jueves, 29 de julio de 2010

Sobre festejos taurinos





Ayer el Parlamento catalán prohibió las corridas de toros. Auqnue no prohibió, de momento, los festejso taurinos populares tradicionales en Tarragona, estos se ven ya amenazados. En el resto de España hay mucha afición a todo tipo de festejos taurinos y la medida ayer aprobada en Cataluña, con pocos votos de diferencia, supone que nos tengamos poner en alerta ante lo que es un aayque a una tradición de gran arraigo entre la sociedad. Además recordemos que los festejos taurinos se extienden tambiñén a Portugal, sur de Francia y América.
Son parte de nuestra cultura, de nuestra Historia pues lso festejos taurinos se remontan a la Edad Media, tomándo las "formas actuales" a fines del XVIII y en el XIX.

A mi las corridas de toros no es que me guste, nunca he ido a ver ninguna, pero no estoy de acuerdo con prohibirlas. Si eso me parecería quizás más razonable que no se matase al toro en plaza (sí en el matadero, que la carne de toro de lida está exiquisita).

Respecto a los festejos taurinos populares !que ni se les ocurra prohibirlos!. Las fiestas populares en gran parte de España giran en torno a ellos, los aficionados somos muchos, y no se mata a los animales. Pero claro saldrán cuatro personajes diciendo que mire usted, que las vacas en los encierros "se estresan"... !por favor! ¿pero que tontada es esa? Vale, si se estresan, digamos que es "su trabajo" y luego tienen "vacaciones en el campo".. pero ¿acaso no nos estresamos las personas con los estudios y el trabajo? ¿y por eso van a prohibir estudiar y trabajar?

Por ser taurino algunos me llamarán inculto...de los que me conocen, tendré mis defectos...pero ¿inculto? ¿yo?

domingo, 25 de julio de 2010

LA PARTICIPACIÓN ARAGONESA EN EL PRIMER LIBERALISMO ESPAÑOL II. Daniel Aquillué

3.LOS REPRESENTANTES ARAGONESES EN LA JUNTA SUPREMA CENTRAL GUBERNATIVA DEL REINO.


El 25 de septiembre de 1808 se reunió en Aranjuez la Junta Suprema Gubernativa del Reino presidida por el anciano conde de Floridablanca. A ella cada junta provincial había enviado a dos representantes: Aragón, Asturias (uno de ellos Jovellanos), Canarias, Castilla la Vieja, Cataluña, Córdoba, Extremadura (uno de ellos Garay, que fue su secretario), Galicia, Granada, Jaén, León, Madrid, Mallorca, Murcia (uno de ellos Floridablanca), Navarra, Toledo, Sevilla, y Valencia. En total 35 miembros de los cuales 17 eran nobles, 6 clérigos y 5 del estado llano. La reunión de la Junta Suprema suponía la creación de un poder nacional representativo. La Junta Suprema creó cinco comisiones: Estado, Gracia y Justicia, Guerra, Marina y Hacienda. Se diferenciaron tres bloques en la Junta: en torno a Floridablanca el grupo más conservador que entendía la Junta como una especie de Regencia; en torno a Jovellanos el grupo más centrista que apelaba a la Constitución histórica para reformar el país; y el grupo más liberal en torno a Calvo de Rozas y el vizconde de Quintanilla que atribuía un carácter revolucionario a la insurrección popular y las juntas7. Desde diciembre de 1808 a enero de 1810 la Juna Suprema residió en Sevilla. La grave derrota española en Ocaña, el 19 de noviembre de 1809 abrió Andalucía a las tropas imperiales, y desprestigió a la Junta Suprema que huyó de Sevilla disolviéndose el 29 de enero de 1810 y, entregando el poder ejecutivo a un Consejo de Regencia de 5 miembros.
El 14 de agosto de 1808 el ejército imperial dirigido por Verdier levantaba el sitio a Zaragoza para cubrir la retirada del rey José I. Pocos días después, el capitán general de Aragón José de Palafox nombró a los representantes de Aragón para la Junta Suprema Central. Inicialmente fueron nombrados tres vocales: Francisco de Palafox y Melci, Lorenzo Calvo de Rozas, y el conde de Sástago. Pero el 5 de septiembre José Palafox ordenó al conde de Sástago regresar a Zaragoza para formar parte de la Junta Superior de Aragón8.
Lorenzo Calvo de Rozas (Vizcaya, 23 de junio de 1773, Madrid, 6 de mayo de 1850) era un comerciante y banquero de próspera fortuna afincado en Madrid. Tras la ocupación francesa de Madrid fue a Zaragoza, a donde llegó el 28 de mayo de 1808. José Palafox le nombró para diversos cargos de importancia: corregidor de Zaragoza, Intendente del Reino y Ejército de Aragón, secretario de las Cortes de Aragón, vocal de la Junta militar de Defensa y jefe de los alcaldes de barrio durante el Primer Sitio de Zaragoza. Durante las ausencias de Palafox en el Primer Sitio, Calvo de Rozas organizó la defensa de la ciudad con gran acierto. Designado miembro de la Junta Suprema por José Palafox tenía ideas opuestas al otro representante de Aragón, Francisco Palafox. En sus intervenciones en la Junta Suprema, Calvo de Rozas impulsó las ideas liberales: defendió la libertad de imprenta, la convocatoria de Cortes y la elaboración de una Constitución. Lorenzo Calvo de Rozas escribió:

Desde el momento en que se instaló la Suprema Junta Central solicité la convocatoria de Cortes, persuadido a que como las mejores intenciones no éramos capaces de salvar la Nación. (…) Esta insistencia y la libertad de imprenta me pusieron más de una vez en la dolorosa situación de oír a mis compañeros que consideraban como una traición a la solicitud de Cortes y la libertad de imprenta, suponiendo que las primeras entregarían la Nación a los franceses y mirando la segunda como una cosa perjudicial (…) Si las sesiones de la Junta Central hubiesen sido públicas (…) los males de nuestra patria no hubiesen llegado a tanto extremo (…)9

Además buscó el interés público y propagó la idea de que Aragón tuvo un papel primordial en la Guerra10. Poco después de la capitulación de Zaragoza, Calvo de Rozas propuso a la Junta Suprema (17 de marzo de 1809) la creación de la Junta Superior de Aragón y parte de Castilla que se constituyó al día siguiente. Esta Junta, presidida por Valentín Solanot, agrupaba a los territorios no ocupados de Aragón y a los castellanos de Molina de Aragón.
Francisco Palafox y Melci, segundo hijo de los marqueses de Lazán y hermano del Capitán General de Aragón, era Brigadier del Ejército y oficial de reales Guardias de Corps. Al parecer, de ideas absolutistas, aunque reconocía que algunos gobiernos anteriores habían sido despóticos se oponía radicalmente a establecer una nueva constitución11. Consideraba que la Junta Suprema no hacía nada y conspiró contra ella. Sus principales intervenciones se centraron en solicitar ayuda para la Zaragoza sitiada por segunda vez.


