miércoles, 26 de septiembre de 2012

martes, 25 de septiembre de 2012

Liberad al Congreso

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25S: ¡Liberemos al Congreso de su secuestro!

Esther López Barceló
Diputada de Esquerra Unida del País Valencià en Les Corts
Alberto Garzón Espinosa
Diputado de Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados

¡Esto es un secuestro! La democracia, para ser tal, ha de servir al pueblo, residir en el pueblo y emanar del pueblo. Y por ello ha de estar sujeta a leyes, elaboradas a partir de la razón y de la justicia, que salvaguarden los derechos fundamentales de la ciudadanía y los antepongan ante cualquier otro poder. Y precisamente por ello lamentamos y denunciamos que en nuestros días la democracia y sus leyes estén secuestradas por poderes económicos ajenos a la razón y a la voluntad popular.
La crisis económica no ha hecho sino mostrar la verdadera esencia de unos mecanismos que hasta ahora se habían presentado como democráticos y que, por el contrario, ahora se revelan inútiles en la función de representar la voluntad popular. Y esto es tan grave como decir que no tenemos ningún control sobre nuestras condiciones de vida y sobre el modo en que nos organizamos como sociedad.
Cuando un gobierno rompe el único vínculo que le une con la ciudadanía, que es el programa electoral que se compromete a cumplir, está violando la legitimidad de la soberanía popular y deslegitimando su propia existencia. Desde luego ello es legal, pues no hay ningún fundamento jurídico que le impida hacerlo, pero supone también que estamos ante algo injusto e ilegítimo.
La falta de respeto por los principios democráticos de nuestros gobernantes, unida a su mediocridad y su afán por imponer sus planes son las causas de que sólo sepan actuar mediante la represión policial y el recurso de cita ininterrumpida del corpus jurídico del statu quo. ¡Cómo si no supiéramos discernir qué es legal o no dentro de este marco!
Este sistema aparentemente democrático se nos vendió como el diseño más perfecto para nuestro país, capaz de protegernos y garantizarnos derechos sociales. Nos dijeron que era un sistema que nos proporcionaba capacidad para decidir.
Más de treinta años después una nueva generación afrontamos un dramático escenario. Somos la llamada “generación perdida”, la juventud sin futuro. Y ahora que nos levantamos para reclamar democracia –porque queremos decidir sobre nuestras vidas- y justicia –porque queremos vivir en paz- nos sentimos totalmente abandonados a nuestra suerte; aquella que decidieron otros. Y la más amable respuesta que obtenemos es la llamada al exilio, esto es, a la búsqueda de esperanza fuera de nuestra tierra.
Sufrimos la persecución cuando nos rebelamos y  cuando contestamos los ataques de unos gobiernos que roban nuestras esperanzas con infames excusas. De hecho ya no hace falta haber vivido la dictadura franquista para contar aquello de “corrimos delante de los grises”, pues muchos de los que nacimos tras la muerte de Franco ya lo hemos tenido que hacer.
Nos persiguieron e inventaron atestados policiales cuando emergimos en la primavera valenciana; nos intentaron expulsar de las plazas donde acampamos; nos persiguieron cuando participamos en la Huelga General, nos criminalizaron salvajemente por empujar carritos de la compra mientras denunciábamos el hambre creciente.
Nos criminalizan por poner nuestro cuerpo de trinchera ante un desahucio; nos criminalizan e identifican policialmente por reunirnos en un parque público como el Retiro para debatir sobre política; nos criminalizan, en definitiva, porque estamos poniendo de manifiesto que lo que un 23 de febrero no acabó de fraguar se está permitiendo que prospere cada día de forma legal.

