lunes, 8 de abril de 2013

jueves, 4 de abril de 2013

La muralla medieval de Zaragoza



La muralla medieval de Zaragoza que ha resistido casi 700 años, a la Guerra de los Dos Pedros, a Los Sitios… no ha resistido la dejadez de los poderes públicos con respecto al Patrimonio. Y unas lluvias han abierto brecha en uno de sus lienzos.


Dicha muralla fue construida en el marco de la Guerra de los Dos Pedros (1356-1366), una guerra que el monarca aragonés Pedro IV “El Ceremonioso” vivió a la defensiva pues, los ejércitos de Pedro I de Castilla invadieron los reinos de Aragón y Valencia, sufriendo sus habitantes las desastrosas consecuencias.

La defensa de Zaragoza comenzaba lejos de la ciudad, en los pasos fronterizos y vías de comunicación entre Castilla y Aragón. Por eso cuando en la primavera de 1357 cayó Tarazona, en el verano de 1362 Calatayud o en los inicios de 1363 se perdió Cariñena, la alarma cundió en Zaragoza. Las tropas castellanas estaban ad portas.

La oligarquía local y el rey se preocuparon de fortificar Zaragoza. La ciudad ya contaba con una primera muralla de piedra de época romana (construida con la fundación y reforzada en el siglo III) y una segunda cerca “de tierra” del siglo X. Pedro IV ordenó expresamente por carta en abril de 1357 “e que paresca que ciudat es, e fet vuestras bastidas e verdescas en las torres e obras que sian proveytosas”. La cabeza del Reino había de ser defendida.  Se consolidó para ello el muro de tierra  –del que actualmente se conserva parte en la calle Alfonso V a pesar del reciente derrumbe- en el que había 66 torres de planta cuadrangular. Sobre ellas se colocaron ingenios, máquinas de guerra para arrojar proyectiles.  La construcción de dichas máquinas fue encomendada a artesanos de la ciudad, mudéjares como Juce Rafacon y Juce de Brea, al ciudadano Martín López de Lorbes, artesanos del metal; o a los carpinteros Miguel de Monzón y Esteban de Marcuello. Las obras realizadas entre 1358 y 1364 costaron 215.000 sueldos jaqueses, pagados por los vecinos de la ciudad.
Gracias a intensas labores diplomáticas Zaragoza no llegó a ser estrictamente asediada por las tropas de Pedro I “el Cruel”.


Información extraída de LAFUENTE GÓMEZ, Mario, “Que paresca que ciudat es. La fortificación de Zaragoza en la Guerra de los Dos Pedros (1356-1366)” en ARÍZAGA BOLUMBURU, Beatriz y SOLÓRZANO TELECHEA, Jesús (eds.), Construir la ciudad en la Edad Media, Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 2010. 

miércoles, 3 de abril de 2013

martes, 2 de abril de 2013

Cosas que aprendes leyendo Canción de Hielo y Fuego




 (Posibles SPOILERS)