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7Francisco Escribano (coord.), III Ciclo de Conferencias: Los Sitios de Zaragoza y su influencia en la resistencia española a la invasión napoleónica, Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza, Zaragoza, 2009, págs. 15 – 16.
8Concepción Torres Liarte, Los Diputados Aragoneses en las Cortes de Cádiz (1808 – 1814), Cortes de Aragón, Zaragoza, 1987, pág. 17
9Francisco Escribano (coord.), III Ciclo de Conferencias: Los Sitios de Zaragoza y su influencia en la resistencia española a la invasión napoleónica, Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza, Zaragoza, 2009, págs.22 -23.
10Francisco Escribano (coord.), III Ciclo de Conferencias: Los Sitios de Zaragoza y su influencia en la resistencia española a la invasión napoleónica, Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza, Zaragoza, 2009, pág. 10.
11Ramón Manuel Gonzalvo Moruelo, La representación aragonesa en la Junta General y en las Cortes de Cádiz, pág. 58

jueves, 22 de julio de 2010

LA PARTICIPACIÓN ARAGONESA EN EL PRIMER LIBERALISMO ESPAÑOL I. Daniel Aquillué






PRÓLOGO

Desde el 2008 venimos asistiendo a toda una serie de actos conmemorativos de hechos relativos a la tardíamente denominada como Guerra de la Independencia Española. Hasta ahora los actos, aunque distribuidos por toda la geografía española, se han centrado en Madrid, Bailén, Zaragoza, A Coruña… y normalmente han recordado hechos bélicos con conferencias, recreaciones, rutas y publicaciones.
Este año 2010 los actos conmemorativos se van a empezar a centrar en San Fernando y Cádiz y principalmente en recordar acontecimientos de índole política: el bicentenario de las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. ¿Cuál fue la participación aragonesa en esos importantes acontecimientos iniciadores de la revolución liberal en España? ¿Quiénes fueron los representantes de Aragón en Cortes? ¿Y antes en la Junta Suprema Central? A estas preguntas, cuyas respuestas yo desconocía casi por completo, pretendo dar respuesta en esta breve síntesis, para la cual mi principal fuente bibliográfica ha sido el monográfico Los Diputados Aragoneses en las Cortes de Cádiz (1808 – 1814) de Concepción Torres Liarte.


1.INTRODUCCIÓN. 1808 – 1814. GUERRA Y REVOLUCIÓN.

En mayo de 1808 se desencadenó el último episodio de la crisis de una monarquía, la española, que se había desencadenado en marzo de ese mismo año con el golpe de estado de Aranjuez, el cual había llevado al trono a Fernando VII tras derribar al primer ministro Manuel Godoy, el día 19, y obligar a Carlos IV a abdicar el 25 de marzo. De esta forma ilegal Fernando VII había llegado al trono y, buscando legitimar y asegurar a su poder, viajó a Bayona a reunirse con el Emperador Napoleón. A dicha ciudad francesa también acudió el depuesto Carlos IV con su esposa María Luisa, y el que fuera su primer ministro, Godoy.
Mientras tanto en la Península la situación discurría por otros caminos no previstos por ninguna autoridad, fuese fernandista, godoista o francesa. Por el Tratado de Fontainebleau se había autorizado el paso de un cuerpo de ejército francés al mando de Junot para invadir Portugal. Entraron en España, no uno, sino cuatro cuerpos de ejército imperial, que ocuparon algunas plazas estratégicas como Pamplona, Barcelona o Madrid. El ejército aliado vivía sobre el terreno más como invasor que como aliado. Los roces entre la población y los imperiales se fueron cobrando un reguero de muertos en sucesivos altercados a lo largo de abril de 1808. Finalmente, el 2 de mayo una revuelta popular en Madrid desencadenó, a la postre, la guerra. Los que salieron a las calles el Dos de Mayo fue el “populacho” de Madrid, salvo excepciones, ya que las élites, ya fueran acomodados burgueses o nobles, se quedaron en sus casas y palacios temerosos más de una posible revolución que a los imperiales. Joaquín Murat, a la sazón comandante en jefe de las tropas imperiales en España, reprimió con dureza la revuelta madrileña. Aún así, las noticias de lo sucedido en Madrid se extendieron rápidamente por la geografía española.
En Bayona, el 6 de mayo, tanto Carlos IV como Fernando VII abdicaban en Napoleón que poco después daría el trono de España a su hermano José. Si la soberanía residía en el monarca, la cesión de derechos al trono a Napoleón fue legal, ya que tanto Carlos IV como Fernando VII eran reyes absolutos. Conocidos estos sucesos en España, las élites los consideraron inaceptable. A fines de mayo de 1808 el levantamiento contra los franceses fue general en España. El vacío de poder en España era total: no había rey (estaba “cautivo” en Francia) ni familia real, la Junta de Gobierno y el Consejo de Castilla estaban bajo control de Murat… Ese vacío de poder provocado por la crisis institucional que se había desencadenado el 19 de marzo fue ocupado por las Juntas locales y provinciales que se erigieron en depositarias de la soberanía. Este fue un hecho insólito.
El 9 de mayo se concomieron en Oviedo los sucesos de Madrid y ese mismo día se reunió la Junta General del Principado que se enfrentó a la Audiencia del Principado, pues esta aceptaba las órdenes de Murat. El 21 de mayo Flórez Estrada interceptó una orden del jefe militar de Oviedo remitida al general La Llave para fusilar a varios miembros de la Junta. Esa misma noche los integrantes de la Junta junto con La Alarma (milicias) asaltaron la fábrica de armas y obligaron al propio La Llave a convocar lo que fue la primera Junta soberana que asumía el poder en una provincia, al margen de al órdenes de Madrid y los designios dinásticos1.
Esta Junta, compuesta por aquellos vocales de la Junta del Principado afines a ideas liberales, redactó un documento que expresaba una nueva realidad de soberanía nacional declarando la guerra a Napoleón de manera oficial el día 25 y enviando a Londres dos representantes solicitando ayuda2. La Junta fue presidida por Flórez Estrada y su secretario era Argüelles, ambos destacados liberales posteriormente.
En el levantamiento de Valencia, el 23 de mayo, se reflejaron las tensiones políticas entre unas fuerzas que ya se perfilaban en 1808. Al recibirse las noticias de las abdicaciones de Bayona, el padre Rico encabezó a las gentes al grito de “viva Fernando VII y nuestra religión y patria” que le designaron para negociar con la Audiencia que aunque mandó alistar milicias no declaró la guerra. Por otro lado, el hacendado y propietario Manuel Beltrán de Lis organizó un amotinamiento pero de signo liberal para crear una Junta soberana. Tanto los amotinados dirigidos por el clérigo absolutista Rico como los amotinados liberales de Beltrán de Lis asaltaron la ciudadela para apoderarse de las armas. Así pues, el 25 de mayo se creó la Junta Suprema del Reino de Valencia que declaró que en su seno se “reúne la soberanía por decisión del pueblo”.
En la ciudad de Zaragoza al conocerse los sucesos de Bayona el día 24 de mayo de 1808 el pueblo, dirigido por labradores como Jorge Ibort o Mariano cerezo y comerciantes como Felipe Sanclemente, se levantó dirigiéndose a la audiencia y arrestando al Capitán General Jorge Juan Guillemi tras lo cual se apoderaron de varios miles de fusiles y cañones depositados en la Aljafería. Al día siguiente varios labradores del Arrabal dirigidos por el Tío Jorge fueron a la Alfranca donde se hallaba escondido José de Palafox, al cual nombraron jefe de la insurrección.

