 1870 varios periódicos franceses.
Un personaje de gran importancia en toda la I serie de Episodios Nacionales es don Luis de Santorcaz. Este encarama al afrancesado, por propia ideología y convencimiento, y por motivos personales, aunando las dos principales motivaciones de muchos afrancesados. Además, al igual que en “Bailén” este personaje permite describir al batalla de Austerlitz (1805), en esta novela hace una digresión sobre los sucesos de la Revolución francesa (capítulo XVIII).
También queda reflejada en la novela, al visión que los propios franceses tenían de los guerrilleros, a los que veían como meros bandoleros, y a los españoles el bando “patriota” en general como insurgentes.
Ya casi al final de la novela aparece un personaje histórico, que bien daría material para otra novela: don Pedro Villacampa, presente en los dos Sitios de Zaragoza, destacando en la defensa del convento de Santa Mónica y herido en el mismo, el mariscal Lannes lo intentó atraer a las filas francesas, pero se negó y huyó formando un pequeño ejército que actuó entre Teruel y Valencia durante toda la guerra. Finalmente al regreso de Fernando VII y con la restauración absolutista, tuvo que exiliarse por sus ideas liberales.
A modo de conclusión, decir, que la obra de Galdós ayuda mucho a comprender la Historia. La guerrilla fue un fenómeno muy complejo, diversos fueron los tipos de guerrilleros, varias motivaciones tenían, y su extracción variopinta. Personalmente, de la obra de Galdós, solo puedo decir que me encanta y que gracias a ella “entré a conocer” la Historia Contemporánea de España… y empecé por 1808…

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad y esas cosas


En estas fechas tan señaladas y eso... ¡Feliz Navidad!

La Iglesia Católica fijó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús. En el siglo XIII los franciscanos crearon "el belén", tradición que ha perdurado hasta nuestros días. Dejo una foto de mi belén:




Según el mito, el 25 de diciembre también nació la diosa Mitra venerada en la Antiguedad.

"Mitra. Es un dios indoeuropeo de origen iranio. Es un dios de la luz, de la verdad, del sol. Su culto toma forma definitiva en Asia Menor. Lo difunden los comerciantes y los soldados. Mitra es un dios invicto. El culto a Mitra se realiza en santuarios subterráneos (mitreos). Mitra se representa matando un toro. Había 7 niveles de misterios, hasta que se llegaba al nivel de páter. Mitra fue una divinidad muy extendida en el Imperio y acabará siendo un gran oponente al cristianismo. Según el mito, Mitra nació el 25 de diciembre. En Hispania su expansión es menor por la escasa presencia de militares. En Emérita Augusta y la costa hubo culto a Mitra" (apuntes de Historia Antigua de la P. Ibérica, curso 2008 -09, profesor F. Pina Polo)


Por último decir que el ya cercano 2010 se cumplen 200 años de las Cortes de Cádiz, 300 años de la batalla de Zaragoza y 600 años de la muerte del Rey de Aragón Martín I "el Humano"


miércoles, 23 de diciembre de 2009

Juana la Loca (La película)



Recientemente he visto la película "Juana la Loca" del 2001 dirigida por Vicente Aranda y protagonizada por Pilar López de Ayala.

La película narra la vida de Juana, reina de Castilla a comienzos del siglo XVI, y madre de Carlos V.

Voy a hacer una brevísima y sencilla crítica. La película me ha sorpendido mucho porque !me ha gustado! y eso que es española e histórica... sorprendente, pero cierto, me atrevo a afirmar que es una buena película: los personajes están bien reflejados, rigor histórico (aunque algún fallo tendrá), buena ambientación, es amena y mantiene una trama ágil... Me ha gustado, y más porque no me esperaba que me gustase, hasta hoy nunca la había visto entera, siempre "huyendo" del cine "historico español" por miedo a llevarme las manos a la cabeza con las bazofias que hay por ahí.


Dejo dos partes de la película que me gustan:




domingo, 20 de diciembre de 2009

20 de diciembre de... 1591 y...1808



El 20 de diciembre del año de 1591 Juan de Lanuza “el Mozo”, Justicia de Aragón, fue ejecutado por orden de Felipe II en la plaza del Mercado de Zaragoza.

“El día 18 de diciembre llegó a Zaragoza otro enviado regio, el comendador Gómez Velasco (…) se ordenaba la decapitación del Justicia de Aragón y la prisión del conde de Aranda y el duque de Villahermosa. (…) el día 19 por la mañana el capitán Juan de Velasco procedió a apresar a Juan de Lanuza, cuando se dirigía a oír misa en compañía de los miembros de su Corte. Ante la orden de arresto, el Justicia respondió que únicamente podía ser detenido mediante un mandamiento conjunto del rey y los cuatro brazos del reino, es decir por las Cortes (…) El día 20 de diciembre (…) las principales calles y plazas de la ciudad de Zaragoza amanecieron ocupadas por las tropas (…)
Por la mañana, Juan de Lanuza fue entregado al gobernador de Aragón para que ejecutase en él la sentencia monárquica, recogida en el pregón que fue publicado por la ciudad:

“Esta es la justicia que manda hacer el rey nuestro señor a este cavallero, por traidor y que levantó bandera y otros aparatos de guerra contra su rey y señor natural. Y por conmovedor y alborotador de esta ciudad y de las demás universidades y partes de esta Corona de Aragón, so color de la libertad. Le manda cortar la cabeça y confiscar sus bienes y derribar sus casas, fortaleças y castillos”

Poco antes del mediodía del 20 de diciembre del año 1591, Juan de Lanuza, Justicia de Aragón, fue decapitado.”

(Fragmento sacado del ibro “Juan de Lanuza. Justicia de Aragón” de Encarna Jarque Martínez)


El 20 de diciembre también pero de 1808 se inició el Segundo Sitio de Zaragoza por parte de las tropas de Napoleón, en el marco de la conocida como Guerra de Independencia.

“Día 20.

