lunes, 19 de marzo de 2012

BICENTENARIO DE UNA CONSTITUCIÓN 1812 -2012


En mayo de 1808 se produjo una crisis institucional sin precedentes en la Monarquía Española. Con las abdicaciones de Bayona la Corona de España quedaba legalmente, desde el punto de vista del Antiguo Régimen, en manos de la familia Bonaparte. Comenzaba el reinado de José I de España. Solo surgió un problema, una gran parte de los españoles no aceptaron el cambio. El vacío de poder fue ocupado por juntas revolucionarias de composición heterogénea. A la vez que una guerra contra Napoleón se iniciaba un proceso revolucionario liberal en España que se prolongaría con interrupciones durante bastantes años.
La Guerra, llamada años más tarde “de la Independencia”, fue el hito que posibilitó la Revolución Española, un acelerador de acontecimientos que hizo temblar y caer los pilares del Antiguo Régimen y erigir los de de un nuevo estado, una nueva Nación. Las juntas provinciales se reunieron en una Junta Suprema en septiembre de 1808, la cual desprestigiada por los desastres militares de 1809 se disolvió en enero de 1810 pero convocando antes, gracias a Martín de Garay y Lorenzo Calvo de Rozas, unas Cortes no estamentales.
Las Cortes extraordinarias, unicamerales, abrieron sus sesiones un 24 de septiembre de 1810 en la Isla de León proclamándose soberanas y representantes de la Nación. Era un punto de no retorno, España ya no volvería a ser igual a pesar de las interrupciones posteriores. La construcción del Estado Liberal estaba en marcha. Las Cortes se trasladaron a comienzos de 1811 a la ciudad de Cádiz.
Cádiz, ciudad comercial, conexión de Europa y América, puerto receptor de las nuevas ideas ilustradas y liberales que en el XVIII ya habían sacudido Europa. Ciudad cosmopolita, ciudad liberal. Los diputados españoles miraron a las ideas de Francia e Inglaterra para elaborar una Constitución para una España de ambos hemisferios. Hubieron de hacer un gran esfuerzo retórico, hicieron también una revolución conceptual a su manera. No podían aquellos patriotas utilizar términos revolucionarios franceses para expresar su ideario político, por ello recurrieron a una idealizada Edad Media hispánica. En la Revolución Española no hubo Asambleas sino Cortes, ni comunas sino juntas, ni departamentos sino provincias… pero esto es una historia de mayor alcance que el escenario concreto de 1812. Con otros nombres pero con similares objetivos, el Liberalismo entró en España y entró por Cádiz.
Las Cortes de Cádiz proclamaron la Soberanía Nacional como medio para declarar ilegítimas las Abdicaciones de Bayona. Poco después decretaron la libertad de imprenta y una comisión comenzó a redactar una Constitución. Esta fue finalmente promulgada el 19 de marzo de 1812. Presidía la sesión de Cortes el diputado aragonés Vicente Pascual. Ese día el divino Argüelles la presentó diciendo “Españoles ya tenéis Patria”. Nacía la Nación, nacían los Ciudadanos. Hoy hace doscientos años.
Constitución de Cádiz, popularmente denominada “la Pepa”, fue la primera de nuestra Historia si no consideramos como tal el Estatuto de Bayona. La Constitución de 1812 era liberal, no democrática, recordemos que era 1812, la “revolución democrática” se iniciaría en Europa en 1848, en España en 1868. Por el momento, en 1812 la Constitución declaraba españoles y ciudadanos a los habitantes de ambos hemisferios, americanos y peninsulares, teniendo todos derechos civiles, establecía el sufragio universal masculino indirecto en cuarto grado, garantizaba libertades individuales y la propiedad, imponía la religión católica, expresaba que el fin del gobierno era el bienestar del pueblo, hablaba de la necesidad de la Educación, las Cortes serían unicamerales y legislarían, y el sistema de gobierno de España seguiría siendo una monarquía.
En dos años España había dejado de ser una Monarquía Absoluta con súbditos a una Nación soberana con una Monarquía Constitucional con Ciudadanos. La ruptura es evidente. Pero por desgracia Cádiz no era España, era una pequeña y peculiar parte de una Nación que naufragó entre dos continentes. En 1814 las tropas napoleónicas fueron expulsadas de España y Fernando VII regresó. Siguiendo con su trayectoria iniciada en Aranjuez en marzo de 1808, el rey dio un nuevo golpe de estado derogando la Constitución e iniciando una cruel represión contra aquellos durante 6 años había luchado por él y por una nueva España libre de las cadenas del despotismo.
Pero la Constitución había abierto un proceso y su influencia perduró en España hasta 1837. Para el resto del mundo también fue un hito del Liberalismo, de los nuevos vientos de modernidad que soplaban. España fue el tercer país del mundo tras Estados Unidos y Francia en contar con una Constitución. Además esta Carta Magna influyó en las nuevas repúblicas surgidas en Hispanoamérica, en Sicilia y Piamonte, Portugal… Icono y mito del Liberalismo. Utopía doceañista mitificada, usada y reelaborada. En 1820 entró de nuevo en vigor hasta que las fuerzas de la Contrarrevolución, extranjeras y autóctonas, la volvieron a desterrar, pero aún volvió una vez más entre agosto de 1836 y junio de 1837. El espíritu doceañista pareció quedar definitivamente enterrado con el Liberalismo doctrinario de la década de 1830 y 1840, ajustándose al contexto europeo. Sin embargo el sufragio universal ya establecido en 1812 volvería en 1869… pero eso ya era “otra revolución”, esta vez sí comenzaba a ser “democrática”.
El mito doceañista pervivió y pervive hoy, en este 19 de marzo de 2012 los usos públicos de aquella gesta está visto que han quedado en manos de la derecha ante la pasividad de la izquierda… La Historia, la labor historiográfica como siempre relegada un segundo plano. Esto es España pero, recuerdo que al igual que hace 200 años no somos tan diferentes del resto del mundo. Tuvimos nuestra Revolución Liberal y tenemos sus usos públicos para bien o para mal, igual que en todas partes.
Personalmente me quedo con la conmemoración de una Constitución que en su momento fue progresista, revolucionaria, que creó una Nación y elevó a unas gentes de súbditos a Ciudadanos. “Ciudadanos”… me gusta ese concepto. Hoy, 200 años después no podemos olvidar a aquellas gentes que nos iniciaron en las sendas de la Libertad porque si los olvidamos también olvidaremos los que ellos y todos los que les siguieron durante dos siglos consiguieron: Libertad individual, Igualdad ante la Ley y Soberanía Nacional en 1812, Sufragio Universal directo masculino en 1869, Sufragio Universal también femenino en 1931, y finalmente nuestra Democracia y Estado del Bienestar en 1978, si bien con sus deficiencias somos herederos de todo un proceso de dos siglos de duración. No lo olvidemos, somos Ciudadanos Libres e Iguales con Derechos.