Muy por la mañana acudieron varias gentes honradas del pueblo al palacio real donde habitaba el excelentísimo señor capitán general de Aragón D. Jorge Juan Guillemi, pidiendo les entregasen las llaves del Castillo de la Aljafería, las armas y cañones que en él había por noticias que tenían que iban a venir los franceses3

El 26 de mayo se sublevó Santander donde se detuvo al cónsul francés y a todos los habitantes franceses afincados en la ciudad. La Junta creada en la ciudad estuvo presidida por el obispo e integrada por los notables de la ciudad. Ese mismo día también se levantó Sevilla cuando el conde de Tilly y el comerciante Nicolás Trap, seguidos por soldados del regimiento de Olivenza asaltaron la maestranza de artillería y armaron a la población civil. En el ayuntamiento hispalense las elites de la ciudad fusilaron al procurador y situaron a la cabeza de la insurrección al nada radical Saavedra.
El último día de mayo en Badajoz los amotinados asesinaron al gobernador por no aceptar la Junta, de corte liberal. También en Cartagena asesinaron al Capitán General y se constituyó una Junta. En Zamora el motín se desencadenó el 2 de junio y se formó una Junta integrada por absolutistas bajo la presidencia del obispo.

A la altura de junio de 1808 en España había dos legalidades: la de José I Bonaparte, legitimada por las abdicaciones de Bayona, y la constituida de forma revolucionaria aunque en su seno hubiera liberales y absolutistas, pero que se legitimó asumiendo la soberanía nacional. El liberal Quintana definió así las Juntas:

Luego que el punto central del gobierno falta en su ejercicio o deja de existir, cada provincia toma el partido de formarse una junta que reasume el mando político, civil y militar de su distrito (…) entra después la comunicación de unas con otras para concertar las medidas de interés general, hecho esto, el Estado, que al parecer estaba disuelto, anda y obra sin tropiezo ni desorden.

Y añadiría más tarde que son:

El método que tenemos en España de hacer las revoluciones

Las juntas fueron un medio de sustituir al Estado en un momento de crisis y vacío de poder, y en 1808 tenían un carácter tradicional y revolucionario. Tenían sus precedentes remotos en instituciones territoriales de la Baja Edad Media, como la Junta General del Principado de Asturias, o en juntas específicas de tipo técnico o político como la Junta Suprema de Estado de 1787. En 1808 las juntas provinciales crearon un gobierno, levantaron un ejército, establecieron un orden, fijaron un plan, captaron recursos… Las juntas sirvieron por primera vez para impulsar un proceso de reconstrucción nacional sobre la base revolucionaria de una legitimidad popular4.
El 6 de julio de 1808 se promulgaba la Constitución o Estatuto de Bayona, pero el verano de 1808 se saldó con victorias para las armas españolas: el Bruch (6 de junio), Bailén, donde el general Reding venció a Dupont el 19 de julio, sitio de Zaragoza (15 de junio – 14 de agosto)… que obligaron al rey José a abandonar Madrid. Su hermano Napoleón entró al mando de la Grande Armée en España en otoño de 1808, derrotando sucesivamente a los ejércitos españoles en batallas como Gamonal, Tudela, medina de Rioseco o Somosierra que le permitieron ocupar la capital fácilmente el 2 de diciembre. Zaragoza por su parte resistió un duro asedio de dos meses hasta que, extenuados sus defensores por el hambre, los bombardeos y sobre todo la epidemia de tifus, capituló el 21 de febrero de 1809. Un mes antes, en enero de 1809, el mariscal Soult derrotó a los británicos de Moore en A Coruña, aunque estos consiguieron reembarcarse. A pesar de estas victorias imperiales, no eran dueños de más territorio que aquél que pisaban. En julio de 1809 el ejército angloespañol vencía pírricamente en Talavera, pero el 19 de noviembre los franceses se alzaban con una gran victoria en Ocaña, entrando en Andalucía en enero de 1810. En diciembre de 1809 caía Gerona. Mientras tanto las guerrillas causaban bajas al ejército francés, cortaban las comunicaciones e inmovilizaban a numerosos imperiales. En 1812 Suchet tomaba Valencia pero poco después Marmont era derrotado por Wellington en Arapiles. Finalmente, en 1813 el ejército aliado (británicos, españoles y portugueses) vencía en Vitoria y San Marcial. Poco después se firmaba el Tratado de Valençay que ponía fin a la Guerra de forma oficial.
Pero durante este periodo no solo hubo una guerra, sino que se produjo el inicio de la revolución liberal en España. Como ya he señalado el punto de partida fue la creación de juntas locales y provinciales que asumieron la soberanía en ausencia del rey, que se unieron en la Junta Central Suprema que nombró una Regencia y convocó Cortes extraordinarias que en 1812 aprobaron una Constitución.


2.LAS CORTES DE ARAGÓN DE 1808


Un hecho peculiar fueron las Cortes aragonesas que se celebraron el 9 de junio de 1808 en la ciudad de Zaragoza. Lo fue porque dicha institución llevaba derogada más de un siglo, concretamente desde 1707 cuando Felipe V, mediante los Decretos de Nueva Planta, redujo a Aragón a las leyes de Castilla, aboliendo sus fueros e instituciones particulares. Pero 1808 también fue un año singular, de crisis y cambios, todo ello enmarcado desde mayo en un contexto bélico.
José de Palafox y Melci había llegado a la Capitanía General de Aragón el 25 de mayo por medio de una insurrección popular, y pretendiendo legitimar ese poder convocar las antiguas cortes del Reino de Aragón para el día 9 de junio. Estas cortes no eran, ni mucho menos, una institución revolucionaria sino que, estaban compuestas por 4 estamentos: nobles, infanzones, clero y ciudades. Estas Cortes, que tan solo se reunieron una vez, acordaron proclamar a Fernando VII como rey legítimo, nombrar a Palafox capitán general del Reino, y aprobar la constitución de una Junta permanente de seis miembros. Estas cortes colocaron los problemas militares por encima de cuestiones como la reunión de la junta permanente, o incluso la celebración de una segunda sesión de Cortes.
El propio José de Palafox cuenta en sus memorias:

(…) determinó convocar las antiguas Cortes por estamentos para que le iluminasen y descargar algún tanto en la representación nacional su responsabilidad. (…) Celebróse su sesión en la sala de juntas de la ciudad junto a la Lonja (…) Todo fue aprobado y tomado en conocimiento por los legítimos representantes del pueblo, que unánimemente le dieron las gracias diciendo que la elección de los aragoneses en su persona había sido tan acertada que ellos mismos, en nombre de sus comitentes, le reelegían y pedían continuase gobernando el Reino5.

