miércoles, 29 de mayo de 2013

Reseña de "Franco" de Paul Preston

Breve reseña que realicé el curso pasado -para al asignatura "España actual" impartida por Julián Casanova- sobre la biografía de Franco escrita por Preston:

PRESTON, Paul,
Franco “Caudillo de España”,
DeBols!llo, Barcelona, 2006 (2ª edición), pp. 13 – 580.
(Reseña de Daniel Aquillué)

Paul Preston es un hispanista de larga trayectoria historiográfica que poco después de entrar en la London School (1991) publica por primera vez Franco “Caudillo de España”. Esta obra se enmarca en sus estudios sobre la Historia reciente de España cuyo último fruto es El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Preston lleva años haciendo un “viaje intelectual” para comprender España y su Historia. En esta obra se adentra en el terreno de la biografía, género historiográfico desdeñado en buena parte del siglo XX por historizante pero que en los últimos tiempos ha experimentado un auge, ya no como el mero relato de las “hazañas” de un gran personaje sino usando al personaje para aproximarse a toda una época y su sociedad. Esto es lo que hace Preston con Franco en esta exhaustiva biografía, dando una panorámica del siglo XX español a través de la visión de Franco y el contexto en que se movió. Para realizar esta biografía Paul Preston ha tenido que romper la hagiografía construida en torno a un reservado Francisco Franco.

La obra de Preston refleja un personaje camaleónico capaz de adaptarse a las circunstancias por adversas que pudieran parecer, actuando con frialdad y reservas casi siempre, cambiando sus máscaras según conviniera. Astuto e ingenuo a la vez, mostraba una cara al interior y otra a la opinión internacional. Los rostros del Caudillo fueron cambiantes al igual que el régimen que instauró. A pesar de la exasperación de los diplomáticos en Madrid, a Franco le funcionó pues se mantuvo en el poder hasta su muerte en 1975.

Pero antes de eso, antes de llegar al poder en una Guerra Civil que ganó con ayuda la inestimable de la Alemania nazi y la Italia fascista, Franco pasó por distintas etapas marcadas por el propio devenir histórico. Franco quedó marcado por la religiosidad de su madre y el abandono de su liberal padre. Inició una meteórica carrera militar marcada por Marruecos que como él mismo reconoció en una entrevista a Manuel Aznar “Sin África, yo apenas puedo explicarme”. Allí se forjó un Franco aventurero con mentalidad colonial de desprecio al poder civil, el parlamentarismo, y la vida de sus subordinados. Esta fue su primera mascará, la de militar africanista. Con ella alcanzó el ascenso a general durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

La llegada de la II República no agradó a Franco que se vio relegado con el cierre de la Academia General Militar de Zaragoza. La ideología anticomunista de Franco se acentuó en estos años, uniéndose a toda la herencia mental forjada en años previos. En estos años Franco sería cauteloso, actitud que ya prácticamente no abandonaría. En 1934 Franco volvió a saborear los laureles del reconocimiento al sofocar, utilizando tropas y mentalidad colonial, la revolución asturiana. Relegado de nuevo en febrero de 1936 fue un conspirador ambiguo, cauto más que indeciso a la hora de unirse al golpe de estado del 17 de julio. Se unió al golpe cuando vio que podía triunfar.

En la Guerra Civil Franco se convirtió en Generalísimo de Una, Grande y Libre España aunque para ello fuera necesario “matar a media España” como llegó a declarar. Unificando a falangistas y tradicionalistas a la vez que controlaba al Ejército Franco se hizo un poder absoluto, en un régimen mezcla de fascismo y catolicismo, todo ello remozado con una simbología medieval en la que Franco era el nuevo Cid, salvador mesiánico de una España amenazada por el Comunismo soviético. 

Tras la Guerra Civil, el Generalísimo se enfrentó a la II Guerra Mundial. Años después el aparato propagandístico del régimen lo presentó como el héroe que salvó a España de la guerra. En realidad, con una economía devastada y con “reservas de pan para un día” como afirmó Mussolini, no estaba en condiciones de entrar en guerra, a pesar de la posición pro Eje de Franco y sus aspiraciones imperiales a costa de Francia. Hitler confesó que la entrada de España en la guerra “costaría más de lo que valía”.

Con los reveses del Eje, Franco aceptó que la supervivencia tenía prioridad sobre el imperio, iniciando un cambio, un doble juego entre los Aliados y el Eje. Para ello se basó en su teoría de las dos guerras, una de democracias contra el Eje en la mantenía la neutralidad, y otra contra la URSS en la que era beligerante. Conforme los Aliados cercaban al Eje, Franco se distanciaba del fascismo exacerbando su anticomunismo como baza ante Estados Unidos y Gran Bretaña. 

En definitiva, la visión que Preston transmite de Franco (hasta 1945) es la de un personaje ambiguo hasta la exasperación, cauteloso, frío, rencoroso y retorcido que consiguió mantener el equilibrio de las élites, Ejército y Falange, que le sustentaban en el poder a la vez que se adaptaba al cambiante panorama internacional. Un personaje que a pesar de no tener el carisma de Hitler o Mussolini, sobrevivió a estos gracias a su habilidad para adaptarse al escenario, quizás porque o Franco provenía de una burocracia con gran poder en la Historia española, el Ejército, mientras que los otros dos grandes dictadores fascistas eran outsiders.

domingo, 19 de mayo de 2013

370 años de la batalla de Rocroi 19 de mayo 1643 - 2013




Tradicionalmente se ha dicho que fue el ocaso de los tercios españoles. Si bien fue una derrota de las tropas de Felipe IV, no fue ni mucho menos el "desastre" que se ha creído pues, la guerra entre la monarquía hispana de los Habsburgo y la borbónica francesa se mantuvo hasta la firma de la Paz de los Pirineos en 1659. La victoria de Rocroi fue hábilmente aprovechada por el cardenal Mazarino que la utilizó, desplegando todos los medios propagandísticos a su alcance, para afianzar en el trono francés aun jovencísimo Luis XIV. Sería la batalla de las Dunas de 1658, y no Rocroi, la que precipitaría la firma de la paz al año siguiente.




sábado, 18 de mayo de 2013

Acerca de la Comuna de París




Acerca de la Comuna de París:
El acontecimiento y su contexto, el mito, la historiografía.

