viernes, 20 de julio de 2012

Clamor popular contra el gobierno y los recortes





Más de 100.000 personas nos hemos manifestados el 19 de julio de 2012 en Zaragoza contra el gobierno y sus políticas. 

En el resto del país las protestas también han sido multitudinarias. 

Ellos, los "de arriba" quieren que seamos como Grecia, nosotros, 

los "de abajo" queremos ser como Islandia. GOBIERNO DIMISIÓN

jueves, 19 de julio de 2012

19 de julio





19 de julio de 1808, las tropas españolas al mando del general Reding derrotan a las napoleónicas de Dupont.

19 de julio de 2012, la Ciudadanía se manifiesta contra el gobierno del PP ¿derrotaremos hoy a los enemigos de España como hace 204 años?

GOBIERNO DIMISIÓN


(Sí, es un uso público de la Historia)

lunes, 16 de julio de 2012

La guerra de la Plena Edad Media en la Península ibérica a través de la batalla de las Navas de Tolosa.(Por Andrés Lloret Vargas)


La guerra de la Plena Edad Media en la Península ibérica a través de la batalla de las Navas de Tolosa.(Por Andrés Lloret Vargas).



Situación de la península ibérica a principios del S XIII


En el Siglo XIII el juego de poderes lo ostentaban los reinos de Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón por parte cristiana y el Imperio Almohade por parte islámica. Después del proceso de descomposición del Imperio Almorávide en 1145, que dará como surgimiento las denominadas segundas taifas y la reunificación a cargo del Imperio Almohade en 1146, Al-Ándalus presentaba de nuevo un bloque sólido contra el mosaico 
de reinos cristianos del norte.


Los Almohades o “unitarios” fueron llamados por los segundos reinos de taifas ante el empuje de los reinos cristianos para auxiliarlos, de esta manera entraron en la península desde el norte de África y tomaron el poder, unificando de nuevo Al-Ándalus. Con una única autoridad Califal, el Islam había recobrado su antiguo poder, así pues el mapa político peninsular volvía a un equilibrio poco positivo para los cristianos en los albores del S XIII. 


Pese a todo, los cristianos continuaban su avance hacia el sur, es en este punto donde entran las discordias entre reinos, sirva de ejemplo  la alianza del rey de León con los almohades para frenar la expansión lusa en la zona de Badajoz. Aliándose con el Islam y frenando su propia expansión hacia el sur, no obstante, en 1170 ya tenía en su poder la ciudad de Cáceres aunque la perdería años más tarde. Como decimos nos encontramos con un mapa singular, cristianos enfrentados entre sí y aliados con el califa contra otro reino cristiano. Habíamos llegado al fin de la política cristiana de desestabilizar y debilitar las taifas, el unitarismo almohade lo impedía, y eran los cristianos los divididos y en discordia.


Ante tal situación en 1194 la Iglesia consigue que los reyes de Aragón, Castilla, y León firmasen el tratado de Tordehumos, con el que se pretendía finalizar sus desuniones y concentrarles en la lucha contra los almohades, es en esta situación en la que se llega a la Batalla de Alarcos de 1195, principal razón de ser de Las Navas. 


El rey castellano Alfonso VIII presentó batalla sin esperar las ayudas de León y de Navarra  siendo derrotado, ante esta derrota los reinos cristianos se apresuraron a firmar treguas con el Imperio Almohade pese a la abierta oposición de las órdenes militares, que pidieron bulas al Papa para continuar la lucha aún sin el apoyo de los monarcas. La situación se fue recrudeciendo en el cambio de siglo hasta que las treguas entre los dos poderes de la península concluyeron, entonces el castellano Alfonso VIII atacó Baeza, Andújar y Jaén, al tiempo que la flota de Al-Ándalus atacaba el litoral catalán, el rey de Aragón respondió atacando varias posiciones de Valencia.


En esta situación el rey de Castilla buscó involucrar definitivamente a la Iglesia, pues estaba decidido a continuar la lucha contra los musulmanes. En febrero de 1211 el Papa Inocencio III no tardó en responderle ordenando a sus prelados y al arzobispo de Toledo castigar con la censura eclesiástica a cualquier rey cristiano que entorpeciese la labor del rey de Castilla, mientras tanto Alfonso VIII y el Infante Fernando movilizaban las milicias concejiles y atacaban Játiva. 

Ante este panorama los almohades ya habían cruzado el Estrecho, y el Emir decidió enfrentarse a los cristianos. La campaña almohade no se hizo esperar y en septiembre de 1211 habían tomado Salvatierra, ante este hecho que conmocionó a los cristianos Alfonso VIII pidió al Papa la predicación de una cruzada. El Papa Inocencio no se quedaba ahí, ordenó a los arzobispos de Toledo y Santiago que indujesen a los demás reyes a preservar paces y treguas con el castellano e instarles a ayudarle en la cruzada contra el Islam. Además, hizo predicar una cruzada por el sur de Francia, con gran éxito como se demostró en la cantidad de caballeros ultramontanos que acompañó a los reyes cruzados hasta la polémica toma de Calatrava.


Después de décadas, en abril de 1212 había una paz asegurada por la cruzada entre los reinos cristianos. De nuevo la situación política se encontraba en un equilibrio de poderes que permitían afrontar la campaña contra los almohades con éxito.


 El camino hacia la guerra, el reclutamiento

EL reclutamiento en una época en la que no existían ejércitos profesionales dependía de las estaciones de siembra y cosecha para alistar a la masa de campesinos que formaban las peonadas de todo ejército feudal.
En el reino de Castilla existía una llamada general a las armas a todos aquellos capaces.
En tiempos de Alfonso VIII existía la exención al servicio militar para determinados grupos sociales y lugares geográficos.
Los tenentes de castillos y fortalezas estaban obligados a defenderlos y auxiliar al rey en acciones ofensivas. Es lo que se conoce como contratos feudovasalláticos propios del orden feudal, cuya cúspide es el rey y los grandes príncipes.
El reclutamiento en el ámbito urbano lo llevaban a cabo autoridades locales mientras que en zonas rurales ese acto corría a cargo del señor. Nos encontramos así dos formas de reclutamiento con su reflejo en el campo de batalla: las mesnadas feudales y  las milicias urbanas o concejiles.
Como norma, el reclutamiento general suponía un reto logístico para alimentar, equipar, reunir y controlar a tal masa de hombres y pertrecho en un punto geográfico. Casi imposible de llevar a cabo en la Edad Media. Es por eso que rara vez se solicitaban levas como para la campaña de Las Navas, donde se hacía necesario un gran contingente.
El reclutamiento de facto era parcial, pues sólo se reclutaban a aquellos hombres más propicios para las armas. Además movilizaba sólo a unos sectores de la sociedad. Hay que tener en cuenta que reunir a un gran número de gente no apta para combatir es un riesgo, pues el número puede volverse contra uno mismo.
En la campaña de Las Navas, al igual que en todas las operaciones ofensivas a la hora de reclutar primaba el principio de cercanía geográfica al objetivo, así pues, a la hora de hacer “levas” para las campañas o de buscar caballeros para las cabalgadas se recurría a población cercana a la frontera. Llamada a la que acudían todos los hombres dispuestos llamados por el botín además de por su deber con el señor.
Por el contrario, si el reino era atacado, como es lógico, el reclutamiento sería menos riguroso a fin de poder obtener la mayor parte de combatientes posible.
En la Castilla de Alfonso VIII el reclutamiento principal era las mesnadas feudales y las milicias concejiles, que formaron el grueso de la infantería en Las Navas.