Muy por la mañana se supo que los enemigos habían llegado a las inmediaciones de Santa Bárbara y que intentaban pasar a Torrero para ocupar aquellas alturas, con cuya novedad se mando alarmar las tropas y que salieran a defender dichos puntos, y antes del mediodía ya iban los enemigos formados en dos columnas de infantería y una de caballería pasando por dichos parajes, encaminándose hacia Casablanca, y juzgando el comandante que la custodiaba que la defensa que tenían en ella de cuatro cañones en el mismo puente del camino de Madrid no era suficiente para tanta gente enemiga como a ella venían, la desamparó sin hacer fuego, clavando antes los cañones, la que inmediatamente ocuparon los enemigos.”

(Fragmento del Diario de Faustino Casamayor)

jueves, 17 de diciembre de 2009

Franceses.


El pasado mes de octubre la Institución Fernando el Católico organizó un curso con el título "Franceses. Los invasores en la Guerra de la Independencia" al que asistí.

De todas las conferencias me quedo con dos, de las cuales pongo a continuación los apuntes que tomé:



Visiones del otro. La construcción de la imagen el enemigo. (Pedro Rújula)


En la primavera de 1808 las cosas sucedieron muy rápido. En pocas semanas se cambió la visión del ejército francés: de aliado a enemigo fácilmente identificable.
Tanto el partido godoista como el fernandino buscaban el apoyo de Napoleón, que era el poder y la garantía del poder. El margen de maniobra de los gobernantes españoles era limitado. Godoy aceptó el desigual Tratado de Fontainebleau, y Fernando buscó en Bayona el reconocimiento de Napoleón. Después del Dos de Mayo todo se mantuvo igual: las autoridades llamaban al orden, los franceses seguían siendo aliados. Los intentos de Fernando por conseguir el apoyo de Napoleón fracasan, los Borbones abdican y se instaura una nueva dinastía. Las cosas cambian. El aliado se convertía en enemigo.
¿Cómo explicar este vertiginoso cambio? Se busca un chivo expiatorio: Godoy, que es identificado con los franceses. Los fernandistas consiguen copar el espacio político español. Identificaban los intereses de la monarquía y l país. Tras los días que suceden al fracaso de las negociaciones de Bayona, Fernando VII envió emisarios con órdenes opuestas a las de días anteriores: la insurrección. La Junta de Regencia estaba confusa y amordazada por las tropas de Murat. En las ciudades libres de franceses se reúnen las oligarquías y entre el 23 de mayo y fines de mes se levantan Oviedo, Zaragoza, Valencia y Sevilla, principales focos insurreccionales en los que se crean juntas. La identificación del enemigo era vital. La construcción del otro no contó con el tiempo para definir ideas. Nada de nuevas ideas ni estrategias, no había tiempo y se recurrió a viejas ideas. Se actualizaron las ideas de la Guerra de la Convención: presentar a los franceses como revolucionarios regicidas que eran una amenaza para la monarquía y la religión. Adquirió gran difusión popular por los clérigos. Este viejo discurso de la Guerra de la Convención sonaba de nuevo en 1808: el mismo rey, la misma patria, la misma religión. La recuperación de aquel discurso no era políticamente neutral, sino que favorecía a los fernandistas que concebían la guerra como contrarrevolución. Con esta imagen del enemigo se inicia la Guerra. La línea argumental del discurso se fundamenta en valores comunes ya conocidos. La diferencia en 1808 la marcaba Napoleón. El conflicto se personaliza, al dimensión de la figura de Napoleón en Europa ensombrecía todo. Napoleón encarna al enemigo. Todo era conocido por los destinatarios del mensaje. Era necesario transmitir que se había producido un hecho transcendental para justificar el cambio radical de aliados a enemigos:
- La mentira. Justificaba el tiempo de admiración a Napoleón.
- El engaño, la traición. Por lo ocurrido en Bayona se quebraba la lealtad que debía haber entre 2 aliados. La traición era desenmascarada y aparece la verdadera imagen de Napoleón.
Vengar la traición se convierte en argumento: La traición justifica la guerra. Se le atribuyen a Napoleón todos los atributos negativos, Napoleón encarna todos los males. La vertiente del tirano Napoleón se utiliza para hacer distinciones entre Francia y Napoleón. Se presenta a Francia como víctima de un tirona. La guerra es contra Napoleón. El levantamiento español se presenta como libertador del pueblo francés sometido por Napoleón. La idea más importante en la publicidad es que el ejército francés va a destruir la religión. La defensa de la religión llevaba implícita la defensa del trono. A través del patriotismo se llega a la nación.
Los argumentos movilizadores que afectaban a lo cotidiano son más eficaces. Aparece la idea de que el objetivo de Napoleón es esclavizar a la nación, reclutar forzosamente a los españoles para su ejército.
La realidad de la guerra termina por imponerse a la hora de movilizar.
Tras las derrotas del verano de 1808 José I evacúa Madrid. La propaganda patriota había funcionado. La movilización fue rápida y eficaz.




Política francesa en España. (Carlos Franco de Espés)




