lunes, 25 de julio de 2016

180 ANIVERSARIO DEL INICIO DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA DE 1836.


El 25 de julio de 1836 parecía un día de verano de lo más normal. Sin embargo, una chispa en la plaza de la Constitución de una ciudad andaluza prendería todo un incendio revolucionario que supuso un hito en el afianzamiento del Estado Liberal que se impuso a una monarquía absolutista en la corte, en las instituciones, en las calles y en los campos de batalla.
Todo comenzó en Málaga, ciudad intitulada años después como "la primera en el peligro de la libertad". 
El sol ya se replegaba por el horizonte cuando la Guardia Nacional malagueña marchaba a tambor batiente en dirección a la plaza de la Constitución, entonando además canciones patrióticas (entiéndase el Himno, el Himno de Riego).
Podría parecer algo baladí,si no fuera porque las autoridades -civil y militar-, de corte moderado, habían prohibido que la Milicia marchase a tambor batiente a esas horas porque provocaban "alarma", amén de que oír el "Himno" evocaba peligrosos fantasmas de insubordinación para esas mismas autoridades.
El gobernador militar José Saint-Just fue el primero en dirigirse a la milicia ciudadana reconviniéndoles. Los jefes y oficiales parecían dispuestos a plegarse a las órdenes, no así la tropa, orgullosa de su rango de ciudadanos armados en defensa de las libertades patrias, de "su" libertad. 
La respuesta miliciana no se hizo esperar. Saint-Just cayó asesinado en la plaza de la Constitución a las 21:30h. 
Enterado de este suceso, el conde de Donadío, a la sazón gobernador civil, se dirigió a la plaza de la Merced (o de Riego, por entonces) donde en el desamortizado convento estaban acuartelados 800 soldados. Allí, solicitó infructuosamente a los soldados que se pusieran bajo su mando para reprimir a los revoltosos. se negaron al grito de "No tomamos las armas mas que para defender la libertad y no nos batimos con el pueblo ni con la milicia". Tras eso, salieron del cuartel y se unieron al movimiento revolucionario. 
En esta tesitura, Donadío se vistió de soldado e intentó huir, pero fue descubierto, asesinado y, con una soga al cuello, su cadáver fue arrastrado en un simbólico escarnio público. 
La multitud unida a la Milicia vitoreaba mientras la Constitución de 1812, código sagrado, bandera de verdaderos liberales, la que creían panacea de todos los males.
Al día siguiente, 26 de julio, se estableció una Junta presidida por el progresista Juan Antonio Escalante. 
La revolución se extendió por el resto de ciudades andaluzas, por Zaragoza, Valencia... llegó a la capital donde fue abortada por el Capitán General Quesada y, finalmente, unos meros sargentos subieron las escalinatas del palacio real de La Granja con sus bayonetas caladas...
No fue un motín, fue una Revolución.


D. Aquillué.

Nota: para más información sobre el asesinato de los gobernadores de Málaga y el estallido revolucionario véase: AQUILLUÉ, Daniel, "La violencia desde el liberalismo 1833-1840", en HERNÁNDEZ, Paula; HERNÁNDEZ, Gustavo, JUANES, Antonio et alii (coord.), Las violencias y la historia, Salamanca, 2016.