Daniel Aquillué Domínguez



1871 más allá de las interpretaciones que se viertan significa un hito, una de esas fechas en la Historia que marcan un antes y un después. La Comuna de París, ya fuese el colofón del ciclo revolucionario –de carácter esencialmente político- iniciado en 1789 o el comienzo de la revolución proletaria –de carácter principalmente social-, es sin lugar a dudas el fin de una Francia y el comienzo de otra. Atrás quedaron las opciones monárquicas –borbónicas u orleanistas-, las bonapartistas y destrozada la opción revolucionaria. El resultado fue una III República de orden que, aunque inestable en sus primeros momentos, tuvo una longeva vida hasta su súbito derrumbe en el verano de 1940.


Cuestiones acerca del entorno cronológico de la Comuna

Es evidente que sin el vacío de poder producido por la aplastante derrota de las armas napoleónicas ante las prusianas en Sedan y Metz (1870) una revolución de las características de la Comuna era inconcebible. La división de un ejército derrotado, la confusión en el gobierno provisional que firmó la paz, y que el pueblo de París –la Guardia Nacional, brazo armado de la revolución desde 1789- tuviese armas en su poder –no obstante, defendió un París sitiado por las tropas prusianas durante siete meses- fueron los factores inmediatos que, coaligados, posibilitaron ese proceso revolucionario.

Pero la Comuna no surgió solo de aquellas circunstancias excepcionales. Un poso más antiguo estaba en sus orígenes. Habría que remontarse –como poco- a 1848. Para aquél entonces el proceso industrializador francés se propagaba conforme la red ferroviaria se extendía por el país, a toda velocidad. Los talleres proliferaban y ampliaban, cada vez más parecidos a modernas fábricas, la banca bullía, el espejo inglés de la modernidad –admirado y envidiado, aliado y competidor- estaba muy presente, tan solo al otro lado del Canal de La Mancha.

El proceso de industrialización conllevó unos problemas no previstos por los primeros teóricos del capitalismo. Adam Smith creía que generaría una riqueza general y la sociedad progresaría, pero eso no fue así. A partir de mediados del siglo XIX, conforme la industrialización se expandía surgía el problema de la vieja cuestión social. Con esto se denominaba a la fractura existente en la sociedad y que amenazaba con destruirla. Esta brecha surgía de una revolución liberal que garantizaba unos derechos de igualdad, y un capitalismo que producía una desigualdad económica flagrante entre dos clases.

La clase sometida, pobre, con salarios insuficientes, en condiciones de pauperismo, el proletariado, se encontraba -como ha señalado Robert Castel- en una cuasi exclusión del cuerpo social, sin derecho al trabajo, sin derechos del trabajo, y sin un sistema –el liberal posrevolucionario- que ofreciese respuesta a estos retos surgidos del proceso industrializador.

Todo esto queda ejemplificado en la II República Francesa. Tras el triunfo de la revolución de febrero de 1848 queda planteado el problema del derecho al trabajo que es reclamado por parte de los revolucionarios. Tras los sucesos de ese mismo verano y la victoria del liberalismo conservador, el ideal republicano basado en el contrato social estalla en pedazos. No son capaces de dar respuesta a la cuestión social, pues mientras teóricamente todos los individuos son iguales jurídicamente y sujetos de soberanía, una gran masa no disfruta de derechos, estando sometida a las exigencias del capital. Así pues, la II República ejemplifica el fracaso de los ideales de 1789 con respecto a la cuestión social, la frustración de unas clases populares que irán forjándose una conciencia y que reaparecerán en la escena política cuando las circunstancias sean propicias: 1871.
Y es que si bien 1848 significa el triunfo de la república, esta no resolvió los problemas sociales. Las libertades políticas no solucionaron la cuestión social. Cuando en junio de ese mismo año las clases populares parisinas volvieron a salir a las calles con sus peticiones sociales, la respuesta de quienes meses antes había combatido junto a ellos en las barricadas fue una represión a sangre y fuego, sus propuestas enterradas, y tres años después –por si acaso había alguna duda todavía- la solución autoritaria del II Imperio francés. Este, buscó su ruina –y la de Francia- con osadas expediciones imperialistas, de las cuales, la última le llevaría a la tumba.



La guerra hace posible la revolución

Una vez más, la guerra posibilita la revolución. Y esta es una constante histórica en las sociedades europeas de los dos últimos siglos: España 1808, 1833-40, 1936, Francia 1792, 1871, Rusia 1917… La última aventura militar del sobrino-nieto del famoso Napoleón fue el detonante de un proceso revolucionario que traspasó fronteras, atemorizando a clases burguesas, despertando simpatías obreras internacionalistas (A.I. T.) y de republicanos federales (la España del Sexenio). La debacle de las armas francesas, con decenas de miles de muertos, en una breve campaña ante Prusia supuso un shock colectivo.

El París resistente a las tropas prusianas contempló como era traicionado, entregado por el gobierno provisional de Versalles, dirigido por el veterano liberal Adolphe Thiers. La Guardia Nacional y el pueblo parisino habían hecho frente durante siete meses de asedio a las tropas que en cuestión de semanas habían aplastado a la maquinaria militar del Imperio. Y ahora eran vendidos, las tropas prusianas desfilaban por las calles un París invicto. Primera afrenta: al patriotismo francés, a la ciudad de París. Tras ello, el agravio de larga duración: la cuestión social. La chispa que prendió todo: el desarme de París.




La Revolución de 1871

La Revolución que se produjo entonces fue una guerra civil francesa, ya sí fue percibido por sus contemporáneos –si bien, toda revolución tiene los ingredientes de una guerra civil-. El 28 de marzo de 1871 era proclamada la Comuna en el Hôtel de la Ville. Su fin llegaría dos meses después, cuando el 28 de mayo fue definitivamente reprimida a sangre y fuego.

La Comuna fue heterogénea: blanquistas, jacobinos, republicanos federales, proudhonianos, internacionalistas… allí coincidieron las clases populares y la clase obrera, los artesanos y los proletarios, la pequeña burguesía revolucionaria y la Guardia Nacional, el pueblo de París y los exiliados políticos de todos los países. Los casi dos millones de habitantes de la ciudad se organizaron inicialmente en un modelo de democracia directa, horizontal y asamblearia: clubs, batallones, asambleas de distrito, Asamblea General de la Comuna y Comisión Ejecutiva. El gobierno adoptó numerosas medidas y reformas como la separación Iglesia-Estado, la supresión del trabajo nocturno de mujeres y niños, la sustitución del ejército por la Guardia Nacional, la elección democrática de cargos judiciales, la supresión de tasas judiciales, exacción del pago de alquileres para familiares de la Guardia Nacional –prácticamente todo París-, adopción de huérfanos, establecimiento de comedores populares, desamortización eclesiástica, enseñanza laica y gratuita, fijación de precios de productos básicos, municipalización de mercados de abastos, creación de oficinas de empleo, creación de una comisión de estudio de los problemas obreros, colectivización de talleres y fábricas abandonadas… Y todo ello con una escasísima represión de los opositores –el gobierno provisional y la mayoría de funcionarios se había trasladado antes a Versalles-, exceptuando los últimos momentos de la Comuna. También tomaron medidas simbólicas como derribar la columna de la Vêndome y adoptar la bandera roja como enseña. Se pasó de la revolución republicana la insurrección comunalista con una deriva socialista.