Mientras Palafox, que tras la Guerra simpatizó con las ideas liberales, hace hincapié en que las cortes representan al pueblo (a pesar de ser estamentales); Faustino Casamayor, de ideas absolutistas, lo cuenta de otra manera:

Este día se celebraron las Cortes e al sala consistorial del ayuntamiento en la que se colocó el retrato de nuestro católico monarca Fernando VII asistiendo a ellas todos los vocales de las ciudades del reino, obispos, abades y priores, con la nobleza. A las 10 vino S. E. a caballo acompañado de sus edecanes (…) y la sesión duró hasta las 3 y media de la tarde; a la salida fue al Pilar acompañado de la tropa y edecanes, subió a besar la mano a Nuestra Señora y se retiró a su palacio6.

De los asistentes a estas Cortes de Aragón, tres personajes estuvieron luego relacionados con el proceso de las Cortes de Cádiz. Por un lado Pedro María Ric, elegido miembro de la Junta de gobierno y posteriormente diputado pro Aragón en las Cortes extraordinarias. Por otro, Lorenzo calvo de Rozas, liberal a ultranza, que ejerció de secretario en estas cortes y después fue elegido representante por Aragón en la Junta Central. Por último, Valentín Solanot que fue posteriormente presidente de la Junta Superior de Aragón.


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1Juan Sisino Pérez Garzón, Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal (1808 – 1814), Síntesis, Madrid, 2007, pág. 102
2Juan Sisino Pérez Garzón, Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal (1808 – 1814), Síntesis, Madrid, 2007, págs. 102 – 103
3Faustino Casamayor, Herminio Lafoz Rabaza (ed.), Diario de Los Sitios de Zaragoza(1808 – 1809), Editorial Comuniter, Zaragoza, 2000, pág. 13
4Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes (dirs.), Diccionario político y social del siglo XIX español, Alianza Editorial, Madrid, 2002, págs. 390 – 391.
5José de Palafox, Herminio Lafoz Rabaza (ed.), Memorias, Edizions d l’Astarl y Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza, 1994
6Faustino Casamayor, Herminio Lafoz Rabaza (ed.), Diario de Los Sitios de Zaragoza(1808 – 1809), Editorial Comuniter, Zaragoza, 2000, pág. 13


martes, 20 de julio de 2010

AUSTRIAS CONTRA BORBONES. ARAGÓN, ESCENARIO Y ACTOR DE LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA IV. Daniel Aquillué


LOS DECRETOS DE NUEVA PLANTA


Por el Real Decreto de 29 de junio de 1707 Felipe IV (V de España) derogaba los fueros de Aragón que había jurado en 1702:

Considerando aver perdido los Reinos de Aragon, i de Valencia, i todos sus habitantes por el rebelión, que cometieron, faltando enteramente al juramento de fidelidad, que me hicieron, como à su legitimo Rei, i Señor, todos los fueros, privilegios, essenciones, i libertades, que gozaban, i que con tan liberal mano se les avian concedido, assi por mi, como por los señores reyes mis predecessores, particularizándolos en esto de los demás Reinos de esta Corona; i tocándome el dominio absoluto de los refreídos Reinos de Aragon y de Valencia, pues à la circunstancia de ser comprehenidos en los demás que tan legítimamente posseo en esta Monarquia, se añade ahora la del justo derecho de la conquista, que de ellos han hecho últimamente mis armas con el motivo de su rebelión; i considerando también que uno de los principales atributos de la soberanía es la imposición, i derogación de leyes (…) podría yo alterar, aun sin los graves, i fundados motivos, i circunstancias, que hoy concurren para ello en los tocante à los de Aragón i Valencia; he juzgado conveniente (assi por esto, como por mi deseo de reducir todos mis Reinos de España à la uniformidad de unas mismas leyes (…) gobernándose igualmente todos por las leyes de Castilla (…) abolir, i derogar enteramente, como desde luego doi por abolidos, i derogados todos los referídos fueros (…) en los referidos Reinos de Aragon, i Valencia, siendo mi voluntad que estos se reduzcan à las Leyes de Castilla (…) pudiendo obtener mis fidelissimos Vasallos los castellanos oficios, i empleos en Aragon, i Valencia de la misma manera que los Aragoneses y Valencianos han de poder en adelante gozarlos en Castilla (…) dando a los Aragoneses, i valencianos reciproca e igualmente mayores pruebas de mi benignidad (…)19

Como señala Jesús Morales Arrizabalaga la fundamentación de este decreto es jurídica (derecho de sucesión) y jurídico- bélica (derecho de conquista-pena de rebeldía), ambas sobre la base ideológica de una concepción castellanizante de la soberanía del rey. Los conocidos como Decretos de Nueva Planta son una serie de normas promulgadas por Felipe V desde 1707 que reformaron el régimen jurídico de los reinos de la Corona de Aragón. Quién impuso esta línea de eliminar los fueros, sobre la del Consejo de Aragón que solo los pretendía limitar, fue el Consejo de Gabinete del rey. Los consejeros franceses (Amelot y la princesa de los Ursinos) y los castellanos (Macanaz) de Felipe V coincidieron en creer que la raíz de la rebelión de Aragón se hallaba en su sistema político.
El Decreto no fue bien visto ni por nadie en Aragón, ni siquiera por los felipistas, como así expuso el arzobispo de Zaragoza:

Al desconsuelo que ha causado a los aragoneses la extinción de las libertades, privilegios y estilos con que han sido criados, al mismo tiempo que se le spide una contribución tan excesiva, suponiendo que todos los naturales de este Reyno han sido rebeldes, incluyendo en esta generalidad a los leales (que han sido casi todos los nobles y muchos pueblos y ciudades). A este punto respondo que es assi que ah causado algún resentimiento a estos naturales acostumbrados a vivir con la libertad de sus fueros verse ahora privados de ellos20.

Más claro es en su testimonio el felipista y fuerista Ioseph Sisón:

No ha habido un solo aragonés (aun de los que han sido más fieles y celosos del Real Servicio) a quien este decreto no haya penetrado el corazón y resfriado el amor y celo que han profesado.

Ante las protestas, Felipe V promulgó un nuevo decreto el 29 de julio de 1709, en el que aunque no levantaba la sanción y reafirmaba la abolición de los fueros, reconocía que la mayor parte de la nobleza y ciudades y villas de Aragón le habían sido fieles. Como señala Mª Berta Pérez Álvarez Felipe V hacía pensar en junio de 1707 que estaba sancionando a unos delincuentes. En julio de ese año desmintió tal interpretación, pero, sorprendentemente, mantuvo la sanción. La abolición de los fueros no era ya un castigo a los rebeldes, sino una medida para facilitar el mejor gobierno de todo su reino. Se adoptaba así una idea de unificación jurídica, que tuvo un renovado apoyo de los castellanos recelosos de las peculiaridades aragonesas. Estas ideas de unificación se remontaban por lo menos al conde-duque de Olivares que en 1625 escribía a Felipe IV de Castilla (III de Aragón):

V. Majd. Por el negocio más importante de su Monarquía el hacerse rey de España; quiero decir señor, que no se contente V. M. con ser rey de Portugal, de Aragón, de Valencia (…) sino que trabaje (…) por reducir estos reinos (…) al estilo y leyes de Castilla.

