LA MEMORIA EN FRANCIA 1945 – 20…
Daniel Aquillué Domínguez
Los que han olvidado el mal en nombre del bien, Los que no tienen corazón predican el perdón Les son indispensables los criminales. Creen que se precisa todo para hacer un mundo (…) No hay piedra más preciosa Que el deseo de vengar al inocente (...) No hay salvación en la tierra Mientras se pueda perdonar a los verdugos. *Paul Eluard, 1945
La presente exposición pretende reflejar el complicado asunto de la memoria de pasados traumáticos en la Francia Contemporánea, concretamente a la asimilación colectiva de los années noires y la Liberación con todo lo que implican. Pero en primer lugar ¿cómo definir “memoria? ¿Cómo se estudia desde el punto de vista histórico? Para empezar, la memoria aunque se refiere al recuerdo del pasado es móvil, es decir, se dirige al presente. Henry Rousso define la historia de la memoria como “el estado de la evolución de las representaciones del pasado, entendidas como hechos políticos, culturales o sociales” y que “incluye tanto el análisis histórico del acontecimiento propiamente dicho como el análisis de su posteridad, entendida no como sus consecuencias, sino como su supervivencia activa y pasiva en el imaginario social y, por tanto, en las prácticas sociales de las generaciones posteriores” .
Francia durante la Segunda Guerra Mundial
El 17 de junio de 1940 Francia se rendía ante la Alemania nazi, el mariscal Pétain lo anunciaba en un discurso radiofónico. Sin embargo, aunque la derrota causó conmoción en la población también dio pie a un profundo sentimiento de alivio para la mayoría de la población, que lo único que quería era la finalización de una guerra en la que Francia jugaba con desventaja . Pétain, que disponía de un ingente número de seguidores en el país a la altura de 1940, no tuvo problemas en conseguir que el 10 de julio la Asamblea Nacional le otorgara plenos poderes. Se formó así el “Estado Francés” con capital en Vichy, Pétain de presidente y Pierre Laval de primer ministro. Mientras tanto desde Londres, donde se había refugiado, el general De Gaulle daba su famoso discurso de la Francia Libre, pero lo cierto es que a esas alturas, los apoyos de la Francia Libre eran más bien escasos. En el interior del país la Resistencia aún tardaría en surgir, los comunistas aún estaban desconcertados por la actitud de la URSS frente a Alemania, y los gaullistas aún no tenían fuerza. No será hasta 1941 -42 cuando la Resistencia tome fuerza. El 10 de mayo de 1943 el Consejo Nacional de la Resistencia reconoció el liderazgo de De Gaulle, el 6 de junio de 1944 se producía el Desembarco de Normandía, el día 14 De Gaulle regresa a Francia… la liberación estaba próxima. El 18 de agosto de 1944 en París se inició una insurrección (mal planificada) contra los nazis que pudo saldarse exitosamente gracias al avance de la División Leclerc hacia la capital, donde entró el 24 de agosto. París estaba liberado y De Gaulle pronunció un discurso cargado de simbolismo:
¡París! París ultrajado, París destruido, París martirizado…, pero París… ¡liberado! Liberado por sí mismo, liberado por su pueblo con la participación de toda Francia; es decir, de la Francia que lucha, es decir, de la verdadera Francia, de la Francia eterna.
No deja de ser significativo: sólo existe una verdadera Francia: la resistente. Vichy no es Francia. Hay autores (Henry Rousso) que hablan de “guerra civil” francesa para referirse a estos años de enfrentamiento entre las fuerzas de la Resistencia y luego liberadores (gaullistas, comunistas) y los colaboracioncitas de Vichy. Otros (Olivier Wieviorka) señalan en cambio que aunque hubo un discurso de “guerra civil” por parte de “los extremos”, nunca se produjo un conflicto fratricida abiertamente . La Francia ocupada fue indiferente, y solo dos minorías se enfrentaron.
