viernes, 29 de agosto de 2014

La hidra de la revolución (fragmentos)



LINEBAUGH, Peter y REDIKER, Marcus, La hidra de la revolución. Marineros, esclavos y campesinos en la historia oculta del Atlántico, Crítica, Barcelona, 2005.

La historia "desde abajo" de Thompson y Rudé llevada "más allá". Un excelente y recomendable libro del que dejo algunos fragmentos:


“Nada puede detener esas grandes olas. Se hacen visibles sólo al final, cuando se alzan y rompen; durante la mayor parte de su recorrido la superficie del océano no presenta alteración alguna".
“La transmisión circular de experiencia humana desde Europa a África, luego a América, y finalmente de vuelta a Europa otra vez, se corresponde con las mismas fuerzas cósmicas que ponían en movimiento las corrientes atlánticas”.

“Los arquitectos de la economía atlántica, que habían recibido una formación clásica, encontraron en Hércules (…) un símbolo de fuerza y orden. (…) Los trabajos de Hércules simbolizaban el desarrollo económico”  (p. 14).
“Los mismos gobernantes que utilizaban la imagen de Hércules descubrieron en la hidra policéfala un símbolo antitético de desorden y resistencia, una fuerte amenaza para la construcción del Estado, el imperio y el capitalismo” (p. 15).

“Desde el comienzo de la expansión colonial inglesa a principios del siglo XVII hasta la industrialización de la metrópolis a principios del XIX, los gobernantes recurrieron al mito de Hércules y la hidra para simbolizar la dificultad de imponer orden en unos sistemas laborales cada vez más globales. Con el símil de las numerosas cabezas cambiantes del monstruo designaron de una manera u otra a plebeyos desposeídos, criminales deportados a las colonias, trabajadores ligados por un contrato de servidumbre temporal, radicales religiosos, piratas, trabajadores urbanos, soldados, marineros y esclavos africanos. Pero estas cabezas (…) no tardaron  en desarrollar por su cuenta nuevas formas de cooperación mutua contra dichos gobernantes, desde motines y huelgas, hasta disturbios, insurrecciones y revolución. Al igual que sus productos, su experiencia circulaba con las corrientes planetarias por todo el Atlántico, a menudo hacia el este, llegando de vuelta a las metrópolis europeas desde las plantaciones americanas, los terrenos comunales irlandeses y los barcos que navegaban por alta mar” (p. 16).

“Si bien el mito de la hidra expresaba el temor y justificaba la violencia de las clases gobernantes, ayudándoles a construir un nuevo orden de conquista y expropiación, de cadalsos y verdugos, de plantaciones, barcos y factorías, (…) La hidra se convertía en un medio para expresar la multiplicidad, el movimiento y la conexión, las grandes olas y corrientes planetarias de la humanidad. La multiplicidad dibujaba, de hecho, como una silueta en las multitudes que se reunían en el mercado, en los campos, en los muelles y en los barcos, en las plantaciones, en los campos de batalla. El poder de los números se veía ampliado por el movimiento, ya que la hidra viajaba y se desplazaba, o era desterrada o dispersada en una diáspora: era transportada por los vientos y las olas más allá de las fronteras del Estado-nación. Marineros, pilotos, criminales, enamorados, traductores, músicos, trabajadores itinerantes de todo tipo creaban nuevas e inesperadas conexiones, que, según el caso, parecían ser accidentales, contingentes, transitorias, incluso milagrosas.
Nuestro libro dirige la mirada desde abajo. Hemos intentado recuperar algo de la historia perdida que habla de una clase multiétnica que fue esencial para el surgimiento del capitalismo y de la economía global moderna” (p. 19). 

“Si la prisión, los correccionales y el cadalso eran la expresión de un aspecto del capitalismo en Inglaterra, las campañas militares, la colonización y las plantaciones eran la expresión de otro aspecto al otro lado del Atlántico” (p. 71).