Empezaron cambiando la esencia del principio constitucional, que garantizaba la aplicación de derechos fundamentales, para priorizar el pago a las entidades financieras. Aprobaron una amnistía fiscal que permitió que los delincuentes de cuello blanco, estafadores que merman la sanidad y educación pública, quedaran indemnes de cualquier sanción. Aprobaron una reforma laboral que dinamitó nuestra defensa ante la explotación laboral, permitiendo enmascarar despidos improcedentes en despidos objetivos. Legalizaron el racismo en la sanidad pública. Incrementaron las tasas para obstaculizar a los más pobres el acceso a la educación. Rescataron y rescatan a los bancos, haciendo un bote común con nuestros impuestos, mientras nos expulsan de nuestras casas tras habernos expulsado de nuestros trabajos.
Dicen que queremos dar un golpe de Estado. Pero no es cierto. Lo que queremos es dar un golpe encima de la mesa. Queremos alcanzar la democracia. Queremos una legalidad que nos represente y nos defienda. Queremos vivir sin miedo. Porque tenemos propuestas, reivindicaciones, necesidades. Porque el 25S es un arma cargada de propuestas de futuro. Porque para poder recuperar nuestra soberanía, nos hemos dado cuenta de que es imprescindible un Congreso liberado."





domingo, 23 de septiembre de 2012

La mayoría absolutista del PP, las pesadillas de España y el 25S

"El martes no arderá el Reichstag


Por muy quemado que ande el país, no parece probable que nadie vaya a prenderle fuego a nuestro parlamento el próximo martes. Esto no es el Reichstag ni, pese a todas las apariencias, estamos en 1933. Y, aunque a más de uno nos gustaría ocupar en realidad el Banco de España, si es que sigue existiendo, tampoco parece razonable la criminalización del llamamiento a ocupar el Congreso de los Diputados, en una acción prevista para el próximo 25 de septiembre y que ha llevado a blindar la Carrera de San Jerónimo como si fueran a llegar los mineros a regalarle carbón a sus señorías, o los jornaleros de Sánchez Gordillo a cultivar los escaños improductivos.
La transición ha muerto y quizá por ello Santiago Carrillo decidió irse esta semana mientras dormía la siesta: toda una metáfora machadiana para una España que no despierta sino que sueña pesadillas al pairo de la nana siniestra de un rescate cuyas noticias llegan por goteo. Al menos, hasta que termine por ahogarnos una lluvia otoñal de hombres de negro, una oscura tormenta de troikas y sabelotodos, de esos que bajan el IRPF a las empresas y los suben a los currantes, de esos que se apresuran a inyectar dinero público a los bancos y lo racanean a las comunidades autónomas que no son de su cuerda.
España no se rompe como pregonan José María Aznar y el Financial Times. El Estado español de la transición democrática ya se ha roto, pero no es la ruptura que buscaban los antifranquistas de los años 70, sino el producto del choque de trenes entre los distintos imaginarios nacionalistas de este país; el del españolismo unívoco, que busca su identidad perdida indistintamente en Ortega y Gasset, en los Reyes Católicos y en un imperio donde se puso el sol hace mucho; o el de una periferia que dejó de creer que Madrid condujese directamente al cielo. Ya no somos europeos, sino un poquito alemanes. Viva de nuevo Carlos V.
Resucita la España invertebrada, la de la restauración decimonónica que, todo lo más, acepta el quiero y no puedo de tres nacionalidades históricas sin derecho siquiera a llamarse nacionalidades. Y agoniza, desde luego, la España del café para todos, la del estado de las autonomías tal como lo hemos concebido durante los últimos treinta años, el vestíbulo de un Estado federal que nadie quiso creerse a pies juntillas como si Pi y Margall no hubiera existido nunca.
El botín sigue siendo de don Emilio. Mas quiere más pero no sabemos qué quiere Rajoy. Gaspar Llamazares exige más izquierda y Julio Anguita, más Constitución. Independencia, gritan por las calles de Barcelona. Independencia, deberíamos reclamar esa España toda a la que de carnaval vestida nos la siguen poniendo. Pobre, escuálida y beoda.
Quizá el martes tendríamos que ocupar Bruselas y Estrasburgo, tomar Baviera como si fuéramos Leonard en Manhattan. Pero entendemos por qué ese día una muchedumbre marchará rumbo a la Carrera de San Jerónimo aunque el congreso mundial de antidisturbios se lo vaya a impedir  y del estruendo de la ignorancia, o de que aquí y allá se siga utilizando el fanatismo religioso para acallar las protestas razonables o las reformas educativas se centren más en la educación para la ciudadanía que en los logaritmos y en la igualdad de oportunidades.
En esta vieja Península, hay mucha fatiga pero no es la que suelen delatar los periódicos. Es el cansancio de comprobar como podemos pasar de un político que termina en la cárcel por corrupto como pudiera ser el hasta ahora alcalde de Orense, a un corrupto salido de la cárcel que quiere meterse a político como Mario Conde. Es el hastío de que Esperanza Aguirre vaya a presentarse al casting como croupier de Eurovegas después de que haya logrado que la banca siempre le gane a los madrileños. Pero es, sobre todo, el hartazgo de que en dicha cámara y bajo una mayoría absolutista que ha usado en vano el nombre de sus votantes, decida invertir más en armamentos que en ayudas sociales, o vaya a estrangular a los más humildes en vez de cortarle pronto el cuello a este sistema cruel. Así lo proponía Federico García Lorca hacia 1933, cuando ardía el Reichstag y los nazis, que fueron los más beneficiados por dichas llamas, culparían de ese crimen de lesa patria a los comunistas.
Una hoguera de euros calcina la soberanía de este país. Buscad a los pirómanos entre aquellos que piden mano dura para quienes tan sólo pretenden salir a la calle a gritar fuego, a avisar de que viene el lobo; o, si acaso, a intentar entre todos, como mejor sepamos, apagar sus brasas.