domingo, 18 de marzo de 2012

DIPUTADOS DE AMBOS HEMISFERIOS. LA ESPAÑA AMERICANA EN LAS CORTES DE CÁDIZ. Daniel Aquillué Domínguez



“América más necesita y quiere fraternidad, confianza y honor” José Mejía Lequerica


CRISIS POLÍTICA EN LA ESPAÑA DE AMBOS HEMISFERIOS


1808. La España peninsular: de las juntas a las Cortes

A la altura de la primavera de 1808 Napoleón, Emperador de Francia, dominaba Europa salvo Gran Bretaña que resguardada por su flota se le oponía. El fracaso naval en Trafalgar le llevó a un cambio de estrategia, al conocido bloqueo continental. Para ello era necesario contar con la alianza de la España de Carlos IV, incluidas sus valiosas posesiones americanas, y evitar el comercio de los puertos europeos con los británicos. Portugal, tradicional aliado de la Gran Bretaña, mantiene sus puertos abiertos a esta. Esta situación llevó al Tratado de Fontainebleau de octubre de 1807, por el cual se autorizaba el paso de tropas francesas por España con la intención de conquistar Portugal. Así pues, en diciembre de 1807 las tropas napoleónicas al mando de Junot entraban en Lisboa. La familia real portuguesa huyó a sus posesiones brasileñas.