Panoplia de un guerrero medieval

El ingenio del hombre para dañar o acabar con sus semejantes no tiene límites, desde que los ejércitos se conformaron como tales y pasaron de ser una mera horda la producción y diseño de armamento a gran escala es una constante desde la Edad Antigua. En Roma el equipo de las legiones se caracterizaba por una homogeneidad y calidad en su manufactura, cada legionario recibía un equipo similar al de su compañero sin importar su teatro de acción. Desde Britannia hasta Judea, la loriga segmentata, el scutum, pilum, gladius y la galea eran elementos comunes de diseño similar para todo legionario.
Para ese equipamiento el gasto se dispara, y sólo lo puede ofrecer un poder fuerte y centralizado como era la maquinaria estatal romana. A su caída, habría que esperar siglos para ver de nuevo ejércitos con un equipo homogéneo.

En la España plenomedieval el poder real estaba restringido por una nobleza que monopolizaba la guerra y sin la cual los reyes poco podían hacer. En el caso de las mesnadas reales el equipo era pagado por el propio rey. Es por esto que el equipo militar de los ejércitos fuese un tanto heterogéneo, sin embargo podemos reducirlo a unos elementos comunes que portaba todo guerrero medieval de principios del S. XIII.

Equipar un caballero era un proceso complejo:
El caballero portaba sobre su túnica civil el llamado gambesón, una prenda hecha con dos piezas de tela, rellenas de fibras vegetales y pespunteado en forma acanalada creando un acolchado para amortiguar golpes. En muchas ocasiones esta prenda era la única protección de la que disponían los soldados ligeramente equipados de las milicias concejiles. Sobre el gambesón se colocaba la cota de malla o loriga, que estaba formada por unas 15.000-25.000 anillas de hierro remachadas, entrelazadas entre sí, con un peso aproximado de 20 kilos. Podían ser de diferentes formas en base a sus anillas: anillo enfrentado, anillo remachado o anillo mechado (soldado) Las había de anilla plana o redonda; de entramado europeo (una anilla se unía a cuatro) o del Este (una anilla se unía a seis) las cotas de malla más comunes en la Europa de este tiempo eran las de anillo remachado y redondo, de entramado europeo y pavonadas, es decir, sin brillo; se optó por este diseño ya que no se oxidan tan fácilmente y son más ligeras .

las cotas de malla cubrían todo el cuerpo del caballero hasta más debajo de las rodillas. Las había de dos partes o de una, que cubría la cabeza. La pieza de cota de malla que cubría la cabeza era el almófar, colocado sobre una cofia de armar, que hacía las funciones de gambesón y recogía el pelo evitando que se enredase en las anillas. Había distintos tipos de almófar: con broquera o sin broquera; es decir, con una pieza de malla y cuero que protegía bajo la nariz o a cara descubierta. La malla del almófar también podía ir incorporada al casco, en cuyo caso se llamaban cascos con camal de malla.
Una vez puesta, el caballero levantaba los brazos y sus sirvientes le colocaban un cinturón de cuero sobre ella, el objetivo era que todo el peso de la loriga no recayese sobre los hombros del guerrero y se compartiese con la cintura. Para finalizar, la cota de malla también podía cubrir las manos en forma de  manoplas.
La cota de malla simbolizaba la protección del caballero frente al mal y al pecado, era su castillo tras el que estaba a salvo. En la práctica, la cota de malla puede parar cortes, pero ofrece pocas garantías contra lanzadas, estocadas y golpes de maza.


 Después al caballero se le colocaba el yelmo, en esta época son mayoritariamente cónicos o semiesféricos, algunos con nasales para proteger la cara; a finales del XIII comenzarán a evolucionar a otros tipos como los pesados yelmos cilíndricos, otros diseños semiesféricos o capelinas (con alas) tal y como aparecen en las cantigas de Alfonso X en 1280.


Elemento indispensable a todo caballero medieval es su espada, símbolo de estatus del caballero. Eran armas de corte, de forma cruciforme (por la cruz debían morir los enemigos de la fe) y de doble filo, generalmente de pomos discoidales, de una longitud que oscilaba entre los 90 y 150cm, se manejaban con una mano, mientras que la otra sostenía el escudo, y en caso de ir montado también las riendas.
EL arma principal para el ataque desde el caballo es la lanza, generalmente sólo existe un tipo de punta de lanza; hoja lisa, puntiaguda y con un nervio central, que va sujeta al asta de madera que puede medir unos 3 metros. El asta era una pieza de madera, cilíndrica, de un grosor suficiente para soportar embestidas, pero alejado de las lanzas de torneo y guerra que veremos en el S. XIV. En su otro extremo portaban un pomo metálico para dar equilibrio y evitar el desgaste de la madera. El caballero feudal podía adornar su lanza con los pendones de su casa o su señor tal y como aparecen en la portada de este trabajo.

-Escudo: el escudo era una protección adicional, generalmente los de caballería eran de forma de “lágrima” o de “cometa” con el borde superior recto, los de infantería podían llevarlo curvo. También había con forma de almendra, que evolucionarían a escudos casi triangulares.
Era una protección firme para el caballero, generalmente de forma alargada para cubrir más superficie, y hecho de tiras de madera entrecruzadas forradas con cuero. Todos tenían una ligera curvatura hacia dentro para multiplicar su resistencia. Su interior podía estar acolchado para reducir el impacto en el brazo del caballero y levaba unas correas de cuero para su sujeción al mismo. En él figuraba el blasón del portador o de su señor o motivos geométricos, en el caso de las órdenes aparecían los símbolos que veremos en el siguiente apartado, y en el caso de las peonadas simples motivos geométricos con colores.
Los escudos llevaban una cinta de cuero de extremo a extremo llamada tiracol, para poder llevarlos colgando a la espalda.


La sobreveste comenzó a generalizarse en esta época, traída de Tierra Santa por los cruzados, era una túnica con sencillos motivos heráldicos que en caso de las órdenes militares se reducían a pocos colores con sus emblemas. Su origen práctico es la solución que tuvieron los cruzados para evitar que se recalentasen tanto sus cotas de malla con el sol.  En 1212 prácticamente no existía en la península.