Tras la liberación, la depuración
En los últimos tiempos de la ocupación y en los primeros momentos de la Liberación y antes de que actuara la Justicia oficial se llevó a cabo lo que se ha denominado “épuration sauvage”, una purga extraoficial: ejecuciones sumarias llevadas a cabo por la Resistencia, palizas, arrestos, y rapado a mujeres. En la Francia liberada se abrieron 300.000 expedientes a acusados de colaboración, pero había un problema: el delito de “colaboración” no estaba tipificado. Por esta razón a los colaboradores se les aplicó el artículo 75 del Código Penal que atañía a la “complicidad con el enemigo”. Tras la Liberación fueron encarceladas 126.000 personas, de las cuales 36.377 fueron liberadas en cuanto la situación lo permitió, esto es, cuando la opinión pública dejó de constituir un peligro para el propio interno . La población atacó en más de un caso a colaboradores que habían sido juzgados “levemente” por la justicia oficial. En un primer momento la actualidad francesa quedó eclipsada por los grandes juicios a los dirigentes del “Estado Francés”. Una ordenanza de De Gaulle, dada en París el 18 de noviembre de 1944, creó un Tribunal Supremo de Justicia para juzgar a los dirigentes de Vichy. Por un lado, el mariscal Pétain, contra el que se inició un proceso el 26 de abril de 1945, cuando aún se encontraba en Alemania. Cuando regresó a París se produjo un profundo malestar porque actuaba como incómodo recuerdo de que el grueso de la población la había considerado su salvador 5 años antes . El jurado sentenció a muerte a Pétain, pero la pena fue conmutada por cadena perpetua (murió en 1951 en la cárcel). El que no se libró de ser ejecutado ese mismo año fue Pierre Laval, el que fuera primer ministro del “Estado Francés”. De Gaulle quería con estos juicios de mostrar la ilegalidad de la Francia de Vichy. Además se llevó a cabo una depuración del funcionariado con sanciones administrativas, desplazamientos, degradaciones, ceses… Además numerosos franceses fueron condenados a la “indignidad nacional” que implicaba: pérdida del derecho al voto, imposibilidad de ser funcionario, trabajar en los medios de comunicación…Las críticas a la depuración
A fines de 1949 todavía había franceses detenidos por colaboracionismo, principalmente en la prisión de Fresnes. Ya en esos momentos empezó a salir a la luz una literatura contraria a la depuración y que solicitaba se rebajasen las penas. Esta literatura de finales de la década de los 40 justificaba la colaboración como algo legal puesto que consideraba que Pétain había sido elegido jefe del estado legítimamente. A partir de 1950 la revista Écrits de Paris empezó a publicar crónicas de víctimas de la depuración y sus defensores, en que denunciaban abusos. En 1950, un antiguo combatiente de la Resistencia, el coronel Rémy protestó contra la amplitud de la depuración con un artículo titulado “La Justicia y el oprobio”. Al mismo tiempo se crearon una serie de asociaciones en defensa de los depurados como la “Unión para la Restauración y la Defensa del Servicio Público” (1947), que ayudaba a los funcionarios depurados, o el “Comité Francés para la Defensa de los Derechos del Hombre” que pedía amnistías. A pesar de todo esto, las mismas víctimas de la depuración tenían al sensación de que su situación se resolvería mejor en silencio . Las Leyes de Amnistía A principios de 1946, con la depuración aún en apogeo, François Mauriac planteó ya la cuestión de conceder una amnistía para ciertos crímenes (o errores) de colaboración, para lo cual argumentaba que muchos de los que habían sido depurados no creían haber actuado mal, y apelaba a la misericordia cristiana y a la propia Historia de Francia:
Es en los Dreyfus de hoy, si existen, en los que hay que pensar, y sería generoso luchar y comprometerse a favor de los Dreyfus vivos.