En los debates de Putney de 1647, en el seno del New Model Army, las tropas preguntaban “¿Acaso los soldados que han sido instrumentos para recuperar las libertades perdidas de la nación, lucharon para acabar inmersos en la esclavitud?”. Se consideraban a sí mismos “los plebeyos libres de Inglaterra reunidos en un colectivo y continuando en el uso de las armas para defender sus derechos y libertades, así como los del pueblo” (p. 126).

“Una conspiración planeada por un proletariado variopinto para incitar a una insurrección urbana, no muy diferente de la rebelión liderada en Nápoles por el pescador Masaniello en 1647. Surgió en los muelles, gracias a la cooperación organizada de muchos tipos de trabajadores, cuyas experiencias atlánticas se convirtieron en los elementos sobre los cuales se construyó la conspiración. Los rebeldes de 1741 combinaron las experiencias de los barcos de altura (hidrarquía), de los regimientos militares, de las plantaciones, de las cuadrillas de los muelles, de los conventículos religiosos y de las tribus o clanes étnicos para hacer algo nuevo, poderoso y sin precedentes. En consecuencia, los acontecimientos de 1741 sólo pueden entenderse teniendo en cuenta las experiencias atlánticas de los conspiradores en los poblados y en las factorías del tráfico de esclavos en la Costa de Oro, en África, en las chozas de Irlanda, en el destacamento militar español de La Habana, en las reuniones callejeras donde despertaba el fervor religioso, en los asentamientos de cimarrones de las Blue Mountains de Jamaica y en las plantaciones de azúcar” (p. 208).

“El derrocamiento del poder colonial en varias colonias por la acción de los insurrectos parecía una posibilidad real en las décadas de 1730-1740” (p. 224)

“Los esclavos del Atlántico anglófono solían ver España como una liberadora” (p. 237).

En 1741 en Nueva York, se había intentado un motín contra “los blancos con peluca y camisa de chorreras” (p. 243).

“[La cuadrilla avripinta] Se trata de un sujeto cuya historia hemos rastreado desde la hidrarquía de las décadas de 1710 y 1720 hasta las revueltas de esclavos y las insurrecciones urbanas de las décadas de 1730 y 1740. La derrota de estos movimientos permitió la expansión de la esclavitud y del comercio marítimo, en la medida en que las cuadrillas de esclavos posibilitaron el aumento de la superficie dedicada a plantaciones y las brigadas de marineros tripularon flotas cada vez mayores de navíos mercantes y de guerra. Gran Bretaña confirmó su primacía como la mayor potencia capitalista del mundo derrotando a Francia en 1763 en la guerra de los Siete Años, protegiendo y ampliando su lucrativo imperio colonial y abriendo nuevos territorios de gran extensión en Norteamérica y el Caribe para explotar a “leñadores y aguadores”. Sin embargo, en el momento preciso del triunfo imperial, los esclavos y marineros iniciaron un nuevo ciclo de rebeliones.
Las operaciones llevadas a cabo en tierra y mar, desde los motines hasta las insurrecciones, convirtieron a aquella “cuadrilla variopinta” en la fuerza motriz de una crisis revolucionaria en las décadas de 1760 y 1770. Tales acciones contribuyeron a desestabilizar la sociedad civil imperial e impulsaron a Norteamérica hacia una guerra colonial moderna de liberación que fue la primera de esas características en todo el mundo. Potenciando y liderando este movimiento desde abajo, la “cuadrilla variopinta” configuró las historias social, organizativa e intelectual de aquella época y demostró que la revolución americana no fue un acontecimiento elitista ni nacional, ya que su génesis, su proceso, su resultado y su influencia dependían de la circulación de la experiencia proletaria por todo el Atlántico” (p. 246).

“Adamas tenía pavor a la “cuadrilla variopinta”, pero sabía que ella era la artífice del movimiento revolucionario” (p. 276).

