lunes, 29 de octubre de 2012

Fragmentos isabelinos




BURDIEL, Isabel,
Isabel II. Una biografía (1830-1904),
Taurus, Madrid, 2011 (2ª ed.), pp. 1-159


“Para el que entonces se llamaba Partido Moderado y, a su sombra, para los nostálgicos del absolutismo, la monarquía fue siempre su monarquía.” P.18.
“Utilizaron una y otra vez a la monarquía (con su entusiasta colaboración) para bloquear cualquier posibilidad de apertura, incluso la más gradual y pacífica, de un rígido sistema oligárquico que garantizaba su acceso privilegiado a todos los resortes del Estado, tanto los políticos como los económicos. Al hacerlo así, no sólo bloquearon el potencial horizonte democrático del liberalismo, sino también la misma circulación del poder entre las distintas familias liberales.
Precisamente porque la monarquía era concebida como un muro de contención frente a las demandas sociales y políticas de los otros liberales, los moderados defendieron una monarquía muy activa políticamente.” P. 19.

“Una buena muestra de la vitalidad y de la fortaleza del liberalismo español (…) es que consiguió (a pesar de los formidables obstáculos en su contra) doblegar a la monarquía borbónica lo suficiente como para que tuviese que acabar reconociendo, como en toda la Europa monárquica, que el rey y el Parlamento estaban obligados a llegar a compromisos.” P. 22.


“La infanta Isabel Luisa llegó al mundo en una Corte donde la espesa red de consanguinidad que unía a la familia real no era menor que la tupida maraña de intrigas que la dividía.” P. 28.

“Credo Político”: “Creo en Isabel 2ª, reyna poderosa, creadora de felicidad española, y en María Cristina, su Madre, nuestra Reyna Gobernadora, que la concibió engendrada por Fernando 7º, y nació para nuestro consuelo y condenación de los frailes: que padecieron bajo el infernal gobierno de Calomarde, y la Madre fue infamada, oprimida y ultrajada, y descendió a los subterráneos calabozos para salvar a los fieles liberales que gemían en ello, y restituyó al seno de la Madre Patria a los buenos que se habían ausentado de ella; creo que Isabel 2ª subió al trono de su Padre, y está sentada a la diestra de su Augusta Madre la Reyna Gobernadora, y que desde allí ha de juzgar a los buenos y a los malos; creo en el espíritu liberal, en la firme unión de Inglaterra, Francia, España y Portugal, en la convicción racional de los despreocupados, en el perdón de los extraviados, en la resurrección del Congreso Nacional, en nuestra regeneración política y en la reunión de nuestras Cortes por los siglos de los siglos. Amén” p. 36.

“Mientras tanto, aquél símbolo infantil del espíritu liberal era educado en el más riguroso ambiente absolutista. La cultura política de la Corte permanecía prácticamente intacta” p. 37.

“la Corona (…) temía mucho más la revolución que el carlismo.” P. 42.

“La sublevación de las provincias en el verano de 1836 y el motín de La Granja constituyen un punto de no retorno en la revolución española, consumada como una imposición inequívoca sobre la viuda de Fernando VII.” Pp- 48-49.
“Sin embargo, la imposición a la Regente de la Constitución de 1812 por parte de los sargentos de La Granja no recuperó el espíritu radical gaditano. Los nuevos tiempos, y un nuevo tipo de liberalismo, trajeron consigo la Constitución de 1837, planteada como una transacción entre ese liberalismo reformulado y la Corona, en el sentido avanzado por otras monarquías constitucionales europeas como la francesa o la belga. Al igual que había ocurrido en la Europa posrevolucionaria, los liberales españoles de los años treinta buscaban un pacto de gobernabilidad respetable, distante de lo que había significado la experiencia de Cádiz y el Trienio. Un pacto de gobernabilidad que significaba una doble ruptura: con el absolutismo y con el modelo de monarquía parlamentaria de 1812.
El viejo lenguaje de los derechos naturales –con su implicación de un ejercicio potencialmente universal de los derechos políticos- dejaba así paso a la consolidación hegemónica del discurso de la capacidad y de la idea de soberanía compartida entre las Cortes y el rey, que en la nueva Constitución relegaba (pero también deslizaba) el dogma de la soberanía nacional al preámbulo.” P. 49.