Hasta ese momento todo discurría según lo previsto por las autoridades españolas y Napoleón. Todo cambió entre enero y mayo de 1808. En primer lugar comenzaron a cruzar los Pirineos varios cuerpos de ejército franceses, más de los previstos en el Tratado de Fontainebleau. Eso comenzó a generar desconfianza tanto en la corte como entre la población española. El mariscal Murat entraba en Madrid en marzo de 1808. Godoy aconsejó a la familia real dirigirse al puerto de Cádiz para seguir el camino de la portuguesa y exiliarse a América si era preciso. La primera parada en ese viaje previsto fue Aranjuez. Allí tuvo lugar en marzo el primer golpe de estado exitoso de Fernando VII, el conocido Motín de Aranjuez. Es a partir de este momento cuando Napoleón, llamado a arbitrar por la propia familia real española, cambia sus planes respecto a la corona española. Decide hacerse directamente con el control de España y, sobre todo, sus importantes posesiones americanas. En mayo, en la ciudad de Bayona, los monarcas españoles abdican en Napoleón que entrega la corona de España e Indias a su hermano, José I. Al conocerse estas noticias en España estalla la llamada posteriormente Guerra de la Independencia.

El vacío de poder es ocupado por numerosas juntas provinciales que afloran por doquier. El 19 de julio de 1808, en Bailén, las tropas francesas de Dupont eran derrotadas por las españolas de Reding. En esta batalla se encontraba José de Sanmartín, el que sería el libertador de Argentina y Chile. Esta victoria permitió recuperar Madrid y que el 24 de septiembre de 1808 se reuniera en Aranjuez la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino. Esta iniciará un proceso que, gracias a la intervención de destacados liberales como Lorenzo Calvo de Rozas y Martín de Garay, llevará a la convocatoria de unas Cortes no estamentales.

Paralelamente a este proceso de eclosión de juntas, Napoleón jugó sus propias cartas para atraerse a las élites ilustradas y a los americanos a su causa. En junio reunió la conocida como Asamblea de Bayona que además de reconocer como rey legítimo de España a José I debía aprobar un texto a medio camino entre una carta otorgada y una constitución: el Estatuto de Bayona. En esta Asamblea participó el criollo neogranadino Francisco Antonio Zea (Medellín, 1866 – Inglaterra, 1822). Las intervenciones de Zea en Bayona se centraron más en cuestiones organizativas y de consolidación del código legislativo que en las cuestiones americanas. Posteriormente bajo el gobierno josefino, Zea fue nombrado jefe de división del Ministerio del Interior en Málaga . Tras la guerra, Zea volvió a Nueva Granada donde estuvo vinculado al revolucionario Miranda y después ocuparía en 1819 la vicepresidencia de la República de Colombia.

La Junta Suprema se disolvió tras el desastre de Ocaña y la pérdida de Sevilla dejando una Regencia y la convocatoria de Cortes. Finalmente las Cortes Constituyentes y Extraordinarias de la Monarquía Española abrieron sus sesiones el 24 de septiembre de 1810 en el teatro de la Real isla de León proclamando la soberanía nacional. Era el nacimiento oficial del liberalismo español y también del hispanoamericano. Pocos meses después las Cortes se trasladarían a la iglesia de San Felipe Neri, en la ciudad de Cádiz. A la altura de 1811, Cádiz era una de las pocas ciudades peninsulares no ocupada por las fuerzas napoleónicas. Es importante conocer el contexto gaditano para comprender cómo surgió allí el nacimiento del liberalismo hispano. Se trataba de una ciudad mercantil, con un puerto conectado con América e Inglaterra, una ciudad en ebullición social e ideológica, con 57.000 habitantes, 3000 extranjeros, y que en 1810 dobló su población a consecuencia del establecimiento de las Cortes y de numerosos refugiados de toda España. Una ciudad con numerosos cafés y teatros, espacios de sociabilidad y opinión, que contribuyeron favorablemente al liberalismo. Las Cortes aprobaron la Constitución el 19 de marzo de 1812 y permanecieron en Cádiz hasta septiembre de 1813.

1810. El fenómeno juntista en la España americana.

En la América española la situación anterior a la crisis de 1808 había estado marcada por el impacto de las reformas borbónicas emprendidas a lo largo del siglo XVIII. Estas habían apartado a los criollos de algunos puestos burocráticos y aumentado la fiscalidad. A pesar de ello, la élite criolla seguía controlando los resortes el poder político a través de los cabildos, económico a través del comercio, y social a través de cargos eclesiásticos. El siglo XVIII vio el triunfo de dos revoluciones. La de las trece Colonias y la Francesa, ambas repercutieron en la ideología de los criollos hispanoamericanos que serían quienes dirigirían las revoluciones en sus propios territorios.