Suchet es un militar que hace carrera en el ejército napoleónico y llega a Zaragoza en diciembre de 1808.
- El Aragón josefino (junio 1808 – 8 de febrero de 1810). Lannes ocupa Zaragoza el 21 de febrero de 1809 y Junot queda como gobernador de Aragón, tomando dos grandes decisiones: organiza la policía mandada por un comisario (encargado del orden público, el abastecimiento…) y pone en práctica decretos de José I (junta de subsistencias para abastecer al ejército). A fines de abril de 1809 Suchet es nombrado gobernador de Aragón que el 24 de mayo es derrotado en Alcañiz por Blake, pero el 15 de junio en María y el 18 en Belchite vence a Blake. Suchet organiza los ayuntamientos (a los alcaldes los nombra el rey y en su nombre, él mismo), y por tanto los controla. Suchet publica un manifiesto claro a los aragoneses: ha recibido el poder militar de Napoleón y el político de José I, acusa los ingleses de la culpabilidad de las guerras continentales (el enemigo es el inglés que además es un hereje), manda a los labradores a trabajar (se necesita abastecer al ejército), recuerda a los sacerdotes que su deber es predicar la paz y el respeto al rey José.
- El Aragón napoleónico (1810 – 1813). Napoleón estaba descontento con la situación de España. Por el decreto del 8 de febrero de 1810 Aragón va a depender del Emperador. El 17 de febrero de 1810 Napoleón ordena sitiar Lérida. Suchet toma tres decisiones: organiza su propia secretaría, fortifica Zaragoza y asegura su abastecimiento, y divide Aragón en dos zonas (orilla derecha del Ebro y orilla izquierda) dirigidas por dos comisarios (Mariano Domínguez y Agustín Quinto). En junio de 1812 Suchet reorganiza Aragón otra vez y por decreto suprime las dos comisarías y nombra un director general de policía subordinado al poder militar. Suchet quiere controlar las finanzas y por ello crea en 1811 la Intendencia General de Aragón y en junio de 1812 crea 4 intendencias generales (Huesca, Zaragoza, Teruel y Alcañiz). Suchet intenta organizar la Justicia nombrando nuevos jueces y tribunales. Los alcaldes dejan de tener funciones jurisdiccionales, intentando mantener el poder judicial independiente. Suchet tenía una política “de mano de hierro en guante de seda”. Suchet crea en diciembre de 1810 un tribunal político para controlar el orden público, pretende controlar la disidencia. Suchet implanta la uniformidad legislativa. Suchet es consciente de que tiene que controlar el clero y por ello suprime todos los conventos, interviene las prebendas eclesiásticas y suprime la jurisdicción eclesiástica.
En resumen, los medios que empleó Suchet para gobernar Aragón fueron: el control político (nuevo empadronamiento en abril de 1810), obligación de delatar a disidentes y a cumplir sus órdenes, el control de la información (ordena que semanalmente haya 4 correos, publica la Gaceta de Zaragoza que envía a todos los ayuntamientos), creación de la Guardia Cívica, control del ayuntamiento de Zaragoza, control económico, secuestro de los bienes de quienes no acaten sus órdenes, control de la Iglesia, control social.
Todo esto se desmorona desde el verano de 1812. En mayo de 1813 la situación francesa es crítica y es vital controlar Zaragoza, pero el 9 de junio las tropas imperiales comienzan a abandonar Zaragoza.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

España, país de ladrones


La Muela es un pueblo de la provincia de Zaragzoa que remonta sus orígenes a la Edad Media, al siglo XIII y que desde 1990 inició un crecimiento desorbitado. Su alcaldesa, María Victoria Pinilla tiene abiertos varios procesos judiciales y.. sigue de alcaldesa... sí, señores, esto es España, los (grandes) ladrones están en libertad y ostentan cargos públicos, parece ser la norma en este país: ostentar un cargo público, robar y salir de rositas y forrado. Los demás a jodernos con la crisis.

Lo gordo es que he leído recientemnete que Pinilla ha tenido la desfachatez de demandar a un gran programa de humor de televisión, Oregón TV del que ya hablé en este blog, por "injuria sy calumnias".... sin comentarios

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=544570&page=11#EnlaceComentarios

Los vídeos en los que se parodia a la "pobre" alcaldesa son los siguientes:

http://www.youtube.com/watch?v=amNS4VV_qDc


http://www.youtube.com/watch?v=O-13sXX59bE
No sé porque hay tantos parados...está claro que el oficio más rentable es ¡hacerse ladrón!

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Una efeméride más...

Por casualidad, y de verdad digo que ha sido por casualidad, leyendo por ahí resulta que hoy hace 200 años que murió José de la Consolación, que participó en Los Sitios de Zaragoza.

Dejo una breve biografía extraída de la web de la Asociación Los Sitios:

Nació el 2 de Septiembre de 1769 en Villafeliche (Zaragoza). Tomó el hábito agustino en los recoletos del Portillo el 1de Junio de 1788. Fue penitente en extremo, y muy dado a la lectura religiosa, fue ordenado sacerdote después de cursar filosofía y teología, pasaba la mañana en el confesionario, las tardes a la predicación, visita de enfermos y toda clase de obras de misericordia, siendo muy popular y estimado entre su vecindario, mereció gran afecto del padre Santander obispo auxiliar de Zaragoza.

Participó en el levantamiento del 24 de Mayo, fue uno de los consejeros íntimos de Palafox, Consolación estuvo muy activo en los dos asedios. Fue nombrado individuo de la junta gubernativa en las postrimerías del segundo sitio, y dio en ella el voto contrario a la capitulación. Después de la rendición de la ciudad, y por la supuesta protección del obispo Santander no sufrió la suerte de Boggiero y Sas, fue enviado por el obispo a Jaca, ya sitiada por los franceses, para aconsejar la rendición la rendición de sus habitantes.
Una interpretación comenta que se introdujo en esta plaza el 8 de Marzo de 1809, convocó en junta a las autoridades, y a varios religiosos, interponiendo su influencia para que se rindiesen, y que no consiguiendo su objetivo por este medio, fomentó en secreto la deserción y no quedando casi soldados hubo de rendirse la plaza el 21 de Marzo. Otra versión expone que se dirigía a Jaca para aconsejar la rendición, pero ni llego a dicha ciudad, ni pasó de Ayerbe, donde supo la poco honrosa entrega de aquella fortaleza.