“Frente a la incómoda alianza con el liberalismo radical y progresista –que había sido necesaria para ganar la guerra- se abría ahora la posibilidad, mucho más del gusto de la Corona, de atraerse al carlismo vencido para reforzar “la auténtica opinión monárquica” p. 55.


“El forzado exilio de la gobernadora colocó bruscamente a aquella reina de diez años en el centro de todas las miradas y de todos los intereses. El torbellino político que se inició entonces giró, en buena medida, en torno a su apropiación política, simbólica y personal.” P 75.

"El 7 de octubre [de 1841], en un ambiente de precipitada huida hacia delante, el general Concha se decidió a asaltar el Palacio Real al mando del regimiento de la Princesa. Incluso Juan de la Pezuela y el general [Diego de] León llegaron tarde y sin tropas a su mando. (...) Los cálculos, en efecto, eran errados. Las tropas de Concha tropezaron con la resistencia numantina de los alabarderos que, al mando del coronel Dulce, guardaban el acceso a las dependencias reales. Durante más de once horas, se intentó la negociación y se intentó al fuerza. Finalmente, la Milicia Nacional, al mando del diputado Manuel Cortina, acabó resolviendo la situación rodeando el palacio y obligando a sus asaltantes a huir precipitadamente y desperdigarse por Madrid y sus inmediaciones" pp. 99-100.
“En su trato con la reina, con la monarquía constitucional, Olózaga era un caballero liberal y Donoso se comportaba como un proxeneta reaccionario.” p. 136

miércoles, 24 de octubre de 2012

"Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal" de Juan Sisinio Pérez Garzón




PÉREZ GARZÓN, Juan Sisinio,
Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal (1808-1814),
Editorial Síntesis, Madrid, 2007.

(Reseña realizada por Daniel Aquillué Domínguez)


Juan Sisinio Pérez Garzón es en la actualidad Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Castilla La Mancha. En esta obra plantea lo que supuso el proceso abierto con la quiebra de 1808: una auténtica revolución, una revolución liberal plasmada por escrito en el texto constitucional gaditano de 1812. Unos acontecimientos históricos de gran importancia que el autor se encarga de enmarcar en su contexto y de señalar sus precedentes. A continuación, en los siguientes párrafos, expondré algunas de las ideas que se recogen en este libro.