El 21 de febrero de 1803, antes de ser ejecutado, Despard dijo a la multitud: “Conciudadanos, he llegado hasta aquí, como veis, después de haber servido a mi país –fielmente, con honor y habiéndole sido útil durante treinta años y aún más-, para sufrir la muerte sobre un patíbulo por un crimen del que me declaro no culpable. Declaro solemnemente que no soy más culpable de ello que cualquiera de los que me estáis oyendo ahora. Sin embargo, aunque los ministros de Su Majestad saben tan bien como yo que no soy culpable, se valen de un pretexto legal para destruir a un hombre porque ha sido amigo de la verdad, de la libertad y de la justicia. [Un periódico informaba de que, al oír esto, “la multitud le aclamó a gritos”] Porque ha sido amigo de los pobres y los oprimidos. Pero, ciudadanos, espero y confío, a pesar de mi destino y del destino de aquellos que sin duda pronto me seguirán, que los principios de libertad, humanidad y justicia triunfarán finalmente sobre la falsedad, la tiranía y el engaño, y sobre todo principio contrario a los intereses de la raza humana” (p. 287).

“Os han dicho que la política es un teme en el que nunca debéis pensar; y que debéis ceder a los ricos y a los grandes hombres del país la tarea de decidir sobre los asuntos de gobierno… ¿Quién os da este consejo?... Los hombres que se benefician de vuestra ignorancia y vuestra falta de atención… ¿Por qué no pensar sobre política? Pensad en ella con seriedad; pensad en vuestro gobernantes; pensad en la república; pensad en los reyes”. (p. 321. Cita de Thomas Russell en Adress to the People of Ireland, 1796).

“Cuando el ideal se corrompía y la insurrección era derrotada, los vencidos huían de nuevo; los bellos panfletos quedaban guardados en el baúl de algún marinero; los himnos de lucha se convertían en frases anodinas; los gestos incendiarios parecían solo muecas excéntricas en otros lugares. Entonces la revolución se trasladaba. Lo que quedaba atrás era parcial y local: la clase trabajadora inglesa, los haitianos negros, la diáspora irlandesa. La conspiración de Edward y Catherine Despard a favor de la raza humana fracasó sólo temporalmente” (p. 329).

-          Henry Redhead, en el juicio en que se defendió él mismo en 1794 dijo: “Cuantos más sacrificios nos impongáis, cuantos más mártires hagáis, más numerosos llegarán a ser los hijos de la libertad. Se multiplicarán como la hidra y lanzarán la venganza sobre vuestras cabezas” (p. 388).

martes, 19 de agosto de 2014

"Si ha salido bien la comedia, dad un aplauso". El fin de César Augusto



"El último día de su vida, preguntando a menudo si existía ya preocupación por su estado fuera de palacio, pidió un espejo y ordenó que le arreglaran el cabello y le enderezaran las mandíbulas que empezaban a desencajarse; y, consultando a los amigos a los que había permitido entrar a verle "si les parecía que había representado bien el mimo de la vida", añadió incluso la cláusula final:

Si ha salido bien la comedia, dad un aplauso y des pedidnos todos con alegría.

Despidió luego a todos y, mientras interrogaba a los que acababan de llegar de la Ciudad sobre la hija de Druso, que se hallaba enferma, expiró de repente en los brazos de Livia tras pronunciar estas palabras: "¡Oh Livia, ojalá vivas recordando nuestra unión! ¡Adiós!". Así consiguió un final plácido y como siempre había deseado. (...)