Ya de regreso a Zaragoza, fue destinado por el obispo Santander a la sección de hospitales y a la parroquia del Pilar, pero las autoridades francesas sospecharon y hasta dijeron que Consolación perjudicaba mucho al gobierno bonapartista en el confesionario, donde fomentaba la animosidad contra los opresores.
Por otra parte se negó repetidamente a tomar el traje del clero secular, resistiendo los mandatos que se le dijeron para dejar el hábito, siendo finalmente reducido a prisión en castillo de la Aljafería el 30 de Septiembre de 1809.
Poco después era conducido a Francia en una cuerda de prisioneros, la mañana del 9 de Diciembre cuando atravesaban el término de Luceni, fue separado de sus compañeros y fusilado, el cadáver fue arrojado al Canal Imperial, donde estuvo hasta enero de 1816, habiéndose cortado el agua para hacer la limpieza periódica.


http://www.asociacionlossitios.com/

viernes, 4 de diciembre de 2009

LA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO DURANTE LOS SITIOS VII

3. EL URBANISMO EN ZARAGOZA DURANTE LA OCUPACIÓN FRANCESA


Zaragoza estuvo ocupada por las tropas francesas desde el día 21 de febrero de 1809 hasta el 9 de julio de 1813. Durante este tiempo los franceses realizaron obras de desescombro y acondicionamiento de la ciudad, que poco a poco intentaba volver a la normalidad.
En 1809 se procedió a realizar una valoración de los daños padecidos por muros y puertas, encomendada a los arquitectos Yarza y Gracián, y se repararon techos y fachadas de la Casa Consistorial. También se dictaron bandos ordenando el saneamiento de las ruinas y el derribo de aquellos edificios que por dañados e irrecuperables representaban una amenaza para los viandantes, debiendo cargar los propietarios con los costes de tales operaciones.
En 1810 el mariscal Suchet entró en Zaragoza como gobernador de Aragón. Suchet propició reformas urbanísticas. La más importante consistió en la apertura de un amplio paseo que fuera desde la puerta de Santa Engracia hasta el Coso, por lo que antes era la estrecha calle de Santa Engracia. Esta amplia avenida llevó como primer nombre el de Paseo Imperial, pasándose a llamar después Salón de Santa Engracia, para finalmente llamarse Paseo de la Independencia desde 1860. El proyecto fue elaborado por Joaquín Asensio. La construcción del paseo se inició junto al Coso y el trazado discurrió a través de arruinados edificios, de carácter mayoritariamente religiosos. Este paseo de grandes dimensiones traía a Zaragoza el orden de las amplias y rectas avenidas parisinas. Esta obra respondió tanto a fines estéticos y de modernización como a militares (en caso de sublevación la caballería podía avanzar rápidamente hasta el centro de la ciudad). Tras plantar cuatro hileras de árboles y colocar faroles blancos, el paseo se “inauguró” (sin acabar) el 30 de septiembre de 1812. Otra obra fue el acondicionamiento del actual Paseo de las Damas. También se procedió a recuperar la actividad agrícola, aunque esta había sufrido una gran debacle con la tala de todos los olivares próximos a Zaragoza por razones defensivas.
4. LAS DESAMORTIZACIONES DEL SIGLO XIX Y SU EFECTO EN ZARAGOZA


Después de 1813 comenzaron a repararse algunos de los monumentos más significativos de la ciudad. Antonio Vicente reedificó en 1826 la Cruz del Coso, José de Yarza y Miñana se hizo cargo de la reconstrucción de edificios religiosos como la iglesia de Nuestra Señora del Portillo (en 1827), el convento de Trinitarios Descalzos (en 1830), o la iglesia del convento de Santa Mónica (en 1831). Entre 1887 y 1891 Mariano López reconstruyó la iglesia del monasterio de Santa Engracia.
Durante la minoría de edad de la futura reina Isabel II, tuvo lugar la Desamortización de los bienes eclesiásticos promovida en 1836 por el ministro de Hacienda y después presidente del Gobierno, Juan Álvarez Mendizábal. Las desamortizaciones llevadas a cabo en Zaragoza tuvieron gran importancia para su desarrollo, ay que éstas consistían básicamente en la expropiación de los bienes liberados y su nacionalización y posterior venta e pública subasta al mejor postor. Había pues un objetivo principal de carácter financiero, pero también político. Las desamortizaciones de Mendizábal transformaron gran parte del suelo no construido existente en el interior de la ciudad, fundamentalmente correspondiente a las huertas de los conventos rescatados, ya que este pasó a ser suelo urbano o edificable, lo cual permitió el acceso a la propiedad del suelo de la nueva clase social emergente, la burguesía, y, también, de las nuevas instituciones surgidas al amparo de las reformas en la administración pública. Igualmente, se llevó a cabo en la ciudad un proceso de militarización, que se tradujo en la utilización de un buen número de conventos y monasterios para albergar tropas y efectos militares: de santa Engracia, cuartel de infantería; predicadores de San Ildefonso; almacén de utensilios para la tropa; carmelitas observantes de Nuestra Señora del carmen, parque de Artillería; carmelitas descalzos de San José, cuartel del presidio peninsular; capuchinos, cuartel de Infantería de Hernán Cortés….
En 1836, los arquitectos José de Yarza y Joaquín Gironza dieron las trazas para la urbanización de los solares del destruido Hospital de Nuestra señora de Gracia y del convento de San Francisco. Con este proyecto se prolongó al calle de San Miquel hasta el Paseo y se ordenó el flanco oriental de la plaza de san Francisco (actualmente, Plaza de España)

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:


ARMILLAS VICENTE, JOSÉ A., Historia de Zaragoza. La guerra de la Independencia y los Sitios, Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza, 1986.

CASAMAYOR, FAUSTINO, Diario de los Sitios de Zaragoza 1808 -1809, Editorial Comuniter, Zaragoza, 2000.

BELMAS, JEAN, Zaragoza, 1808 y 1809. Los Sitios vistos por un francés, Editorial Comuniter, Zaragoza, 2003.