La primera y fundamental es que  sí hubo una Revolución Liberal en España, y ésta comenzó en 1808, posibilitada por una quiebra de las estructuras de poder tradicionales y un contexto bélico en el solar ibérico, una guerra internacional, civil y por la “independencia”. En este proceso revolucionario, iniciado en el movimiento juntista de mayo-junio de 1808 y cercenado por un golpe de estado absolutista en mayo de 1814, se cambiaron –o se intentaron cambiar o se plantearon- en aspectos políticos, sociales, económicos y conceptuales:
-         - Surge el Estado legal y la Nación española –de ambos hemisferios-. Se podría decir que tiene “partida de nacimiento” un 24 de septiembre de 1810 en la Ysla de León al decretar la Soberanía Nacional –y que esta reside en las Cortes- y su “bautismo” un 19 de marzo de 1812 en la ciudad de Cádiz, bastión del liberalismo.
-          -Se desmantela la estructura jurídica del Antiguo Régimen, con al igualdad ante la ley y la abolición de los señoríos –un 6 de agosto de 1811- a pesar de las resistencias nobiliarias. A raíz de dicho decreto, por su ambigüedad, comenzaron unos largos litigios entre pueblos y señores, y un  tedioso debate historiográfico sobre qué eran exactamente los señoríos.
-          -“Reforma agraria”. El liberalismo elevó a los altares la propiedad privada. Mucho se ha escrito sobre la desamortización de los años 30 del siglo XIX y como ésta no supuso un reparto de tierras sino el reforzamiento de unas élites ya propietarias. Pero como también ya se ha escrito, ese no era el objetivo de dicha desamortización de Méndizabal, sino sanear la Hacienda y  sacar al mercado esas tierras. Pero todo esto entra ya dentro de un liberalismo que rompió sus lazos con el doceañismo que trata el presente libro. El autor menciona que en aquellas Cortes “generales y extraordinarias” se planteó –aunque nunca se llevase a cabo- repartir la mitad de las tierras baldías y realengo entre tropas licenciadas –recordemos el contexto de guerra y la ingente movilización militar- y los “desheredados”. Y esto tenía una misión: hacer una Nación de propietarios, estable y apegada a la propiedad. Era la utopía liberal española.
-          -Fe inquebrantable en la Educación. Las Cortes y al constitución de Cádiz tenían un especial interés en el fomento de la Educación pública, y proyectaban escuelas primarias en todos los pueblos, y en sus previsiones en 1830 habría acabado con el analfabetismo. Los liberales de 1812 aspiraban a crear con el tiempo una Nación de propietarios con una educación, lo cual favorecería el progreso y felicidad de la Nación. Todo esto, a raíz del devenir histórico, quedó en mera utopía.
-         - Tres fueron los ejes de todo el proyecto constitucional: Igualdad, Libertad y, sobre todo, Soberanía Nacional. Esta era el eje fundamental, la legitimadora de todo poder. Los Derechos de los Ciudadanos, que ya no súbditos, se anclaron en esa Nación soberana. Por el hecho de ser español  -de ambos hemisferios- se disfrutaba de unos Derechos.
-         - La Constitución de 1812 fue muy extensa, y es que había que reglamentar todo. Basada en una estricta separación de poderes, estableció un monarca que dirigía el ejecutivo pero no tenía responsabilidad, unas Cortes unicamerales representantes de la Nación, un poder judicial independiente, y una “descentralización-delegación” del poder en diputaciones provinciales presididas por un jefe político y unos ayuntamientos electos.
-        -  La Revolución del voto. La Constitución recogió en su articulado un sistema electoral que otorgaba el voto a todos los varones mayores de 25 años, si bien con algunas excepciones, en un modo indirecto en cuarto grado. Los ciudadanos pudieron participar así en política.

Fue una revolución en ambos hemisferios. Todo una serie de procesos que bebían de acontecimientos y corrientes de pensamiento anteriores: la revolución inglesa del XVII, la de Estados Unidos, la Francesa, de la Ilustración... A pesar de ello, para no ser acusados de “afrancesados”, los liberales gaditanos buscaron en el historicismo patrio la justificación de su revolución. Difundieron sus ideas a través de poderosos y novedosos medios, la prensa, el teatro, los cafés, nuevos espacios de sociabilidad y donde se expresaba una opinión pública efervescente. España entraba en los cauces de la modernidad  política. Pero todo ello pareció desvanecerse con la vuelta de Fernando VII. Pero la semilla de la Libertad ya estaba sembrada, resurgió en el Trienio, donde se puso en práctica lo legislado en Cádiz, y donde se vio las derivaciones radicales que podía tomar aquello. Tras un segundo exilio liberal, las nuevas corrientes del liberalismo posrevolucionario europeo, y el nuevo contexto español de los años 30, el doceañismo fue enterrado por aquellos liberalismos respetables. Por el contrario, esa obra del 12, radicalizada, se convirtió en bandera de un liberalismo que tornó en republicanismo y movimientos demócratas.