Pero este sistema democrático, reivindicado posteriormente por todas las tendencias de la izquierda, fue sustituido por un Comité de Salud Pública, al modo jacobino, en mayo de 1871. La imposición del contexto bélico obligó a ello, París nuevamente cercado, atacado por las fuerzas de la reacción internacional: el ejército del gobierno de Versalles con el beneplácito del II Reich amenazaba la ciudad.

Las tropas de Versalles avanzaron desde oeste. Primero tomaron los fuertes que rodeaban la ciudad, el 8 de mayo caía el fuerte de Issy y poco después se precipitaban hacia las puertas de Maillot, Auteuil y de Versalles. El día 21 iniciaron el asalto a París, se desató el infierno en las calles y barricadas, la “semana sangrienta”. El 22 por la mañana llegaban hasta la plaza de Trocadero –que recordaba el triunfo de la contrarrevolución en 1823- y el Campo de Marte, el 23 por la tarde Los Inválidos y la Plaza de la Concordia caían… Un día después, el centro de París había sido tomado: la estación del Norte, la Madeleine, la plaza de Vêndome, el Louvre, la Cité, los jardines de Luxemburgo… El frente se situaba en el Hôtel de la Ville que resistiría un día más. El barrio de Saint Antoine y la zona este de la ciudad resistiría algo más, hasta el 27 de mayo. Los incendios desatados el 22 iluminaban con sus llamas el horror de una ciudad convertida en campo de batalla. El 28 de mayo de 1871 París estaba sometida a Versalles, la revolución había sucumbido ante la reacción. Se iniciaba entonces una brutal represión por parte de los vencedores: unos 20.000 comunalistas fueron fusilados, otros miles encarcelados y otros tantos, los más afortunados, exiliados.



El mito y la historiografía

Las “memorias”, los discursos políticos, las culturas políticas, las naciones, las conmemoraciones construyen mitos, la Historia los desmonta. La Comuna de París era un episodio demasiado épico como para escapar a su apropiación por todas las tendencias de la izquierda, e incluso a las más moderadas. Republicanos, jacobinos, socialistas, anarquistas… vieron en la Comuna un episodio mítico, para algunos momento fundacional del movimiento obrero.

La historiografía ha debatido acerca del carácter de la Comuna ¿crepúsculo del ciclo revolucionario iniciado en 1789 o aurora de la revolución proletaria? Esa es una pregunta clave en torno a la que han girado discusiones entre historiadores. George Borgin, uno de los grandes historiadores sobre este hecho, ve en la Comuna una lucha entre las clases altas internacionales y la clase obrera. En los años 60, la historia social francesa, con historiadores como Henri Lefebvre, Jean Maitrop y Jacques Rougiere dedicó varios estudios al tema. También en esos años comenzaron estudios interdisciplinares con Jean Dubois o André Decouflé. Jeanne Gaillar revindicó el papel de las provincias en aquella revolución de 1871. En 1971, con ocasión del Centenario, se reavivó el debate, dejando paso tras aquellos a una diversificación de investigaciones variadas sobre diferentes aspectos de la Comuna.

Como señalo, hay varias interpretaciones de la Comuna aunque estas se centren en dos grandes posturas: la que la ve como revolución republicana de izquierdas –política- y la que la ve como la primera revolución proletaria –social-. La tradición socialista, Marx, y autores como Claude Willard han visto en la Comuna una revolución obrera. Por su parte, Jacques Rougiere señalaba que ésta era el colofón del ciclo revolucionario iniciado en 1789, ya que el obrero de 1871 estaba más próximo al de 1848 que al de 1917. Posteriormente, Rougiere flexibilizó sus posturas, viendo posible que la Comuna significase el inicio de la revolución proletaria. Éste es quizá el punto de consenso entre historiadores: 1871 es a la vez cierre de un ciclo y comienzo de otro, es demasiado complejo y heterogéneo para encorsetarlo en una único y monolítica visión e interpretación.



Bibliografía

CARRERAS, Luis, París a sangre y fuego. Jornadas de la Comuna. Prólogo de Josep-Eduard Adsuan, Pequeña Biblioteca CALAMVS SCRIPTORIVS, Barcelona-Palma de Mallorca, 1979.

CEAMANOS LLORENS, Roberto, “Historia social de la Comuna de 1871: ¿crepúsculo del ciclo revolucionario iniciado en 1789 o aurora de la revolución proletaria?”, Cuadernos de Historia Contemporánea, 24 (2004), pp. 197-208.

SERMAN, William, La Commune de París (1871), Fayard, 1986.



martes, 14 de mayo de 2013

En cathalan e en aragones e en part en golgota: lengua y sociedad en el Aragón Bajomedieval.



"En cathalan e en aragones e en part en golgota: lengua y sociedad en el Aragón Bajomedieval.

Guillermo Tomás Faci
14-V-2013

                Las lenguas como una herramienta más para conocer la sociedad: relaciones de poder, de desigualdad... no como mera curiosidad filológica.
                Durante la Baja Edad Media se usaron varias lenguas, usadas tanto a nivel oral como escrito. Había lenguas “clásicas” - latín, árabe[1] y hebreo - y vehiculares - aragonés, catalán, castellano y occitano. Estas cuatro lenguas no aparecieron ni se usaron a la vez.

Aragonés
                Lengua derivada del latín vulgar, utilizada en el Alto Aragón, que se extendió por el resto del reino a lo largo del siglo XIII. Se superaron las diferencias dialectales que pudo haber antes. Se supone que habría algunas diferencias entre el aragonés escrito y el oral.

Catalán
                Nace en la Cataluña antigua, incluido el extremo oriental del Reino de Aragón. Es una lengua muy próxima al occitano, tanto que al principio se consideran una misma lengua.

Castellano
                Es la lengua propia del Reino de Castilla pero que, más allá de la influencia que tuvo en la zona meridional del Reino Aragonés, no puede decirse que se usara antes de 1450, porque se usaba aragonés antiguo en la zona fronteriza.