FATÁS CABEZA, GUILLERMO (coord.), Historia de Aragón, Heraldo de Aragón, Zaragoza, 1991

RÚJULA, PEDRO (ed.), Los Sitios de Zaragoza. Historia y pintura de los acontecimientos que tuvieron lugar en esta ciudad abierta durante los dos sitios que sostuvo en 1808 y 1809. General Lejeune, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2009

VAUGHAN, CHARLES R., Narrativa del Sitio de Zaragoza, Editorial Comuniter. Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2008

Heraldo de Aragón

Periódico de Aragón


EN INTERNET:

Web del Ayuntamiento de Zaragoza: http://www.zaragoza.es

Web de la Fundación Zaragoza 2008: www.fundacion2008.com

Web de la Asociación Histórico Cultural Los Sitios de Zaragoza: http://www.asociacionlossitios.com

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sobre la "Corona catalanoaragonesa" y demás falacias


Nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino, ahora resulta que existió una Corona Catalanoraragonesa y un rey de Cataluña llamado Pere II… y yo sin enterarme… habrase visto.
La semana pasada el Consejero de Cultura de la Generalitat de Cataluña anunció a bombo y platillo las investigaciones que están llevando a cabo con los restos de…Pere II el gran de Cataluña… A este impresentable mentiroso no le vendría mal estudiar Historia.
Un nuevo ataque del nacionalismo catalán a Aragón y a su Historia. Lo preocupante es que estas falacias que sueltan cuatro sinvergüenzas tienen éxito.

Nunca existió una reino de Cataluña, nunca existió un rey de Cataluña, nunca existió la Corona catalanoaragonesa, nunca existió la confederación catalanoaragonesa, Pere II el Gran no existió… Lo que si existió, ahí están las fuentes históricas, fue la Corona de Aragón a cuya cabeza estaba el rey de Aragón y Conde de Barcelona, que sería también rey de Valencia, rey de Mallorca, rey de Nápoles y Sicilia, duque de Atenas y Neoptaria… entre otros títulos.

Las investigaciones que el consejero de la Generalitat anunció son sobre Pedro III el Grande, Rey de Aragón, Rey de Valencia y Conde de Barcelona de 1276 a 1285.


Basta ya de que algunos inútiles tergiversen nuestra Historia.

LA DESTRUCCIÓN DE PATRIMONIO DURANTE LOS SITIOS VI



2. LOS SITIOS DE ZARAGOZA: UNA HECATOMBE PARA EL PATRIMONIO


2.4. La destrucción

Tras los dos Sitios, la ciudad de Zaragoza además de ser un cementerio, era un montón de ruinas. El panorama era desolador.
Jean Belmas describe la entrada de las tropas en la ciudad tras la capitulación del siguiente modo:
Causaba horror ver la ciudad. Se respiraba un aire infecto que sofocaba. El fuego que todavía consumía numerosos edificios cubría la atmósfera con un espeso humo. Los barrios donde los ataques habían sido conducidos no ofrecían más que montones de ruinas mezcladas con cadáveres y miembros esparcidos. Las casas, destrozadas por las explosiones y por el incendio, estaban acribilladas por aspilleras o agujeros de balas, o derrumbas por las bombas y los obuses; el interior estaba abierto por largos cortes para las comunicaciones. En la cumbre de algunos paños de muralla aun en pie, fragmentos de tejados y vigas suspendidas, amenazaban con aplastar en su caída a los que se aproximasen. A lo largo del Coso, que formaba la frontera de nuestra conquista, el suelo estaba levantado por el efecto de las minas y de las bombas, las puertas y ventanas estaban tapiadas con sacos de tierra, colchones o con muebles; todas las calles adyacentes estaban obstruidas por parapetos y escombros. (…) En este lugar de sufrimiento, no se oía más que los gritos arrancados por el hambre, el dolor, y la desesperanza (…) Así cayó Zaragoza, tras u sitio de cincuenta y dos días de trinchera abierta, de los que veintinueve habían sido empleados para adueñarnos del recinto y veintitrés en avanzar casa por casa.
La guerra fue terrible. Los franceses hicieron volar por los aires todo aquél edificio que no podían conquistar al asalto, lo que unido a los bombardeos y los incendios, dejaron una ciudad en ruinas. El mariscal Lannes escribió al emperador el 28 de enero de 1809 diciendo “El único medio de reducir Zaragoza es recurriendo a las minas, de modo que he dado orden a los ingenieros de llevarlas a cabo en todas las casas que sea posible (…)”Al finalizar el Segundo Sitio, alrededor de un 40% de la ciudad estaba completamente arrasada. Las zonas que más daños sufrieron fueron: el Arrabal (véase punto 3.2.), la zona de Santa Engracia, el Coso, Magdalena y las Tenerías. Y aún pudo ser peor, pues si Zaragoza no hubiese capitulado el 21 de febrero de 1809, el mariscal Lannes había colocado 6 minas que atravesando el Coso estaban listas para hacer saltar por los aires lo que quedaba de ciudad (el perímetro de la antigua ciudad romana).
En el siguiente plano se pueden apreciar las zonas destruidas de la ciudad (en color rojo):



La destrucción del Seminario: 27 de junio de 1808
En la esquina del Coso con la calle San Jorge se encontraba el Colegio jesuita del Padre Eterno (de estilo barroco), en cuyas instalaciones se ubicó a finales del siglo XVIII el Seminario Conciliar de San Valero y San Braulio, , fundado por el arzobispo Agustín de Lezo y Palomeque. Un arco, que cruzaba la calle San Jorge, unía este edificio con el adyacente del Real Seminario de San Carlos Borromeo. Durante el primer asedio, se instaló en el edificio del seminario conciliar un almacén de pólvora. Cuando se comenzaba a trasladar parte de esa pólvora a la iglesia de San agustín, el día 27 de junio de 1808, se produjo una tremenda explosión que, causada por el descuido en el manejo de la pólvora de alguno de los carreteros que llevaban munición a los defensores de la muralla, arrasó el edificio del seminario y las casas cercanas por el lado de la Magdalena.
Faustino Casamayor nos lo refiere así: “sucedió la grande catástrofe de la explosión del almacén de la pólvora (…) causando los mayores estragos en los edificios de dichas aulas y del seminario Conciliar, que era la de mayor consistencia, y la mayor parte de las casas del frente del Coso y calles inmediatas (…)”
Jean Belmas lo relata de la siguiente forma: “El 27 de junio, un depósito de veinte mil libras de pólvora, establecido por los españoles en el Seminario que daba al Coso, estalló con un terrible estruendo. Esta explosión destruyó una parte del edificio y las casas contiguas en la salida de la calle del Medio que se encontraba enfrente.”
Y Alcalde Ibieca nos refiere que “a las tres de la tarde sobrevino una horrenda explosión, que por pronto heló la sangre de nuestras venas. Al estrépito y terretiemblo todos los habitantes salieron despavoridos a la calle (…). El edificio del seminario, obra sólida y crecida (…), y hasta catorce casas de la testera, y de las contiguas por la parte de la plaza de la Magdalena, todo se desgajó rápidamente. Volaron las vigas, los carros y los hombres, y cayeron a varias distancias los miembros mutilados de algunos infelices. Unos achacaban el daño al descuido, otros gritaron traición.