- Jon Nieve no sabe nada.
 - No rompas un compromiso con una Frey.
 - Si tienes que robarle algo a tu hermano de doce años asegúrate antes de que no se necesitan tres hombres adultos para evitar que te mate.
 - Los huevos de dragón nunca están fosilizados del todo.
 - Siempre hay alguien dispuesto a salvarle el culo al personaje inútil.
 - Deja los discursos sobre tu venganza para cuando te hayas vengado.
 - El fuego valyriano quema más que el normal.
 - El acero valyriano corta más que el normal.
 - La sangre valyriana es de mejor calidad que la normal.
 - Valyria fue destruida.
 - Dorne es la tierra del amor libre.
 - Da igual lo noble que seas; nunca le des a la reina la oportunidad de escapar con sus hijos.
 - Desconfía sistemáticamente de Petyr Baelish a no ser que te llames Catelyn.
 -bis O seas la hija de Catelyn que se parece a Catelyn.
 - "Las cosas que hago por amor" no debería ser una excusa válida para ir por ahí tirando niños de siete años por las ventanas.
 -bis Pero perdonarás automáticamente ese pequeño desliz en cuanto alguien pierda una mano.
-bis Algunos maestres de la Ciudadela dicen haber descubierto que el gen de la gilipollez se encuentra ubicado en la mano derecha. 
- Sandor Clegane no quemó Salinas.
 -bis Ni violó a la niña de doce años.
-bis Pero se hubiera follado a Sansa Stark. Asúmelo.
 - Ser noble se parece bastante a ser tonto.
 - No cojas cariño a los campesinos/mendigos/peregrinos/caballeros errantes/hijos de carniceros que tienen nombre y son mencionados más de una vez en un mismo capítulo.
 - No cojas cariño a los personajes que te parezcan demasiado importantes para morir.
 - No cojas cariño a los personajes que te parezcan demasiado secundarios para morir.
 - No cojas cariño a nadie. 
-bis Es imposible para un ser humano genéticamente completo no cogerle cariño a Arya Stark.
-bis Es imposible para un ser humano hormonalmente activo no querer meterse en la bañera con Jaqen H'ghar, independientemente de su orientación sexual (la del sujeto) 
- Vete con todos los semidesconocidos que te lo ofrezcan.
 - Con el discman en reproducción aleatoria siempre sonará "El oso y la doncella". 
-bis Si suena "Las lluvias de Castamere" busca un lugar seguro y espera a que termine la masacre.
 - Las quemaduras de tercer grado siguen frescas después de quince años.
 - Da igual lo guapo, joven y gallardo que seas. Las capas de flores no te sientan bien.
 - Melocotón = sexo homosexual.
 - "Zafiroz".
 - ¿Recuerdas aquel extra que apareció mencionado de pasada en el primer libro? Quédate con su cara, podría protagonizar las siguientes 40 páginas.
 - No desayunes fuerte antes de un juicio por combate.
 - Evita las primeras filas en los juicios por combate.
 - No todas las partes de un hacha cortan.
 - Si eres mujer y pelirroja hay un 95% de probabilidades de que seas gilipollas.
 -bis El 5% restante muere.
 - Pocos hombres hechos y derechos sobreviven en el infierno helado más allá del Muro, pero tus posibilidades se triplicarán si eres un niño de 7 años paralítico acompañado por un mozo de cuadras retrasado y dos cazadores de ranas.
 -bis Y posiblemente vuelvas siendo un mago poderoso, curado y con novia.
 - En contra de lo que os hayan enseñado en la escuela, Tywin Lannister no caga oro.
 - Nunca te desnudes delante de un animal que tenga nombre, ni hables mal de su dueño en su presencia.
 -bis Está demostrado estadísticamente que los animales con nombre tienden a acaparar más la atención que los que no lo tienen.
-bis Eso no quiere decir que tengan más probabilidades de sobrevivir.
 - Los barqueros del Tridente ya no aceptan cheques.
 - Todo lo que necesita un niño de 5 años es un lobo huargo gigante y sediento de sangre.
 - El Perro hace todas esas cosas. TO.DAS.Principio del formulario