Volviendo al libro que nos ocupa, Juan Sisinio también resalta la importancia de un proyecto josefino que ha sido menospreciado tradicionalmente por “afrancesado” e “intruso”. Y no fue así. A partir de 1808 existe en España una doble legalidad y soberanía: la de las juntas basada en la soberanía nacional, y la de José I, legitimada por la soberanía del monarca (cesión legal en Bayona) y reconocido por una asamblea representativa y su Constitución, la de Bayona. Hay que recordar que José I de España reinó durante casi 6 años sobre 2/3 partes del territorio español. Fue el primero en intitularse “Rey de España e Indias”, fue culto y liberal, y desarrolló una política que casi se podría calificar de “españolizadora”. Su importancia y legado se ve con la vuelta de los “afrancesados” en el Trienio y en 1833, que estarán en el germen del moderantismo que se hará con las riendas del Estado liberal, de su modelo de estado, en el reinado isabelino. Mientras que los liberales “patriotas” de Cádiz tenían como modelo la Constitución francesa de 1791, los liberales de Bayona se fijaron en el modelo británico, que será el que trataran de imitar los “liberalismos respetables” posteriores.

Para finalizar, las ideas que quedan claras en este libro son: hubo una revolución liberal en España entre 1808 y 1814, fue una revolución a ambos lados del Atlántico, el proyecto “afrancesado” tuvo más importancia de la que tradicionalmente se le ha dado, y la bandera del doceañismo fue recogida por el liberalismo radical.


A continuación recojo algunos de los fragmentos que más me han gustado del libro Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal (1808-1814):

“La España que hoy definimos políticamente como Estado y, con mayor o menor consenso, como una sociedad nacional, tuvo partida de nacimiento. El parto sucedió en 1808 y se facilitó con unos fórceps de guerra y libertad” p. 9.
“Las ideas de libertad contaron con un instrumento de difusión nuevo y poderoso, el periódico, el vehículo cultural por excelencia de la modernidad.” P. 32.
“En resumen, a la altura de primeros de junio de 1808, en la vieja monarquía hispánica, se habían organizado dos legalidades dinásticas e institucionales. La primera, en manos de José I Bonaparte, había recibido el poder por abdicación de un depositario legitimado desde el absolutismo de antiguo régimen. Era, por tanto, continuista a la par que reformista. La otra se había constituido de un modo revolucionario, aunque hubiera en sus filas ideologías opuestas. Se legitimó porque asumió la soberanía incardinada en la nación cuya voluntad se había expresado a través de motines catalogados como populares. Esa soberanía, en ausencia del rey, quedó situada en manos de las Juntas organizadas por reinos y provincias.” P. 112.
"Incluso adversarios como el conde de Toreno le reconocieron [a José I de España e Indias] un trato agradable y educado y una cultura muy sólida, sobre todo como amigo de las artes, mientras que los Borbones sólo destacaban en las artes de la caza" p. 148.
“[El 24 de septiembre de 1810 con la proclamación de la soberanía nacional] Se abolieron en muy pocas líneas siglos y siglos de absolutismo teocrático que había hecho de personas y tierras el patrimonio de una persona que las podía permutar a su antojo. Se subvirtieron los principios legitimadores del Estado. Las Cortes, por ser “generales y extraordinarias”, fundaron jurídicamente España como nación soberana.” P. 234.
“Lo cierto es que abolieron privilegios económicos y políticos y a quienes eran súbditos y vasallos los transformaron en ciudadanos y electores.” P. 247.
“Si los liberales hicieron de la propiedad el fundamento del Estado representativo, el cimiento en el que se basaba la soberanía de la nación, también pusieron toda su confianza en las capacidades de la educación.” P. 256.
“El principio de la Constitución radicaba en la soberanía nacional.” P. 267.
“En contrapartida, surgió una alternativa democratizadora, expresada por el republicanismo. Fue la respuesta al Estado monárquico de los propietarios. También se anudó en ese decisivo año de 1837, aunque contaba con largos antecedentes. Esa alternativa de contenidos democráticos emergió de la propia tarea legislativa y política de las Cortes de Cádiz. De hecho, los republicanos –luego organizados como partido demócrata para evitar su prohibición- siempre hicieron de la obra de las Cortes de Cádiz su bandera. En efecto, en Cádiz estuvo planteada la soberanía popular, el sufragio universal masculino, el reparto de tierras, la supresión de cualquier dominio de tipo feudal y una política fiscal claramente proporcional y distributiva.” PÉREZ GARZÓN, Juan Sisinio, Las Cortes de Cádiz. El nacimiento de la nación liberal (1808-1814), Síntesis, Madrid, 2007, p. 416.