Así pues, con estos decretos desparecía institucional, jurídica y políticamente el Reino de Aragón. Los Decretos de Nueva Planta fueron una tropello al ser un castigo injusto porque solo una parte de Aragón se había rebelado contra Felipe V. Como señala Gregorio Colás en el caso de Aragón se impuso [la Nueva Planta] por la voluntad de un monarca que, contando con un poderoso ejército y la división de los aragoneses, traicionó el sentir de quienes habían defendido su causa21.



CONCLUSIONES


La Guerra de Sucesión Española, un complejo conflicto, fue un hito en la construcción del estado español, y supuso la desaparición de Aragón como entidad política. Aragón fue escenario y actor de la Guerra, sufriendo sus consecuencias más negativas, pues la perdió, aunque el Reino en sí no fuera ni borbónico ni austracista pues los regnícolas se mostraron divididos en sus preferencias bien pro Felipe de Anjou o bien por Carlos de Austria. Aragón estuvo desde 1705 dependiendo de la situación bélica pues por sí solo no contaba con medios para su defensa, por tanto se podría decir que Aragón fue austracista cuando estos iban ganando la guerra (1706, 1710) y borbónico cundo sucedía al revés (1700 – 1705, 1707 -1709, 1711).
El enfrentamiento entre felipistas y carlistas, que tenían diversas motivaciones, en Aragón no fue un enfrentamiento entre dos sistemas políticos sino entre dos opciones dinásticas. No fue absolutismo contra pactismo, pues todos los aragoneses defendían en mayor o menor medida los Fueros y Libertades del Reino.
Respecto a los decretos de Nueva Planta, estos representaron una clara involución política, además de un injusto castigo de Felipe V.
En definitiva, la Guerra de Sucesión supuso la derrota del Reino de Aragón, que indefenso y dividido no tuvo opciones.

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19JESUS MORALES ARRIZABALAGA, La derogación de los Fueros de Aragón (1707 – 1711), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1986
20Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 277
21GREGORIO COLÁS, Los decretos de Nueva planta en Aragón: una involución política, p. 380



BIBLIOGRAFÍA


BORRÁS GUALIS, GONZALO, La guerra de Sucesión en Zaragoza, Zaragoza Institución Fernando el Católico, 1973

COLÁS LATORRE, GREGORIO, “Los decretos de Nueva planta en Aragón: una involución política”, L’ aposta catalana a la Guerra de Successió 1705 – 1707. Actes del congrés celebrat a Barcelona dels 3 al 5 de noviembre de 2005 al Museu d’Historia de Catalunya, Barcelona, 2007

KAMEN, HENRY, La Guerra de Sucesión en España (1700 – 1715), Barcelona, Grijalbo, 1974

MORALES ARRIZABALAGA, JESUS, La derogación de los Fueros de Aragón (1707 – 1711), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1986

PÉREZ ÁLVAREZ, Mª BERTA, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010


viernes, 16 de julio de 2010

AUSTRIAS CONTRA BORBONES. ARAGÓN, ESCENARIO Y ACTOR DE LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA. III Daniel Aquillué Domínguez



LA REBELIÓN AUSTRACISTA EN ARAGÓN. FELIPISTAS Y CARLISTAS.


A comienzos de la centuria de 1700 Aragón seguía siendo un reino independiente, con sus instituciones, con su régimen foral. Inicialmente no hubo muestras de hostilidad hacia el nuevo rey Felipe IV. Todo eso cambió con el paso de los años, y así en 1705 nos encontramos con un Aragón dividido en austracistas y borbónicos. Un reino en guerra civil porque no todo el reino apoyó a uno u otro pretendiente, pero ¿qué había cambiado respecto a 5 años antes? ¿de dónde salieron los apoyos al Archiduque Carlos?
Todos los autores que he consultado; Kamen, Borrás, Mª Berta Pérez Álvarez; parecen coincidir en unas ideas generales para explicar porqué un sector de los aragoneses apoyó a Carlos III. En primer lugar una tradicional hostilidad de los aragoneses hacia los castellanos, enemigos políticos, y hacia los franceses, enemigos económicos. Por otro lado no hay que despreciar la intensa la labor de propaganda antiborbónica y proaustracista del Conde de Cifuentes que gozó de gran popularidad entre los aragoneses. Y por último, el gran factor que determinó el austracismo de parte de Aragón en 1705 fue el desarrollo de la guerra: los avances aliados que amenazaban el reino, totalmente indefenso, desde Cataluña y Valencia. Lo cierto es que resultaba casi imposible resistir el avance aliado en 1706 pues, como señala Kamen, entre la Cataluña austracista y Aragón solo se encontraba la ciudadela de Lérida defendida por 25 soldados y sin apenas munición.
En lo referente a la francofobia de los aragoneses, el conde Robres señaló que:

Aunque todos los españoles universalmente enemigos de los franceses (...) con todo no era igual en todos la aversión [en referencia a los aragoneses]8

El 10 de agosto de 1705 desde Altea, el príncipe Darmastadt escribió dos cartas al reino de Aragón, una a los diputados y otra al conde de Berbedel. En ellas intenta captar la voluntad de los aragoneses para la causa del archiduque utilizando la francofobia:

La violencia francesa, que olvidando las leyes divinas y humanas impuso al Nobilissimo Reyno de Aragón la triste esclavitud (…) No me dilato en las razones que obligan a V. S. S. de unirse con Valencia y Cathaluña, y aclamar sin dilación a su legítimo Rey y Señor9.

Don Fernando Meneses de Silva, conde de Cifuentes recorrió Aragón durante 1705 alborotando a los regnícolas en contra de Felipe V. Su recorrido y actuaciones están bien documentados. A comienzos de 1705 se encontraba en Teruel, poco después en Zaragoza donde fue cercado en un convento por orden del arzobispo, pro logró huir a Alcañiz, y luego a Teruel. En Zaragoza el conde de Cifuentes gozaba de gran popularidad entre los labradores del barrio de San Pablo y la Magdalena, y el dominico fray Diego de Arguilés era un fiel colaborador. El conde de Robres señalaba sobre Cifuentes:

Se amotinaba el pueblo en su favor, y ya impresionado de que se quería intentar contra sus libertades, admitió todas las sugestiones de este caballero contra el gobierno, el mucho tiempo que quedó en Zaragoza, y de allí las difundió por todo el reino…10

El activismo del conde de Cifuentes según señala Mª Berta Pérez Álvarez estaba de acuerdo con las más modernas formas de agitación: correspondencia, pasquines, carteles… Este intrigante personaje, que en 1706 se acabó incorporando a la corte de Carlos III, fue popular entre labradores, artesanos, infanzones y clérigos.

Otros motivos que señala Henry Kamen11 para explicar el austracismo en Aragón fueron los donativos que exigió Felipe V en 1705, la sustitución del virrey o el malestar que causó el paso de las tropas castellano-francesas de Felipe V que era contrafuero, pero también cayó en esta ilegalidad Carlos III.
La defensa de los Fueros de Aragón no se puede considerar un argumento para explicar el austracismo en Aragón. Como ha señalado Gregorio Colás en la ruptura de dos de Aragón en 1705, a favor de Felipe V y del archiduque Carlos, no hay apuesta política alguna, sino simplemente dinástica12. Tanto los aragoneses que defendía las pretensiones del Anjou como los que defendían las del Habsburgo eran defensores del constitucionalismo aragonés. Aunque sí había preocupación por el mantenimiento de los Fueros y bien es cierto que a raíz de los Decretos de Nueva planta de 1707, el Archiduque pudo presentarse como defensor de la foralidad frente a la felonía de Felipe V.
El caso es que a fines de 1705 y comienzos de 1706, conforme iban llegando noticias de los avances aliados, se produjeron diversos motines en Aragón: Huesca, Daroca, Calatayud… y Zaragoza.