Occitano
                Existe constancia en la documentación y en algunos registros orales, así como en las fuentes orales, de la existencia de gente que usaba el occitano en Jaca (también en Navarra).
                Está muy estudiada la existencia de esta lengua en Jaca, aunque a veces se le han dado otras naturalezas, siempre en relación con intereses políticos.

                No sólo son lenguas romances, sino que son muy parecidas por su proximidad geográfica. Evoluciones fonológicas diferentes que las hacen distintas, aunque partan de un mismo tronco.
               
Tres problemas:
-        El romance como lengua escrita: hasta qué punto el romance escrito es una lengua vulgar o no. El latín no es una lengua vehicular pero sí escrita y culta. Sin embargo, podemos pensar que los escritos en lengua romance o vulgar, son fiel reflejo del lenguaje oral y supuso en cierto modo el triunfo de las clases bajas sobre la culta. La lengua romance de los notarios es aprendida, que no refleja fielmente la lengua hablada, por mucho que fuese inteligible por las personas que la hablaran. Para denominar este tipo de lengua romance se usa el término técnico “scripta”. El salto del romance de la realidad a la escritura fue un proceso distinto según el territorio, con distintas cronologías. Los primeros textos extensos en Aragón son posteriores a los occitanos, por ejemplo. Esta innovación de sustituir el latín por el romance en la lengua escrita, comienza en los escritos que afectan a los niveles culturales más elevados. En algunas clases populares se da un deseo manifiesto de preservar el latín como lengua escrita. Sobre 1270-80[2] se comienza a utilizar el romance como lengua escrita; es una coincidencia lo suficientemente extraña como para pensar que hay algo más detrás - parece coincidir con la emergencia del notariado laico, que implicaba también dejar fuera de la escritura a los clérigos. La configuración de la lengua culta escrita tiene lugar a finales del siglo XIII, y supuso la elección de determinadas reglas. De este modo, los textos anteriores a la generalización del romance en la escritura en 1270-80, son muy complejos; lengua inestable, polimórfica, con influencias foráneas y que reflejan muy bien las variedades dialectales existentes. Tras 1300 se crea una lengua muy homogénea en todo el Reino de Aragón. Los notarios debían recibir una formación específica y además circulaban diversos formularios notariales, permitiendo hacer un tipo lingüístico muy homogéneo. Pero, a través de la lengua notarial, es muy difícil acercarse a la lengua oral. Es interesante el caso de los textos aljamiados, que no tenían la necesidad de respetar las normas de esta lengua regulada, de modo que muchas veces en estos textos aparecen muchas expresiones populares.
-        Lengua e identidad política. Durante los siglos medievales, la lengua ha sido un elemento relevante, aunque no exclusivo, para la construcción de la identidad. Hay que ver la relación de las lenguas reconocidas con los límites políticos durante la Edad Media. En cada reino se crea una scripta notarial que se difunde por cada reino, haciendo que la lengua escrita se unifique en los distintos territorios e influya en la lengua hablada. Un ejemplo serían el portugués y el gallego, o la lengua usada en el Reino de Valencia - hasta 1400 se reconoce que se habla catalán, luego esa denominación se suprimirá de la documentación y se usará “lengua valenciana”. Parece que la lengua es un elemento inexistente en la conformación de las fronteras, pero la conformación de las fronteras entre Cataluña y Aragón supuso la diferenciación en el uso de dos lenguas distintas, el aragonés y el catalán. La asociación entre lengua y territorio puede apreciarse en muchos textos. Sobre todo se ve esta diferenciación en lugares donde convergen personas que hablan una u otra lengua, como por ejemplo en las Cortes Generales de Aragón[3]. El primer documento de Cortes donde se encuentra este problema es de 1363, donde Pedro IV dice en Cortes un discurso en catalán, mientras que los representantes de los distintos brazos - y su propio hijo, el infante Fernando - le contestan en aragonés. El bilingüismo institucionalizado ocurre también en la Cancillería, que abandona el latín y se pasa al romance. Desde entonces, todos los escribanos sabían escribir, más o menos, en catalán, aragonés y latín. Los propios monarcas de la Corona de Aragón conocían y manejaban ambas lenguas, y las usaban conscientemente según el auditorio.
-        Cambio lingüístico y cambio histórico. Gran cambio lingüístico en Aragón en la segunda mitad del siglo XV, un fenómeno muy estudiado por los filólogos, que es muy interesante para los historiadores. El cambio comienza en 1440, cuando se usa la scripta aragonesa, y en 1445 se usa ya la lengua hispana o castellana, siendo plenamente conscientes de la lengua que están utilizando. Este cambio, que afecta a la Cancillería, se irá infiltrado poco a poco en el resto de la sociedad. En treinta años, entre 1440 y 1470, el aragonés notarial se difuminó, dando paso a uno castellano. Todo este periodo se caracteriza también por una sustitución ortográfica, siendo una época de terrible polimorfismo (Alchaferia, Aljaferia...). A la altura de 1500, el cambio ha concluido. El cambio, curiosamente, se produce en toda la Corona de Aragón, lo que demuestra que lo que se cambia es la lengua escrita y no la oral. Con respecto a las interpretaciones de la castellanización de la Corona de Aragón, cabe señalar, en primer lugar, que ha habido muchas manipulaciones: sometimiento de la Corona de Aragón a la de Castilla, etc., cosas que se dicen sobre todo con tintes políticos. Otra versión es que los aragoneses adoptaron el castellano a finales del siglo XV porque querían ser universales. Que sean dos versiones politizadas no significa que no puedan tener su parte de verdad. Se reconfiguró la identidad del reino en el momento en el que se perdió la lengua propia. Hasta mediados del siglo XV los documentos no tienen dudas en diferenciar castellano y aragonés. Con la castellanización, estas diferencias se diluyen. A partir de 1500 la lengua aragonesa es el castellano que se habla en Aragón, mientras que el montañés es el aragonés original que se habla en el norte del reino."

  Apuntes de la conferencia de Guillermo Tomás (Universidad de Zaragoza, Departamento de Hª Medieval) en el seminario José María Lacarra el 14-5-2013. Estos apuntes han sido tomados por Lydia Allué, a la que agradezco me los haya enviado ahorrándome pasarlos a ordenador. 