Mazas, un arma simple y eficaz, con asta de madera o metal y una bola en el extremo de hierro, de diferentes diseños. Era efectiva contra cotas de malla, pues su impacto partía huesos y producía heridas internas sin derramar sangre. Es por este último motivo por el que el arzobispo de Toledo y los demás eclesiásticos que acudían a la cruzada se valían de esta arma, pues a ellos les estaba prohibido el derramamiento de sangre.

La caballería justifica su estatus y preeminencia económica con el compañero del noble en batalla: el caballo.
Una vez totalmente equipado por sus escuderos el  caballero feudal debía subirse a su equino. Las sillas de montar de la época eran de cuero y madera, muy resistentes, diseñadas para sujetar al caballero en el momento del impacto, los arzones crecieron y el caballero quedaba perfectamente rodeado y sujeto. Las cinchas eran de capas de lino encoladas entre sí, muy resistentes y similares a las modernas cinchas de cuero de las monturas vaqueras. Con la cincha no es suficiente para sujetar la montura en el momento del impacto; existían pechopetrales que al igual que hoy día eran cintas de cuero que pasaban por el pecho del animal y se unían a los faldones de la montura, evitando que esta saliese hacia atrás con el impacto.


Las cabezadas de principios del Siglo XIII no tenían muserola, se bastaban con sostener el bocado con las carrilleras, la testera, frontalera y el ahogadero; eran muy similares a las modernas cabezadas “tejanas”. Los bocados eran similares a los romanos, con grandes palancas para multiplicar la fuerza ejercida por las riendas.
Parte indispensable del caballo son las herraduras. Los romanos no herraban sus equinos, pero en Europa comenzó a ser una necesidad debido a la humedad y el rápido desgaste de los cascos a medida de que su tamaño iba creciendo. Las herraduras medievales eran de un grosor similar a las actuales pero mucho más anchas, cubriendo la gran parte del casco del animal. La alzada y peso de los caballos de batalla medievales oscilaba entre los 150-160 centímetros y 300-400 kilos, eran machos jóvenes, sin castrar, preferentemente de tiro; cuyo único cometido era lanzarse hacia delante con el jinete pesadamente armado. Adquirir y mantener un animal así en condiciones de combatir requiere grandes recursos económicos que sólo podían ser asumidos por la nobleza.


  

Las Órdenes Militares y su papel

Nacidas después de la primera cruzada (1095-1099) para la protección de peregrinos en su viaje y estancia en Tierra Santa a través de la militarizacón de una orden religiosa como era el caso de los Hospitalarios o bien gracias a la creación desde cero como en el caso templario.
En el escenario militar de la Reconquista suponían una fuerza escasa, bien entrenada y no dependiente de la estacionalidad, suponían fuerzas permanentes a las que podían encomendarse la protección de determinadas posiciones de la frontera. Estas eran las llamadas encomiendas, territorios de las órdenes militares, de los que se podían nutrir de recursos pues no pagaban impuestos. En las encomiendas se asentaban los centros neurálgicos o posiciones vitales de las órdenes, en el caso de Santiago es el castillo de Uclés y en el de los Calatravos, Calatrava.
Para los reyes peninsulares la disponibilidad de este tipo de fuerzas suponía entregar prebendas y encomiendas a las órdenes para su mantenimiento y defensa de las mismas como ya hemos dicho, dejarlas exentas de pagar impuestos y de su autoridad Real, pues no obedecían más que al Papa. Como contrapartida, los monarcas peninsulares como el castellano Alfonso VIII podían contar con ellos no sólo para la defensa, sino también para integrar parte de su ejército siempre que se tratara de una lucha contra el Islam.
Pese a todo, el número de freires de las órdenes era casi testimonial, como se ve en el caso de Las Navas, un número que no llegaba al medio millar de caballeros; pero la muerte de los maestres de Calatrava y Santiago da muestra de su compromiso con la cruzada de 1212.
Sus hábitos no empezarán a ser usados hasta décadas después de Las Navas, no obstante considero relevante añadirlos a su descripción.

-Orden militar del Temple:

Posiblemente la más famosa de todas las órdenes militares, en demasiados casos por motivos ajenos a su peripecia histórica.

Fundada por Hugo de Payns, su primer Gran Maestre y nueve caballeros más con sus correspondientes séquitos. Su nombre oficial era el de “Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón”  (debido a que su cuartel se encontraba sobre los restos de ese templo) más conocidos como “L’ordre du Temple” o simplemente, “Caballeros Templarios”.Fue bendecida y aprobada por el papa Honorio II en el concilio de Troyes de 1129. El Temple fue fundado como milicia religiosa, que respondía a los votos de pobreza, castidad y obediencia (votos que no siempre serán comunes a todas) y tenía como fin escoltar a peregrinos que viajaban a Jerusalén. Pronto los llamados “pobres caballeros de Cristo” comenzaron a recibir bendiciones de reyes europeos y comenzaron a crecer. En 1187  Jerusalén cae ante Saladino y el Temple empezó a ser cuestionado, pero no sería hasta la pérdida de San Juan de Acre en 1291 cuando los templarios comenzasen a ser vistos más como molestos acreedores del rey de Francia que defensores de la fe. En el periodo histórico de Las Navas, la orden era respetada y temida en Europa, y obedeciendo a la llamada de cruzada del Papa integrará el centro cristiano con sus escasos freires. Sus encomiendas, castillos y posesiones eran amplias en la Península, podemos encontrarles en el centro y Oeste peninsular mayoritariamente.
Su hábito era de color blanco para los freires y pardo o marrón para los sargentos y demás tropa, estaba compuesto por una capa y la veste, ambas prendas con una cruz roja cosida en el pecho y hombro respectivamente.

 -Orden militar de Calatrava:

 Orden netamente peninsular. Fundada en 1158 por San Raimundo, abad del monasterio navarro de Fitero, perteneciente al Císter, es la más antigua de las órdenes militares hispánicas.
Sus orígenes se remontan a la conquista de Calatrava en 1197, Alfonso VII confió su defensa al temple. Los templarios renunciaron  y se la entregaron a Sancho III. Por aquel entonces Raimundo se encontraba en Toledo y pidió al rey, junto con Diego de Velázquez, un antiguo caballero que les cediera la posición para su defensa y el rey accedió.
En sus inicios tuvo como principales apoyos a Sancho III de Castilla que el mismo año de la donación de la villa le cedió nuevas posesiones, como hizo más tarde el Rey de Las Navas, Alfonso VIII par asegurarse la defensa de la frontera musulmana. Tuvieron como base de su instalación la zona de la actual provincia de Cuenca, dominando fortalezas y castillos estratégicos en la ruta Toledo-Córdoba. Es de comprender pues, que sea una orden especialmente importante en la cruzada de 1212 ya que eran sus posesiones y subsistencia la que entraba en juego después de la derrota de Alarcos.
Su hábito era de color blanco, con la cruz de Calatrava en pecho y hombro, siguiendo el esquema templario.