Juan José Téllez"



lunes, 17 de septiembre de 2012

Inicio de curso 2012


REGRESO A LAS AULAS EN EL CAMPUS
La universidad destina a nóminas cada euro que ingresa por proyectos

La institución acumula ya meses sin pagar a proveedores por la falta de liquidez y los recortes . El descontento de profesorado, alumnado y personal de servicios auguran un inicio de curso convulso
J. OTO 16/09/2012

El curso universitario 2012-13 que comienza mañana será, otra vez, el más difícil de la Universidad de Zaragoza. La precariedad económica en la que se encuentra sumida la institución académica con una deuda de 19 milones de euros se ve agravada por nuevos recortes por parte de la DGA, que, aunque asegura haber mantenido la partida básica, ha incumplido, según el rectorado, tanto el acuerdo de financiación como el plan de infraestructuras. De hecho, esa partida básica cubre el 81% de las nóminas, una cantidad insuficiente para la institución académica.
El cumplimiento de pagos de salarios es, sin duda, el gran quebradero de cabeza. Por ahora, la universidad está al día. "Es en lo único en que cumplimos aunque para ello se está asfixiando el resto de vida universitaria", confiesan desde el rectorado, que admite destinar a sueldos cada euro procedente de proyectos de investigación. "No podemos encargar gas para laboratorios ni destinar dinero a equipamientos para investigar porque no pagamos a la empresa", admiten desde el campus.
Porque la universidad también reconoce que no paga a sus proveedores "desde enero e, incluso, en algunos apartados, desde el año pasado". De hecho, Endesa ya amenazó con cortar la luz si desde el campus no se satisfacía parte de los 2,5 millones que le adeudaba, algo que la universidad hizo en el último momento.
Educación ha satisfecho la práctica totalidad de la deuda que mantenía con la universidad, aunque el resto de departamentos suma 11 millones de euros pendientes de abono. La estrechez financiera afecta a los convenios que soportaban actividades académicas específicas como los máster de salud pública, o de medicina de montaña o los relacionados con servicios sociales. "En todos se ha cerrado el grifo por parte de la DGA y se han quedado sin financiación", expresaron desde la universidad.
INFRAESTRUCTURAS
La falta de dinero ha supuesto, asimismo, la paralización de las obras de la Facultad de Educación cuando estas entraban en su recta final, lo que, según los cálculos del rectorado, acarrerará duplicar el coste de lo que quedaba pendiente de abonar a la empresa encargada de las obras. Así, los 5 millones de euros que dejará pendientes de pago la universidad se convertirán en 10 debido a los costes provocados por las rescisiones de contrato, con las consiguientes penalizaciones.
Pero esa suspensión también arrastrará a la Facultad de Filosofía y Letras, que no se acometerá hasta que concluyan los trabajos en Educación. La universidad considera Filosofía la tarea más urgente cuando se disponga de dinero.
TITULACIONES
Lo que no cambia este curso será el mapa de titulaciones. La oferta de grados se mantiene, pero la universidad sí está acometiendo una reordenación de másteres. De hecho, habrá supresiones y se contraerá la oferta. "Se va a revisar a la baja el mapa actual y, si ahora hay una oferta de alrededor de 60, pasarán a ser pocos y de mucha calidad", indicó el vicerrector de Política Académica, Fernando Beltrán.