La destrucción de Santa Engracia: 14 de agosto de 1808, 27 de enero de 1809.
El Real Monasterio de los Jerónimos de Santa Engracia, también llamado de las Santas Masas, era un edificio de grandes dimensiones situado junto a la puerta y a la calle de Santa Engracia. De estilo gótico-mudéjar era un edificio de gran valor artístico. Destacaba el claustro principal, mezcla de gótico-mudéjar y plateresco. Hoy en día solo se conserva la iglesia. El convento tenía una iglesia, una biblioteca, dependencias monacales, tres claustros, y una extensa huerta que llegaba hasta orillas del Huerva (en 1908 se situaría en dichos terrenos la Exposición hispano-francesa). En la cripta de la iglesia se albergaban las reliquias de los mártires cristianos zaragozanos del siglo IV d. C., por lo cual esta iglesia tenía un gran valor religioso. Por la solidez de sus muros, al igual que otros conventos, el convento fue utilizado como punto fuerte de la defensa de Zaragoza. Se utilizó para proteger el puente del Huerva, la puerta de santa Engracia y para hacer fuego cruzado con la torre del Pino, edificio situado más al oeste. Por estas razones, desde el primer momento Santa Engracia fue un objetivo militar de los franceses. Ya el 15 de junio de 1808 se combatió junto a sus muros, pero no fue hasta el 4 de agosto de de ese mismo año, cuando los combates se sucedieron en el mismo interior del edificio. Ese día los franceses lanzaron un ataque general apoderándose del convento de santa Engracia y llegando hasta el Coso. Tras un duro combate las posiciones quedaron establecidas en el Coso hasta el 14 de agosto. Ese día, los franceses conocedores de la derrota de Bailén, de la retirada al norte del rey José, de la imposibilidad de atravesar el Coso, y de la llegada de refuerzos a Zaragoza, decidieron levantar el Sitio. Para cubrir su precipitada retirada minaron el convento de Santa Engracia con 400 kilos de pólvora, quedando el magnífico edificio en ruinas.
Jean Belmas lo cuenta así: “La orden de levantar el sitio llegó pues, muy a propósito (…) El convento de Santa Engracia fue en parte destruido por una mina”.
Faustino Casamayor describe del siguiente modo la destrucción de Santa Engracia: “(…) pero no les faltó tiempo para volar la magnífica, y nunca bastantemente llorada Iglesia de Santa Engracia, que arruinó la Sagrada Basílica, y Santuario de nuestros Santos Innumerables Mártires (…), habiendo robado todos los Santos de plata, jocalias, y alhajas ricas de los Conventos ocupados (…)
El gran Benito Pérez Galdós, en sus magníficos Episodios Nacionales dedicó uno a Zaragoza. En el pone en boca de su personaje, Gabriel de Araceli, las siguientes palabras acerca de Santa Engracia: “La pared de la fachada continuaba en pie con su pórtico de mármol, poblado de innumerables figuras de santos, que permanecían enteros y tranquilos como si ignoraran la catástrofe. En el interior vimos arcos incompletos, machones colosales, irguiéndose aún entre los escombros, y que al destacarse negros y deformes sobre la claridad del espacio, semejaban criaturas absurdas, engendradas por una imaginación en delirio; vimos recortaduras, ángulos, huecos, laberintos, cavernas y otras mil obras de esa arquitectura del acaso trazada por el desplome. Había hasta pequeñas estancias abiertas entre los pedazos de la pared con un arte semejante al de las grutas en la naturaleza. Los trozos de retablo podridos a causa de la humedad, asomaban entre los restos de la bóveda, donde aún subsistía la roñosa polea que sirvió para suspender las lámparas, y precoces yerbas nacían entre las grietas de la madera y de la piedra. Entre tanto destrozo había objetos completamente intactos, como algunos tubos del órgano y la reja de un confesonario. El techo se confundía con el suelo, y la torre mezclaba sus despojos con los del sepulcro. Al ver semejante aglomeración de escombros, tal multitud de trozos caídos sin perder completamente su antigua forma, las masas de ladrillo enyesado que se desmoronaban como objetos de azúcar, creeríase que los despojos del edificio no habían encontrado posición definitiva. La informe osamenta parecía palpitar aún con el estremecimiento de la voladura.”
La voladura del 14 de agosto de 1808 destruyó gran parte del convento, pero no lo destruyó por completo. Durante el segundo Sitio siguió siendo utilizado como baluarte de la defensa. Entre sus ruinas se entablaron feroces combates. El 27 de enero de 1809, tras abrir brecha en sus muros, el ejército francés se lanzó al asalto del edifico, logrando conquistarlo al finalizar el día y tras duros enfrentamientos. Así lo inmortalizaron en sus respectivos cuadros el barón Lejeune y Suchodolski. El barón Lejeune, perteneciente al cuerpo de ingenieros francés y bajo las órdenes de Bruno Lacoste, participó en el asalto al convento de Santa Engracia donde fue herido como así lo reflejó en su obra (es el soldado herido en el suelo, en el centro del cuadro). El cuadro, actualmente puede admirarse en el museo del Louvre en París.
El cuadro de Suchodolski “Asalto a los muros de Zaragoza” también refleja el asalto del día 27 sorbe Santa Engracia. Se puede contemplar en el Museo de Varsovia, en Polonia.


