jueves, 1 de junio de 2017

Expedición Real 2 – Ejército isabelino 0. La batalla de Barbastro (2 de junio de 1837)



Expedición Real 2 – Ejército isabelino 0. La batalla de Barbastro (2 de junio de 1837)

Tras la batalla de Huesca del 24 de mayo de 1837*, los carlistas estuvieron tres días de celebración. Después, continuaron su Expedición, hacia Barbastro.
En el bando isabelino saltaron todas las alarmas tras la victoria y avance del ejército de Don Carlos. En la revolucionaria liberal Zaragoza cundía el pánico. Su Milicia Nacional se puso sobre las armas. Un poco más al sur, en Teruel, recibía las noticias Marcelino Oráa, que era Capitán General de Aragón y comandante del Ejército del Centro. Inmediatamente, marchó a Caspe el día 25 de mayo. Mientras, las brigadas de Villapardiena y Lebrón se concentraban en Villamayor para dirigirse a reforzar a los restos del Ejército del caído Iribarren. Oráa pasó por Zaragoza y se dirigió hacia el noreste, reuniendo todas las tropas isabelinas disponibles. A marchas forzadas llegaron los soldados isabelinos a Berbegal el 31 de mayo. Oráa quería impedir que los 15.000 carlistas cruzasen el río Cinca y se internasen en Cataluña.
El ejército isabelino que se aprestaba a enfrentarse al carlista, le superaba ligeramente en efectivos: 3 divisiones de infantería, 11 escuadrones de caballería y 3 baterías de artillería -de la que carecía Don Carlos-.
El 2 de junio de 1837, los dos ejércitos se encontraron en el campo de batalla, junto a Barbastro. Oráa dispuso a sus tropas en dos líneas de 3 columnas, precedidas por tiradores. El brigadier de la Legión Francesa, Conrad, ocupó el ala izquierda y avanzó en buen orden. El ataque central quedó frenado y la primera línea del flanco derecho hubo de replegarse. La caballería -lanceros de la Guardia, Borbón y húsares- del centro e izquierda cargó en apoyo de la derecha, donde resiste el 2º batallón de fusileros de Aragón junto a los batallones del Rey e Infante. Mientras, los batallones de Córdoba y Almansa refuerzan el centro, sufriendo la carga de la caballería carlista. Al final, el ala izquierda -con los legionarios franceses- ha de replegarse, muriendo el propio Conrad. Los granaderos de la Guardia Real, al mando de Van-Halen, salvan de la destrucción total el flanco izquierdo. La actuación de la caballería de Diego de León evitó asimismo que los carlistas aprovechasen para flanquear al ejército isabelino. Las tropas de Isabel II, acusaban escasez de agua y municiones, por lo que, al caer la noche, Oráa ordenó la retirada, dejando 1200 bajas en el campo de batalla.
La Expedición Real cruzó el Cinca y se internó en Cataluña. Allí se enfrentó al ejército comandado por el Barón de Meer…
La Revolución liberal y la Contrarrevolución absolutista seguían su pugna por las armas. En sus retaguardias también pugnaban diversos proyectos. Ese verano de 1837 fue clave, tanto para el devenir de la guerra como para el político… El 18 de junio, en Madrid, sería promulgada una nueva Constitución…
D. Aquillué.
*Sobre la batalla de Huesca de 1837 véase:



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