La recepción de las noticias que llegaban en 1808 de lo acontecido en la metrópoli fue confusa, más aún cuando también llegaban enviados de Napoleón para pedir el reconocimiento del rey José I. El vacío de poder de la Península se extiende a ultramar, más aún cuando los franceses toman Andalucía en enero de 1810. Se forman juntas soberanas por toda Hispanoamérica salvo en Perú. La primavera y el verano de 1810 son los momentos claves de este movimiento juntero americano, justo cuando llegan las noticias de la derrota de Ocaña, la ocupación de casi toda la Península por los ejércitos napoleónicos y la sustitución de la Junta Suprema por una Regencia de cinco miembros. En abril de 1810 se conforma la primera junta en Caracas, el 25 de mayo Buenos Aires, el 20 de julio Santa Fe de Bogotá, el 16 septiembre es el grito de Dolores, el 18 de septiembre Chile… Todo se hizo invocando el nombre de Fernando VII, no se trató de movimientos independentistas, al menos inicialmente, a pesar de no reconocer la autoridad de la Regencia. Además la independencia no era posible sin contar con la masa de la población, esto es, indios y castas. Fueron unos procesos de dinámica imprevisible.



EL PROBLEMA DE LA REPRESENTACIÓN AMERICANA: DESIGUALDAD Y SUPLENTES


En las Cortes de Cádiz estuvieron presentes 306 diputados, de los que tan solo 29 eran diputados ultramarinos. Este fue uno de los principales caballos de batalla de los diputados americanos, la desigual representación, siendo que representaban a una población superior a la de la España peninsular. En el debate del 11 de enero de 1811 el diputado por el Perú, Ramón Olaguer Feliú defendía la igualdad de representación basándose en su concepción de la soberanía:

Cada hombre es soberano de sí mismo, y de la colección de estas soberanías individuales resulta la soberanía de un pueblo. (…) y la suma de soberanías de las provincias constituye la soberanía de la nación. (..,) Luego para que haya una verdadera representación de toda soberanía nacional es preciso que haya una verdadera representación de la parte que en ella tiene la soberanía de América; y no será verdadera sino cuando sea proporcional a los elementos de que se compone .
Por su parte el diputado por Nueva España José Miguel Gudiri y Alcocer esgrimía el argumento de que la igual representación era necesaria para evitar la separación de América de la metrópoli:

Las Américas van a perderse y éste es el único medio de atajar este grave mal (…) Señor, los americanos, como hijos de los europeos, mamamos al nacer el amor a la península, (…) Pero a pesar de esto, lejos de que se nos tenga en paralelo con los españoles, estamos sumergidos en la miseria .

Para defender una mayor representación americana en las Cortes, los representantes ultramarinos argumentaban que la igualdad entre españoles americanos y peninsulares decretada el 15 de octubre de 1810 no se correspondía con una igualdad en la representación. Así lo esgrimía el diputado por Santa Fe, Mejía Lequerica el 18 de enero de 1811:

Soy representante del nuevo reino de Granada (…) ¿se podrá decir que los hombres iguales no tengan iguales derechos? (…) Que sea éste el momento en que debe igualarse América con Europa, ésta es la cuestión. Yo bien veo que hay aquí representantes de América, pero ¿cuántos señor? (…) ¿Por qué dejamos para mañana lo que se puede hacer hoy? Exige la política y la justicia de V.M. que hoy decida la igual representación de América. Señor, los males extraordinarios exigen extraordinarios sacrificios. Fije V. M. la vista en aquellas provincias más grandes de toda la península: ellas han dicho solamente que tratándolas conforme a los principios de justicia se tranquilizarán; es decir, rigiendo la unión igual se acabó toda revolución. (…) Ya que somos hermanos para los sacrificios, seámoslo para todo; sean iguales en representación los americanos y esto se declare hoy mismo .
La igualdad en la representación entre americanos y peninsulares no se consiguió, Los diputados peninsulares temían el exceso de diputados americanos. Argüelles zanjó el debate con las siguientes palabras:

América, considerada hasta aquí como colonia de España, ha sido declarada su parte integrante (…) Y así concluyo suplicando a los señores americanos que, consideradas las circunstancias actuales, no quieran empeñarnos en una resolución de la podría arrepentirse V. M. algún día.
El sistema electoral por el que se eligieron los diputados de las provincias de Ultramar fue un tanto ambiguo pues era el ayuntamiento de la capital e provincia el que elegía al representante de la circunscripción . Durante el verano de 1810, se hizo patente que la mayoría de los diputados elegidos no llegarían ni a la inauguración ni a las primeras sesiones de las Cortes extraordinarias. Por ello se creó la figura de los suplentes que debían ocupar el lugar de los diputados hasta que estos se incorporasen a los debates parlamentarios. En el caso de los suplentes de los representantes americanos, estos fueron elegidos por 177 electores americanos residentes en Cádiz.



LOS DIPUTADOS AMERICANOS: UNA POSICIÓN ENTRE AMBOS HEMISFERIOS


Los diputados que participaron en las Cortes fueron clasificados por Toreno en tres grandes grupos: serviles (absolutistas), liberales y americanos. De un total de 206 diputados, 97 eran del clero, 60 abogados, 55 funcionarios, 16 profesores universitarios, 4 escritores, 2 médicos, 37 militares, 8 aristócratas, 9 marinos, 15 “propietarios” y 5 comerciantes .

A comienzos de 1811 se incorporaron los diputados americanos electos a las sesiones de Cortes. Estos habían sido elegidos conforme al decreto de 14 de febrero de 1810, por el ayuntamiento de cada capital de provincia. El 20 de agosto de 1810, la Regencia precisó que debían ser considerados como elegibles además de los “españoles americanos”, los indígenas, los mestizos de indio y español, y los españoles avecindados en América . Los representantes de América defendieron la unión de América dentro de España pero insistieron en que esta fuese como provincias con capacidad de administración autónoma . Existía un sustrato federal en todo esto. Buena prueba de este pensamiento son las intervenciones parlamentarias del diputado Feliú y la de Guridi y Alcocer en enero de 1811:

Nadie se emancipa de un igual suyo, sino de aquél bajo cuya potestad se hala constituido.
(…) los americanos aman a la península, de la que jamás quieren separarse: detestan, sí, el despotismo, y éste es el único origen de sus alborotos.
Los diputados americanos se alinearon muchas veces con los liberales, defendiendo la soberanía nacional pero siguiendo los planteamientos de Rousseau de proporcionalidad en la representación. Aunque los diputados americanos representaban a una población mayor que la peninsular, tenían muchos menos diputados. La concepción de la Nación y de la Soberanía que tenían los diputados americanos era algo distinta de la que tenían sus compañeros peninsulares. Para empezar, para los americanos “la nación era el “ajuntamiento”, la unión de pueblos y no sólo de individuos” . Respecto al concepto de representación, sobre lo que los diputados de 1810 entendían sobre ello la clave está en si se debe ajustar el diputado a los mandatos e intereses de quienes territorialmente los han votado en su distrito, o, si una vez electo es portavoz de la voluntad nacional en su conjunto, es decir, de la nación en abstracto .Los diputados americanos defendieron la primera opción, mientras que los liberales como Argüelles, Muñoz Torrero y Toreno defendieron la segunda, que acabó por imponerse. Y es que los diputados americanos tenían una concepción organicista y territorial de la representación y por tanto “se debían” a los distritos que los habían elegido. Además esto se expresaba en su idea de soberanía, la cual concebían en tres niveles: el municipal, el provincial y el nacional. Insisto en la idea de que para los representantes de los territorios ultramarinos, la nación era más el conjunto de pueblos que el de individuos, y también por esto defendieron una mayor autonomía de las diputaciones provinciales , que entendían como organismos de representación territorial.