lunes, 1 de abril de 2013

Parábola de Saint- Simon, 1819




Parábola de Saint- Simon, 1819

"Supongamos que Francia pierde, en un momento dado, sus cincuenta primeros físicos, sus cincuenta primeros químicos, sus cincuenta primeros fisiólogos, sus cincuenta primeros matemáticos, sus cincuenta primeros poetas, sus cincuenta primeros pintores, sus cincuenta primeros músicos, sus cincuenta primeros literatos, sus cincuenta primeros mecánicos, sus cincuenta primeros ingenieros civiles y militares, sus cincuenta primeros arquitectos, sus cincuenta primeros artificieros, sus cincuenta primeros médicos, sus cincuenta primeros cirujanos, sus cincuenta primeros farmacéuticos, sus cincuenta primeros marinos, sus cincuenta primeros relojeros, sus cincuenta primeros banqueros, sus doscientos primeros negociantes, sus seiscientos primeros cultivadores, sus cincuenta primeros maestros de taller, sus cincuenta primeros fabricantes de armas, sus cincuenta primeros curtidores, sus cincuenta primeros tintoreros, sus cincuenta primeros mineros, sus cincuenta primeros fabricantes de algodón, sus cincuenta primeros fabricantes de seda, sus cincuenta primeros fabricantes de lienzo, sus cincuenta primeros fabricantes de quincallería, sus cincuenta primeros fabricantes de mayólica y de porcelana, sus cincuenta primeros fabricantes de cristal y de vidrio, sus cincuenta primeros armadores, sus cincuenta primeras empresas de transportes, sus cincuenta primeros tipógrafos, sus cincuenta primeros grabadores, sus cincuenta primeros orfebres y otros trabajadores del metal, sus cincuenta primeros albañiles, sus cincuenta primeros carpinteros, sus cincuenta primeros ebanistas, sus cincuenta primeros herreros, sus cincuenta primeros forjadores, sus cincuenta primeros fundidores y otros centenares de personas de diversas y no especificadas condiciones, muy diestras en las ciencias, en las bellas artes y en los diferentes oficios, hasta llegar a totalizar los tres mil primeros sabios, artistas y artesanos de Francia.
 Estos hombres son los productores más necesarios para Francia; son los que suministran los bienes y artículos más importantes, los que dirigen los trabajos más útiles de la nación y los que hacen a ésta fecunda en las ciencias, en las bellas artes y en las profesiones y los oficios. Ellos son, verdaderamente, la flor y nata de la sociedad francesa; son los franceses más útiles a su país, los que le proporcionan la gloria mayor, los que más aceleran su civilización y su prosperidad. Si la nación perdiera a esos hombres, quedaría convertida en un cuerpo sin alma; caería, ipso facto, en un estado de inferioridad en relación con las naciones que con ella rivalizan y de las que sería una simple subalterna hasta tanto no hubiera conseguido reparar la pérdida sufrida. Francia ten­dría necesidad de toda una generación para poner remedio a semejante desventura. En realidad, los hombres que se distinguen, que sobresalen en los trabajos de utilidad positiva constituyen verdaderas excepciones, y sabido es que la naturaleza no es pródiga en excepciones, particu­larmente en las de este género.
Pasemos a otro caso. Supongamos que Francia conserva todos sus hombres de genio, especializados en las ciencias, en las bellas artes, en las profesiones y los oficios y que, por el contrario, tiene la desgracia de perder, en un mismo día, a su Alteza el hermano del Rey, a monseñor el duque de Angulema, a monseñor el duque de Berry, a monseñor el duque de Orleáns, a monseñor el duque de Barbón, a la duquesa de Angulema, a la duquesa de Berry, a la duquesa de Borbón y a la señorita de Condé; que al mismo tiempo pierda a todos los altos cargos de la corona, a todos los ministros, con o sin cartera, a todos los consejeros de Estado, a todos los refrendarios, a todos sus mariscales, a todos sus cardenales, arzobispos, obispos, vicarios generales y canónigos, a todos los prefectos y subprefectos, a todos los empleados de los mi­nisterios, a todos los jueces y, por añadidura, a los diez mil propietarios más ricos, escogidos entre los que se dan una vida igual a la de los nobles.
Semejante acontecimiento entristecería indudablemente a los franceses, porque éstos son gente buena y no permanecerían indiferentes ante la súbita desaparición de tan grande número de compatriotas. Mas esta pérdida de treinta mil individuos, los más importantes del Estado, sería solamente causa de un dolor puramente sentimental, porque ello no supondría ningún detrimento político para dicho Estado.
Y ello, antes de todo, por el hecho de que resultaría bastante fácil reponer los cargos vacantes: existe un gran número de franceses capaces de ejercer las funciones de hermano del rey, tan bien como Su Alteza Real; muchos de ellos están lo suficientemente dotados como para ocupar los puestos de príncipe, tan dignamente como monseñor el duque de Angulema, como monseñor el duque de Orleáns, como monseñor el duque de Barbón; muchas francesas harían tan buenas princesas como la duquesa de Angulema, la duquesa de Berry, o las señoras de Orleáns, de Barbón y de Condé.