Murió en la misma habitación que su padre Octavio, durante el consulado de los Sextos, Pompeyo y Apuleyo, el día catorce antes de las calendas de septiembre. a la hora nona,a los sesenta y seis años de edad menos treinta y cinco días.
Los decuriones de los municipios y de las colonias transportaron su cadáver desde Nola hasta Bovilas por la noche a causa de la estación del año, mientras que por el día era depositado en la basílica de cada ciudad o en su templo más importante. Desde Bovilas se hizo cargo de él el estamento ecuestre, que lo llevó a la Ciudad y lo depositó en el vestíbulo de su casa.
El senado rivalizó con tanto afán en disponer las exequias y honrar su memoria, que, entre otras muchas mociones, algunos propusieron que el cortejo fúnebre pasara por la puerta triunfal, precedido por la Victoria que hay en la Curia y los hijos de mabos sexos de los ciudadanos principales cantanado una nenia; otros, que el día de las exequias se quitasen los anillos de oro y se pusieran los de hierro; y algunos, que sus huesos fueran recogidos por los sacerdotes principales de los colegios. 
(...)
Pero, aunque se impuso un límite en sus honores, se pronunciaron dos elogios en dos lugares distintos: por Tiberio, delante del templo del divino Julio y por Druso, el hijo de Tiberio, delante de los antiguos Rostros; y desde allí fue llevado a hombros por los senadores hasta el Campo de Marte, donde fue incinerado."

Suetonio, "Vida de los césares".

lunes, 18 de agosto de 2014

LA "Mesa". Un poco de nostalgia.




LA "Mesa". Un poco de nostalgia. 


Esta mañana, una vez reabierta la Facultad de Filosofía y Letras tras dos semanas por cuestiones de "ahorro" (recortes), no me he resistido a pasear un poco por sus vacíos pasillos y escaleras antes de ponerme a trabajar. 



No me he resistido a sacar esta foto de LA Mesa, ahora desierta, sin papeles, sin apuntes, sin libros, sin bullicio, sin debate, sin risas, sin estudiantes, sin gente. 
Esa Mesa que tiene un incalculable valor simbólico para más de una persona, para más de un historiador, para mí. 

Si soy Licenciado lo es buena parte por esa Mesa. 
Si FyL es tan importante para mí es en parte por esa Mesa.
Si aprecio y añoro tanto a mis compañeros de promoción es en parte por esa Mesa.
Si aprecio tanto a recién Licenciados o Graduados es en parte por esa Mesa.
Si soy como soy, es en parte por esa Mesa.

Y la de cosas que han sucedido en esa Mesa y en torno a ella, de casi todo lo imaginable. 
Y recuerdo que fui allí por primera vez para estudiar los exámenes de enero de 2009, pero con cuántas risas recuerdo ahora el asunto tan sumamente mundano por el que me asenté en ella y la hice parte de mí. Asunto ahora baladí y motivo de risas, primordial y de vida o muerte poco menos en aquella lejana primavera. 

El asunto ahora anecdótico, me sirvió para vivir mil historias y toda la Historia en esa Mesa. 
De esas mil historias podría recordar 999, apuntadas están seguramente, en mi memoria y en la de otras memorias, individuales y colectivas, y además con tinta sobre papel. 

Desde conversaciones solitarias de loco con Espartetro y Narváez a desternillantes conversaciones grupales, pasando por debates, repasos de fechas, explicación de temas, ideas de trabajos, la clave para arreglar el Mundo o dibujo de viñetas de la Historia. Por no hablar de los momentos surrealistas, numerosos y variados, desde ataques de ansiedad, discursos, llamamientos a Fernando el Católico, estampitas de Dexileos, "gigantes-nazgul" preguntando por fotocopiadoras, juegos de mesa o altares a anabaptistas del XVI y dominicos de la Inquisición, cuando no invocaba a los Olózagas y Argüelles. 

LA Mesa, zona de paso, ecosistema propio, lugar único. Estudiantes, profesores, PAS y hasta Consuelo quejándose de exámenes, pidiendo apuntes o con cualquiera de sus locuras, han transitado por sus alrededores. Y lo que nunca faltaron fueron "capazos", siempre había alguien con quién encontrarte y con quien hablar, con quien alparcear. Y no obstante, siempre se sacaba tiempo para estudiar. 
Risas y estudios, Amigos y aprendizaje, frikeo y erudición, agradable y fructífera combinación.

La Facultad se cae, pero tiene sus encantos, LA Mesa es uno de esos rincones "con encanto".
Si alguna vez se reforma el edificio y/o el mobiliario yo quiero esa Mesa, ahí o cerca, y si no, la compro si hace falta. 

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Fin del momento nostálgico