Sin duda, los postgrados serán los principales damnificados debido al aumento de coste, que ha afectado a los másteres no profesionalizantes. Así, la matrícula en estos estudios ha pasado de una media de 1.700 euros por curso completo el año pasado a unos 3.000, lo que ha supuesto un "descenso significativo de matrículas", del 20%, aunque menor de lo esperado desde la universidad. El único máster profesionalizante que se imparte --el de profesorado de Secundaria-- sufrirá el mismo incremento que los grados, es decir, el IPC.
Precisamente, impedir un aumento de tasas en las carreras ha sido, sin duda, el gran logro de cara a un curso marcado por fuertes incrementos en el coste de las primeras y segundas matrículas en otras universidades. Rectorado y consejería acordaron dejar la subida en la misma de años anteriores, con lo que el 3,6% de incremento se traducirá en entre 33 y 56 euros anuales por curso. Más caro será la tercera y cuarta matrícula, que subirá 20 euros por crédito.
De momento, las inscripciones van por buen camino. Las matriculaciones se cierran el 5 de octubre, pero la universidad prevé una cantidad ligeramente mayor de alumnos respecto al año pasado."En crisis, la gente tiende más a formarse", apuntan desde la institución.
MOVILIZACIONES
Otra profunda transformación afectará a las becas, que deberán ser devueltas si el alumno supera el 50% de la asignatura. Asimismo, el ministerio también ha decidido subir a 5,5 la nota exigida para acceder a ella. Sim duda, estos dos apartados encabezan las movilizaciones de alumnos que tuvieron lugar a finales de curso pasado y que podrían reavivarse a partir de ahora. La universidad, de hecho, prevé una apertura de curso "movida" debido al descontento generalizado también en profesores y personal del PAS.


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viernes, 7 de septiembre de 2012

Borodino 1812 -2012

El 7 de septiembre de 1812 tuvo lugar una de las más cruentas batallas de las Guerras Napoleónicas. 



Napoleón consiguió una victoria táctica ante las tropas rusas, entrando días después en un Moscú desierto...


El 28 de septiembre de ese mismo año, en una España en guerra, el diario El Conciso de Cádiz recogía la noticia de la batalla en sus páginas 5 y 6:






sábado, 1 de septiembre de 2012

"La ocupación del lenguaje"

Artículo publicado en "El País":

http://elpais.com/elpais/2012/06/06/opinion/1338982268_785200.html



La ocupación del lenguaje

La derecha no solo disfruta de un poder político y económico indiscutible sino que también busca la hegemonía cultural. Para hacerlo, procura desacreditar el progresismo valiéndose muchas veces de su discurso




Actualmente la derecha acapara un inmenso poder político y económico. Pero además de imponer en toda su radicalidad el modelo neoliberal, trata de operar un cambio de mentalidades que lo normalice y con ello ejercer la hegemonía cultural mediante el control de las representaciones colectivas. Este proyecto se sustenta en una campaña sistemática de autolegitimación y descrédito de los argumentos progresistas, en coordinación con la derecha mediática mayoritaria, cuyas estrategias discursivas fundamentales son:

La creación y propagación de conceptos.Propias o prestadas, las nuevas nociones trazan un mapa de la vida pública, sus actores y sus conflictos: competitividad, moderación salarial, dar confianza a los mercados, privilegios (para denominar derechos), copago. Se exponen como verdades incuestionables pero su sentido y alcance nunca se explicitan, pues parecen lograr mayor eficacia práctico-política cuanto menor es su precisión semántica. Por ejemplo, “libertad” asume un significado muy cercano a “seguridad”. El eslogan de la BESCAM en Madrid lo ejemplifica: “Invertir en seguridad garantiza tu libertad”. Como en la “neolengua” de Orwell, las nuevas nociones son a menudo “negroblancos”, inversiones del significado común de los vocablos. El “Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos” es el programa de recortes del gobierno de Castilla-La Mancha. El “proceso de regularización de activos ocultos” de Montoro es una amnistía fiscal.


Klemperer narra que la población alemana no hizo suyo el lenguaje de los nazis a través de sus tediosas peroratas, sino por medio de expresiones repetidas de modo acrítico en los contextos de la vida cotidiana. Las palabras de los actuales líderes de la derecha no son menos letárgicas. Sus muletillas (“no se puede gastar lo que no se tiene”; la sanidad “gratuita” es insostenible; solo nosotros tenemos “sentido común”) contrarían cualquier prueba de verdad o validez normativa: el capitalismo financiero se basa en el crédito, o sea, en “gastar más de lo que se tiene”; la sanidad pública no es gratuita, sino financiada colectivamente; y es una inversión ideológica y un dislate suponer que cabe sentido común en el hecho de reclamarlo como propio y exclusivo, es decir, como no común. Pero por su simpleza, su fuerte arraigo en la doxa y su apariencia no ideológica, tales expresiones consiguen adhesión.
La usurpación de la terminología del oponente. Nadie es dueño del lenguaje, pero las expresiones se adscriben legítimamente a tradiciones, relatos e identidades políticas determinadas. Al usurpar los términos de la izquierda, la derecha neutraliza y a la vez rentabiliza su sentido contestatario. Esperanza Aguirre afirma que las políticas de los sindicatos “son anticuadas, reaccionarias y antisociales”. Palabras como “cambio” o “reformas”, antes vinculadas a proyectos progresistas, disfrazan ahora contrarreformas. Rajoy dijo en la conmemoración oficial de la Constitución de 1812: “Los gaditanos nos enseñaron que en tiempo de crisis no solo hay que hacer reformas, sino que también hay que tener valentía para hacerlas”. Sustentándose en la reputación de espacios y tiempos institucionales, los actuales recortes se invisten del valor simbólico de reformas históricas.
La estigmatización de determinados colectivos. Médicos, enseñantes, funcionarios, estudiantes y trabajadores fijos son descalificados. Al disfrutar de supuestos “privilegios”, parecen co-responsables de la situación actual. Desprestigiándolos se puede activar un malestar social basado en el rencor, la envidia y el miedo, y socavar la reputación de lo público para justificar su liquidación. Se alude a los desempleados como beneficiarios de la reforma laboral, pero se les supone holgazanes que deben redimir su inutilidad con labores sociales. Un empresario farmacéutico, Grifols, propone como solución donar sangre: “En épocas de crisis, si pudiéramos tener centros de plasma podríamos pagar 60 euros por semana, que sumados al paro son una forma de vivir”. El parado se convierte así en un desecho cuyo cuerpo puede ser mercantilizado. El siguiente paso podría ser la venta de órganos o de los hijos a los que no se pueda mantener. Los primeros ajustes en la sanidad pública penalizan a un nuevo apestado, el enfermo, lo señalan como causante del déficit, y exigen que (re)pague por su debilidad. Si la estigmatización es el paso previo a la expulsión, como ya ocurre con los sin papeles, otros muchos colectivos podrán ser excluidos.
Un método de argumentación basado en la simpleza y la comprensión inmediata. De nuevo, el “sentido común”, ritornellofavorito de Rajoy, sustenta este procedimiento. Formas de razonamiento y esquemas mentales al alcance de todos hacen posible que las ideas y soluciones impuestas sean aceptadas como conclusiones propias, expresiones de un pragmatismo irrefutable y del interés colectivo. Se apela así a espacios imaginarios de consenso de los que el oponente no puede autoexcluirse: “No es una cuestión de izquierdas o de derechas, sino de sentido común”, afirma Alicia Sánchez-Camacho.
El eufemismo, la atenuación y la exageración, el defender premisas contradictorias, se han normalizado en el repertorio retórico derechista: Rajoy afirma que hará “cualquier cosa que sea necesaria, aunque no me guste y aunque haya dicho que no la iba a hacer”. La reducción de profesores interinos “no se puede plantear en términos de despidos —alega el ministro Wert—, sino de no renovación de contratos”. Beteta generaliza burdamente: los funcionarios “deben olvidarse de tomar el cafelito, deben olvidarse de leer el periódico”.
La construcción de marcos de sentido. La acción del gobierno de Zapatero era tachada de improvisada, mendaz e insensata. Establecido ese marco, cualquier medida gubernamental corroboraba la imputación general y así se lograba una incontrovertibilidad que desconocen las fórmulas dialogantes. En el espacio público se tiene más poder cuando se controla el marco de lo decible y discutible. La derecha es magistral utilizando esta estrategia, pero tras una prolongada degeneración de la vida pública, de la que el PSOE es corresponsable, se ha consolidado una visión consensual indistinta de la lógica del sistema: no hay más que una realidad y ninguna opción para interpretarla.

