Artículo de Guillermo Fatás, Catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza, aparecido el domingo 16 de enero de 2011 en Heraldo de Aragón en contestación de un artículo (http://www.elpais.com/articulo/opinion/nacionalismos/abiertos/cerrados/elpepiopi/20110110elpepiopi_5/Tes
) aparecido en “El País”:
"Fabulas de monje"
Un conocido monje de Montserrat asegura que Cataluña creó los reinos de Mallorca y Valencia y les dio estatuto confederal. Pero basta con conocer los documentos apropiados para saber que no es verdad.
(...) en un artículo que firma como "historiador" asegura [el citado de “El País]
Yo: "Cataluña no hizo nada de eso, pues no estaba en su mano. Raguer adjudica a Cataluña decisiones personales del rey Jaime I y asegura (¡cómo no!) que la corona de Aragón era una "confederación", término poco feliz conceptualmente, porque una entidad políticamente confederada se caracteriza (y, más en el lenguaje de los nacionalistas), por nacer de poderes soberanos que pactan aliarse y se reservan su capacidad para separarse. Y eso fue algo vedado a Aragón, Valencia y Cataluña por ley positivamente promulgada por Jaime II. ¿qué confederación es esa que no puede existir sin tener como señor natural a un rey feudal de derecho divino con cuya voluntad debe concertarse? Hay que insistir: Cataluña no creó reinos ni confederaciones. Tampoco Aragón, naturalmente (...)
La creación del reino de Valencia y la de sus leyes constan plenamente como actos regios. Los documentos de Jaime I (Huici y Cabanes han publicado más de mil seiscientos) dicen como sucedió
El protagonista no es nadie más que Jaime I: él conquista el reino y le da las leyes por las que habrán sus gentes de regirse (1238): "Nos, don Jaime, por la gracia de Dios rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel, señor de Montpellier, teniendo presente a Dios (...) hacemos y mandamos (etc.)".
(....)
El rey menciona a una serie de consejeros de quienes dice haberse ayudado para legislar, entre los que destaca el arzobispo de la tarraconense, a media docena de "obispos de Aragón y Cataluña" (los de Barcelona, Huesca, Zaragoza, Tortosa, Tarazona y Vic), una docena de nobles (hay Urreas y Lunas) y próceres urbanos (...)
Allí no median cortes, ni parlamentos, ni Estados. Todo eso lo hace el rey, según señala (...)
Yo: No sé donde puede nadie ver, salvo despiste, ignorancia o dolo, a Cataluña en todo esto, y menos, en tiempos de un rey que hizo seis testamentos (1223, 1241, 1244, 1248, 1253, 1262) en los que repartió sus dominios como mejor le vino en gana: hasta cuatro lotes llegó a concebir, si bien situó a Aragón, y no a Cataluña, como herencia de su primogénito.
Hace un tiempo resumió bien el asunto Guillermo Pérez Sarrión, en términos breves y precisos. Más o menos así: la unión de las Casas de Aragón y Barcelona fue un pacto entre príncipes y se hizo bajo la preeminencia política de la Casa de Aragón; cuyo sucesor Alfonso II, rey de Aragón pasó a ser también conde de Barcelona, manteniendo su Casa real propia y los demás atributos de la realeza.
Desde entonces, la Corona de Aragón comprendió el principado de Cataluña; de modo que se llamó así, y no Corona de Cataluña. Y por eso los nacionalistas prefieren el inapropiado término confederación al de Corona.
No se puede cambiar lo que ya sucedió. Pero, si bien los hechos son inalterables, su narración no lo es.
Por eso es posible fabricar memoria, crear falsos recuerdos históricos. Y eso, fabular el pasado, puede hacerse sin querer o a posta, de buena o mala fe.
Incluso siendo monje de Montserrat, condición que no exime del error ni del sectarismo.

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