 (Reseña realizada por Daniel Aquillué Domínguez)

domingo, 14 de octubre de 2012

Para nacionalistas y patrioteros de medio pelo...



Para los de las naciones y patrias por aquí y por allá, unas y otras... Está muy bien que uno quiera a su tierra (yo me defino como "chovinista zaragozano" xD sin ningún interés en crear un Conventus Caesaraugustano, ni una Taifa de Saraqusta, ni una Zaragoza con privilegio de los Veinte, ni una Junta de Zaragoza que controle todo Aragón... que conste), pero a estas alturas, el "nacionalismo político", ese de las Senyeras y Rojigualdas (o póngase cualquier otra bandera) hasta en la sopa, ese que excluye, ese que enfrenta... es una cosa anacrónica, está muy bien que a algunos nos guste "recrear" el siglo XIX, dejemos ese nacionalismo allí, que está muy bien. El nacionalismo y las naciones (me da igual la catalana o la española) son inventos (sí, inventos) del XIX que en el XX dieron mucho mal... Ahora estos "nacionalismos políticos agresivos" solo sirven para crear problemas y esconder realidades de de malas gestiones y recortes de unos (ahora Rajoy) y otros (ahora Mas) y desviar nuestra atención enfrentándonos. 
Pues eso.


Acerca de la Hispanidad, América y su conquista y otras cosas...


Con algún día de retraso, publico aquí el resultado de mis debates con diversas personas acerca de lo que se conmemora el día 12 de octubre. 

A los indios (de América) no los esclavizamos (más bien se dedicaron los castellanos, los castellanos de hace siglos no los de ahora, los habitantes de la Corona de Aragón apenas pudieron ir a Indias antes de Felipe V), al menos teóricamente, Fray Bartolomé de las Casas (y Montesinos) luchó por evitarlo y se consiguió con las Leyes Nuevas de Carlos V... a las que "los encomenderos se resistieron como gato panza arriba" (J. A. Armillas dixit) y entonces se dedicaron a esclavizar africanos (... pero tampoco en gran medida... fue en el XVIII cuando los británicos consiguieron el Asiento de Negros -tras Guerra de Sucesión- e hicieron el negocio económico del siglo y un desastre humano...) En sí, los indígenas americanos fueron tratados (al menos en teoría) como siervos -igual que los peninsulares- del rey de Castilla (añadir todos los títulos), lo cual no quiere decir que fuese nada bueno… y más si además se les sobrecargó con la mita etc. (En la Península y toda Europa Occidental los siervos también tenían obligación de prestaciones personales… lo que no a esos niveles ya).

Por otra parte, hablar de “genocidio” es un disparate en este caso de la conquista de América (Central y del Sur) por parte de las tropas de los Austrias de Madrid… No había una intención de exterminar todos los nativos… ni mucho menos. Era más bien sacar tajada, cosa muy habitual en la época entre todo el mundo.  Las guerras de conquista eran igual en Europa, Asia, África o la misma América desde hace siglos y aún lo siguieron siendo… por desgracia, pero el ser Humano es muy garrulo… Además está bien recordar que en realidad quiénes conquistaron por ejemplo a los aztecas no fueron los castellanos de Cortés… sino más bien los tlaxcaltecas que estaban hasta los huevos de los aztecas. A Cortés, simplemente se le apareció la Virgen y fue un astuto estratega o llanamente un aprovechado con mucha cara. 

Para desearos a todos un feliz Día del Pilar (es lo que siempre he celebrado yo, que para eso soy de Zárágózá), os dejo un fantástico (o eso creo yo) artículo de José Antonio Armillas (Universidad de Zaragoza) sobre la conquista y evangelización de México:

Nota: si el 12 de octubre es fiesta nacional (las naciones y el nacionalismo son inventos culturales-políticos del XIX) es por un gobierno conservador de Maura (uno de los últimos grandes hombres de la política de la Restauración) de 1918 que la instituyó como tal.