En la víspera de inocentes [de 1705], un regimiento francés al mando del mariscal Tessé empezó a entrar en Zaragoza por la puerta del Portillo(...) Dos batallones habían entrado (...) de repente las puertas fueron cerradas de golpe y se produjo un motín. Los soldados fueron atacados (...) por el populacho (...) se oyeron gritos de (...) ¡Guárdenese nuestros fueros y libertades!

En sí estos motines no trajeron mayores consecuencias, y fueron más en defensa de los fueros y contra los franceses que a favor del Archiduque Carlos13. Los jurados de la ciudad de Zaragoza por ejemplo, en seguida lamentaron lo ocurrido y dieron muestras de fidelidad a Felipe IV. Pero estos levantamientos iban a ser interpretados por los castellanos como deslealtad a Felipe V, como ya avisó el consistorio turiasonense a los jurados zaragozanos:

Los demás Reynos pondrán a los aragoneses en el catálogo de la rebeldía (…) sin hacer memoria de su inalterable fidelidad.

Pero cuando de verdad los austracistas aragoneses salieron a la luz, bien por convicción, bien por el temor a los aliados que se acercaban, fue en el verano de 1706. El 10 de junio el consistorio zaragozano hacía referencia a la aparición de pasquines subversivos en los que se decía que Felipe V no era el legítimo heredero. Ante esto el arzobispo dictó la excomunión para quién creyese eso y que el Archiduque debía ser rey por voluntad divina. El 19 de junio, el Archiduque dirigió una proclama a los aragoneses apelando a su fidelidad y prometiendo al conservación de sus fueros y privilegios:

(…) ratificándoos con al presente mi real palabra de conservaros los fueros, gracias y privilegios que por leales merecisteis de mis gloriosos antecesores14

Por fin, el 26 de junio de 1706 se promovió una importante alteración popular en Zaragoza. Los jurados de la ciudad armaron milicias para mantener el orden, pero estas al mando del jurado en cap Esteban Esmir y Casanate, el conde de Sástago y el marqués de Coscojuela aclamaron al Archiduque Carlos como rey de Aragón. D. Francisco Miguel de Pueyo escribía sobre estos hechos:

Desde el día que se entregó Barbastro (…) reconocí mudanza del estado en que se hallaba este Pueblo con sugestiones que nunca han zesado, de los sediciosos, publicando; sería imposible qualquiera defensa (…) no teniendo tropas regulares (…) El 26 me dieron aviso de que estaba tumultuando al ciudad, vitoreando al Archiduque15

En la proclamación del Archiduque como rey, el 27 de junio de 1706 en Zaragoza, el manifiesto que se leyó hacía referencia al mantenimiento de los Fueros por el nuevo rey:

(…) aclamaron conformes incesantemente al señor Archiduque (…) como Cabeza y Metrópoli del Reyno y de toda la Corona de Aragón, confía y espera la manutención y conservación de los Privilegios de la Ciudad y de los Fueros (…) del Reyno.16

El 15 de julio de 1706 Carlos III entraba por primera vez en Zaragoza, siendo jurado rey de Aragón el día 18. El nuevo rey nombró gobernador de Aragón a don Antonio Luzán y a don Antonio Gavín Justicia de Aragón. Mientras tanto en Jaca se constituyó un Consejo de resistencia borbónica. Como ya he señalado, hasta 1707, la defensa de los Fueros no podía ser utilizada por un bando u otro pretendiente, pero a raíz de entonces su defensa fue utilizada por Carlos III. Los decretos de Nueva Planta no sentaron bien a ningún aragonés, ni a felipistas ni a carlistas, alterando los ánimos en el Reino, como así señaló en 1709 el conde de Aguilar:

(…)los animos de estos naturales y de los de Valencia, donde aviendo tantos mal hallados, unos por afecto al sr. Archiduque y otros por la abolición de sus leyes, se debe recelar con grande fundamento17.

Las prestaciones del reino fueron continuas durante la guerra y lo dejaron en una situación deplorable. En 1705 dio a Felipe V un donativo de 1692 pesos de palta, 503 cahíces de trigo y 12’5 de cebada. En 1713 pidió un nuevo donativo de 2 escudos de plata por vecino.

En general la alta nobleza se mantuvo fiel a Felipe IV, salvo excepciones como el conde de Sástago, el conde de Aranda, el conde de Fuentes, el marqués de Coscojuela, el marqués de Castro Pinos, el marqués de Boil, el marqués de Villafranca o más tarde el conde de Luna y el duque de Híjar que cambiaran de bando. Parece ser que la nobleza de nueva creación, como los marqueses de Lazán o los condes de Bureta, apoyaron al Borbón mientras que las viejas casas nobles fueron carlistas. En 1706, ante la proximidad de las tropas carlistas, buena parte de la nobleza aragonesa huyó de Zaragoza. Don Cristóbal de Córdoba y Aragón, IX conde de Sástago animó a al rebeldía contra Felipe V, gozaba de gran popularidad, el 26 de junio de 1706 actúo de alférez en la proclamación de Carlos III en la lonja de Zaragoza, y acabó acompañando a Carlos III a Alemania en 1711. Don Bartolomé Isidro de Moncayo y Palafox, marqués de Coscojuela fue designado en 1706 miembro de la Junta de Guerra y Pacificación formada para reprimir a los borbónicos. El conde de Fuentes fue nombrado coronel de un regimiento por Carlos III, y después Felipe V confiscó sus bienes. La baja nobleza y los oficiales del reino se encontraron también divididos, pero mayoritariamente fueron fieles a Felipe IV. Por ejemplo, don Antonio Luzán, oficial del Reino, fue gobernador con Carlos III y tuvo que acabar huyendo a Barcelona.
Al igual que la nobleza, el clero se hallaba dividido. Mientras que el alto clero era claramente felipista como por ejemplo el arzobispo de Zaragoza, don Antonio Ibáñez de la Riva; el bajo clero, párrocos y frailes, era mayoritariamente austracista. Muchos consideraban las órdenes religiosas como focos de austracismo. Melchor de Macanaz señalaba que:

Las raíces y fermentos de la sedición y la rebelión de este Reyno han sido frayles y clérigos, y muy principalmente los curas de los pueblos18.