-Orden militar de Santiago:
  
La más característica y simbólica de las órdenes militares hispánicas. Su fundación es compleja,  pero alguna documentación parece admitir que la orden tuvo sus cimientos en la ciudad de Cáceres, con un grupo de 13 freires que defendían la ciudad recién tomada por Fernando II de León en 1169.  Se constituyen un año después como orden religiosa conocida como “Fratres de Cáceres”. En 1174 el Califa de Sevilla toma Cáceres y pasa a cuchillo a los freires.  Sea como fuere, oficialmente el primer rastro de la Orden de Santiago es en un documento fechado el 9 de enero de 1174, por el cual, el rey de Castilla Alfonso VIII le entrega el castillo de Uclés a la joven orden, junto con los privilegios y demás “estatutos” de sus pertenencias. Llegó a alcanzar grandes propiedades, siendo poderosos su priorato de Uclés y San Marcos de León, además de encomiendas repartidas por Castilla, Portugal y León, siempre cerca de la frontera musulmana.
Era una orden singular, con elementos distintivos de cualquier otra como que los nobles que ingresaban no dejaban atrás ni sus títulos ni sus bienes; también se les permitía casarse, quedando sus familias protegidas en los monasterios de la orden en caso de guerra. Además era una orden fundadora de hospitales.
En 1195 llega su primer revés con la derrota en Alarcos y la muerte de su primer maestre, es concebible que sea la orden militar que más contingente aporta junto con la de Calatrava a la cruzada de 1212, pues ambas al ser fronterizas dependían del resultado de esa campaña. Su hábito era blanco, con la cruz de santiago en rojo en el hombro derecho y en la sobrevesta.
  
 -Orden militar del Hospital

Sus orígenes también se encuentran en Tierra Santa. A principios del S. XII, cuando el papado reconocía la función caritativa de los hermanos del hospital, desdeñaba su función militar, considerando la Orden de los Hospitalarios como una copia inútil del temple. La falta de tropas cristianas en Tierra Santa y por ende la necesidad de mantener territorios bajo control obligó al Papa a autorizar la nueva orden. El apoyo decisivo de la joven orden apoyando a los templarios en la batalla de Ascalón de 1153 la consagra como orden militar, y comienza la cesión de encomiendas y castillos. Su presencia en España es escasa, es por ello que su presencia sea testimonial dentro del escaso testimonio de las órdenes militares en Las Navas. Se distinguían por un hábito totalmente negro con una cruz blanca.



El grueso del ejército: las mesnadas reales y milicias concejiles, la misión de la infantería.

Habitualmente concebimos los ejércitos cristianos medievales como una masa de caballeros pesadamente armados, a caballo o a pie, luchando contra sus homólogos, o bien contra los musulmanes. Sin embargo, el grueso de todo ejército cristiano en la península  estaba compuesto por infantería “regular” y ligera que aportaban las milicias concejiles y las mesnadas reales.
La milicia concejil se remonta al Siglo XI, cuando en plena Reconquista tras la toma de muchas ciudades se les conceden fueros y privilegios especiales para favorecer la repoblación. Esos fueros estipulaban el número de soldados que deberían ceder al rey en caso de guerra, es decir, las ciudades tenían que responder a la llamada al fonsado del monarca con un mínimo de tropas y armas. Mientras tanto, estas tropas podían dedicar su belicismo a pequeñas rencillas por cuenta propia, a cabalgadas e incursiones. Las tropas que podían ofrecer las ciudades eran en su gran mayoría ballesteros, espaderos y cetratos, o lanceros con escudo. Dichas tropas servían a su concejo por un periodo de nueve meses en campaña militar, si en algún caso la llamada al fonsado del rey duraba tres meses, las tropas volvían a sus ciudades y les quedaban otros seis meses para cumplir sus obligaciones. Hay que tener en cuenta la estacionalidad de la guerra de la época, por tanto es de comprender que las campañas coincidiesen en tiempos de entre siembras.

  El caso de Medina del Campo (Valladolid)
El caso de Medina del Campo es común en las ciudades castellanas. El concejo de la villa estaba repartido entre varios linajes, en el S. XIII eran cuatro. Estos linajes tenían los diferentes poderes de la villa (recaudación de impuestos, justicia…) y se repartían en parroquias, cada parroquia de soldados seguiría en batalla a un capitán de un linaje o un pendón. En la batalla de Las Navas de Tolosa actuaron bajo el mando de Sancho VII de Navarra, esta vez sin pendón, pues el suyo fue capturado en Alacros.

El esquema de las milicias concejiles es propio de un ámbito urbano, con densidad de población. En el otro extremo nos encontramos las mesnadas feudales y reales. El sistema feudal estaba concebido para la guerra, cada señor feudal acudía a la llamada del “Primus inter pares” que era el monarca en caso de guerra con sus mesnaderos, es decir, sus guerreros propios, entrenados y equipados por él, que le acompañaban en batalla, guiándose por la heráldica de su señor. De aquellos territorios que se encontrasen bajo control directo del monarca se movilizaban las mesnadas reales, el equipamiento, entrenamiento y manutención corría a cargo del rey. Es de suponer que estaríamos ante la infantería regular de esta época pues su equipamiento era más pesado que la milicia concejil y más ligero que la caballería feudal. El arzobispo de Toledo hace referencia en 1211 a la cantidad de cotas de malla, ballestas y pertrechos que el rey entregaba a sus soldados en la campaña de Las Navas, señal de lo dicho.

La infantería medieval había perdido el protagonismo que tenía su precedente de la Edad Antigua, si bien componía el grueso de todo ejército, tenía un papel relegado a favor de la caballería. No obstante, las peonadas seguían manteniendo su importancia táctica en el campo de batalla. La ocupación física del terreno y la destrucción de su adversario eran sus principales cometidos, era una tropa barata de  equipar con armamento y protecciones ligeras. No contamos aquí a las bien equipadas órdenes militares y caballeros feudales a pie, que eran la infantería pesada de la época, y por tanto, casi siempre minoría.
   

El elemento decisivo: la caballería pesada feudal



La propia organización social plenomedieval daba como resultante un estamento únicamente dedicado a la guerra. Como diría Adalberón de León los “bellatores”, la nobleza de espada. Esta organización tiene su repercusión directa en una actividad básica como era la guerra, pues daba como resultante la aparición en los campos de batalla del caballero pesadamente armado y protegido, con una montura de calidad y un entrenamiento exhaustivo, consecuencias todas de su capacidad económica y símbolos de su estatus social. La nobleza vivía para la guerra, era una fuente de botín y expansión de feudos clave en el medievo, justificada siempre económicamente, cuando no esgrimiendo razones de tipo religioso como el caso de la Orden Teutónica en el Báltico y de la Reconquista en la península Ibérica.
En el caso que nos ocupa, la lucha contra el infiel, contra el moro, era un motor básico para la expansión; pero con matices que nos diferenciaban del Norte de Europa. Baste como ejemplo al respecto el abandono de los caballeros tramontanos que habían acudido a la cruzada de las Navas, pues el rey Alfonso VIII no toleraba pasar a cuchillo a toda población musulmana de una fortaleza que se rendía como fue el caso de Calatrava. Matices propios de ser enemigos de frontera, donde muchas veces prima el pragmatismo económico antes que el fanatismo religioso.