Finalmente se votó una Ley de Amnistía el 16 de agosto de 1947 que se aplicaba a menores de 18 años, a los menores de 21 que posteriormente hubiesen luchado en las fuerzas de la Francia Libre, y a algunos funcionarios. Otra ley votada ese mismo mes, amnistiaba a los alsacianos, que habían sido condenados a degradación nacional. A pesar de estas amnistías, a la altura de 1948, muchos franceses (concretamente un 63%) creía que no era aún el momento de “pasar página”, de olvidar. Poco a poco, en el año siguiente, esa opinión fue cambiando. En 1949, el presidente Auriol dijo que “salvo los traidores, los denunciantes y los torturadores”, los detenidos convictos de colaboración serían liberados y recuperarían sus derechos civiles. Un sondeo realizado a continuación revelaba que un 60% de la población estaba entonces a favor de la amnistía . El año de 1950 fue de encarnizados debates parlamentarios, hasta que el 5 de enero de 1951 se votó una nueva Ley de Amnistía. Socialistas y comunistas votaron en contra, René Mayer aseguró que “la amnistía no justifica nada”, y finalmente fue aprobada. Esta Ley autorizaba a una liberación anticipada de personas condenadas por colaboracionismo, establecía que la degradación nacional ya no era una pena criminal, y se rebajaban ciertas penas de cárcel. Una nueva Ley de Amnistía de 1953 afectaba a los funcionarios depurados, a los degradados a indignidad nacional, a los acusados de comerciar con el enemigo… y como señaló el presidente Auriol:
La amnistía no es una rehabilitación ni una revancha, tampoco es una crítica contra quienes, en nombre de la nación, asumieron la dura tarea de juzgar y castigar.
De esta Ley de Amnistía de 1953 es destacable el artículo 45 que prohibía “el recuerdo de las condenas o sanciones amnistiadas” . Es patente el hecho de querer olvidar ese pasado traumático de la colaboración y la depuración.
La memoria francesa de 1945 a 1980
El recuerdo de Vichy puede dividirse en cuatro fases , en las que se va asimilando colectivamente ese pasado traumático. Una primera fase iría desde el momento de la Liberación hasta mediados de los años 50. El asunto fundamental es liquidar las secuelas de la ocupación mediante la depuración, tratada anteriormente. Por otra parte se llevó a cabo una reconstrucción nacional y la construcción de una “memoria patriótica” (figura del “deportado resistente”, la Resistencia). Por un lado, con la depuración se obligaba al recuerdo, y por el contrario con la construcción de una “memoria patriótica” se aspiraba al olvido. Las Leyes de Amnistía de 1951 y 53 cerrarían esa primera etapa y darían comienzo a una segunda fase de “silencio”, en la que las cuestiones relativas a Vichy se convirtieron en un tabú en el espacio público, y sobre todo en el marco local. A esto contribuyó una instrumentalización política de la Francia Resistente, que se ensalzaba mientras se escondía la Francia colaboracionista. Después del revuelto año 68 se aprecia otra fase en la que se relee el pasado, se toma conciencia de la responsabilidad de los franceses durante la ocupación, y también se hace una nueva interpretación histórica. Durante las décadas de los 70 y los 80, el régimen de Vichy y el colaboracionismo empezaron a ser percibidos como un tipo de fascismo francés (trabajos de Zeev Sternhell), y se veía la lucha durante los anées noires no como un conflicto entre “patriotas” y “traidores” sino entre “antifascistas” y “fascistas”. La cuarta fase, que llegaría hasta la actualidad, entremezclándose con el recuerdo del Holocausto judío, sería la de una “obsesión” por el pasado perceptible en la gran cantidad de imágenes y recuerdos de la guerra en la sociedad francesa.
La memoria de la Shoah en Francia
La memoria recuperada de los judíos europeos muertos se ha convertido en la propia definición y garantía de la restaurada humanidad del continente. No siempre fue así.* Tony Judt
En la Francia de 1945 el término déportés solo se usaba para los franceses resistentes deportados, es decir para los deportados por motivos políticos, por combatir a los nazis. El término no era aplicado a los deportados por motivos raciales, esto es, a los judíos. Los que sobrevivieron y regresaron no fueron bien acogidos. Eso cambió progresivamente. Bajo la presión de grupos particulares y descendientes (2ª y 3ª generaciones), las “víctimas” de la Shoah han ido adquiriendo cada vez un lugar más preeminente, y desde 1980 la memoria del Holocausto ha llegado a ocultar las otras cuestiones (Vichy, depuración), convirtiéndose en la memoria colectiva hegemónica. Como señala Henry Rousso “La figura de la víctima del Holocausto fue convertida durante los años noventa en símbolo de todas las víctimas del siglo” . Este traslado del Holocausto al primer plano de la memoria, ha llevado a que el gobierno francés se embarcara en procesos de “reparación a las víctimas. Por un lado la reparación simbólica, plasmada en discursos oficiales de arrepentimiento como el del presidente Jacques Chirac el 16 de julio de 1995, en el que reconoció la responsabilidad colectiva de Francia en la deportación de judíos:
Esas horas negras mancillan para siempre nuestra historia y son una ofensa a nuestro pasado y nuestras tradiciones. ( ... ) Francia, patria de la ilustración y de los derechos humanos, tierra de acogida, de asilo, cometió entonces algo irreparable: faltó a su palabra y entregó a los verdugo a sus protegidos. Con ellos mantenernos una deuda imprescriptible.