Una táctica de “orquestación”. La reiteración machacona de una consigna (y no de un argumento, como sugiere la equívoca noción de “argumentario”) a varias voces, en momentos y lugares distintos, es habitual: “los interinos han entrado a dedo”, “los sindicatos viven de las subvenciones”, “los profesores trabajan poco”, etcétera. “Lo que digo tres veces es verdad”, afirmaba el Bellman de Lewis Carroll. La derecha saca partido de esa “performatividad” que rige la economía de los enunciados públicos: cuando un comportamiento es reiteradamente reputado de normal, se tiende a normalizarlo; o a estigmatizarlo, si se le ha tildado repetidamente de anómalo.
La fijación de estos mecanismos gracias al poder amplificador de los media. Los medios funcionan como laboratorios discursivos que difunden las nuevas expresiones y consignas, y los asesores preparan declaraciones inmediatamente traducibles a un titular. Inversamente proporcional al impacto de estos mensajes resulta la capacidad de contestarlos: los análisis críticos se disuelven en un aluvión de artículos, columnas y editoriales que logran una difusión e influencia mucho menor.
La moralización del discurso público. La política contemporánea se desvía hacia un registro moral, explica Rancière. Pero el moralismo de la derecha desconoce las razones del otro: bueno o malo, normal o aberrante, son calificativos atribuidos de modo categórico y sin margen de discusión, apropiándose la universalidad de la noción en disputa, como señala Zizek. Las “personas normales, sensatas…, españoles de bien” a que apela Rajoy son indudablemente de derechas. Cuando encubre su integrismo moral la derecha incurre en la paradoja política: Ruiz Gallardón pretende asumir la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha contra la “violencia estructural” que padecen con una contrarreforma de la ley de aborto limitadora de derechos y que refuerza la violencia legal.
Muchos ciudadanos nos sentimos justamente indignados por lo “descarado” de estos procedimientos. Y quizá sea en esa desfachatez, pérdida del rostro, donde podría cifrarse tanto su fragilidad como la inquietante capacidad de contagio de sus postulados.
Gonzalo Abril (UCM), Mª José Sánchez Leyva (URJC) y Rafael R. Tranche (UCM).




http://elpais.com/elpais/2012/06/06/opinion/1338982268_785200.html


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Y por cierto, Feliz subida del IVA, gracias PP (nótese la ironía).