Las antecámaras de palacio están llenas de cortesanos prontos a sustituir a los grandes oficiales de la corona; el ejército dispone de una gran cantidad de militares, tan buenos capitanes como nuestros mariscales actuales. ¡Cuántos sirvientes domésticos hay en nuestro país que valen tanto como nuestros ministros! ¡Cuántos administradores están en condiciones de gestionar los asuntos departamentales mejor que los prefectos y que los subprefectos que hoy ocupan tales cargos! ¡Cuántos abogados son tan buenos juristas como nuestros jueces! ¡Cuántos párrocos son tan capaces como nuestros cardenales, nuestros arzobispos, nuestros obispos, nuestros vicarios generales y nuestros canónigos! Y por lo que atañe a los diez mil propietarios que viven como los aristócratas, no cabe la menor duda de que sus herederos no necesitarían pasar por ningún previo aprendizaje para hacer los honores de la casa, en sus salones, tan cumplidamente como sus mayores.
La prosperidad de Francia no puede ser determinada más que por efecto y como consecuencia del progreso de las ciencias, de las bellas artes y de las profesiones y oficios. Ahora bien, los príncipes, los grandes oficiales de la corona, los obispos, los mariscales de Francia, los prefectos y los propietarios ociosos no trabajan en absoluto para el progreso de las ciencias; no contribuyen a tal progreso, antes lo frenan, pues que se están esforzando en prolongar el predominio que hasta ahora han venido ejerciendo las teorías conjeturales[2] sobre los conocimientos positivos; perjudican necesariamente la prosperidad de la nación al privar a los sabios, a los artistas y a los artesanos de la elevada consideración que legítimamente les es debida; son perjudiciales porque emplean sus medios pecuniarios de un modo no directamente útil para las ciencias, las bellas artes y las artes y oficios; son perjudiciales porque, anualmente, de los impuestos pagados por la nación, retiran la friolera de trescientos a cuatrocientos millones a título de estipendios, de pensiones, de gratificaciones, de indemnizaciones, etc., como pago de sus servicios, que, por otra parte, resultan absolutamente inútiles.
Estos razonamientos ponen al descubierto el hecho más importante de la política actual; ofrecen una visual en la que se descubre, en toda su extensión y de un solo golpe de vista, dicho hecho; demuestran claramente, si bien de modo indirecto, que la organización social está muy lejos de ser perfecta, que los hombres se dejan todavía gobernar por la violencia y la astucia, que la especie humana, políticamente hablando, todavía se halla inmersa en la inmoralidad; toda vez que los sabios, los artistas y los artesanos, únicos seres humanos cuyo trabajo sea de positiva utilidad para la sociedad y cuyas obras no le cuestan a ésta casi nada, se han convertido en subordinados de los príncipes y demás gobernantes, los cuales no son sino unos empíricos más o menos ineptos; toda vez que los dispensadores de las consideraciones y demás recompensas nacionales no deben, por lo general, el predominio de que disfrutan más que a la circunstancia de su nacimiento, a la adulación, a la intriga o a cualquier otra acción poco honorable; toda vez que los encargados de administrar los asuntos públicos se reparten entre ellos, todos los años, la mitad de los impuestos, sin llegar a invertir un tercio de las contribuciones, del que no se apoderan personalmente, en cosas de utilidad para los administrados.
Estas argumentaciones prueban que la sociedad actual representa verdaderamente la ruina y la perdición del mundo; porque las naciones han adoptado como principio básico el de que los pobres deben ser generosos para con los ricos, y que, en consecuencia, los menos acomodados deben privarse cotidianamente de una parte de lo necesario con el fin de incrementar lo superfluo de que disfrutan los grandes propietarios; porque los máximos culpables, los ladrones generales, los que desangran a la totalidad de los ciudadanos, sustrayéndoles anualmente de trescientos a cuatrocientos millones, tienen la misión de castigar los pequeños delitos contra la sociedad; porque la ignorancia, la superstición, la pereza y el gusto de los placeres caros constituyen el atributo de los jefes supremos de la sociedad, mientras que a las personas capaces, económicas y laboriosas sólo se les emplea en calidad de dependientes o de instrumentos; porque, en una palabra, en todos los tipos de actividad, los hombres incapaces tienen por misión el dirigir a las personas capaces; y, por lo que a la moralidad se refiere, los hombres más inmorales están llamados a educar en la virtud a los ciudadanos, y con relación a la justicia distributiva, los nombrados para castigar las faltas de los pequeños delincuentes son, precisamente, los grandes culpables."