Así lo confirma también un Real Decreto de 13 de febrero de 1712 que ordenaba el destierro de varios clérigos zaragozanos como Domingo Gayanes, Manuel Gazo, José Roncal, Pedro Muniesa…
El “pueblo” (labradores y artesanos) apoyaron mayoritariamente a Carlos III. Así lo señala por ejemplo el conde de Robles, diciendo que el campesinado fue el principal apoyo de Carlos de Austria. Ella en 1705 el gremio de labradores y artesanos de Zaragoza protegía al conde de Cifuentes. En la ciudad de Zaragoza que, dependiendo de los vaivenes bélicos cambió cuatro veces de bando, las parroquias de San Pablo, San Miguel y la Magdalena eran claramente austracistas. Sobre la capital del reino el arzobispo Ibáñez de la Riva escribió:
Zaragoza estaba llena de traidores [austracistas]

Algunas ciudades y villas como Jaca, Tarazona, Borja, Fraga, Híjar, Aínsa , Tauste, Uncastillo, Sos…fueron siempre fieles a Felipe V. Otros los lugares como Benasque, Teruel, o Daroca fueron fieles a Carlos III. Pero en general que una villa o pueblo fuese de un bando u otro dependía más de los ejércitos que de los habitantes.



…………………………………..
8Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 38
9 Ibídem, p. 75
10Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 79
11HENRY KAMEN, La Guerra de Sucesión en España (1700 – 1715), Barcelona, Grijalbo, 1974, pp. 267-290
12GREGORIO COLÁS, Los decretos de Nueva planta en Aragón: una involución política, p. 380
13Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 102
14Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 161
15 Ibídem, p. 118
16 Ibídem, p. 120
17 Ibídem, p. 137
18Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 255

martes, 13 de julio de 2010

AUSTRIAS CONTRA BORBONES ARAGÓN, ESCENARIO Y ACTOR DE LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA II. Daniel Aquillué Domínguez


EL CONFLICTO BÉLICO


Aragón fue durante la primera fase de la contienda el telón de fondo de la misma para convertirse a partir de 1705 y hasta 1711 en campo de batalla. El paso de tropas de uno y otro bando supuso una alteración de la vida y economía de los aragoneses, y en la mayoría de los casos, supuso un contrafuero puesto que ni Felipe IV ni Carlos III tuvieron autorización del Reino para que sus tropas atravesasen el territorio aragonés.

La Guerra de Sucesión Española (1702 – 1714) empezó siendo un conflicto de dimensiones internacionales para la época. Todo empezó cuando el 1 de febrero de 1701 Luis XIV declaró que el nuevo rey de España, Felipe V, y sus descendientes conservarían sus derechos sucesorios en Francia. A fines de ese mismo año las potencias marítimas, Inglaterra y las Provincias Unidas crearon la Gran Alianza, a la que se unirían Austria y Portugal. En mayo de 1702 se declaraba oficialmente la guerra aunque, los combates no se iniciarían hasta el año siguiente. El objetivo principal austriaco era sentar a su candidato en el trono de España, así pues el 12 de septiembre de 1703 el archiduque Carlos de Austria era coronado Carlos III de España en Viena. Los objetivos de Inglaterra y Holanda eran comerciales y ante todo mantener el equilibrio entre potencias en el continente: no querían ni un imperio hispano-francés ni uno hispano-austriaco. Portugal en cambio tenía ambiciones territoriales en al Península. En las primeras fases del conflicto los escenarios bélicos estuvieron en Europa, Felipe V prestó su atención en la campaña de Italia. No obstante muy pronto los aliados llevaron la guerra a al territorio peninsular. La situación militar tanto en Castilla como en la Corona de Aragón al comienzo del conflicto era desastrosa. Hacía dos siglos que castilla no sufría la guerra en su suelo y no estaba preparada para ella en 1703. A Aragón y Valencia les ocurría lo mismo. La Corona de Castilla y la de Aragón tenían descuidadas sus fortalezas, apenas tenían munición, los anticuados tercios destacados en España prácticamente carecían de armamento y uniformes… Un militar afirmó:

Desde Rosas a Cádiz no hay un castillo o fuerte que tenga munición… el mismo descuido se ve en los puertos de Vizcaya y Galicia. En los almacenes no hay municiones, los almacenes y talleres están vacíos. El arte de la construcción naval ha sido olvidado4



El duque de Escalona, marqués de Villena escribía en 1700 sobre la corona española:
El actual estado del reino es el más lastimosos del mundo

En 1702 los recursos de la corona española eran muy limitados. En 1703 se decía que la infantería y caballería hispanas carecían de armamento. En 1706 el número de soldados de Felipe V en Castilla era solo de 17.242 hombres5. Por el decreto de 29 de enero de 1703 Felipe V ordenaba la sustitución del mosquete, arcabuz y pica, por el fusil con bayoneta.

Y en 1704 se abolía el tercio como unidad de infantería, pasándose a organizar en regimientos. Lo cierto es que durante la mayor parte del conflicto los franceses de Luis XIV llevaron el peso de la guerra. La producción española de material de guerra era prácticamente inexistente y fue suministrada por Francia. Había escasez de uniformes debido a la casi total desaparición de la industria textil en Castilla y Aragón a lo largo del siglo XVII, por culpa de las políticas de los Austrias.

Los primeros combates en la Península se saldaron con dos fracasos, el de los aliados frente a Cádiz y el de los borbónicos en Portugal. El 6 de agosto el inglés Darmastadt tomó la palca de Gibraltar en nombre de Carlos III. Ya nunca lo abandonarían. Tal y como explica H. Kamen el caso de Gibraltar es significativo y ejemplifica lo que sucedió en otros lugares donde la resistencia a los aliados se mostró ineficaz a causa de los inadecuados medios defensivos (…) mientras que la encontrada posteriormente por los borbónicos tuvo éxito porque sus enemigos se habían preocupado de equipar y guarnecer convenientemente todas las plazas que ocupaban6. En 1704 frente a las costas de Málaga tuvo lugar el único gran combate naval de toda la Guerra y cuyo resultado fue indeciso. El 9 de octubre de 1705 Barcelona cayó en poder de los aliados y un mes después Valencia. El 27 de junio las tropas aliadas de Das Minas y Galway entraban en Madrid que sería recobrado el 4 de octubre por Felipe V.

Maella y Barbastro eran dos puntos clave para la defensa de Aragón frente a ataques austracistas desde Cataluña. El 2 de noviembre de 1705 Fraga cayó en manos aliadas. Antes los avances austracistas Felipe V envió 8 regimientos de infantería de Castilla al mando d príncipe de Tilly a Aragón, y el 27 de noviembre de 1705 prohibía el comercio con Valencia y Cataluña, además del secuestro de bienes de los catalanes residentes en Aragón. En un decreto fechado en Bujaraloz el 19 de noviembre de 1705 se daba cuenta de la ubicación de los contingentes militares borbónicos en Aragón7:

Alcañiz. 200 hombres de milicias y el escuadrón del Reximiento de don Juan Antonio Montenegro
En Híjar cien soldados de milicias
En Maella los quarenta y cinco Dragones del Reximiento de Pons y Campedrón mandados por don Gerónimo Casamatte y cien soldados de milicias.
Los dos esquadrones de don Juan Antonio Montenegro en Caspe (…)
En Mequinenza el Reximientod e Dragones de don Daniel de Mayoniae (….)
En Barbastro están los Guardias de corps, el Reximeinto de Asturias y los trecientos cinquenta guardias de a pie (…)