[1] Dudas sobre si el árabe se utilizaba en la Marca Superior tras la conquista musulmana como lengua vehicular o como lengua de cultura.
[2] Época de Pedro III el Grande.
[3] Donde se reúnen todos los reinos que forman la Corona, puesto que si son las Cortes de uno de los reinos, no existe este problema. 

domingo, 12 de mayo de 2013

Segundo aniversario del 15M

http://www.eldiario.es/andalucia/anos-nueva-conciencia-ciudadana_0_130187879.html


UN ANTES Y UN DESPUÉS DEL 15M
Los sociólogos destacan que la capacidad de movilización de la ciudadanía se ha multiplicado desde su surgimiento en 2011.
Las plataformas de lucha contra los desahucios, las mareas e incluso propuestas de salto a la política son resultado de esas ganas de actuar.

Los adeptos del 15M no son personas que se contenten con la rutina de las manifestaciones, sino movimientos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), Marea CiudadanaCorrala Utopía, incluso los escraches, y por supuesto, una ristra de citas en el calendario: 15-O, 23-F, 25-S, 25-A y, ahora 12-M, convocatoria con motivo del segundo aniversario de aquel 15 de mayo de 2011 en el que los indignados salieron por primera vez a la calle.
Ese día marcó un punto de inflexión en la capacidad de movilización de la ciudadanía hasta desembocar en lo que es hoy: un espacio público propio, híbrido entre las redes sociales y las asambleas periódicas. Ese embrión de hace dos años ha derivado en multitud de grupos transversales contra la deuda ilegítima, contra los recortes...), redes de economía solidaria, nuevos centros sociales y hasta grupos que se plantean dotarse de una herramienta político electoral.
Los que participaron en su nacimiento no están dispuestos a parar ahora. Dalia Rebollo, del 15M Málaga, asegura que se ha conseguido poner en evidencia "que el sistema es un agujero negro que está llevando al empobrecimiento de la sociedad en general". Por eso, "el lema ahora es Escrache al sistema, porque ya no es sólo una cuestión de una determinada política o de un Gobierno". Por su parte, Rafael Carmona, de la PAH de Córdoba, comenta que ellos se constituyeron precisamente a raíz del 15M de hace dos años. "En principio nos unimos gente que ni siquiera estábamos afectados por problemas de ejecución hipotecaria, pero nos dimos cuenta de que era una de las preocupaciones más acuciantes y que terminaría convirtiéndose en una verdadera lacra, como se está viendo".
La particular situación de Andalucía -con un nivel de paro más elevado, cientos de desahucios y, en definitiva, con un caldo de cultivo para la desesperación- ha hecho que este movimiento cobre especial importancia en este territorio. Lo explica así Jaime Pastor, profesor de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). "Habría dos factores diferenciales: la gravedad del paro y de una mayor desigualdad social respecto a la media española y la participación en el Gobierno de IU, que puede crear más expectativas de lograr alguna conquista parcial, como parece estar ocurriendo con el tema de los desahucios, a pesar de que también se han producido recortes importantes", expone.
En su opinión, "el nacimiento del 15M expresó el paso de la desafección ciudadana frente a las instituciones a la exigencia creciente de otra política y otra forma de hacerla que se extendió rápidamente a gran número de ciudades mediante la práctica de una democracia directa y distintas formas de desobediencia civil no violenta". En este sentido, sostiene que ha contribuido a la politización de una nueva generación y a la repolitización de la sociedad en general. "Los sondeos de opinión que se han ido haciendo han demostrado, además, que ha alcanzado un grado de legitimación social muy superior al obtenido en el pasado por cualquier otro movimiento u organización", explica Pastor.
En todo caso, este sociólogo subraya: "Es cierto que ha conocido un relativo debilitamiento de la participación en sus estructuras, pero ha ido contagiando a otros sectores y organizaciones, como las mareas que han ido surgiendo -en sanidad y educación, principalmente- y ha jugado un papel fundamental en el apoyo a la PAH, cuyas victorias en la paralización de un alto número de desahucios y en la recogida de firmas por la ILP (iniciativa legislativa popular) no se podrían entender sin la implicación del 15M".
Tiene claro por ello que "sí hay un antes y un después del 15-M ya que ha hecho emerger nuevos actores colectivos que están desafiando al Gobierno y a la troika y cuestionando la legitimidad de sus políticas". Es cierto también que hay una diversidad creciente dentro del nuevo y amplio espacio que ha ido creando el 15M, en donde siempre habrá colectivos que optarán por una vía de mayor radicalización mientras que otros apuntarán en sentido contrario. Pone como ejemplo lo ocurrido con las iniciativas para rodear el Congreso de los Diputados.
En su opinión, "la del 25 de septiembre se convirtió en un desafío a la criminalización que por parte de las autoridades se hizo de esa iniciativa y obtuvo una respuesta solidaria en el 15M pero con diferencias respecto a los objetivos que se planteaban. La más reciente, la del 25 de abril, no ha contado, sin embargo, con ese apoyo debido precisamente a que no fue promovida mediante un proceso participativo y horizontal y a que la gran mayoría del 15M pareció no identificarse con unos objetivos inmediatos que consideraba se encontraban fuera de la relación de fuerzas actual".
En la misma línea, Ramón Adell, autor de La movilización de los indignados del 15-M. Aportaciones desde la sociología de la protesta, asevera: "La ciudadanía se ha vuelto más crítica, con nuevas esperanzas a pesar de la esclerosis institucional. En estos dos años, el 15M ha logrado una gran legitimidad social. Las encuestas y la capacidad de movilización así lo demuestran. Han logrado avances (lentos por su asamblearismo) en la vertebración de los barrios y las mareas, a modo de nuevo movimiento vecinal e incluso sindical. Sin duda, la lucha contra los desahucios ha sido su victoria más concreta".
"Tenemos en común la paz"
El 15M nació a partir de las redes sociales, del eslogan "No somos mercancía de políticos y banqueros" y de una acampada en una plaza emblemática como la Puerta del Sol de Madrid, siguiendo el ejemplo de la Plaza Tahrir egipcia. Pero hay enormes diferencias entre las revueltas árabes e incluso con la movilización en países europeos como Grecia. Este experto de la UNED aclara: "En nuestro país, el contexto no es el mismo y la movilización tiene sus peculiaridades. Nosotros todavía no estamos tan desesperados como en Grecia, y además, en España hay una tradición pacifista que se demostró en las últimas décadas de movilización contra ETA y contra la guerra de Irak. Masivas protestas contra la violencia interna y la violencia externa que, fracturadas en dos Españas (la polarización PP-PSOE de entonces), tienen en común la paz". 
La reciente convocatoria del 25A (asedio al Congreso de los Diputados) demostró que todavía no estamos en ese punto del conflicto "a pesar de que las autoridades sí lo creyeron con ese costoso e inusitado despliegue policial", remarca. Tampoco descarta que más adelante, si el 15M se muestra impotente, haya "violencia, más individual y grupal que colectiva".
Emma Martín Díaz, catedrática de la Universidad de Sevilla en el Departamento de Antropología Social, considera que el 15M nació por una triple crisis. Primero, "una crisis de atribuciones, que se traduce en la impotencia de los Gobiernos (las instituciones financieras pueden presionar hasta el punto de que se salte la pertinente consulta legislativa, como ocurrió con el límite del déficit y la Constitución Española)"; a aquello le siguió "una crisis de legitimidad (¿quiénes son estos gobernantes para imponer medidas que causan el sufrimiento de la población mientras que salvan a las instituciones financieras?)". Y todo esto desembocó en "una crisis de representación (desprestigio de la llamada clase política, y de las autoridades que hasta este momento habían representado la soberanía y los intereses de los distintos sectores)". De esta forma, el 15M es el brote de descontento social de quienes se ven excluidos del proceso de toma de decisiones en estos tiempos de crisis y globalización.
Cree también que los puntos fuertes del 15M son "la heterogeneidad de su base social, que le hace estar presente en multitud de frentes activos que se organizan para dar respuesta a las políticas impuestas desde arriba". Por el contrario, sus debilidades pasan por "su base asamblearia, que dificulta la ejecución de propuestas concretas de acción en la medida en que el consenso se hace imprescindible". Recalca así que el "descabezamiento" del movimiento y la falta de liderazgo dificulta también la negociación política y la propia continuidad del 15M, que tiene "picos" de actuación. "Sin embargo, es admirable cómo han evitado ser instrumentalizados o subsumidos por las organizaciones de corte clásico, manteniendo la fidelidad a sus principios", admite la experta.
Opina que es comprensible que quienes creen que es posible perpetuar el modelo, cambiando simplemente a los sectores en el poder, desconfíen de estas nuevas formas de hacer política. "Pero quienes pensamos que la crisis del estado-nación es irreversible, creemos que, con todas sus limitaciones y contradicciones, el 15M está señalando un camino por hacer, y para el que no existen, por caducas, recetas que nos guíen", subraya. Pero esto ya ha pasado otras veces en la historia: "Tampoco creo que los franceses que tomaron la Bastilla en 1789 fuesen conscientes de que iban a construir el estado-nación, ni a instaurar la ciudadanía como principio de participación social. Eso lo sabemos a posteriori".

