viernes 5 de agosto de 2011

Contra el terrorismo financiero






"Contra el terrorismo financiero

La extraordinaria subida de la prima de riesgo española y de otros países aún más cercanos al corazón de la vieja Europa nos pone al borde del límite de lo que la ciudadanía no debería consentir.

Nada ha cambiado en España en los últimos días –salvo la celebración de nuevas subastas de deuda pública, claro está– que haya podido dar a entender a “los mercados” que la situación de nuestra economía es peor que hace unas semanas y que, por tanto, justifique una subida en el tipo de interés que debamos que pagar para financiarnos. Se trata, tan solo, de nuevas operaciones de casino que apuestan sobre seguro, provocando ellas mismas los resultados que más les convienen a inversores que, por supuesto, no albergan ninguna preocupación acerca de lo que suceda en la economía real, en la vida de la gente, sino en cómo mejorar sus posiciones de apuesta para ganar más dinero.

Cuando los bancos que habían provocado la crisis que estamos viviendo necesitaron financiación, los gobiernos y el Banco Central Europeo no dudaron en acudir en su auxilio, en una ocasiones, porque decían que eran “demasiado grandes para dejarlos caer” y, en otras, porque había que “salvar al sistema financiero”. En ello se gastaron varios billones de euros; más de 800.000 millones sólo en Alemania y Francia.

Sin embargo, cuando fueron los estados los que necesitaron financiación, fundamentalmente como efecto de la crisis que habían provocado los bancos, aunque en mucha menor medida, en lugar de recibirla en las generosas condiciones en que lo obtuvo la banca, tuvieron que ponerse en manos de esta. Y, gracias a ello, los bancos no sólo levantaron de nuevo cabeza, prestando a tipos cinco o seis veces más altos el dinero que recibían al 1% del Banco Central Europeo, sino que así pudieron poner contra las cuerdas a los gobiernos y exigirles nuevas reformas liberalizadoras como condición imprescindible para salir de la crisis, cuando, en realidad, fue la generalización de ese tipo de medidas lo que la provocó.

Los gobiernos, y en concreto el español, vienen diciendo a la ciudadanía que para acabar con esta situación hay que contentar a los mercados y que para ello es inevitable llevar a cabo las reformas que se les exigen y que, en gran parte, ya se han aplicado: del mercado de trabajo y de las pensiones, privatizaciones de empresas públicas y, pronto, de servicios públicos esenciales. Pero estas recetas se han revelado como una gran mentira, como evidencia el que ni estén produciendo los efectos beneficiosos sobre la economía con que se justifican, ni logren detener los ataques especulativos contra nuestra deuda.

Tratar de hacer frente a una situación que el propio presidente de la Junta de Andalucía calificó de “terrorismo financiero” cediendo a la extorsión, como está haciendo el Gobierno socialista, es algo peor que una simple ingenuidad. Las reformas que ha llevado a cabo sólo han servido para debilitar aún más la capacidad de generación de empleo e ingreso de nuestra economía y, al frenar la recuperación y el crecimiento de la actividad, terminarán encareciendo aún más la deuda pública a medio y largo plazo, convirtiéndose esta dinámica en un círculo vicioso que lleve a la ruina a los propios estados, a sus servicios públicos esenciales y, por ende, a toda la ciudadanía.

Al terrorismo financiero que está destrozando economías enteras no se le puede combatir con sometimiento, sino con firmeza y decisión, defendiendo la economía que crea empleo, riqueza y bienestar y cortando las alas de los capitales especulativos.

Europa tiene medios para lograrlo.

Debe garantizar que los estados dispongan de financiación adecuada a través del Banco Central Europeo, negociando para ello las condiciones que le permitan generar ingresos y no destruir sus fuentes, como ha venido sucediendo. Es una ignominia inaceptable que se preste al 1% a bancos irresponsables y que se obligue a que los pueblos tengan que hacerlo incluso al 10%, como está ocurriendo en algunos casos.

Además, Europa debe establecer impuestos y tasas sobre las transacciones financieras especulativas que las desincentiven en la mayor medida posible.
Y Europa tiene también la obligación moral de establecer controles de capital para impedir que financieros sin escrúpulos sigan poniendo en juego el futuro de la Unión Monetaria, la estabilidad económica y social y el bienestar de sus ciudadanos.

Pero ni España ni el resto de países europeos pueden esperar a que todo se resuelva en Bruselas. Se equivocarán una vez más este Gobierno y los partidos políticos que lo apoyen si vuelven a recortar derechos sociales creyendo que así disminuirá la voracidad de los mercados. Volveremos a ir todos a peor, salvo la banca y las grandes empresas.
En una democracia real, las personas son las verdaderas depositarias de la soberanía nacional y, por tanto, deben constituirse en protagonistas de las decisiones políticas que se toman, como actores y como beneficiarios principales. Si viviésemos en esa democracia real, y los ciudadanos supieran de verdad lo que está pasando, no consentirían el tipo de terrorismo que se está practicando, ni la complicidad de los gobiernos. Y por eso creemos que es fundamental que los movimientos sociales y las organizaciones políticas, sindicales y ciudadanas de todo tipo hagan el máximo esfuerzo para informar, concienciar y movilizar a todas las personas que, con independencia de ideologías o de posiciones políticas, simplemente se indignen y reaccionen ante la injusticia y la irracionalidad que se nos está imponiendo.