Así pues, el caballero cristiano además de un excepcional equipo y entrenamiento contaba con una base moral importante, él luchaba por la verdadera fe, para protegerla del enemigo musulmán, sea en Tierra Santa o en la Península. Se regía por un estricto código de honor, conformando la caballería como algo más que un arma; una forma de vivir acorde con unas normas; consciente de su misión en este mundo y dispuesto a llevarla a cabo.

Desde el punto de vista práctico, combatir a caballo da unas opciones que el combatiente a pie no tiene. Luchar en una montura implica estar a cierta altura sobre el infante, y por tanto tener una ventaja ofensiva. El arma más importante de la caballería es el animal en sí, el caballo ha sido desde su domesticación un arma, primero tirando de carros y luego portando jinetes, el  caballo da rapidez de movimientos, da fuerza de choque, y es además un arma moral; puesto que la infantería se enfrenta a una masa de caballos con sus respectivos jinetes bien pertrechados, lanzados al galope contra ellos. Sin duda, la visión de una carga de caballería en mitad de la batalla, unido al temblar creciente del suelo y el ruido producido por los cascos de los animales conforme se acerca el momento del choque hace en muchas ocasiones que la infantería bisoña o poco motivada de la espalda al enemigo y empiece a huir, desintegrándose antes del choque, dando la refriega por ganada. Si la infantería se mantenía firme y no reculaba el choque era brutal, y casi siempre acababa destruyendo la línea de infantería.

La caballería pesada hace de “ariete” móvil en el campo de batalla, sus cargas desbarataban cuadros de infantería, sembraban el caos y decidían batallas.

Como he ido desglosando, el movimiento estrella de la caballería es la carga. Esta maniobra consistía en lanzar una formación de jinetes que se situaban en orden cerrado, con la descriptiva orden de “rodilla con rodilla” formando una línea de caballeros con dos o tres en fondo, formación esta conocida como conrois. Los jinetes colocaban sus largas y pesadas lanzas asidas bajo el brazo derecho, y las riendas y el escudo en el izquierdo.

Podemos dividir la maniobra de la carga en dos fases:

-Primero: la formación de caballeros se encuentra con sus monturas sobre el campo de batalla, con las lanzas en posición vertical, apoyadas en el estribo derecho. Se selecciona el objetivo que recibirá el ataque, generalmente infantería que se sabía no huiría, pues si bien la carga es un movimiento demoledor puede ser contrarrestado como explicaré más adelante.
-Segundo: la formación avanza al paso durante unos metros, a la voz del capitán o del mando se cambia al trote. Cuando faltan unos cientos de metros para llegar al objetivo se da la orden de galope, los jinetes mantienen la formación con sus caballos. Finalmente se da la orden de carga,  los jinetes soltaban ligeramente las riendas para dar a las monturas toda la velocidad que pudieran y ponían sus lanzas en ristre es en este momento cuando se producía el dramático choque con el objetivo.

Hay que tener en cuenta que son meras conjeturas basadas en el esquema básico de las cargas de caballería en la edad contemporánea, era una sucesión de movimientos graduales que permitían parar la carga si era necesario además de cansar menos a las monturas.

Como dije antes la caballería pesada distaba de ser el arma definitiva, sus cargas podían ser contrarrestadas, con lo que su elemento básico que era la fuerza de choque se perdía, en esa situación el jinete sólo tiene la ventaja de la altura con respecto al infante, y si sumamos que por naturaleza, el caballero es minoría, estaría en inferioridad numérica y serían masacrados.
Por esta razón, los musulmanes empezaron a cambiar sus tácticas para frenar las cargas cristianas y poder rodearlas por los flancos. Claro ejemplo de esto es la batalla de Alarcos en 1195, en la que la carga del Rey Alfonso VIII es frenada en el centro, al tiempo que las alas de caballería ligera musulmana envolvían a los cristianos. Si la caballería no rompe, se rompe; si el ímpetu es contenido por una gruesa muralla de infantes y lanzas y no logra traspasarla, es derrotada.

Llegamos al punto de distinguir las dos concepciones de la guerra que se dieron en la Península en la Edad Media; mientras la esencia de la táctica cristiana es la carga, el ataque frontal; la musulmana consistía en contrarrestar el poder de la misma. Es la confrontación entre el caballero pesadamente armado y protegido, que monta a la brida y embiste con la lanza y el jinete musulmán, más ligero, poco protegido pero más veloz, que lanza jabalinas o flechas, monta a la jineta y usa la táctica de huída fingida para atraer al cristiano agotando sus monturas para posteriormente abatirlo. Táctica que como veremos utilizarán en las Navas, pero esta vez amoldándose al terreno.


16 de julio de 1212. La Batalla de las Navas de Tolosa

Llegamos al paradigma de batalla de la Reconquista, Las Navas, si bien no suponen un punto de inflexión decisivo para el devenir histórico peninsular y el proceso de expansión de los reinos cristianos hacia el Sur; sí afianzó ciertas disputas territoriales y sirvió para que un rey, Alfonso VIII se vengase de la derrota anteriormente sufrida en Alarcos.
Las Navas de Tolosa supone el ejemplo fehaciente del enfrentamiento campal de dos concepciones de la guerra en la Edad Media peninsular. Además del trasfondo simbólico, político y religioso que se encuentra detrás de un choque de culturas de este calibre. El enfrentamiento directo entre la Cristiandad y el Islam hace 800 años en tierras jienenses.

1-Prolegómenos. La marcha desde Toledo.
Convocada la cruzada por el papa Inocencio III a tenor de los acontecimientos de septiembre de 1211, la maquinaria feudal se apresuró de nuevo a la guerra. Esta vez con una campaña netamente ofensiva que tenía un único fin, la destrucción total del ejército califal movilizado el año anterior y que amenazaba la misma Toledo. Dicha ciudad fue tomada como punto de reunión de todas las fuerzas cruzadas para emprender la marcha hacia el Sur.
El 20 de mayo de 1212 se dieron cita en la capital del Tajo. El acantonamiento de los cruzados tramontanos en su mayoría fanáticos franceses provocó altercados como el intento de destrucción de la judería y la defensa de la misma por los castellanos.
El día 19 de junio el ejército se pone en marcha, con los reyes de Castilla y Aragón al frente. Desde Toledo al campo de batalla hay más de 180km, distancia que el ejército cruzado recorre en 24 días. En el camino toman con éxito las poblaciones de Alarcos y Salvatierra entre otras tantas, las que son ignoradas serían tomadas en menos de un mes.
Con la toma de Calatrava empezaron a verse las primeras desavenencias en el bando cristiano, los caballeros cruzados francos abandonaron la cruzada por considerar como traición el que el rey Alfonso VIII se negase a pasar a cuchillo a toda la población. Como explicamos antes, compartir frontera con tu enemigo hace primar razones pragmáticas al fanatismo religioso. En consecuencia la gran parte de los caballeros que habían venido con la cruzada desertaron emprendiendo su regreso a casa.
Pese a esto, el rey de Navarra, Sancho el Fuerte, se incorporó a la altura de Salvatierra  con 200 caballeros navarros, un número escaso como había sido el de los portugueses y leoneses, pero la presencia del rey navarro actuaba como símbolo de su compromiso. Así pues Alfonso VIII le entregó bajo su mando varias milicias concejiles castellanas, que como veremos, en Las Navas formaron bajo su mando directo. El ejército cruzado ya marchaba al completo. Los nobles en sus cabalgaduras de viaje, junto con sus escuderos y vasallos, los peones a pie y un largo tren de suministros para alimentar a los 12.000 ó 15.000 hombres que se estima componían el ejército (sin contar la corte de herreros, artesanos y demás personajes que pueden acompañar una fuerza en campaña)