FECHAS CLAVE EN LA NUEVA CONCIENCIA CIUDADANA


15 de mayo de 2011. Miles de ciudadanos se echan a la calle en medio centenar de ciudades de nuestro país en una histórica jornada de reflexión.
15 de octubre de 2011. La convocatoria se extiende a ciudades de todo el mundo.
15 de mayo de 2012. Miles de ciudadanos vuelven a echarse a la calle para recordar que el 15M sigue vivo en su primer aniversario.
25 de septiembre de 2012. La Plataforma ¡En Pie! invita a "rodear" el Congreso de los Diputados.
23 de febrero de 2013. Las mareas salen a la calle de manera conjunta en todo el país bajo el lema "Marea ciudadana contra el golpe de los mercados".
12 de mayo de 2013. El 15M ha convocado concentraciones por todo el país por su segundo aniversario.



miércoles, 8 de mayo de 2013

LA BATALLA MÁS ÉPICA JAMÁS JUGADA

Una entrada más friki de lo habitual tras jugar una batalla online al "Napoleón Total War"...:


LA BATALLA MÁS ÉPICA JAMÁS JUGADA




El campo de batalla elegido para el combate eran las lluviosas tierras gallegas, un terreno serpenteado de colinas, pequeñas casas y algunos bosques. Esas ondulaciones campestres y los conjuntos arbóreos ofrecían ventajas para aquellas tropas que los usasen en su beneficio…
Las tropas prusianas con 900 efectivos de todo tipo se apostaron en un frente en cuyo centro se situaba una colina más elevada que las circundantes. A su derecha, bosques, a su izquierda elevaciones del terreno. En su centro, sobre la colina que dominaba el campo, su artillería, destacando sus obuses y tropas coheteras.
Por su parte, las tropas británicas, con 852 efectivos, destacando las tropas de élite, se situaron en dos flancos. A su derecha, detrás de unas casas, el grueso del ejército con el general. A su izquierda, en un bosque frondoso unas pocas unidades escondidas. Unos tiradores, unos escoceses, unos húsares y unos cañones de campaña destinados a ser un as en la manga del estado mayor inglés.




Llovía cuando las tropas británicas comenzaron su avance por su flanco derecho, prestos, a toda prisa, a tomar las elevaciones del flanco izquierdo prusiano. Rápidas cual si fuesen a reprimir a los luditas tomaron posiciones. Dos unidades de infantería ligera al frente, a unos árboles, apoyadas en su flanco izquierdo –centro del campo de  batalla- por una unidad de línea. En la cima, dos baterías de campaña y detrás el general. A su derecha, dos unidades de infantería y una de caballería.
Cuando los británicos se cansaron de aguantar estoicamente el bombardeo de la artillería enemiga y, además,  el grueso del ejército prusiano se comenzó a desplazar hacia su izquierda, encarándose a los casacas rojas, las dos unidades de infantería de línea y la de húsares situadas más a la derecha británica avanzaron por ese lado en dirección a tres unidades de caballería enemiga.



Los lanceros y dragones prusianos creyeron poder derrotar a la débil unidad de húsares ingleses, pero esta no hizo sino atraerles hacia la trampa mortal de dos cuadros de infantería. Rápidamente, infantería de línea y ligera prusiana acudió a ese frente, rodeando a las dos unidades británicas que mantuvieron el fuego de fusilería durante un buen espacio de tiempo.



La ofensiva prusiana se recrudeció entonces, confiada de aplastar a los británicos. La unidad de caballería restante intentó, rodeando la colina lateral, envolver a la artillería y general británicos sin éxito. La infantería prusiana avanzó entablando fuego con la infantería inglesa y escocesa.



Fue en ese preciso instante, cuando el grueso del ejército prusiano combatía confiado en su flanco izquierdo –el derecho british- , cuando el flanco izquierdo británico salió de su escondite y desde los árboles avanzó a toda velocidad hacia el desprotegido flanco derecho y centro prusiano. El objetivo: tomar la gran colina central y acabar con la artillería prusiana. Una vez hecho eso, establecer allí cañones y conseguir la victoria. El general cambió de flanco y se unió a esa ofensiva que se pretendía definitiva y resolutoria de la batalla.