A pesar de la desigual representación, lo que sí se consiguió en las Cortes fue la igualdad en derechos. El 15 de octubre de 1810 se decretó la igualdad de derechos entre los “españoles europeos y americanos” porque como señaló en su discurso el diputado Dionisio Inca Yupanqui:

Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. V. M. toca con las manos esta terrible verdad. Napoleón, tirano de Europa, su esclava, apetece marcar con este sello a la generosa España. Ésta, que lo resiste valerosamente, no advierte el dedo del Altísimo, ni conoce que se le castiga con la misma pena que por espacio de tres siglos hace sufrir a sus inocentes hermanos. Como inca, indio y americano, ofrezco a la consideración de V. M. un cuadro sumamente instructivo.
Las Cortes de Cádiz desmontaron el régimen feudal en ambos hemisferios de la Monarquía española. El 5 de enero de 1811 se prohibieron las vejaciones contra los indios, en marzo de ese año se abolió el tributo de indios y castas… Con el Decreto de 9 de noviembre de 1812 las Cortes abolieron la mita y las prestaciones personales y, tras ocho meses de debate aprobaron el reparto de tierras entre indios . El objetivo de los liberales era crear una España de propietarios en ambos hemisferios en la creencia de que “la propiedad uniría a la nación” . Pero una cosa es lo que legislaron las Cortes en Cádiz y otra distinta que eso se llevara a la práctica al otro lado del Atlántico.

¿Quiénes fueron los diputados americanos en las Cortes de Cádiz?


LA PRENSA ESPAÑOLA ANTE AMÉRICA


El movimiento juntero revolucionario americano comenzó en la primavera de 1810, invocando a Fernando VII y criticando a la Regencia por no ser esta representativa de la nación. También criticaron la desigual Represenatción dada en las Cortes que iban a ser convocadas. Las noticias de las revoluciones americanas llegaron unos meses más tarde a la Península Ibérica, no causaron sorpresa. La cuestión americana tuvo importancia en la prensa de la época. Pero ¿qué prensa existía en la España de 1810 – 14? ¿Y cómo reaccionaron las diversas publicaciones ante las noticias que llegaban de Ultramar?

Por una parte estaba la prensa de la zona ocupada por las tropas napoleónicas y más o menos bajo gobierno del rey José I. En esta zona existían dos posturas, la afrancesada o josefina y la directamente bonapartista, que repetía lo dicho por Napoleón. Ambas se preocupaban por la secesión de los territorios americanos y coincidían en acusar a Gran Bretaña de estar detrás de los movimientos revolucionarios americanos. Uno de los periódicos afrancesados más importantes y que trataba el tema de América fue la Gaceta de Sevilla dirigida por Alberto Lista. El periódico “oficial” de la monarquía josefina es la Gaceta de Madrid que en su publicación de 10 de diciembre de 1812 atribuye al descontento por el monopolio comercial anterior la causa de la rebelión americana.

En el lado contrario, se encontraba la prensa española “patriota”, de la zona libre de franceses, principalmente Cádiz. Los periódicos “patrióticos” acusaban al grupo dirigente, los criollos, de las revueltas americanas de “improvisado, ambicioso y déspota” . Dentro de los periódicos “patriotas” los hay de tendencia liberal y absolutista, pero ambos coinciden en definir al movimiento americano como liberal e independentista, y que la invocación a Fernando VII solo pretende engañar a la metrópoli . En 1811, el periódico Telégrafo Americano, de tendencias absolutistas y dirigido por López Cancelada, se centra en hablar del asunto americano defendiendo las políticas llevadas a cabo con las “colonias”. Por el contrario los periódicos liberales reconocen errores del pasado de la metrópoli respecto a los americanos.

Sobre la solución al problema americano, la prensa se divide entre los que apuestan por la conciliación, y una mayoría que defiende enviar tropas y reprimir. También se percibe una evolución, de una postura inicialmente conciliadora, hubo periódicos como el Semanario Patriótico que pasaron a defender la represión. El Censor General es uno de los periódicos más liberales y polemizará con el Telégrafo Americano, ya que tenía fe en la Constitución como método de unión entre españoles peninsulares y americanos. Con el paso del tiempo y la llegada de más noticias quedará prácticamente solo. Así, el 11 de abril de 1811, Pedro Pascasio Fernández Sardino escribía en El Robespierre Español:

América y España serán dos hermanas inseparables (…) ¿Por qué no se envían a América siquiera catorce mil hombres armados para extinguir inmediatamente la rebelión?
Esta idea era apoyada también por otros periódicos como El Redactor General de Cádiz, El Conciso o el Diario de Mallorca. Y para acabar con la postura de la prensa española peninsular y patriota ante los acontecimientos de América, transcribo otra cita de El Robespierre Español, de abril de 1811, que hace una interesante reflexión:

Si se hubieran levantado en tiempo del falaz favorito, no lo extrañara yo. Si lo hubieran hecho al principio de nuestra revolución tampoco me hubiera asombrado. Pero hacerlo precisamente cuando la España se hallaba más afligida, el intentarlo solo, cuando los hijos de Extremadura, los descendientes del portentoso Hernán Cortés, del terrible Pizarro, se hallaban amenazados de cerca por las huestes enemigas, lejos de ser una grandeza de ánimo, es un crimen rastrero y sórdido. (…) ¿Qué culpa tiene el pueblo español de los ultrajes que han sufrido de los reyes y ministros, que al mismo tiempo que a ellos nos han estado desollando a nosotros? Nuestras comunes desgracias debieron haberlos hermanado más .


BALANCE: EL FRACASO DEL LIBERALISMO ESPAÑOL ANTE AMÉRICA

Art. 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.

Las Cortes reunidas en Cádiz no se ocuparon en tomar medidas inmediatas para reprimir el levantamiento americano. Primero enviaron ideas políticas y promesas parlamentarias, pero tras el fracaso de éstas, acordaron en sesiones secretas del 6 al 10 de abril de 1811 que si las Juntas revolucionarias americanas no atendían a razones atenderían al estrépito de las armas.

La esperanza de los efectos conciliadores de la Constitución Española de 1812, una Constitución para “ambos hemisferios”, se vieron frustradas. Existía un divorcio entre el texto teórico y la realidad práctica. La Constitución, a pesar de sus buenas intenciones no satisfacía los americanos porque no abolía la esclavitud, silenciaba el problema indio, excluía a las castas de representación, no otorgaba libertad total de comercio, mantenía una gran desigualdad de representación entre peninsulares y americanos…Además, las acciones armadas que tuvieron lugar en los territorios ultramarinos entre los revolucionarios y los lealistas no ayudaron en absoluto.

Para colmo de males, el 4 de mayo de 1814 Fernando VII daba su segundo golpe de estado con éxito. En la España peninsular se restablecía el absolutismo, la obra de Cádiz quedaba por los suelos, nula y de ningún efecto. El camino a las independencias americanas estaba definitivamente abierto y era imparable. Fracasó el proyecto de una Nación de “ambos hemisferios” por cuestiones de inviabilidad y por un rey que no aceptó el nuevo panorama. Cuando en septiembre de 1833 Fernando VII murió como rey absoluto, a la monarquía española solo le restaban como posesiones en América: Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo. Nueva España, Nueva Granada, Río de Plata, Capitanía de Chile, Perú… los perdió el rey de España, Cuba y Puerto Rico los perdió la Nación española… y a todos los intentaron integrar los diputados doceañistas.

Las palabras del diputado Mejía Lequerica en 1811 parecen ahora premonitorias:
¿Qué importará el que apele V. M. a las armas? ¿Qué ha podido Napoleón por medio de ellas contra el pueblo español? Nada, señor, hasta aquí y quizá nunca jamás; pues lo mismo y aun menos podrá V. M. con América, si América no quiere ser de V. M. Media un inmenso océano: ¿y quién saltará ese lago?
Fue un fracaso del liberalismo, una ceguera de los primeros liberales españoles que no se ajustaron a la realidad de América. Los liberales de 1812, al igual que en 1820 Rafael de Riego, tomaron ingenuamente la Constitución como panacea de los males de América y España. Se equivocaban, la realidad americana discurría por otros caminos.



BIBLIOGRAFÍA

CHUST CALERO, Manuel, América en las Cortes de Cádiz, Fundación MAPFRE, Madrid, 2010.

MALDONADO POLO, Luis J., “Científicos americanos en las Cortes constituyentes. La cuestión ultramarina”, Revista de Indias, nº 227, pp. 275-302, 2003.

PÉREZ GARZÓN, Juan Sisinio, Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal (1808 1814), Síntesis, Madrid, 2007.

PÉREZ GUILHOU, Dardo, La opinión pública española y las Cortes de Cádiz frente a la emancipación hispanoamericana 1808 -1814, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1981.

RIEU-MILLAN, Marie-Laure, “Los diputados americanos en las Cortes de Cádiz: Elecciones y representatividad”, Quinto Centenario, nº 14, pp. 53-72.

Web de Cádiz 1812 – 2012 http://www.cadiz2012.es/ [consultada el 18 de noviembre de 2011]