2-Personajes clave.
-Alfonso VIII: rey de Castilla, es el personaje decisivo de la cruzada de 1212. Su derrota en Alarcos en 1195 le empujó a cobrarse la revancha aniquilando a campo abierto al enemigo musulmán. Es concebible que el grueso del ejército cruzado fuese castellano.

-Sancho II de Navarra: apodado “el fuerte” se incorporó a la cruzada días después de su partida de Toledo con 200 caballeros de élite. En Las Navas mandaría el flanco izquierdo cristiano, cuyas milicias castellanas  fueron las primeras en entrar en el palenque. De ahí viene el actual escudo de Navarra.

-Pedro II de Aragón: apoyó una vez más la cruzada del rey castellano como hizo en Alarcos. Mandó el ala derecha y fue el segundo monarca en aportar más tropas. Moriría un año después, en 1213 en  la batalla de Muret.

-Diego López del Haro: noble castellano que mandó la vanguardia de su rey aportando sus mesnadas y acompañado por consanguíneos suyos. Encabezó la carga de Las Navas. Años después mandaría un pequeño contingente castellano en auxilio del rey de León como refuerzo a la presión militar de aquel reino hacia el Sur.

-Al-Nassir: cuarto califa almohade, las fuentes nos lo describen como un buen estratega que había logrado triunfos para la Yihad. Después de su derrota regresó a Rabat para abdicar en su hijo. Murió un año después posiblemente asesinado.

-Arzobispo de Toledo Ximénez de Rada: uno de los principales valedores morales de la cruzada y principal cronista de la misma. A él se le deben la mayoría de testimonios que se tienen de la jornada del 16 de julio.

3-Movimientos previos.
Enterado el Califa de la marcha cristiana desde Toledo centra sus esfuerzos en complicar y atrasar su avance consciente de que ello mermaría la voluntad de los cruzados y llegado el momento del choque contaría con una ventaja adicional.
Los primeros contactos de las vanguardias cruzadas con las almohades se dieron en el paso de Muradal, el 13 de junio, bloqueado el paso por los musulmanes los cristianos deben encontrar otro lugar para avanzar. En este momento se percatan del tamaño del ejército con el que se tendrán que enfrentar.
Como si de una historia similar a la de los persas en las Termópilas se tratase; en el campamento cristiano se presenta un pastor señalando un paso por el que los cruzados podían pasar para encarar a  Al-Nassir. El día 14 de junio los cristianos asentaron su campamento en la cima de un alto conocida como Mesa del Rey.
El ejército califal se vio sorprendido por un enemigo que no esperaba todavía en una posición que no tenían prevista, la retirada no se consideraba una opción así que decidieron presentar batalla. No sin antes hostigar el campamento cristiano con tropas ligeras de tiradores que lanzaban lluvias de proyectiles sobre los cristianos con objetivo de que estos abandonasen su posición y se lanzasen a una carga desordenada como ocurrió en Alarcos con el resultado conocido.  Alfonso VIII prevenido de esto logró mantener la disciplina y evitó la salida precipitada, ordenando a los ballesteros y demás tropas de proyectiles cristianas que contraatacasen  las provocaciones musulmanas.

4-Táctica almohade y cristiana.
Como hemos señalado anteriormente, en la Reconquista se dieron dos concepciones distintas de la guerra. El ataque frontal representado por la carga de la caballería pesada y las tácticas musulmanas para contrarrestarla, como por ejemplo la huída fingida para agotar las monturas cristianas, y atacarles de nuevo con éxito.  En el caso de la batalla que nos atañe la táctica musulmana sólo pudo ser empleada en parte debido a las condiciones del terreno, una loma encajonada en dos riachuelos, con un frente de unos 3km de ancho.

5-Jornada del 16 de julio.
Así nos encontramos dos ejércitos frente a frente el día 16 de julio de 1212. Los cristianos debían cruzar el valle y subir la loma que les separaba de su objetivo, aproximadamente unos 3 km.
El organigrama de batalla cristiano presentaba una disposición similar a la de Alarcos, con peones mezclados con caballeros en vanguardia, medianera, y retaguardia. A su vez, las tres líneas estaban divididas en tres mandos
-El ala derecha a cargo de Pedro II de Aragón con tropas aragonesas y milicias castellanas. Su vanguardia estaba mandada por un noble llamado García Romero, su medianera por Jimeno Cornel y Aznar Pardo y la retaguardia estaba bajo mando directo del rey con sus nobles y prelados además de milicias aragonesas.
-El centro del dispositivo de batalla cristiano lo mandaba el rey Alfonso VIII. La vanguardia estaba a cargo del mismo noble que ocupó esa posición en Alarcos, Diego López del Haro con sus mesnadas, algunas milicias y voluntarios. La medianera del centro era ocupada por las Órdenes Militares anteriormente descritas reforzadas por  costaneras formadas por milicias castellanas y caballeros portugueses al mando de Gonzalo Núñez. La retaguardia era comandada por el propio rey de Castilla, con algunos de sus nobles, el arzobispo de Toledo con su milicia y los obispos de Palencia, Sigüenza, Osuna, Plasencia y Ávila.
-El flanco izquierdo corría a cargo de Sancho VII de Navarra, apodado “el fuerte”. En vanguardia disponía de los restos de los caballeros ultramontanos, tropas navarras y las milicias de Segovia, Ávila y Medina del Campo, con la presencia del Arzobispo de Narbona. La medianera se componía de voluntarios portugueses y milicias. La retaguardia estaba bajo el mando directo del rey navarro con nobles y mesnadas reales navarras y algunas milicias del mismo origen.
En total se estima en unos 15.000 soldados en el bando cristiano el lunes 16 de julio.