Pero ¡oh! El destino es incierto y la fortuna caprichosa. Los húsares y el estado mayor llegaron a la cima de la colina arrasando con la mayoría de la artillería prusiana. No contaban con que un proyectil de obús les alcanzase y sesgase la vida del general. El pánico cundió momentáneamente entre la caballería de la colina y la infantería que empezaba a subir su pendiente. Aún así, la caballería británica en un acto tan heroico como suicida consiguió uno de sus objetivos: destruir toda la artillería del enemigo. Y fue suicida porque en el momento oportuno, momento en que la colina casi es tomada para su Majestad británica, la Guardia Real prusiana  se posicionó e hizo con el control de la colina. En el flanco derecho británico –izquierdo prusiano- todo era muerte y destrucción. Terreno lleno de cadáveres y heridos. Pasto de bruites.



El desenlace de la batalla fue inseguro hasta el último instante. Tensión es la palabra que define sus últimos y angustiosos momentos. Una colina central. Los prusianos en la cima, los británicos a sus pies. Arriba la Guardia real prusiana flanqueada por dos unidades de tiradores y el estado mayor, abajo unos bravos escoceses junto a green jackets y una pieza de artillería en posición complicada para realizar disparos certeros. Se intercambió fuego. La rasante de la colina impedía que los disparos de fusilería y artillería británicos hiciesen daño. Momentos tensos. Tensión absoluta. Finalmente, llenos de valor, la Guardia Real de Prusia junto a su estado mayor y tiradores cargaron pendiente abajo. Sus bayonetas atravesaron casacas rojas y verdes que se impregnaron de sangre.
Pírrica victoria, gloriosa derrota, épica batalla, mítico relato para la posteridad.



martes, 7 de mayo de 2013

¿QUÉ FUE DEL SIGLO XIX ESPAÑOL? RECUPERÁNDOLO PARA LA HISTORIOGRAFÍA


¿QUÉ FUE DEL SIGLO XIX ESPAÑOL? RECUPERÁNDOLO PARA LA HISTORIOGRAFÍA
Daniel Aquillué Domínguez
 Resumen de la comunicación presentada en el II Taller de Historia del C. M. U. Santa Isabel. Investigación y difusión de la Historia Contemporánea



La marginación historiográfica

El siglo XIX es el patito feo de la historiografía, pocas son los historiadores e historiadoras que se interesan por su estudio. La Historia Contemporánea suele vincularse exclusivamente con el siglo XX. Yo me pregunto ¿por qué esa marginación historiográfica? Las causas son variadas, pretendo buscar algunas pistas que aclaren esta cuestión. Me voy a centrar en dos causas básicamente historiográficas: la que denominó la “culpabilidad decimonónica” y la “omnipresencia de la Guerra Civil”.
En lo que respecta a la primera, la culpabilidad decimonónica, el siglo XIX ha sido visto como causa de todos los males de España que, inevitablemente, desembocaron en la Guerra Civil de 1936-39. Es en definitiva la teoría del fracaso español un caso peculiar en el contexto europeo, un fracaso de la revolución liberal, una débil nacionalización, y una débil y tardía industrialización. Autores clásicos como Josep Fontana, Borja de Riquer y Jordi Nadal han sostenido estos tres fracasos del liberalismo decimonónico español.
Frente a ese paradigma del fracaso, la reciente historiografía, con autoras como María Cruz Romeo, Isabel Burdiel o Ferrán Archilés señalan la necesidad de un análisis comparado y el estudio del XIX desde de otras perspectivas que muestran como el caso Español fue tan extraño como cualquier otro. Así pues, la revolución liberal fue triunfante frente a una monarquía absolutista, hubo resistencias contrarrevolucionarias como las pudo haber en otros países del entorno, un sistema electoral restrictivo y falseado común en Europa, un proceso nacionalizador con complicaciones y diverso ya que fue realizado por entes políticos, sociales y culturales más allá del Estado, y un proceso de industrialización desigual y con otros tiempos pero siempre de crecimiento continuado hasta la ruptura que supone 1936.
El segundo factor o causa es la omnipresencia en el presente de lo que fue un pasado oculto durante los 40 años de dictadura franquista. La Guerra Civil y el Franquismo, en especial el tema de las violencias, han sido un foco de atención predilecto de las investigaciones históricas en las últimas cuatro décadas, momento en que ha eclosionado este pasado traumático. Además, la irrupción de fenómenos altamente mediáticos como la Memoria Histórica o el pseudorrevisionismo filofranquista han despertado, o avivado, aún más si cabe, el interés social e historiográfico sobre estos temas. En definitiva, los más de 20.000 libros publicados sólo sobre la Guerra Civil demuestran esta omnipresencia que ha ocultado otros campos de investigación, como es el siglo XIX.

Algunas breves pinceladas sobre algunos temas del XIX

Personalmente, el XIX me parece un siglo con muchas posibilidades de cara a futuras investigaciones, útiles no sólo para conocer el pasado sino para comprender cuestiones del presente. De ahí mi interés por su estudio. A continuación expondré unas breves pinceladas sobre temas que he trabajado en mayor o menor medida y que espero despierten el interés.
En primer lugar, un caso de historia local que podría definirse como de la Zaragoza de Los Sitios a la Zaragoza constitucional 1808 -1843. En  el siglo XIX el ámbito local jugó un papel muy importante en la construcción del Estado-Nación liberal, el fenómeno del juntismo y la cuestión del papel de los poderes locales es clave. Y Zaragoza fue una ciudad que se encontró en el centro de los acontecimientos en la primera mitad de dicho siglo, ya fuese por su defensa en la llamada posteriormente Guerra de Independencia o sus continuas revoluciones, formando juntas, en favor del liberalismo más avanzado, ya fuese en 1820, 1835, 1836, 1840 o 1843.
Relacionado con lo anterior, el segundo tema, sobre el que versa mi trabajo fin de máster, es el de la cultura política progresista. Entre 1834 y 1868 se forjó, o fue forjada mejor dicho, una cultura política –concepto que uso en la línea de Berstein y Sirinelli, aunque con matizaciones- progresista diferenciada de la moderada y de la demócrata-republicana. Una cultura en constante evolución, con tensiones entre progresistas respetables y doceañistas, adaptada al liberalismo posrevolucionario europeo, basada en un sistema representativo restringido a los capaces pero con la doble confianza del rey y el parlamento, con una soberanía nacional de límites, atrapada en su propia ilusión monárquica, con una defensa de la autonomía municipal que favoreciese la integración política, un modelo de Estado-Nación suavemente centralizado e incluyente bajo tutela, unas relecturas del pasado con mitos como sus mártires de la libertad, la Constitución de 1812 o el episodio del 7 de Julio de 1822… Siendo quizás la Milicia Nacional la que resume todo ello pues fue causa del contexto bélico-revolucionario y del ideario progresista, referente mítico, actor político, cauce de participación ciudadana y exponente de las clases medias.
Y por último, la Guerra de Cuba de 1895-98, que por sus variadas caras de guerra de independencia, guerra civil, guerra racial y guerra total ofrece interesantes vías de estudio. Sin olvidar sus implicaciones en la metrópoli de aquél “Desastre” del que se dijo “Más se perdió en Cuba… y volvieron cantando”.