Juan Torres López
Comité Científico de ATTAC España
Carlos Martínez García
Promotora Estatal de Mesas de Convergencia
Francisco Jurado
Democracia Real Ya "






"RUTH TOLEDANO
¿¿¡¡Perdón!!??

"Con estivalidad y, sin duda, con alevosía, se producen en Madrid unos episodios policiales de los que un Estado de derecho debiera dar posterior cuenta a la ciudadanía y cuyas responsabilidades directas sería de ley depurar. La alevosía la damos, fatalmente, por hecho al referirnos a las actuaciones de ciertos cuerpos, en particular si son los de Seguridad; con la estivalidad, sin embargo, querrían haber contado quienes los han agitado, quienes los han soltado a las calles y azuzado contra los que habrían de ser sujetos de su protección, sin tener en cuenta que la indignación no es estacional y que, si bien Madrid está medio vacía, el vaso del cabreo está a rebosar. Acaso ustedes, señores del Interior, esperaban que todo el mundo estuviera en la costa, y se han encontrado con indignados de guardia: hay cosas y personas que no se van de vacaciones.

¿Quién ha decidido que se desaloje a pisotones la acampada en el paseo del Prado y se destruya el pactado puesto informativo en una Puerta del Sol que nos pertenece y que ya es símbolo mundial de un nuevo sistema? ¿Quién, que se cierren por la fuerza los accesos a la plaza, en una actuación insólita de la que hasta un sindicato de policías cuestiona la legalidad? ¿Quién ha tomado la decisión de echar el cierre a los comercios de la zona -Ignacio Lario, quizá, presidente de los comerciantes, que exige indemnizaciones multimillonarias y alienta cargas policiales-? ¿Quién ha dado la orden de que los antidisturbios actúen con una agresividad desproporcionada frente a la naturaleza del objeto de su violencia? ¿Camacho y Gallardón? ¿Rubalcaba (¿dónde está Zapatero?)? ¿También Rouco Varela?

Porque a la alevosía y a la estivalidad de la operación hay que unirle una indignante vaticanidad, pues a pocos escapa que esta operación tiene, con la llegada a Madrid de Ratzinger, una relación inversamente proporcional a la limpieza que los mossos perpetraron en su día en la plaza de Cataluña de Barcelona, supuestamente por un encuentro futbolístico: si entonces supimos que nada tenía que ver con el fútbol y sí con la represión del 15-M, ahora sabemos que la del movimiento en Madrid se realiza porque el papa-móvil va a pasar por aquí. Pero, ¿esto qué es?, ¿qué pretenden ustedes? Mientras los indignados solo hacen uso del espacio público para protestar contra los sistemáticos abusos del poder establecido; mientras se sientan en el suelo para celebrar en asamblea el encuentro de su conciencia, de su unión, de su voz y de su voluntad, quienes llevan las riendas de la caballería deciden sofocarlos para abrir paso al jefe de un Estado ridículo en su mismidad, culpable de crímenes que no se le permitirían a una república bananera.

Esos poderes públicos que abusivamente representan los gallardones, camachos, rubalcabas y roucovarelas de turno parecen no poder comprender que a su anciene régime le quedan dos telediarios que ya nadie ve, pues la información veraz fluye por otras redes. No comprenden que nuestra era ya no lleva su nombre porque es, será, la de Anonymous. O sí: lo comprenden y actúan desde la desesperación que produce el sentirse y verse acabados.

No se dan cuenta de que agonizan precisamente por actuar así, por reprimir, por ser violentos, por ejercer abuso de su poder. Necios. ¿Millones de euros del dinero público para recibir al Papa? ¿De un dinero público que, sin embargo, no puede cubrir las prestaciones sociales de este país, sumido en los recortes que conlleva una profunda crisis? Si Jesucristo levantara la cabeza enfurecería con tales mercaderes. ¿Millones de euros para recibir a un tipo homófobo y en connivencia con peligrosos pederastas? ¿Estamos locos o qué? Y para llevar adelante este escándalo sacan sus escuadrones a la calle, en una suerte de razzia a favor de Ratzinger que ofende a los limpios de corazón y a los indignados con razón. Belicosos. ¿Que la ciudadanía no puede tomar la plaza para tratar de desfacer vuestros graves entuertos pero vosotros podéis instalar 200 confesionarios en el Retiro? ¿¿¡¡Perdón!!?? ¿Confesionarios? ¿Pero estáis de broma o qué? Provocadores."

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Perdon/elpepiespmad/20110805elpmad_3/Tes