Por su parte, el ejército califal de Al-Nassir tenía una organización distinta, con un gran cuerpo central destinado a absorber el impacto de la carga cristianas, y unas alas enteramente de caballería destinadas a envolver a los cruzados. En vanguardia se encontraban las tropas andalusíes, detrás de ellos los voluntarios de la fe, fanáticos norteafricanos movilizados por los unionistas. El cuerpo central lo formaba una masa de infantería almohade destinada a frenar totalmente a carga cristiana si no había sido parada por las otras dos líneas anteriores además de ofrecer una protección adicional a la caballería. Como hemos dicho, las alas se reservaron para la caballería, formada por mercenarios árabes y turcos, además de tribus magrebíes, veloces y ligeros en sus monturas.

Detrás de este dispositivo nos encontramos con una fortificación de campaña, llamada palenque, donde estaba la tienda del Califa, rodeada de la guardia personal de Al-Nassir.
El palenque consistía en una cerca hecha con troncos, cestones y demás objetos que pudieran formar una muralla, incluidos los famosos negros del califa, esclavos fanáticos encadenados unos a otros para evitar su huída y armados con lanzas.
Las fuentes coinciden en que suponían unos 20.000-25.000 musulmanes.
El gran problema del ejército Califal era la propia naturaleza del mismo, con unos pueblos tan diferentes bajo el mismo mando los problemas eran comunes, el problema de la organización estatal almohade y los contingentes tribales a su mando hacía peligrar la unión en el campo de batalla como se verá con las tropas andalusíes.




La batalla empezó con la carga de la vanguardia y medianera cristianas en bloque. La primera línea almohade, las tropas andalusíes huyeron en desbandada.
Podía suponerse que empezaban a usar su táctica de la huída fingida, pero en realidad se estaban retirando del combate por el descontento provocado con la ejecución por parte de Al-Nassir de un jefe andalusí al rendir precipitadamente una fortaleza a los cristianos.
La carga cristiana arremete contra la segunda línea almohade y la destroza. Al tiempo las alas de caballería del califa avanzan loma abajo para flaquear al ejército cruzado que se encuentra concentrado en el ataque frontal.
Hasta este momento la batalla se está desarrollando como en Alarcos, los cristianos están siendo rodeados, y el empuje de su carga está siendo contenido por el cuerpo central almohade. La caballería se mantiene, pero algunas milicias concejiles empiezan a flaquear y retirarse, dejando a la caballería sin el apoyo vital de la infantería.
La batalla entraba en su momento decisivo. Los caballeros cristianos del centro masacran la gruesa muralla de infantería que había dispuesto Al-Nassir, su esfuerzo parece no servirles de mucho, se están cansando y la carga ha perdido el impulso sin el cual de poco sirve. Las alas de caballería almohade  han rodeado casi por completo a los cristianos. En el campo cruzado son muchos los que ven el desastre, pero Alfonso VIII ordena cargar con la retaguardia del ejército. Los tres reyes cristianos se lanzan al galope con sus respectivas tropas y toman por la espalda a la caballería árabe masacrándola, los reyes se dirigen hacia el centro del combate, cosa que anima a los cristianos. Así se van abriendo por el cuerpo central almohade desintegrándolo  y llegando hasta el palenque.



Cuando los cruzados logran penetrar en la fortificación de campaña Al-Nassir hacía tiempo que había huido, y el degüello cristiano fue terrible, la fortificación había sido tomada como refugio de las tropas del ya deshecho ejército califal, y ahora, todas las huestes cristianas confluían a ese punto. El combate cuerpo a cuerpo dio una vez más la ventaja al caballero feudal pesadamente armado que desmontado o a caballo era un enemigo difícilmente abatible.

6-Huída almohade, triunfo cristiano.
El derrumbamiento del ejército almohade fue seguido de una carnicería en su persecución por parte cristiana, la victoria era absoluta. Los obispos habían prohibido el saqueo hasta que el enemigo no fuera totalmente derrotado, pero poco importó. Lo único que salvó los pocos restos que quedasen del ejército califal fue el anochecer que impidió la persecución.

El triunfo cristiano significó el aniquilamiento de 20.000 combatientes almohades, pero estuvo lejos de acabar con ese imperio en Al-Ándalus. El imperio Almohade caería años después por motivos que poco tienen que ver con Las Navas. No obstante, la cruzada no acabó con la batalla, los cristianos continuaron su avance hacia el Sur, tomando una a una las ciudades de Vilches, Baeza y Úbeda. Semanas después el agotamiento de la campaña se hizo patente y los cristianos se retiraron. Quedando el impulso de la cruzada diluido en 1214.

La victoria fue celebrada en cada rincón de la Europa Occidental, la Yihad del Sur había sido frenada y los enemigos de la fe derrotados. Por aquella época la cristiandad tenía otro frente en Tierra Santa que comenzaba a flaquear, la victoria en la Península Ibérica era sin duda una buena noticia.

El triunfo vino a solventar el litigio territorial que sostenía castilla con los almohades en la posesión de las tierras entre el Tajo y Sierra Morena, ahí reside la verdadera trascendencia de Las Navas, en confirmar un gran avance castellano hacia el Sur. En la generación siguiente, y con la desintegración del Imperio Almohade los cristianos penetrarán en le valle del Guadalquivir llegando a tomar Córdoba en 1236 y Sevilla en 1248 después de 15 meses de sitio.

La Yihad nunca volverá a movilizar tal contingente de tropas hasta el final de la Reconquista con el asedio de Granada en 1492.


Conclusión.


Este trabajo me ha llevado a analizar de forma concisa un periodo de la guerra desconocido para mí, llegando a comprender un poco más en profundidad cómo era la guerra medieval. Una guerra de sitios y pequeñas acciones en frontera, donde las Órdenes Militares no eran tanto como se puede suponer, y la guerra se desarrollaba con incursiones llevadas a cabo de forma semi autónoma por nobles y concejos. Los asedios a castillos y ciudades conformaban el resto del panorama bélico, donde las batallas campales eran una clara excepción, pero cuya épica había logrado eclipsar la historiografía militar.
Por otra parte, resulta paradójico que el ejército medieval de la cristiandad tenga como arma estrella la caballería pesada y como movimiento estrella o acción clave la carga; elementos todos que demuestran su valor en un enfrentamiento directo y la embestida a campo abierto más que un asedio a un castillo.

La trascendencia de Las Navas de Tolosa fue excepcional en vista de la cantidad de recursos que movilizó y del objetivo claro de la campaña, elementos nada comunes en la guerra medieval. Esto me ha demostrado que las nociones de orden, intendencia, disciplina, táctica y estrategia estaban muy presentes en la Edad Media.


Las Navas  se ha convertido gracias a la historiografía en un símbolo nacional de primer orden a la altura de Covadonga, las crónicas cristianas la describen como el triunfo de la fe sobre el Islam. Y en cierto modo lo fue, pero no tuvo esa vital importancia para frenar a los almohades puesto que desde hacía siglos toda penetración más allá del Duero quedaba por imposible.

He intentado desglosar de manera sencilla y clara los pormenores de la guerra en la Plena Edad Media peninsular con las publicaciones a mi alcance y ayuda de mi experiencia recreacionista.