domingo, 5 de mayo de 2013

La Revolución francesa de 1830


La caída del rey de Francia en 1830: Las Tres Jornadas Gloriosas
Por Daniel Aquillué Domínguez



El miedo al retroceso, a la pérdida siquiera de los derechos recogidos en la Carta de 1814, fue el fantasma que recorrió Francia en los últimos tiempos del reinado de Carlos X. Finalmente, una serie de acontecimientos desencadenaron la revolución de 1830. La revolución fue posibilitada porque muchos miembros de las élites retiraron su apoyo a un régimen que había puesto en peligro los principios fundamentales del gobierno representativo[1].

La cronología de los acontecimientos que precedieron a las denominadas Tres Jornadas Gloriosas de Julio, se remonta al 16 de mayo de 1830 cuando el rey disolvió la Cámara de Diputados. Polignac, jefe del ministerio había impugnado las últimas elecciones que favorecían a los liberales. El 25 de julio, Carlos X decretó unas ordenanzas que fueron inadmisibles para los sectores liberales, incluso los más conservadores. La deriva extremadamente autoritaria del monarca y su gabinete hacían irremediable la solución revolucionaria.

Se llegó así al 27 de julio cuando la prensa, desobedeciendo la censura previa, publicó duras críticas a las ordenanzas. Inmediatamente la policía se presentó en las imprentas y cerró los periódicos opositores. Tras ese incidente se desataron los primeros altercados, se erigieron las primeras barricadas cerca del Palacio Real. La revolución había comenzado.



En el Bulevard des Italiens hombres y mujeres arrancan el pavimiento y cortan árboles para impedir el paso a las tropas gubernamentales. A la altura de la calle de Richelieu, los vecinos montan una barricada arrancando losas de piedra de las fuentes, volcando carretas y un ómnibus. A ochocientos metros de allí, en la Puerta de Saint-Denis el pueblo lanza piedras contra los gendarmes estacionados en el bulevar al grito de “¡Mort aux gendarmes!”. En la plaza del Palacio Real los manifestantes portan armas y entablan fuego con un batallón de la Guardia Real[2]. Caen las primeras víctimas.



El veterano general Marmont[3] dirigía a las tropas reales encargadas de mantener el orden en la ciudad de París. El 28 de julio de 1830 la disposición de los efectivos era la siguiente: el Bulevar de los Capuchinos era recorrido y vigilado por el 1er regimiento de la Guardia y 100 lanceros a caballo, en la plaza de Le Carrousel estaban apostados el 3er regimiento con 200 lanceros y el 2º de granaderos a caballo, en la Madelaine estaba el 6º regimiento de la Guardia, en Pont-Neuf el 15º regimiento de línea, y el 5º y 53º regimientos sobre la plaza de Vendôme[4].



Las barricadas se multiplican por doquier, París entero está sublevado. Las tropas de Marmont lanzan una ofensiva, disparos de artillería, fuego de fusilería en calles y casas, luchas en las barricadas… La bandera tricolor ondea en distintos puntos. Uno de los puntos donde se producen los más duros combates es en el Hôtel de la Ville -ayuntamiento- que es inicialmente ocupado por los revolucionarios el 28 de julio. La tricolor, símbolo de la revolución, ondea en el centro de la ciudad, en el Hôtel de la Ville, en Notre-Dame… Los gubernamentales reconquistan el Hôtel de la Ville, se combate en la calle de Saint-Denis, en los bulevares, en el barrio de Saint-Antoine, en la plaza de la Grève… Mientras tanto, hay quienes, como los liberales Laffite y Thiers que piensan en el día después del triunfo revolucionario. Estos acuerdan ya entonces dar el trono al Duque de Orleáns.



El 29 de julio de 1830, ante un París lleno de barricadas y tricolores, Marmont se retira con sus tropas del Louvre y Tullerías. Muchos soldados están empezando a confraternizar con la revolución. El veterano republicano La Fayette, al mando de la Guardia Nacional reconstituida vuelve a tomar el Hôtel de la Ville. Se produce un violento asalto al cuartel de los suizos de la calle Babilonia. La confusión se extiende entre los soldados del rey. Carlos X, asustado, retira las ordenanzas del 25 de julio y releva a Marmont, pero ya es tarde. El ejército se retira de París, los revolucionarios son dueños de la capital. Las bajas de la revolución son de 496 revolucionarios muertos y 849 heridos, mientras que han muerto 150 soldados, otros 580 heridos y 137 desaparecidos[5].



Después del triunfo de los revolucionarios se produjo un vacío de poder que podía conllevar a una guerra civil. Por un lado, los realistas partidarios de un Carlos X que abdica el 2 de agosto exiliándose a Inglaterra, por otro los bonapartistas que tienen a su candidato fuera de escena[6], y por último republicanos (Lafayette) y liberales (Laffite, Thiers, Mignet, Guizot, Sebastiani) que acaban coaligándose en favor del Duque de Orleáns. La comisión provisional reunida en el Hôtel de la Ville acabará haciendo rey de los franceses –que no de Francia- al Duque.





[1] PRICE, Roger, Historia de Francia, Cambridge University Press, Cambridge, 1996, p. 194.
[2] PINKNEY, David H., La Révolution de 1830 en France, Presses Universitaires de France, París, 1988, pp. 137-138.
[3] Aquél que fuese general de Napoleón, derrotado por Wellington y su ejército angloibérico en los Arapiles en 1812.
[4] PINKNEY, David H., op. cit., p. 136.

[5] PINKNEY, David H., op. cit., p. 149.
[6] El hijo del Emperador, Napoleón II se encontraba por aquél entonces en Viena, ciudad de su familia materna, enfermo de tuberculosis, mientras que el sobrino, Luis Napoleón, destinado años después a instaurar un II Imperio contaba con solo 22 años y alistado en el ejército suizo.