A todas luces, fuerzas insuficientes para resistir cualquier avance de los ejércitos aliados desde Cataluña, como así quedó demostrado en 1706 y 1710. Además los cañones y municiones que tendrían que estar en la Aljafería de Zaragoza habían sido enviados a fines del XVII a Pamplona y Fuenterrabía. En Zaragoza se produjeron incidentes entre los vecinos y las tropas francesas de Tessé. A fines de 1705 Alcañiz, Aínsa y Monzón caen en manos aliadas. Tessé combatía a los austracistas en la Ribagorza y la Litera. Ignorando los avances aliados por Aragón desde Lérida, Felipe V planeó el cerco de Barcelona en 1706, desde su cuartel en Caspe. Sacó tropas de la Aljafería, milicias de Tarazona, Calatayud, Tarazona y Huesca para sitiar Barcelona, fracasando rotundamente. Así pues en 1706 Aragón estaba prácticamente sin ningún contingente de Felipe V. El 29 de junio de 1706 los aliados entraban en Zaragoza y del 15 al 24 de julio Carlos III permaneció en la ciudad donde fue jurado como rey de Aragón. Los aliados se aprestaron a enviar armas a los pueblos y villas de Aragón para defenderlos de ataques felipistas: 40 mosquetes a Brea, 150 mosquetes a Murillo de Gállego, 150 a Eyerbe, 40 a Erla, 100 a Daroca, 50 a Lierta...7. El 7 de octubre el conde de Vástago con 9000 hombres sitió la borbónica Borja que cayó el 12. Pero estas pequeñas victorias aliadas iban a durar poco. Luís XIV envió refuerzos a su nieto.

El 25 de abril de 1707 se produjo una de las mayores batallas de la Guerra: Almansa. Aunque lejos de territorio aragonés, esta batalla fue crucial para Aragón. Fue una gran victoria de las tropas borbónicas, unos 25.000 soldados, al mando de del duque de Berwick frente a las aliadas, unos 15.000 hombres, de Galway. A raíz de ella, Felipe V reconquistó los reinos de Aragón, entrando las tropas del duque de Orleáns en Zaragoza el 26 de mayo, y Valencia a los cuales suprimió sus fueros con los Decretos de Nueva Planta.
En 1709 los generales castellanos asumieron el mando de las tropas borbónicas y la mayoría de las tropas francesas abandonaron la Península. El año 1710 fue crucial en la guerra. En mayo Felipe V levantaba el sitio a Balaguer y e su retirada era derrotado en Almenara el 26 de julio. El 10 de agosto Huesca caía en poder austracista y 10 días después, el 20 de agosto de 1710 tenía lugar una gran batalla en los Montes de Torrero, en Zaragoza. Felipe V había acampado con su ejército, mandado por el marqués de Bay, en Zaragoza el 18 de agosto, alojándose él en el convento de San Lázaro. El ejército aliado, comandado por el austriaco von Starhemberg y el inglés Stanhope, ascendía a 23000 hombres mientras que el borbónico no superaba los 20000. El marqués de Bay situó a sus tropas en un arco que iba desde los montes de Torrero hasta el actual barrio zaragozano de las Fuentes, junto al Ebro. La batalla se inició a las 8 de la mañana con un duelo artillero (75 piezas) que duró 4 horas tras el cual las tropas austracistas sobrepasaron a las borbónicas por su centro y derecha. A primera hora de la tarde las Felipe V y sus tropas se hallaban en retirada, dejando tras de sí unas 3000 bajas y 4000 prisioneros. Carlos III no persiguió al derrotado Felipe V, perdiendo así la posibilidad de destruir su ejército.

El rey Carlos entró en Zaragoza al día siguiente restituyendo los Fueros de Aragón por un breve periodo de tiempo. El 31 de agosto partía para Madrid donde entró el 29 de septiembre, siendo recibido con gran hostilidad. Tras estos desastres felipistas, Luis XIV envió sus tropas de nuevo a España bajo el mando del duque de Vendome. Debido a la hostilidad de los castellanos y a su inestable situación en Madrid, los generales aliados decidieron retirarse a pasar el invierno a Cataluña, pero en diciembre de 1710 fueron derrotados contundentemente en las batallas de Brihuega y Villaviciosa. Carlos III pasó en su retirada hacia Cataluña cruzando Aragón, estando por última vez en Zaragoza del 29 de noviembre al 3 de diciembre, dando órdenes al concejo zaragozano para que reclutase un regimiento, al mando de Jorge Pertus, para la defensa de la ciudad

El 30 de diciembre el ejército de Starhemberg en franca retirada hacia Cataluña abandonaba Zaragoza dejando el reino aragonés indefenso. Al día siguiente el consejo zaragozano huía de ante la proximidad de las tropas borbónicas que en enero de 1711 ocuparon de nuevo la ciudad. El 4 de enero Felipe V se establecía en Zaragoza desde donde dirigió una nueva ofensiva sobre Cataluña (sobre la línea Barcelona- Igualada- Tarragona). Desde entonces Aragón desapareció definitivamente como reino, y la guerra se limitó a algunas correrías de miqueletes.
Además ese año de 1711 cambió por completo el escenario político europeo al fallecer el emperrado José, dejando como heredero a su hermano, el archiduque Carlos, que salió de Barcelona el 27 de septiembre para no volver nunca a la Península dejando como virrey de Cataluña a Starhemberg. Carlos VI fue coronado Emperador, y el equilibrio en Europa corría peligro. El nuevo gobierno tory de Gran bretaña se aprestó a iniciar las negociaciones de paz, cesando las hostilidades con Francia y España en 1712. El 11 de abril de 1713, Gran bretaña, Holanda, Francia y España firmaban el Tratado de Utrecht que ponía fina a la guerra. El 6 de marzo Carlos VI y Luis XVI firmaban el Tratado de Rastatt por le cual el primero renunciaba a su derechos al trono de España. Dos meses después las últimas tropas austriacas abandonaban Cataluña. En septiembre de 1714 Felipe V conquistaba Barcelona, último foco austracista. La guerra terminaba así afianzando el cambio de dinastía y con la desaparición de la Corona de Aragón.


…………………………………
4HENRY KAMEN, La Guerra de Sucesión en España (1700 – 1715), Barcelona, Grijalbo, 1974, p. 72
5Ibídem, p. 74
6Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 69
7Mª BERTA PÉREZ ÁLVAREZ, Aragón durante la Guerra de Sucesión, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2010, p. 125





lunes, 12 de julio de 2010

Lo de ayer también fue histórico ¿no?





Lo que 2 siglos de proceso nacionalizador español no han conseguido lo consigue en un mes la selección de fútbol...

Cuánto me acuerdo de esos liberales del XIX.... que hicieron la revolución liberal (por el particular camino español), que intentaron construir una nación, y lo consiguieron aunque con tantos fallos...el regeneracionismo se quedó en el papel, y llegó el siglo XX, primero una dictadura "estranguló a un recién nacido" (Raymond Carr sobre la dicadura de Primo de Rivera), y luego otra dictadura completó la apropiación conservadora de la nación y sus símbolos...

y ahora, en el 2010, unos jugadores de fútbol hacen que la rojigualda esté hasta en la sopa y millones de personas griten viva España...

esto es España...