  

Bibliografía consultada.

-GARCÍA FITZ, Francisco. Las Navas de Tolosa, 1ª Edición. Barcelona: Ariel, 2005.

-RODRÍGUEZ-PICAVEA MATILLA, Enrique. Las Órdenes Militares en la frontera, 1ª Edición. Madrid: Universidad Autónoma, 1995.

-GARCÍA FITZ, Francisco. Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa frente al Islam. Siglos XI-XIII, 1ªEdición. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2002.

-Grupo de recreación histórica medieval “Feudorum Domini”.

-MENÉNDEZ PIDAL, Gonzalo. La España del Siglo XIII leída en imágenes, 1ª Edición. Madrid R.Academia de la Historia, 1986.


[Trabajo realizado por Andrés Lloret Vargas]




Julio de batallas

Julio de 2012, julio de batallas, de recuerdo de unas y de otras muy reales. La semana pasada el gobierno del PP aprobó más (sí, más) recortes que afectan a los ciudadanos. Las protestas no se hicieron esperar y aún continúan (y continuarán). Esa es la batalla que tenemos en la actualidad toda la Ciudadanía, echar a este gobierno y sus recortes. 


Pero retrocedamos en el tiempo, cuando el enemigo daba la cara. El 16 de julio de 1212 en los campos de Al- Andalus se libró una de las mayores batallas de la Europa medieval con cerca de 40.000 soldados en combate. Aquel caluroso día, las tropas de los reyes de Castilla, Aragón y Navarra derrotaron a las almohades en la batalla de las Navas de Tolosa. Para saber más obre el tema: GARCÍA FITZ, Francisco. Las Navas de Tolosa, Ariel, Barcelona, 2005.



Hace 200 años, un 22 de julio, las tropas aliadas (británicos, portugueses, españoles) de Wellington 
 derrotaron a las napoleónicas de Marmont en la batalla de Arapiles (Salamanca). 



domingo, 8 de julio de 2012

DE BOUVINES A LAS NAVAS, LA BATALLA COMO PRETEXTO



El lunes 16 de julio de 1212 se libró la batalla de las Navas de Tolosa,  el domingo 27 de julio de 1214 la de Bouvines, y a caballo entre ambas la de Muret el jueves 12 de septiembre de 1213. En poco tiempo tres batallas campales decisivas que abrían el siglo XIII y marcaban el destino, la primera afianzaba la Reconquista y abría el valle del Guadalquivir a los castellanos, la segunda marcaba el despegue definitivo de la monarquía capeta, y la última suponía el ocaso de una Corona de Aragón ultrapirenaica. Todas ellas tienen algo en común: son batallas campales y las tres tuvieron importantes consecuencias geopolíticas y socioeconómicas. Constituyen una rareza, pues la Historia Social de la Guerra ha demostrado la extrañeza de este tipo de combates en la guerra medieval, guerra que era más de  razias y escaramuzas, apropiación y destrucción de recursos, asedios y bloqueos.

George Duby dedicó una magnífica obra a la batalla de Bouvines, Francisco García Fitz a la de las Navas. Las obras de sendos autores tienen algo en común: utilizan la batalla como pretexto para hablar de muchos otros aspectos. Lo que por el título del libro podrían parecer obras de la tradicional historia militar esconden, gracias a sus autores, una visión de toda una época descrita al contextualizar a la batalla y sus participantes en una época, en una estructura política, socioeconómica y mental plenomedieval. 

George Duby (1919 – 1996), reputado medievalista francés se encuadra dentro de la tercera generación de Annales, publicó El domingo de Bouvines en 1973, siendo publicado en castellano en 1988. Bouvines es su excusa para hablar de una época, sus gentes y su mentalidad. Así pues, narra cómo cuando Francia aún no era Francia, con el sur dominado por la herejía y el norte acosado por el Emperador unido al rey de Inglaterra, la monarquía capeta refuerza su autoridad interna y externa venciendo el domingo 27 de julio de 1214 a los enemigos externos y a los rebeldes de Flandes. En su relato, Duby inserta la crónica de Guillermo el Bretón, espectador privilegiado del acontecimiento, el cual describe, no sin parcialidad. Guillermo el Bretón no es objetivo (ni pretendía serlo) pues ensalza al rey Felipe II y denosta a sus enemigos,  glorifica a los nobles caballeros y desdeña a los peones de infantería. Duby parte de ahí para explicar el mundo mental de aquellos caballeros que combatieron en Bouvines, de aquellos eclesiásticos que predicaban la paz de Dios, de aquél rey que recibió el apelativo de Augusto y aquél cronista que dejó constancia de los hechos. El domingo de Bouvines es una obrita por su número de páginas (apenas 200) pero una gran obra ¿de qué? Es una obra de divulgación, de microhistoria, de historia de las mentalidades… El domingo de Bouvines significó mucho en 1214, significó mucho en 1973 y sigue significando mucho hoy en día, ya no en el lejano campo de batalla del norte de Francia sino en la historiografía.

Recogiendo el testigo del Bouvines de Duby, Francisco García Fitz, medievalista español y profesor en la Universidad de Extremadura, publicó en 2005 Las Navas de Tolosa. En dicha obra, García Fitz, habla desde la forma de hacer la guerra medieval hasta la ideología de Reconquista y Cruzada, pasando por los recursos económicos que sostuvieron la empresa emprendida por Alfonso VIII de Castilla y a la que se sumaron los reyes de Navarra y Aragón. Comienza recapitulando sobre la historiografía, un estado de la cuestión sobre el estudio de la batalla medieval y la construcción del mito sobre las Navas, encuentro bélico singular y excepcional, continúa explicando la coyuntura política que hizo posible la alianza cristiana que combatió en julio de 1212 a los almohades, prosigue hablando de la economía y la ideología para acabar desembocando en las características militares de la batalla propiamente dicha. García Fitz concluye cuestionando que las Navas de Tolosa fuese una batalla decisiva pues la expansión castellana por el Guadalquivir se produjo más de una década después. Y en la bibliografía citada al final de la monografía, cita a Duby, cita  El domingo de Bouvines. Acabó citando las últimas líneas de la obra de García Fitz que resume muy bien su análisis e interpretación:

Las Navas fue, pues, un acontecimiento militar fuera de lo común por los recursos puestos en liza y por la rareza misma de tales operaciones en las tradiciones militares medievales, pero no fue una batalla decisiva. No creemos estar cayendo en un supuesto de “historia-ficción” si afirmamos que los desarrollos históricos que le sucedieron eran perfectamente posibles y probables sin necesidad de que aquélla se librara o si su resultado hubiera sido distinto. Las Navas no decidió la Historia de loa Estados peninsulares en la Edad Media, pero ratificó procesos de largo alcance y tendencias de fondo. De ahí que haya quedado como expresión simbólica de todo ello.

En julio de este 2012 se cumple el VIII Centenario de las Navas de Tolosa, dentro de dos años el de Bouvines.