Por otro lado la reparación económica, y por último la reparación judicial (judialización del pasado), con los juicios (en una 2ª oleada de depuración) por crímenes contra la Humanidad a los que se sometió a Klaus Barbie (de al Milicia de Vichy) en 1987, a Paul Touvier en 1994 y a Maurice Papon (alto funcionario de Vichy) en 1998.
La memoria de las mujeres rapadas
En la Francia de la Posguerra fueron rapadas cerca de 20.000 mujeres acusadas de “colaboración horizontal” con el ocupante nazi . Como señala Fabrice Virgili se trató de “una violencia de proximidad cuyos protagonistas se reconocen y de la que todos conservarán en su memoria el quién es quién mucho después de los acontecimientos”. Las rapadas pasan de “culpables” a “víctimas” en poco tiempo pero como resume F. Virgili “ni conmemoración, ni asociaciones de víctimas, ni más reivindicación que arrepentimiento; esos hechos son un objeto marginal del recuerdo cruelmente dividido entre memoria, olvido, ruido y silencio”. Las mujeres rapadas guardaron silencio, y solo sus descendientes lo han roto al hacerse preguntas sobre el pasado de sus madres.
Un caso de memoria: los museos de la Resistencia. El “deber de recordar”.
Actualmente en Francia hay alrededor de 100 museos dedicados a la Resistencia, la mayoría datan de 1964 o 1984, surgidos al calor de las conmemoraciones de la Liberación . Y es que la Resistencia participa de la denominada “memoria útil” que es utilizada para fomentar la unidad nacional. La Resistencia francesa divulgada a través de sus museos transmite una imagen idealizada de la misma, de una resistencia apoyada mayoritariamente por los franceses cuando en realidad fue minoritaria. Como señala Jean-Claude Duclos “A nuestras democracias no les faltan medios para conservar, hacer respetar y transmitir, gracias a la memoria y a la historia, los valores que las fundan. La conservación de los archivos, las conmemoraciones, la investigación histórica, la acción asociativa, la justicia, la ley, la mediación del arte y el museo-memorial componen un arsenal de medios cuyas posibilidades son ilimitadas. (…)Estremece sin embargo, la idea de que un poder pueda hacer suyas todas estas palancas a la vez y servirse de ellas para utilizarlas en su proyecto político. ¿Hay que desear el establecimiento de una política de la memoria tal como parece querer precisarse en Francia?” . En el mismo sentido se pronunció Jean-Pierre Vernant que subrayaba los peligros de la oficialización de la memoria: “Los monumentos son el recuerdo. Ello implica una institucionalización de la memoria, obligatoria, necesaria. Toda sociedad precisa para perdurar encontrar en el pasado sus raíces, arraigarse en una memoria colectiva compartida. Existen hitos de la memoria y se teje a partir de ellos el lienzo del recuerdo. Pero la oficialización de la memoria representa un peligro, el de una simplificación que la congele” .
Quizás haya llegado el momento de sustituir “el deber de recordar” por “la tarea de recordar”.
BIBLIOGRAFÍA
ARÓSTEGUI, Julio; GODICHEAU, François (eds.), Guerra Civil. Mito y memoria, Marcial Pons Historia, Madrid, 2006.
BEEVOR, Antony; COOPER, Artemis, París. Después de la liberación: 1944 -1949, Crítica, Barcelona, 2003.
HUSSON, Jean-Pierre, Historia y memoria de las dos guerras mundiales. ¿educar en la memoria?, http://clio.rediris.es/articulos/memoria_guerras.htm
JUDT, Tony, Postguerra: una historia de Europa desde 1945, Taurus, Madrid, 2006.
LOTTMAN, Hebert, La depuración. 1943 – 1953, Tusquets Editores, Barcelona, 1998.
VINYES, R. (ed.), El Estado y la memoria. Gobiernos y ciudadanos frente a los traumas de la historia, RBA, Barcelona, 2009.

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