Louis François Lejeune, narra así la toma de Santa Engracia: “(…) las minas que el mayor Breville practicó bajo el paseo derribaron el 27 de enero la mitad de los muros del Convento de santa Engracia (…). Un combate terrible empezó en todas las partes del convento; allí los monjes, los soldados, los paisanos, las mujeres y hasta los niños se excitaban mutuamente a disputarnos el terreno; se defendía peldaño a peldaño en las escaleras, de corredor en corredor, de aposento en aposento atrincherándose detrás de los colchones de lana y hasta detrás de los montones de libros, haciéndonos desde todas partes un fuego infernal (…)
Las siguientes imágenes, grabados de 1806, muestran como era el convento de Santa Engracia antes de ser destruido:





Y así es como quedó tras los sitios, según los grabados de Gálvez y Brambila, y la litografía de E. H. Locker.





La destrucción del convento de Santa Mónica y del convento de San Agustín. 27 de enero – 1 de febrero de 1809
Estos dos conventos de estilo barroco, construidos de ladrillo, se situaban en el barrio de la Magdalena, junto a la “muralla” de la ciudad o más bien, formando parte de ella (actualmente junto a al calle Asalto). Actualmente de ellos solo quedan del de San Agustín, la fachada y el campanario, y del de Santa Mónica, la iglesia. Ambos fueron escenarios de duros combates en el segundo Sitio.
El convento de Santa Mónica tenía tres pisos, dos claustros, una iglesia y un jardín. En enero de 1809 estaba defendido por 800 o 900 Voluntarios de Huesca al mando de Pedro Villacampa. Entre el 27 de enero y el 29 de dicho mes fue atacado en sucesivas ocasiones por los franceses, llegando a ser rechazados en un mismo día hasta 8 ataques, con dos brechas abiertas en los muros. El fin para este edificio llegó al final del día 29 de enero, cuando tras un intenso bombardeo los pisos superiores se desplomaron sobre los inferiores aplastando a los defensores y convirtiendo todo en ruinas. Tras haber leído a Agustín Alcalde Ibieca y Jean Belmas, en mi novela narré así la destrucción de este convento: “Las bombas y granadas seguían cayendo sin cesar, pero nos manteníamos firmes en nuestras posiciones en el claustro bajo y en los pisos superiores. Llegó un momento en el que las centenarias paredes del convento no dieron más de sí y se empezaron a desplomar. Primero se derrumbó el piso superior, a continuación el segundo, y milagrosamente el piso bajo no se derrumbó completamente, al menos de momento… (…) El convento ya no resistía más, se iba a desplomar por completo sepultándonos a los que aún no lo estábamos. Villacampa, viendo que era inútil acabar sepultados bajo los escombros, ordenó salir de Santa Mónica a las calles próximas, dejando en él a muchos compañeros muertos. El convento se derrumbó totalmente en unos momentos, convirtiéndose en un montón de escombros y en cementerio de muchos Voluntarios de Huesca que tan numantinamente lo habían defendido.”
Tras la conquista de Santa Mónica, o lo que quedaba del convento, los franceses se dispusieron a tomar el convento contiguo, el de San Agustín. Para ello, mediante un hornillo, volaron la pared que separaba el convento de Santa Mónica con al sacristía de ella iglesia del de san Agustín (que ya tenía una brecha abierta en el muro del claustro). Se entabló un asombroso combate en al iglesia, utilizándose los santos, el retablo, el altar, el púlpito, y los bancos como parapetos. Todas estas obras de arte barrocas quedaron destruidas en los combates. Lo cuentan las fuentes, pero Galdós lo noveló y es más ilustrativo: “Llegamos a la iglesia; pero los franceses que habían entrado por la sacristía, se nos adelantaron, y ya ocupaban el altar mayor. Yo no había visto jamás una mole churrigueresca, cuajada de esculturas y follajes de oro, sirviendo de parapeto a la infantería; yo no había visto que vomitasen fuego los mil nichos, albergue de mil santos de ebanistería; yo no había visto nunca que los rayos de madera dorada, que fulminan su llama inmóvil desde los huecos de una nube de cartón poblada de angelitos, se confundieran con los fogonazos, ni que tras los pies del Santo Cristo, y tras el nimbo de oro de la Virgen María, el ojo vengativo del soldado atisbara el blanco de su mortífera puntería. Baste deciros que el altar mayor de San Agustín era una gran fábrica de entalle dorado, cual otras que habréis visto en cualquier templo de España. Este armatoste se extendía desde el piso a la bóveda, y de machón a machón, representando en sucesivas hileras de nichos como una serie de jerarquías celestiales. Arriba el Cristo ensangrentado abría sus brazos sobre la cruz, abajo y encima del altar, un templete encerraba el símbolo de la Eucaristía. Aunque la mole se apoyaba en el muro del fondo, había pequeños pasadizos interiores, destinados al servicio casero de aquella república de santos, y por ellos el lego sacristán podía subir desde la sacristía a mudar el traje de la Virgen, a encender las velas del altísimo Crucifijo, o a limpiar el polvo que los siglos depositaban sobre el antiguo tisú de los vestidos y la madera bermellonada de los rostros. Pues bien, los franceses se posesionaron rápidamente del camarín de la Virgen, de los estrechos tránsitos que he mencionado; y cuando nosotros llegamos, en cada nicho, detrás de cada santo, y en innumerables agujeros abiertos a toda prisa, brillaba el cañón de los fusiles. Igualmente establecidos detrás del ara santa, que a empujones adelantaron un poco, se preparaban a defender en toda regla la cabecera de la iglesia. Nosotros no estábamos enteramente a descubierto, y para resguardarnos del gran retablo, teníamos los confesonarios, los altares de las capillas y las tribunas. Los más expuestos éramos los que entramos por la nave principal; y mientras los más osados avanzaron resueltamente hacia el fondo, otros tomamos posiciones en el coro bajo, y tras el facistol, tras las sillas y bancos amontonados contra la reja, molestando desde allí con certera puntería a la nación francesa, posesionada del altar mayor. El tío Garcés, con otros nueve de igual empuje, corrió a posesionarse del púlpito, otra pesada fábrica churrigueresca, cuyo guarda-polvo, coronado por una estatua de la fe, casi llegaba al techo. Subieron, ocupando la cátedra y la escalera, y desde allí con singular acierto dejaban seco a todo francés que abandonando el presbiterio se adelantaba a lo bajo de la iglesia. También sufrían ellos bastante, porque les abrasaban los del altar mayor, deseosos de quitar de en medio aquel obstáculo. Al fin se destacaron unos veinte hombres, resueltos a tomar a todo trance aquel reducto de madera, sin cuya posesión era locura intentar el paso de la nave. No he visto nada más parecido a una gran batalla, y así como en ésta la atención de uno y otro ejército se reconcentra a veces en un punto, el más disputado y apetecido de todos, y cuya pérdida o conquista decide el éxito de la lucha, así la atención de todos se dirigió al púlpito, tan bien defendido como bien atacado. (…) De la sacristía salieron mayores fuerzas enemigas, y nuestra retaguardia, que se había mantenido en el coro, salió también. Algunos que se hallaban en las tribunas de la derecha, saltaron fácilmente al cornisamento de un gran retablo lateral, y no satisfechos con hacer fuego desde allí, desplomaron sobre los franceses tres estatuas de santos que coronaban los ángulos del ático. En tanto el púlpito se sostenía con firmeza, y en medio de aquel infierno, vi al tío Garcés ponerse en pie, desafiando el fuego, y accionar como un predicador, gritando desaforadamente con voz ronca. Si alguna vez viera al demonio predicando el pecado en la cátedra de una iglesia, invadida por todas las potencias infernales en espantosa bacanal, no me llamaría la atención. (…)”
En la narración que hace Galdós, se ve muy claramente como se usó el patrimonio en los combates.
El siguiente cuadro de Álvarez Dumont ilustra la defensa del púlpito de San Agustín. Se puede admirar en el Museo Provincial de Zaragoza.



La destrucción del convento de San Francisco. 10 de febrero de 1809
El convento de San Francisco era uno de los más importantes de la ciudad. Fue fundado en el siglo XIII y se construyó en estilo gótico. En 1808, se situaba en el Coso, junto a la Cruz del Coso (templete que recordaba a los mártires zaragozanos del siglo IV y que fue destruido por los franceses el 4 de agosto de 1808), actualmente estaría en la Plaza de España, en el solar de la Diputación Provincial de Zaragoza. En el primer Sitio albergó el Cuartel General de Palafox, y aunque fue escenario de combates, fue en el segundo Sitio cuando quedó destruido. El convento suponía un serio obstáculo para los franceses que pretendían llegar al Coso, por ello y para no arriesgarse a un simple asalto sobre las brechas, los franceses decidieron minarlo con 1000 kilos de pólvora. El edificio saltó por los aires en mil pedazos (con sus defensores), quedando destruido casi al 100%. Un aparte del claustro no se destruyó y siguió siendo utilizada por los religiosos franciscanos hasta 1818.
Su memoria se conserva con una placa en el edificio de la DPZ. En el año 2007 salieron a la luz vestigios en altura del convento en el edificio de la Diputación.


Para describir la destrucción del convento de San francisco, vuelvo a recurrir a “Zaragoza” de Galdós (basada en la de Lejeune): “(…) se oyó una detonación tan fuerte, que ninguna palabra tiene energía para expresarla. Parecía que la ciudad entera era lanzada al aire por las explosión de un inmenso volcán abierto bajo sus cimientos. Todas las casas temblaron; oscureciéndose el cielo con una espesa nube de humo y polvo, y a lo largo de la calle vimos caer trozos de pared, miembros despedazados, maderos, tejas, lluvias de tierra y material de todas clases (…). Salimos al Coso, donde al punto nos cercioramos de que una gran parte de San Francisco había sido volada”.

Otras destrucciones
Innumerables fueron los daños materiales que sufrió la ciudad en los dos asedios. Numerosos edificios (Casas del Puente, convento de San José…), que hoy consideraríamos monumentos, fueron destruidos o gravemente dañados. Se perdieron obras de arte sacro, bien por los combates, bien por los saqueos. Multitud de documentos ardieron pasto del fuego o fueron utilizados para hacer barricadas. El barón de Lejeune dejó escrito en sus memorias el horror que el causaba ver cómo los libros de la Universidad o de conventos eran destruidos: “Se apilaban los libros con igual facilidad que si fueran ladrillos y, (…) nos resguardaban perfectamente de las balas. Muchos de nosotros debemos al vida al espesor del volumen de la historia de tal o cual santo (…)” “Este medio de destrucción de bibliotecas que contenían tantos libros y manuscritos preciosos no era, sin embargo, el más lamentable de los muchos que presenciábamos. Por la noche, nuestros soldados, flatos de leña, quemaban aquellos libros para calentarse (…)”
También hubo destrucción de gran patrimonio medioambiental. La huerta Zaragoza se perdió casi en su totalidad. En el periodo entre Sitios, por necesidades de defensa se talaron los olivares y viñedos que circundaban la ciudad. Lejeune señala que “se destruían las casas de campo, los matorrales, los hermosos árboles de los paseos, los jardines, y los viejos olivares que constituían la riqueza y ornamento del país”. El mismo Lejeune cuenta también cómo para protegerse del frío algunos soldados imperiales utilizaban cuadros que encontraron en conventos e iglesias.
Un caso curioso es el del llamado Cristo de la Cama. En una capilla de la iglesia del convento de San Francisco, había una figura de un Cristo. Durante el primer Sitio, los franceses tomaron dicho convento, pero una zaragozana, María Blanquez, consiguió sacar, bajo el fuego enemigo, a dicho Cristo. El cuerpo de dicha figura quedo prácticamente destrozado por balazos, quedando solo intacta la cabeza del Cristo. Actualmente el Cristo de la Cama se encuentra en al iglesia de San Cayetano, y lo sacan en procesión el Viernes Santo.